Hemeroteca Esta semana
 
Nº 638 - 28/2/2005

Con su último paquete de medidas recupera terreno en otros ministerios


SOLBES QUIERE SER VICEPRESIDENTE

 

Le ha costado casi un año, pero Pedro Solbes se ha puesto manos a la obra. El ex comisario europeo está lanzando señales inequívocas de que está decidido a recobrar el poder que debe tener un vicepresidente del Gobierno, aunque sea segundo, y para ello ha echado mano de lo que tiene más cerca, un paquete de
medidas económicas que afectan a un amplio abanico de sectores y que le aseguran el control de todo lo que pase en un buen número de ministerios. Tras meses en los que se ha dejado comer el terreno por el asesor monclovíta Miguel Sebastián u otros miembros del Gobierno, Solbes ha puesto sobre la mesa sus armas para ejercer.

Por Vera Castelló

Hasta aquí hemos llegado", eso es lo que parece haber dicho Pedro Solbes. El titular de Economía y Vicepresidente segundo se ha hartado de no tocar bola y ha decidido tomar cartas en el asunio para intentar dejar claro que es el número tres de este Gobierno, solo por detrás de Zapatero y Mª Teresa Fernández de la Vega, y por encima del resto de ministros y otros cargos que han metido más baza de la que les correspondía.

Para recobrar -o estrenar, según los más críticos- su protagonismo el ex comisario europeo se ha servicio de un arma, el consejo de ministros, que esta vez sí le ha funcionado. El pasado viernes el Gobierno -al cierre de, esta edición así estaba previsto- aprobaba el ambicioso plan diseñado desde el Ministerio para dinamizar la economía espaCola. Sin embargo el impulso de estas medidas, aparentemente de signiflcación solo economica, resulta clave para intentar resolver los complejos equilibrios de poder que rodean a José Luis Rodríguez Zapatero.

Se trata de dos grandes paquetes de medidas. Las primeras, de carácter liberalizaclor y más concretas, se refieren a sectores tan sensibles como el de la energía, las telecomunicaciones, la vivienda o el transporte y afectan a todos los ministerios mínimiamente económicos. Las segundas, más generales, suponen un avance del programa de reformas que el Gobiemo irá concretando a lo largo de la legislatura en campos tan dispires como el mercado laboral o la política fiscal. Pero lo verdadera mente interesante de estas decisiones es que afectan a departanientos no solo del ámbito estrictamente econórnico y que su diseño posibilita que Solbes se convierta en coordinador de todas esas rriedidas teniendo bajo su control a pesos pesados como Jesús Caldera o José Montilla quienes no podrán dar un solo paso sin que el vicepresidente, en aras de asegurar la competitividad de nuestra economía, dé su visto bueno.

Esta es la estrategia que ha elegido Solbes para acabar de relanzar una vicepresidencia que, a diferencia de la de Mª Teresa Fernández de laVega, parecía no terminar de arrancar pese a que Zapatero formó Gobierno hace ya casi un año.

Precisamente la pasada semana, a cuenta del Informe de los sabios sobre RTVE, se evidenció la soledad de Solbes en asuntos en los que tendría mucho que decir.

Cuando el Gobierno diseñó la composición del comité de expertos que se pronunciaría sobre los medios de comunicación públicos eligió a tres catedráticos -Emilio Lledó, Victoria Camps y Enrique Bustamante-, el filósofo Fernando Savater y el presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, Fernando González Urbaneja. Pero a ellos se les unió, en calidad de asesor, Miguel Ángel Arnedo, enviado por expreso deseo M ministro de Economía. Sin embargo ha trascendido que las tesis Amedo a penas se han tenido en cuenta, ni siquiera sus reticencias, y por ende las de Solbes, a que la fórmula decidida para financiar la televisión pública implique abiertamente la asunción de la deuda por parte del Estado y más recursos presupuestarios para el Ente.

Esta es otra de las gotas que ha colmado el vaso de la paciencia del ministro y le hin decidido a acelerar los trámites para lanzarse a la conquista de un poder al que cree tener derecho.

