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Nº
406
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20/3/2000
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RENOVACION PERO NO SUICIDIO
José GARCÍA ABAD ¿Qué "coño' ha pasado entonces, como diría
Cuevas, durante los últimos tres trimestres o en los últimos cinco
meses que explique la severa derrota de los socialistas? Es la primera
pregunta que hay que hacerse antes de ponerse uno a elucubrar sobre
lo que puede hacer este partido a partir de ahora. Antes de que los
socialistas destrocen sus vestiduras. Es la pregunta, no del millón,
sino del millón y medio de votos perdidos por el PSOE. Recordemos pues: el 13 de junio de 1999, insisto:
hace sólo nueve meses, ya mandaba Almunia y el partido había cometido
todos los errores ciertos y atribuidos por los que los analistas explican
la derrota del 12‑M, ya estaba‑presente la responsabilidad
embalsada y no purgada; habían pasado por los tribunales de justicia
los altos cargos de Interior por el GAL y los fondos reservados, hacía
tiempo que Felipe González y Alfonso Guerra habían abandonado la dirección
del partido y llevaba el Partido Popular tres años gobernando. Estaban
presentes todos los elementos que han jugado en las elecciones catalanas
de hace cinco meses o en más municipales, autonómicas y europeas de
hace nueve y sin embargo el pasado 12 de marzo ha ocurrido lo ocurrido
y todos ‑incluidos los populares‑ se han llevado la sorpresa
que se han llevado porque parecía que el PSOE había recuperado el
resuello y había empezado a tomar carrerilla. ¿Qué
coño ha pasado entonces? En mi opinión y dejando al margen por el
momento la utilización gubernamental de la prensa pública y asociada
han influido básicamente los siguientes factores. Primero:
lo obvio, pero que no hay que obviar: no son lo mismo las elecciones
para el pueblo o la comunidad autónoma que para el país; no sólo por
la extensión de los territorios sino por la naturaleza de los asuntos
en juego. En los lugares donde los socialistas han hecho una buena
gestión los ciudadanos les han vuelto a dar su confianza, incluso
donde se han limitado a no hacerlo demasiado mal. Las inercias cuentan
y hay una prima de continuidad cuando no hay urgencia por librarse
de algún indeseable. En el ámbito nacional, lo más importante, las
cosas de comer, el crecimiento económico y el empleo marchaban bien
y por tanto había poca disposición en el electorado para arriesgarse
al cambio sobre todo cuando s e añadía la novedad inquietante del
pacto con Izquierda Unida. Los socialistas no fueron capaces de ofrecer
una alternativa que sin poner en peligro la bonanza económica ofreciera
aportaciones de interés. Segundo: fin del efecto dóberman. En el 96 se
movilizó mucha gente por miedo a la derecha a la que se suponía que
no había perdido todas sus adherencias franquistas. Aznar ha demostrado
que a pesar de su talante autoritario no representaba un peligro de
involución. El miedo ha cambiado de sentido y se ha cebado sobre el
PSOE por su acuerdo con Izquierda Unida que se ha manifestado como
un error. No sólo porque a quien ha movilizado es a la derecha y a
no a quien iba destinado el mensaje, sino también porque ha provocado
el rechazo ante unos planteamientos más que izquierdistas, anacrónicos
para la España actual. Tercero: el PP ha capitalizado, como lo hiciera
el PSOE, el concepto "España" y el deseo de firmeza frente
a ETA y Arzalluz. Cuarto (en letra pequeña): son las primeras
elecciones generales en las que no ha contado el efecto seductor de
González. Almunia ha hecho lo que ha podido, ha estado bien, dentro
de sus limitaciones de carisma, pero no ha podido quitarse la imagen
de cierto complejo ante el líder carismático que tan dramáticamente
reflejaron los guiñoles de Canal Plus. Partiendo de este análisis sería injusto y sobre
todo arriesgado cargar todas las culpas a la falta de renovación en
el PSOE que es muy necesaria pero en cuyo proceso hay que evitar el
navajeo cainita que podría dinamitar el edificio socialista que sigue
teniendo una gran consistencia: casi ocho millones de votos, así como
el gobierno de comunidades autónomas, ayuntamientos y una buena presencia
en las instituciones europeas. El suicidio no es la mejor forma de
renovarse. |