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Caso
del padre de Javier de la Rosa
ÚLTIMO TALÓN
PARA UNA ESTAFA
El Consorcio
de la Zona Franca de.Barcelona ha tardado 19 años en tapar el agujero
contable de la entidad. El responsable del desaguisado financiero fue
Antonio de la Rosa Vázquez, padre de Javier de la Rosa, que
ahora disfruta del tercer grado penitenciario por su condena por la operación
Wardbase del caso Torras. El primer alcalde democrático de la Ciudad
Condal, Narcís Serra, descubrió la estafa del que fuera
abogado del Estado franquista, que malversó 1.250 millones de pesetas
de la época (7,5 millones de euros) comprando terrenos fantasma.
Sin embargo, De la Rosa desapareció de España antes de que
la Justicia le echara el guante y nunca llegó a personarse en el
juzgado, que le declaró en rebeldía. La suya es una historia
de estafas, fiestas, huidas y mentiras, antecedentes de una saga familiar
bajo la sombra del delito que próximamente
emparentará con el Rey.
E. S.
Corría
el año 1979 cuando en el Consorcio de la Zona Franca (CZF) de Barcelona,
institución pública controlada por el Ayuntamiento de la
ciudad y el Estado encargada de la compra de terrenos para la construcción
de polígonos industriales, crecían las sospechas de que
su secretario general, el que fuera abogado del Estado franquista hasta
que en 1963 fue nombrado para el cargo, Antonio de la Rosa Vázquez,
no era trigo limpio. Aquella fue una época convulsa, donde algunos
prohombres del régimen, ante las nuevas circunstancias, se apropiaban
de un dinero extra por lo que pudiera pasar si tuvieran que salir de España
con lo puesto. Sin embargo, las actividades de Antonio de la Rosa, que
disfrutaba de un poder absoluto en el manejo de los fondos de la entidad
sin tener que rendir cuentas a ningún tipo de auditoría,
comenzaron a resultar más escandalosas de lo visto hasta entonces
y no pasó mucho tiempo hasta que el primer alcalde democrático
de la ciudad, Narcis Serra, se percatara de los rumores y las sospechas
fundadas de que el agujero contable del Consorcio no procedía únicamente
de una mala gestión.
De la Rosa era un hombre astuto acostumbrado a hacer desaparecer el dinero
con las más variopintas artimañas; aún recuerdan
en Barcelona que compraba coches de lujo a Fernando Serena, uno de los
cómplices que finalmente fueron condenados, los llenaba de dinero
y le encargaba a una de sus 'amigas' y compañeras de juergas, subvencionadas
con los fondos del Consorcio, que cruzara la frontera rumbo a Suiza para
que en los controles no se sospechara del contenido del maletero del coche
que posteriormente regalaba a la mujer. Cuando vio las orejas al lobo,
echó mano de la misma astucia y en el verano de 1979 puso tierra
y mar de por medio -se dice que se ocultó en Latinoamérica-
para evitar una previsible investigación y demanda judicial. Y
así fue. El Consistorio descubrió que entre 1975 y 1978,
la entidad había comprado 119 fincas en el área del Vallés
próximas a Montmeló; 72 de ellas no existían y el
resto se había pagado a un precio superior al de mercado, dejando
un pufo de 1.250 millones de pesetas (7,5 millones de euros) que, sumado
al derivado de una mala gestión, dejó un agujero contable
de casi 7.000 millones (42 millones de euros). Tras conocer el delito,
el Consorcio y el Ayuntamiento se personaron en el juzgado como perjudicados
y el 21 de octubre de 1980 se condenó a ]osé Luis Bruna
Quixano, delegado especial del Estado en el CZF, y a Fernando Serena y
Rafael del Barco en calidad de encubridores por los delitos de malversación
de caudales públicos y falsedad de documento. A Antonio de la Rosa
Vázquez, que huyó de España bajo identidad falsa,
se le declaró en rebeldía.
A pesar de las condenas y del embargo de algunos bienes del padre de Javier
de la Rosa, los dos socios de la entidad, Ayuntamiento y Estado, tuvieron
que hacer frente al desfalco. La primera medida consistió en convertir
en líquido una parte de los bienes inmuebles del Consorcio, concretamente
600 hectáreas de la zona franca se vendieron a Mercabarna, otra
empresa municipal. A continuación, el CZF solicitó unos
créditos por valor de 6.776 millones de pesetas a tres cajas de
ahorros (la de Pensiones, la de Bar«lona y la Laietana), pero ante
su imposibilidad de hacer frente a la deuda, el negoció con las
entidades financieras asumiendo do el 80% de la deuda viva que quedaba
en diciembre de 1985. De este modo, la Dirección General del Tesoro
asume como deuda propia 5.600 millones de pesetas que el Consorcio comienza
a amortizar con el 12% de los excedentes de cada ejercicio. Este pago
de la deuda dio comienzo en enero de 1986 y no terminó hasta el
31 de diciembre de 2004, con el abono de 526.000 euros.
