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Nº 670 - 14/11/2005

Ramón Jáuregui, portavoz socialista en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados


"RAJOY HA QUEMADO YA SUS NAVES
Y HA RENUNCIADO AL CENTRO"


Es la voz del PSOE en la Comisión Constitucional donde, a partir de febrero, se negociará el Estatuto de Cataluña. Este vasco que fue consejero en un gobierno de coalición PNV-PSOE mucho antes del plan Ibarretxe está acostumbrado a debatir con los nacionalistas y es de los pocos de la vieja guardia que se ha hecho un hueco en el núcleo duro de Zapatero. Rubalcaba contará con él en las duras negociaciones que se avecinan para las que pide, en esta entrevista, "pragmatismo razonable" a CiU y Esquerra y discreción y defensa del presidente a sus propios compañeros de partido, porque el PP de ahora le recuerda al de la legislatura 93-96, en la que sólo buscaba la destrucción del adversario.

Por Inmaculada Sánchez

Tal como va la economía y como estaba el PP antes de que se iniciase el debate sobre el Estatuto catalán, ¿no piensa, a veces, "pero en qué lío nos hemos metido"?
— Pienso que son cosas inevitables. El proceso de reforma estatutaria es una materia pendiente de la política española de los últimos diez años y el presidente Zapatero ha tenido la ambición de abordarlo en esta legislatura. Yo no tengo especial preocupación por el clima de conflicto que se ha establecido porque, cuando termine, el clima será distinto y será positivo.

— ¿Es usted de los que esperaba más del discurso de Zapatero en el debate sobre el Estatuto catalán?
—No. A mi la primera intervención me pareció muy brillante y diría que definitiva desde lo que podríamos llamar los parámetros del debate del Estatuto catalán. Lo demás es opinable, pero las encuestas dicen que ha ganado el debate... Mi opinión es que Rajoy contentó a los suyos pero no traspasó la frontera del electorado de centro que tiene que conquistar para ganar al PSOE.

—¿Era necesario que el presidente se mos-trara tan "catalanista", como le han llegado a llamar, o es que, como dijo Rajoy, si no, no podría estar gobernando?
— No. Pienso que es una convicción personal de Zapatero. El tiene una idea de España muy coherente, de su pluralidad, y es muy ambicioso sobre la integración de los nacionalismos periféricos en su modelo de Estado. Probablemente está mostrando un arrojo politico mayor del que se le atribuía. Y claro, se corren más riesgos, pero lo cómodo es no hacer nada.

— ¿Qué puede resultar más sencillo de modificar del Estatuto catalán, el término "nación" o el modelo de financiación? —Sencillo no va a ser nada. Me temo, además, que las negociaciones van a transcurrir en el "juego del último minuto". Es decir, que nadie mueve ficha hasta que no va a sonar el "gong". Eso me preocupa porque no nos va a permitir una negociación tranquila. Todos los temas tendrán dificultad porque partimos de un texto que ha llevado hasta el extremo la visión autonómica de la Constitución, y las líneas de rozamiento con ella y con el interés general de España y la solidaridad son numerosas. Tenemos un debate complejo pero tengo la convicción de que no puede haber fracaso, porque sería un fracaso para todos.

— Zapatero habló de libertad, igualdad y solidaridad como los tres grandes conceptos a los que deberá someterse el Estatuto. ¿Dónde está, en su opinión, lo irrenunciable por parte del PSOE en la negociación?
— El modelo de financiación, que debe dar satisfacción a la demanda de mayor autonomía y suficiencia financiera de Cataluña, tiene que permitir al Gobierno español poder presentarlo a las demás autonomías como un modelo generalizable y aprobable a través de los mecanismos de la LOFCA. En los demás temas el equilibrio consiste en res-petar la esencia constitucional. No queremos que haya dudas en este terreno porque si las hay, va a haber recurso y se va a perder después. En cuanto al reparto competencial, tiene que ser coherente, que permita un aumento del autogobierno de Cataluña pero sin que el Estado resultante sea anoréxico. Necesitamos un Estado que pueda cumplir las funciones que le atribuye la Constitución y que tenga los instrumentos necesarios para defender el interés general y la igualdad de todos los españoles. Esto podría ser, en síntesis, lo que el presidente dijo con los tres conceptos que ha citado.

— ¿Con quién cree que será más difícil entenderse, con Carod-Rovira o con Mas?
— No lo sé. Lo que sé es que hay que entenderse con los dos. Una buena fórmula sería que los nacionalistas reconozcan que el Estatuto que vamos a hacer ahora no cubre todas sus expectativas políticas y que admitan una dialéctica democrática en la evolución de sus aspiraciones, que dependerá en buena parte del apoyo popular que tengan. La democracia es el árbitro. El pacto no puede ser de objetivos últimos porque nuestro proyecto es distinto del suyo. Creo que los dos saben que ésta es una oportunidad probablemente irrepetible y espero un pragmatismo razonable de ambos. Especialmente teniendo en cuenta que CiU ha vuelto a encontrar su papel político en la negociación del Estatuto porque no ha sido marginada.

