Hemeroteca Esta semana
 
Nº 640 - 14/3/2005

Nuevo presidente de la Conferencia Episcopal


RICARDO BLÁZQUEZ, LA SORPRESA DE LOS OBISPOS

 

Contra todos los pronósticos, Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao, ha sido elegido presidente de la Conferencia Episcopal. "El tal Blázquez" -así le llegó a llamar Xabier Arzalluz tras su nombramiento en Euskadi- viene respaldado por los prelados nacionalistas y algunos moderados descontentos con el conservador
Rouco Varela. No parece que vaya a cambiar de estrategia con el Gobierno, pero el Ejecutivo
confía en su talante para reconducir sus difíciles relaciones con la Iglesia.

Por V. M.

Contaba con la bendición del Vaticano, con el respaldo de la mayoría conservadora y con un principio de acuerdo con el Gobierno socialista bajo el brazo. Pero no fue suficiente. Antonio María Rouco Virela se quedó a un sólo voto de alcinzar la mayoría de dos tercios necesaria para ser reelegido presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) por tercera vez consecutiva en la 84 Asamblea Plenaria. El beneficiario de la mala suerte del cardenal ha sido Ricardo Blázquez (Villanueva del Campillo, Ávila 1942), obispo de Bilbao desde 1995 y anteriormente prelado de Santiago de Compos tela y de Palencia. A su favor han jugado además de la mala fortuna de monseñor Rouco Varela, el respaldo de los obispos vascos y catalanes y de los moderados, los unos eran enemigos declarados del purpurado por motivos que escapan a la ley de Dios -los nacionalistas se enfrentaron a la línea oficial de la CEE por sus críticas a la ilegalizacion de Batasuna y por el documento salido de la sede de la calle Añastro desautorizando la moralidad cristiana del plan lbarretxe, los otros querían poner freno a una dinámica eclesiástica excesivamente escorada hacia la derecha y al enfrentamiento político. Y lo han conseguido, reventando todas las quinielas que daban por cantada la victoria del arzobispo de Madrid.

La designación de Blázquez no es casual, porque a pesar de que en las elecciones a la presidencia de la cúpula de la Iglesia no existen candidatos oficiales ni campañas personales, los obispos no son tan diferentes de los políticos. Había que buscar un candidato capaz de representar a dos facciones que tenían un mismo objetivo pero diferentes sensibilidades, y para ello era necesario iniciar una serie de conversaciones para encontrar a un candidato de consenso. No podía sei un nacionalista, porque los vascos y catalanes son minoría, pero debía respetar las posiciones de las provincias eclesiásticas de Euskadi y Cataluña. Aquel perfil tenía un claro exponente. Ricardo Blázquez cumplía los requisitos porque no era nacionalista pero se había adaptado sin problemas a sus colegas en el País Vasco. Nada más llegar a Bilbao, el entonces presidente del PNV, Xabier Arzalluz, le llamó en tono receloso "el tal Blázquez", pero pronto se ganó la confianza de los nacionalistas. Aprendió euskera y se ha sumado al resto de obispos vascos en varias ocasiones en contra de la línea más conservadora de¡ episcopado, como cuando firmó la pastoral "Preparar la paz", en la que legitimaban teológicamente la opción nacionalista democrática.