Hoy en día, el CZF dispone de los más estrictos controles
financieros, y la de Antonio de la Rosa es ya sólo un mal recuerdo
con aciagas consecuencias finalmente superadas. Aunque, visto con cierta
distancia, hay que reconocer que a la historia no le ha faltado ni un
solo ingrediente de los clásicos
pillajes
novelescos. Con el fin de la dictadura, el abogado franquista también
dio por finalizada su vida de recta conducta y devoción cristiana
para comenzar sin remordimientos una nueva etapa vital más laxa
en lo moral. Le gustaban las fiestas regadas con champán francés,
los coches de lujo y las mujeres despampanantes, por eso buena parte de¡
dinero que consiguió con la venta de los terrenos fantasmas lo
destinó a satisfacer sus hobbies. Cuando se percató de que
Serra estaba tras el reguero de pistas que había ido dejando, se
marchó de España rumbo a Latinoamérica antes de que
una posible pena de cárcel le impidiera disfrutar de la fortuna
que había ido amasando.
En las triquiñuelas
de Antonio de la Rosa también tomaron parte activa sus hijos. Uno
de ellos es el financiero Javier de la Rosa.
Hasta el
pasado mes de diciembre, cumplía una condena de cinco años
de cárcel en la j prisión de Figueres (Girona) y ahora disfruta
del tercer grado penitenciario por su condena por la operación
Wardbase del "caso To.rras". Además, tiene diversas causas
pendientes por las que le reclaman hasta 30 años de prisión,
como "el caso KIO", "el caso Grand Tibidabo" -está
acusado de apropiarse de 13.000 millones de pesetas de la compañía-
o el "caso de Teleci nco". Pues bien, en 1995, intervino en
una tertulia radiofónica asegurando que su padre había fallecido
en París a consecuencia de un infarto hacía dos años.
Después fue su hermano Fernando, también abogado, quien
solicitó a la Audiencia de Barcelona que anulara la orden de búsqueda
y captura contra su padre porque los delitos había prescrito, petición
admitida por el tribunal. Poco después, había quien aseguraba
haber visto a Antonio de la Rosa Vázquez paseando por Cadaqués
e incluso su hijo Javier confirmó al diario El Mundo que seguía
vivo y residía en Barcelona. Dijo que "si he ayudado a una
serie de golfos que he tenido a mi alrededor durante los últimos
años y que se han forrado, cómo no iba a hacer lo mismo
por mi padre", ustificando su mentira sobre la muerte. Finalmente,
ésta le sobrevino el 29 de abril de 2004 a la edad de 87 años,
después de haber protagonizado uno de los mayores escándalos
económicos de la etapa de la Transición y de haber dado
comienzo a una saga familiar de funesto renombre.
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La hija del
financiero, futura sobrina política del Rey
Javier
de la Rosa y el Rey ma tuvieron amistad y negocios a pri cipios
de los 80 gracias a la intermediación de Manuel Prado y Colón
de Carvajal. El asunto es sobradamente conocido, aunque los cronistas
oficiales han procurado pasar de puntillas a causa de una malentendida
fidelidad al monarca,- se piensa que relacionarle con personas con
penas de cárcel y causas judiciales pendientes podría
parecer deshonroso, Sin embargo, nadie podrá evitar, si todo
marcha según lo previsto, un hecho incuestionable, como son
los lazos familiares que les uní ii hasta que la muerte los
separe 0 hasta que un divorcio rápido dé por finalizada
una incómoda parentela.
Se da la circunstancia de que la hija de Javier de la Rosa, Gabriela
de la Rosa Misol, es la novia de Juan Gómez Acebo Borbón,
primogénito de la hermana de Don Juan Carlos, la Infanta
Pilar. Los dos son abogados; él es socio de la multinacional
Fresinfie1ds Bruckhaus Deringer y ella ha dedicado buena parte de
su carrera a participar en la defensa de su padre. En los círculos
periodísticos ya se habla abiertamente de boda: de hecho,
si la relación no fuese seria, la joven no habría
acudido como lo hizo al enlace entre Don Felipe y Doña Letizia
el 22 de mayo de¡ pasado año. Sin embargo, aún
no se sabe ni la fecha ni en qué circunstancias tendrá
lugar el acontecimiento. El Rey ha acudido a las bodas de sus otros
sobrinos; si no fuera a la de Juan Góme7 Acebo, provocaría
aún notarios sobre los motivos de su ausencia. Por otro lado,
el padre de la novia tiene un tercer grado penitenciario; acudiría
como condenado o, si ha concluido su pena, aún tendría
causas pendientes con la Justicia. Los rumores que circulan entre
la prensa especializada apuntan a que, hasta que no se resuelvan
los problemas judiciales de Javier de la Rosa, la pareja no fijará
fecha de la boda. Que tengan suerte y que no se les acabe pasando
el arroz de tanta espera.
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