—Rajoy ha animado a los críticos del PSOE a que frenen el proyecto. ¿Qué hace el PSOE para convencerlos de lo contrario?
— Pedirles que tengan confianza en el presidente y que sean más discretos. A mí, personalmente, no me han gustado las manifestaciones de algunos dirigentes del partido. Éste es un momento para ayudar y no tanto para criticar. Internamente hay cauces suficientes para expresarse. La importancia del reto exige que todos rememos en la misma dirección.

— ¿A quiénes se refiere?
—No diré nombres. Sólo que el partido, que aprecia que existe una situación de agesión política muy fuerte contra el presidente, debería forjar una trinchera de protección hacia él. El PP está utilizando este asunto como el gran elemento de desgaste de Zapatero. Después de ganar las elecciones llevaba un año y medio in crescendo en la confianza ciudadana y después del verano el PP ha encontrado el punto sobre el que construir una malévola imagen de presidente irresponsable. Creo que seríamos idiotas si no nos diéramos cuenta de que eso es un torpedo en la línea de flotación del proyecto socialista. Eso reclama unidad y apoyo.

—¿Qué espera de Alfonso Guerra, presidente de la Comisión Constitucional y uno de los que abiertamente se ha manifestado crítico contra el Estatuto?
— Su papel es primordial como conductor del debate y ayudará con su amplia experiencia. Pero la dirección política la va a llevar el gobierno, no le quepa ninguna duda.

— ¿No teme que la idea de España y, más aún, la de igualdad, tan propia de la izquierda, se la esté arrebatando el PP?
—Lo del PP es un argumento oportunista porque en su práctica política defienden a las altas rentas y su ideología es lo más alejado a cualquier valor progresista. Otra cosa es que a los valores clásicos de la solidaridad y la pasión por la igualdad de la izquierda haya que incorporar la realidad identitaria, nos guste o no. Forma parte de nuestro paisaje político. Esta es una asignatura pendiente de la izquierda. Alain Touraine dijo que el siglo XX fue el "siglo social" y el XXI será, probablemente. el de "los conflictos interétnicos . Me temo que tiene razón.

— ¿Qué está sacando Rajoy de todo esto?
— Desgastar. No hay otra obsesión. Rajoy ha quemado ya sus naves. Los que esperábamos un giro hacia el pacto en verano de 2005 tenemos que concluir que la apuesta de Rajoy es definitiva. Van al acoso y derribo. A mí me recuerda un poco la legislatura 93-96: se personaliza todo en el presidente del Gobierno, se le destruye ante la opinión pública colocándolo como un irresponsable y se busca la destrucción del adversario mediante unos apoyos mediáticos muy potentes. A cambio, Rajoy ha renunciado al centro. Es una apuesta que no tiene vuelta atrás.

— Estrategia exitosa ya que, según las encuestas, el PP se acerca por primera vez al PSOE en intención de voto...
— El ánimo electoral se fijará en los meses previos a las elecciones. Yo no me preocuparía demasiado. Ahora hay desgaste del PSOE, sí, pero si hacemos bien las cosas lo recuperaremos plenamente y dejaremos al PP esquinado y solo. Ellos también han asumido sus riesgos.

— En cambio, en el caso del Estatuto valenciano sí se están entendiendo con el PP.
—Sí, estamos consensuando las enmiendas. El PP en Valencia ha asumido la naturaleza de esta fase de reformas en la que estamos y han pactado con nosotros.

— ¿También están de acuerdo en incluir la llamada "cláusula Camps", que pide para Valencia lo que otros estatutos consigan?
— Nosotros somos más partidarios de darle a la Comunidad Valenciana la capacidad de iniciativa, voluntaria, no obligatoria, de pedir mayor nivel competencial si otras comunidades lo consiguen. Salvando ese matiz, la cláusula la vamos a respetar.

—El lehendakari Ibarretxe acaba de preguntar por qué el proyecto catalán ha sido admitido a trámite y el vasco no.
— Hay muchas diferencias. El plan Ibarretxe fue una iniciativa del lehendakari que presentó totalmente redactado al parlamento. El Estatuto catalán ha recibido el apoyo del 89 por ciento de los diputados, el vasco recibió tres votos de apoyo de Batasuna para tener el 51 por ciento. El catalán se hizo entre todos los partidos, incluídos los no nacionalistas, el vasco era una imposición de los nacionalistas contra los no nacionalistas. Y en el contenido, el texto vasco considera a Euskadi una comunidad soberana que decide asociarse libremente a España. Esto no tiene nada que ver con la vocación de inserción constitucional que tiene el Estatuto catalán de principio a fin. Otra cosa es que no lo hayan logrado en algunos aspectos. Por último, el plan Ibarretxe deriva del pacto de Lizarra y se construye habiendo violencia contra los no nacionalistas. En Cataluña, afortunadamente, no hay chantaje terrorista.

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