Hemeroteca Esta semana
 
Nº 658 - 18/7/2005

Caso del padre de Javier de la Rosa


ÚLTIMO TALÓN PARA UNA ESTAFA


El Consorcio de la Zona Franca de.Barcelona ha tardado 19 años en tapar el agujero contable de la entidad. El responsable del desaguisado financiero fue Antonio de la Rosa Vázquez, padre de Javier de la Rosa, que
ahora disfruta del tercer grado penitenciario por su condena por la operación Wardbase del caso Torras. El primer alcalde democrático de la Ciudad Condal, Narcís Serra, descubrió la estafa del que fuera abogado del Estado franquista, que malversó 1.250 millones de pesetas de la época (7,5 millones de euros) comprando terrenos fantasma. Sin embargo, De la Rosa desapareció de España antes de que la Justicia le echara el guante y nunca llegó a personarse en el juzgado, que le declaró en rebeldía. La suya es una historia de estafas, fiestas, huidas y mentiras, antecedentes de una saga familiar bajo la sombra del delito que próximamente
emparentará con el Rey.

E. S.

Corría el año 1979 cuando en el Consorcio de la Zona Franca (CZF) de Barcelona, institución pública controlada por el Ayuntamiento de la ciudad y el Estado encargada de la compra de terrenos para la construcción de polígonos industriales, crecían las sospechas de que su secretario general, el que fuera abogado del Estado franquista hasta que en 1963 fue nombrado para el cargo, Antonio de la Rosa Vázquez, no era trigo limpio. Aquella fue una época convulsa, donde algunos prohombres del régimen, ante las nuevas circunstancias, se apropiaban de un dinero extra por lo que pudiera pasar si tuvieran que salir de España con lo puesto. Sin embargo, las actividades de Antonio de la Rosa, que disfrutaba de un poder absoluto en el manejo de los fondos de la entidad sin tener que rendir cuentas a ningún tipo de auditoría, comenzaron a resultar más escandalosas de lo visto hasta entonces y no pasó mucho tiempo hasta que el primer alcalde democrático de la ciudad, Narcis Serra, se percatara de los rumores y las sospechas fundadas de que el agujero contable del Consorcio no procedía únicamente de una mala gestión.

De la Rosa era un hombre astuto acostumbrado a hacer desaparecer el dinero con las más variopintas artimañas; aún recuerdan en Barcelona que compraba coches de lujo a Fernando Serena, uno de los cómplices que finalmente fueron condenados, los llenaba de dinero y le encargaba a una de sus 'amigas' y compañeras de juergas, subvencionadas con los fondos del Consorcio, que cruzara la frontera rumbo a Suiza para que en los controles no se sospechara del contenido del maletero del coche que posteriormente regalaba a la mujer. Cuando vio las orejas al lobo, echó mano de la misma astucia y en el verano de 1979 puso tierra y mar de por medio -se dice que se ocultó en Latinoamérica- para evitar una previsible investigación y demanda judicial. Y así fue. El Consistorio descubrió que entre 1975 y 1978, la entidad había comprado 119 fincas en el área del Vallés próximas a Montmeló; 72 de ellas no existían y el resto se había pagado a un precio superior al de mercado, dejando un pufo de 1.250 millones de pesetas (7,5 millones de euros) que, sumado al derivado de una mala gestión, dejó un agujero contable de casi 7.000 millones (42 millones de euros). Tras conocer el delito, el Consorcio y el Ayuntamiento se personaron en el juzgado como perjudicados y el 21 de octubre de 1980 se condenó a ]osé Luis Bruna Quixano, delegado especial del Estado en el CZF, y a Fernando Serena y Rafael del Barco en calidad de encubridores por los delitos de malversación de caudales públicos y falsedad de documento. A Antonio de la Rosa Vázquez, que huyó de España bajo identidad falsa, se le declaró en rebeldía.

A pesar de las condenas y del embargo de algunos bienes del padre de Javier de la Rosa, los dos socios de la entidad, Ayuntamiento y Estado, tuvieron que hacer frente al desfalco. La primera medida consistió en convertir en líquido una parte de los bienes inmuebles del Consorcio, concretamente 600 hectáreas de la zona franca se vendieron a Mercabarna, otra empresa municipal. A continuación, el CZF solicitó unos créditos por valor de 6.776 millones de pesetas a tres cajas de ahorros (la de Pensiones, la de Bar«lona y la Laietana), pero ante su imposibilidad de hacer frente a la deuda, el negoció con las entidades financieras asumiendo do el 80% de la deuda viva que quedaba en diciembre de 1985. De este modo, la Dirección General del Tesoro asume como deuda propia 5.600 millones de pesetas que el Consorcio comienza a amortizar con el 12% de los excedentes de cada ejercicio. Este pago de la deuda dio comienzo en enero de 1986 y no terminó hasta el 31 de diciembre de 2004, con el abono de 526.000 euros.

