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Nº
348
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11/1/99
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TODOS DEBEN MENTIR José GARCÍA ABAD Albricias. Por fin el PNV ha aclarado sus propósitos: independencia para el 2004. Nada de ambigüedades, con la voz autorizada de su portavoz y con fecha fija. Pronto quizás escuchemos algo parecido de boca de Jordi Pujol que tiene el ojo puesto en lo que consiguen los nacionalistas vascos. "¿Es que también tenemos que matar nosotros para que se nos haga caso?", se pregunta retóricamente. Con la misma retórica, podría añadir: "¿Como podemos dejar de matar si no hemos matado nunca?" Todos suponíamos lo que buscaban Arzalluz y sus montañeses pero ahora no tenemos más remedio que darnos por enterados. Hasta la pasada semana intuíamos que la independencia a corto había sido el más importante de los acuerdos secretos del PNV con ETA. Ahora lo sabemos por la voz del portavoz Egibar. Lo saben los ciudadanos vascos que actuarán, maduramente, en consecuencia. lo sabemos también los ciudadanos del resto de España que algo tenemos que decir sobre la independencia del País Vasco. Lo sabe Aznar quien está demostrando un accidentalismo en cuestiones de patria chocante para el líder de un partido que no hace mucho proclamaba que España es lo único importante. lo sabemos en definitiva todos los españoles que hemos aprobado la Constitución cuyo articulo primero proclama: "La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado." Y cuyo artículo segundo afirma con la misma solemnidad: "la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas." ¿Qué hará ]osé María Aznar ante el propósito expresado por Joseba Egibar, el portavoz del partido de Sabino Arana? ¿Mantendrá invariadas sus buenas relaciones con el PNV, aliado útil aunque no siempre imprescindible? Egibar ha puesto al presidente en un brete. Aznar está manejando razonablemente bien, hasta ahora, las consecuencias políticas de la tregua de ETA. Es verdad que lo peor aún no ha llegado, aunque en la pasada semana hemos tenido un anticipo significativo con el bombardeo de unas casas de guardias civiles y la quema de una cafetería de un militante del PP. Estamos en los prolegómenos de un largo proceso en el que, a pesar de lo pasado, el riesgo de ruptura de la tregua es menor. ETA no aumentará la intensidad de su terrorismo hasta las elecciones municipales. Mientras tanto, arropado en la tregua no declarada pero efectiva del Ministerio del Interior que no detiene a nadie ni responde a la agresión, reorganiza sus comandos. Y Egibar hace su papel. Unos golpean el árbol y otros recogen el fruto. La clave es que todo el mundo mienta y todos nos engañemos. Hay que decir que nada tienen que ver las exigencias de los nacionalistas con las negociaciones con ETA. Hay que hacer como si existieran dos mesas que nada tienen que ver: la de la banda terrorista a la que no se harían concesiones políticas y las del Gobierno del Estado y el de la comunidad Pero todos sabemos que lo único que obligará a Aznar a hacer concesiones políticas a los nacionalistas es la amenaza de ETA de volver a los asesinatos. Aquí nada tiene que ver con nada. Como no tiene que ver el semi indulto Marey con el tercer grado de la Mesa de HB y sobre todo con la preparación del ambiente para indultar en su día a sanguinarios etarras. El proceso es tan delicado que no aguantaría la verdad. PUJOL AGOTA, AZNAR AGOTA, PERO NO ES LO MISMO Quedan pocas dudas de que Aznar llegará hasta el final. El congreso del PP no será su manifiesto electoral aunque sí, como señalábamos la pasada semana, la ceremonia de toma total del partido por su hiperlíder: Aznar se come al PP. Acierta el presidente al cump ir los plazos pues por algo la ley fija el cuatrienio y el adelantamiento, siendo legal de- be ser excepcional. Así lo manda el imperativo de estabilidad. La actitud de Pujol, aun siendo idéntica, no es lo mismo. El agotamiento de su legislatura huele más a miedo que a normalidad. Es el miedo de que si las perdiera, antes de las municipales de junio, en éstas se produciría la desbandada de la coalición que preside. Y es la esperanza de que con el paso del tiempo algo ocurra que le salve de un fracaso posible. Éstas son las razones que han prevalecido y no el cálculo de quemar a su adversario Maragall. Ni mucho menos el imperativo patriótico de lograr la estabilidad del país. la euforia con que en el PSC han recibido la decisión de Pujo¡ parece probar que el argumento del desgaste, de la quema, del pinchazo de Maragall, como se quiera expresar esta idea, no resulta convincente. Predomina la imagen de la bola de nieve que va engordando en el recorrido. Maragall ha puesto en marcha un proceso de incorporación a su proyecto de gente de muy variado pelaje tanto de color nacionalista como de tono izquierdista; algo en la línea transversal tan del gusto del popular ex alcalde. Para que este movimiento se consolide y sea claramente percibido por el electorado el aplazamiento es una bendición de Dios. |