Ya hace unas semanas el vicepresidente del Gobiemo dio muestras de que su inicial hibernación comenzaba a remitir. Primero plantó cara al ministro de Trabajo, Jesús Caldera, a cuenta de la revalorización automática del Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Pese a estar pactado con los sindicatos, el responsable de economía sacó pecho y se alineó con las tesis de la CEOE para, al menos, conseguir que la cuestión quedara en stand by. Aquel posicionamiento sirvió para evidenciar el primer gran enfrentamiento público entre dos miembros del Gobierno, éste y Caldera, y la victoria meridianamente c¡ara del vicepresidente.

De hecho, sorprendió el protagonismo de Solbes en la reunión que celebraron en La Moncloa los agentes sociales a principios de febrero para retomar la negociación social. Allí estaba, junto a Jesús Caldera, precisarnente el culpable de que sindicatos y patronal hubieran estado a punto de romper el diálogo. Pero la sorpresa era doble ya que en la anterior visita de los agentes sociales a La Moncloa, cuando se firmó la declaración por la competitividad y el empleo en julio, el vicepresidente no estuvo presente, ocupando, de alguna manera, su lugar el todopoderoso asesor monclovita Miguel Sebastián.

Esta vez Solbes había aprendido la lección y no quería dejar el área social sólo en manos de Caldera, y mucho menos si la responsabilidad se la repartía el ministro deTrabajo con el asesor presidencial.

Lo que terminó de convencer a sus compañeros de gabinete de que Solbes buscaba abandonar el oscuro rincón al que le tenían castigado es su papel en el intento de entrada de Sacyr Vallehermoso en el capital del BBVA. Un protagonismo que se evidenció no tanto en su implicación directa en la operación -ahí Miguel Sebastián parecía ganar por goleada- como por su naturalidad a la hora de mojarse sobre el movimiento empresarial.

Sebastián tenía sus razones personales -se enfrentó directamente con el presidente del BBVA cuando el hoy asesor económico de Zapatero estaba en el servicio de estudios del banco- para apoyar las intenciones, hoy ya frustradas, de la constructora, pero el que se pronunció en público fue Pedro So1bes, y lo hizo en nombre del Gobierno.

Aquellos "Nos parece que tiene sentido" y "al Gobierno le gustaría que se encontrara una solución entre las dos partes" que garantizase "al máximo su españolidad", referidos a las intenciones de SacyrVallehermoso en el segundo banco del país, llamaron rnucho la atención. Hasta el momento Solbes se había mostrado ajeno a toda operación o decisión que no estuviera directamente relacionada con el ámbito macroeconómico que mantiene bajo su estrecho control, pese a que su Ministerio y su Vicepresidencia incluyen otros muchos aspectos económicos, empresariales y sociales. Precisamente esa poca apetencia por entrar en otro tipo de cuestiones había dejado el campo libre a otros miembros del Gabinete para moverse con tranquilidad en áreas de su oficial titularidad. Tantojosé Montilla como Jesús Caldera, habían aprovechado al máximo, hasta el momento, esa oportunidad. Incluso desde el Partido también se ha intentado ocupar ese hueco.

Pero los titulares de Industria y Trabajo no han sido a los únicos a los que la pasividad de Solbes había permitido meter baza. El primero, por supuesto, Miguel Sebastián, que desde su puesto de asesor personal del presidente del Gobierno ha participado con entusiasmo tanto en la política de nombramientos del área económica como en la toma de decisiones importantes, suplantando en más de una ocasión la figura del ministro de Economía, tal y como contó EL SIGLO en su tema de portada "El otro ministro de Economía" (ver número 624).

El prestigio de Solbes no se pone en duda en Ferraz, sin embargo no les entusiasma que el vicepresidente no tenga carné. Ya cuando Solbes se opuso a la revalorización automática del SIM y posteriormente se pronunció sobre la operación de Sacyr, en el Gobierno y en el PSOE tomaron nota. Después del último consejo de ministros ya no tienen duda: el vicepresidente quiere ejercer.


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