Hoy en día, el CZF dispone de los más estrictos controles financieros, y la de Antonio de la Rosa es ya sólo un mal recuerdo con aciagas consecuencias finalmente superadas. Aunque, visto con cierta distancia, hay que reconocer que a la historia no le ha faltado ni un solo ingrediente de los clásicos

pillajes novelescos. Con el fin de la dictadura, el abogado franquista también dio por finalizada su vida de recta conducta y devoción cristiana para comenzar sin remordimientos una nueva etapa vital más laxa en lo moral. Le gustaban las fiestas regadas con champán francés, los coches de lujo y las mujeres despampanantes, por eso buena parte de¡ dinero que consiguió con la venta de los terrenos fantasmas lo destinó a satisfacer sus hobbies. Cuando se percató de que Serra estaba tras el reguero de pistas que había ido dejando, se marchó de España rumbo a Latinoamérica antes de que una posible pena de cárcel le impidiera disfrutar de la fortuna que había ido amasando.

En las triquiñuelas de Antonio de la Rosa también tomaron parte activa sus hijos. Uno de ellos es el financiero Javier de la Rosa.

Hasta el pasado mes de diciembre, cumplía una condena de cinco años de cárcel en la j prisión de Figueres (Girona) y ahora disfruta del tercer grado penitenciario por su condena por la operación Wardbase del "caso To.rras". Además, tiene diversas causas pendientes por las que le reclaman hasta 30 años de prisión, como "el caso KIO", "el caso Grand Tibidabo" -está acusado de apropiarse de 13.000 millones de pesetas de la compañía- o el "caso de Teleci nco". Pues bien, en 1995, intervino en una tertulia radiofónica asegurando que su padre había fallecido en París a consecuencia de un infarto hacía dos años. Después fue su hermano Fernando, también abogado, quien solicitó a la Audiencia de Barcelona que anulara la orden de búsqueda y captura contra su padre porque los delitos había prescrito, petición admitida por el tribunal. Poco después, había quien aseguraba haber visto a Antonio de la Rosa Vázquez paseando por Cadaqués e incluso su hijo Javier confirmó al diario El Mundo que seguía vivo y residía en Barcelona. Dijo que "si he ayudado a una serie de golfos que he tenido a mi alrededor durante los últimos años y que se han forrado, cómo no iba a hacer lo mismo por mi padre", ustificando su mentira sobre la muerte. Finalmente, ésta le sobrevino el 29 de abril de 2004 a la edad de 87 años, después de haber protagonizado uno de los mayores escándalos económicos de la etapa de la Transición y de haber dado comienzo a una saga familiar de funesto renombre.


La hija del financiero, futura sobrina política del Rey

Javier de la Rosa y el Rey ma tuvieron amistad y negocios a pri cipios de los 80 gracias a la intermediación de Manuel Prado y Colón de Carvajal. El asunto es sobradamente conocido, aunque los cronistas oficiales han procurado pasar de puntillas a causa de una malentendida fidelidad al monarca,- se piensa que relacionarle con personas con penas de cárcel y causas judiciales pendientes podría parecer deshonroso, Sin embargo, nadie podrá evitar, si todo marcha según lo previsto, un hecho incuestionable, como son los lazos familiares que les uní ii hasta que la muerte los separe 0 hasta que un divorcio rápido dé por finalizada una incómoda parentela.

Se da la circunstancia de que la hija de Javier de la Rosa, Gabriela de la Rosa Misol, es la novia de Juan Gómez Acebo Borbón, primogénito de la hermana de Don Juan Carlos, la Infanta Pilar. Los dos son abogados; él es socio de la multinacional Fresinfie1ds Bruckhaus Deringer y ella ha dedicado buena parte de su carrera a participar en la defensa de su padre. En los círculos periodísticos ya se habla abiertamente de boda: de hecho, si la relación no fuese seria, la joven no habría acudido como lo hizo al enlace entre Don Felipe y Doña Letizia el 22 de mayo de¡ pasado año. Sin embargo, aún no se sabe ni la fecha ni en qué circunstancias tendrá lugar el acontecimiento. El Rey ha acudido a las bodas de sus otros sobrinos; si no fuera a la de Juan Góme7 Acebo, provocaría aún notarios sobre los motivos de su ausencia. Por otro lado, el padre de la novia tiene un tercer grado penitenciario; acudiría como condenado o, si ha concluido su pena, aún tendría causas pendientes con la Justicia. Los rumores que circulan entre la prensa especializada apuntan a que, hasta que no se resuelvan los problemas judiciales de Javier de la Rosa, la pareja no fijará fecha de la boda. Que tengan suerte y que no se les acabe pasando el arroz de tanta espera.


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