Ahora espera volver a ganarse la confianza de toda la CEE y, con el buen carácter que le caracteriza, también la del Ejecutivo. Lo cierto es que la buena predisposición existe por ambas partes. "Blázquez es un chollo para el Gobierno", ha llegado a decir en privido un ex ministro socialista. Y no anda desencaminado. Que, el obispo de Bilbao sea presidente de la Conferencia Episcopal no signfica que vaya a renunciar a los dos grandes pilares sobre los que se sustenta la Iglesia católica en España, es decir, las clases de religión y la financiación estatal. De hecho, su segundo de abordo es monseñor Antonio Cañizares, líder del sector ultraconservador de los obispos recién elegido vicepresidente de la CFE y, Por cierto, azote del nacionalismo. Sin embargo, Blázquez viene de donde viene, es decir, del sector moderado, y por mucho que, ahora diga que habrá "consecuencias" si el Gobierno rompe las relaciones Iglesia-Estado parapetadas tras los acuerdos firmados con la Santa Sede en 1979 pari despejar las posibles dudas de los obispos conservadores sobre la conveniencia de Blázquez en el cargo de presidente, también ha tendido la mano a su homólogo en el Ejeculivo socialista para verse cuando antes y Hmar las asperezas que desde hace rneses vienen dificultando el entendimiento entre el poder político y el eclesiástico.

Ahora a Blázquez sólo le falta cumplir un trámite que pasaron por alto sus electores cuando le votaron: ser irzobispo. Los presidentes de la CEE son arzobispos e incluso cardenales, de modo que como en Bilbao habría que cambiar los estatutos pari crear esta figura, lo más fácil será ascenderlea arzobispo de Zaragoza; el puesto de Elías Yanes está vacante porque cumplió la edad de jubilación hace dos años. Esos serán los clesignios de la Santa Sede con Blázquez pero, ¿qué hará con monseñor Rouco Varela? ¿Le esperan más altos y gloriosos cometidos en la Santa Sede?

Y ahora, ¿qué va a pasar con la COPE?

Nada. De momento. Porque dentro de un corto plazo de tiempo, la emisora de los obispos podría reproducir, para desgracia de sus estrellas radiofánicas, el mismo cambio de talante que ahora acaba de experimentar la Conferencia Episcopal.

Tras las elecciones en la Asamblea Plenaria no ha habido ningún cambio al res~ pecto; Bernardo Herráez, vicesecretario para Asuntos Económicos del episcopado, no se ha movido del cargo. Sin embargo, su jubilación tendrá lugar el mes de octubre y eso repercutirá directamente en la COPE: el puesto lleva implícito ser presidente y consejero delegado de la emisora, por tanto cuando abandone la CEE, también dejará la radio.

Herráez, tío carnal del consejero de Vivienda en la Comunidad de Madrid gobernada por Esperanza Aguirre, Sigfrido Herráez, se viene encargando de la vicesecretaría económica de la Iglesia católica desde 1977 y de la emisora de los obispos desde las mismas fechas: en 1976 fue nombrado consejero delegado de Radio Popular y presidente de la COPE en 1999. Es por, tanto, responsable de todo lo que acontece en la emisora de radio, incluidos los contenidos informativos y editoriales que, desde que llegara José Luis Rodríguez Zapatero al poder, son el azote informativo del Gobierno socialista.

En otoño se verá si su sucesor responde al talante moderado de Ricardo Blázquez, aunque ya se puede aventurar que, si tal y como asegura el flamante presidente del episcopado la Iglesia oficial está dispuesta a tener puentes con el Ejecutivo socialista, tendrá que rebajar el tono de los informativos de la COPE, cargados de un fuerte componente editorial desde que Ignacio Villa se hiciera cargo de su dirección, de sus tertulias radiofónicas y de sus presentadores agresivos con Federico Jiménez Losantos a la cabeza.

De hecho, para el Gobierno socialista, llegar a un estado si no de entendimiento, sí de no agresión, pasa por conseguir que la emisora de los obispos abandone la campaña de acoso mediático a la que es sometido diariamente en cada uno de los espacios de su programación.

Llegados a este punto, resulta difícil imaginar qué porvenir le espera a Jiménez Losantos en una emisora donde podrían llegar a inmiscuirse en su programa y, sobre todo, en su personalísimo manual de estilo. ¿Se acabará doblegando para no perder el puesto en la única emisora capaz de permitirle hasta ahora semejantes licencias? ¿Decidirá ser fiel a sí mismo y a la derecha extrema abandonando su posición privilegiada?


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