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Nº
635 - 7/2/2005
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El libro de Garzón desata otra pelea en la Audiencia FUNGAIRIÑO CONTRA EL JUEZ
Baltasar Garzón, uno de los jueces de la Audiencia Nacional más conocidos y controvertidos, se ha puesto delante del ordenador para repasar sus 24 años de carrera judicial y 17 en el Alto Tribunal, dando a luz un libro de utópico título- Un mundo sin miedo. (Ed. Plaza Janés) La polémica, que tantas veces le ha acompañado en su carrera, no ha tardado en aparecer también en esta ocasión. El mismo día en que presentaba sus memorias conoció que el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Eduardo Fungairiño, representante del ala más conservadora de la judicatura, ha dirigido un escrito de queja ante la Sala de lo Penal acusándole de revelar secretos de un sumario que continúa investigándose. No es la primera vez que los inquilinos de la Audiencia dirimen sus diferencias, muchas veces de índole ideológico, en público. Por I. S. No es la primera vez que el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Eduardo Fungairiño, y el juez estrella de ese tribunal, Baltasar Garzón se enfrentan públicamente. Sus diferencias tuvieron su punto álgido en 2000, cuando la Fiscalía se opuso al procesamiento de Augusto Pinochet, al que el magistrado jienense había conseguido acorralar. Ese mismo año, la periodista Pilar Urbano publicaba un libro de conversaciones con el magistrado en el que éste llamaba a Fungairiño "la antena del Cesid". Esa afirmación y la supuesta revelación de secretos, le costó que la Comisión Disciplinaria del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) le abriera un expediente disciplinario que no prosperó. El fiscal jefe tampoco dio el visto bueno a la extradición de los 44 militares detenidos en Argentina por orden de¡ juez Baltasar Garzon. Y así, muchas veces hasta que la pasada semana volvieron a chocar. Ahora Fungairiño, el mismo que en la Comisión de Investigación del 11-M afirmó desconocer que se había encontrado una furgo neta en Alcalá de Henares porque en la tele solo veía los documentales de la BBC, parece tener problemas con los párrafos que dedica el juez a relatar los motivos que le llevaron a descartar que ETA estuviera detrás de los atentados de Madrid. Concretamente afir ma que "en contra de lo que mantenían desde el ministerio del Interior, ETA no había preparado un atentado con mochilas bomba en la estación de esquí de Baqueira Beret en las navidades de 2003. Los únicos datos de esa posible acción se limitaban a la declaración de un etarra en dependencias policiales. Tampoco buscó una carnicería en la estación de Chamartín (Madrid) durante la Nochebuena de 2003. La intención de los terroristas, según consta en los informes policiales, era hacer estallar el explosivo cuando el tren estuviera fuera de servicio. Por último, también era incierto que la organización terrorista quisiera cometer una matanza en la capital con los explosivos que, iban a colocar a primeros de marzo, ya que iban a hacerlos explotar de madrugada, cuando los edificios industriales estuvieran desalojados. Por eso, empezaron mis dudas sobre la actuación del gobierno de José María Aznar. Me costaba creer que el Ejecutivo, que tan eficaz había resultado en la lucha contra ETA, hubiera iniciado una fuga hacia delante para evitar que se supiera, antes de las elecciones, que el terrorismo internacional islamista era el autor de la matanza y no ETA". Fungairiño no se queja de que Garzón eche por tierra los argumentos que todavía esgrime el PP para relacionar a ETA con los atentados, como podría pensarse dada la conocida química entre el fiscal y Génova -su expediente disciplinario por una falta muy grave de ocultar pruebas en el sumario sobre el atentado de ETA en 1995 contra José María Aznar, no fije obstáculo a su imparable ascenso cuando el PP llego al poder-, sino que, a su juicio, estas opiniones pueden constituir un delito de revelación de secretos de sumario, porque un juez no se puede "pronunciar sobre un caso que esta sub judice" Por ello, ha presentado una denuncia ante el presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia que ha remitido copia al fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido. Conocida la iniciativa de Fungairiño, Garzón la ha calificado de "demencial" y de "absoluto despropósito". El juez niega que en su libro cometa cualquier tipo de revelación de secretos, porque él no fue instructor de las causas citadas, por lo cual no pudo tener un conocimiento directo de ellas y por tanto, no puede revelar secretos sumariales. Por eso, ha anunciado que investigará el recorrido seguido por la denuncia y tomará las "medidas" que en su `derecho correspondan", porque "a lo mejor sorprende quién la ha preparado". "A lo mejor me denuncian por otra cosa", ha llegado a aventurar. Y es que Garzón no solo habla sobre las causas que ha llevado, sino que también tiene unas palabritas para el PP. El magistrado afirma que Aznar no le ha `perdonado' su "posición crítica con su política de Gobierno" y, en concreto, a la guerra de Iraq y que ya le "ha castigado" cuando pidió "la plaza de presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional" que fue concedida al juez Javier Gómez Bermúdez. Sobre unos y otros El libro está escrito a modo de conversaciones o cartas a sus tres hijos, fórmula que le permite explicar a sus lectores cómo funciona la justicia en este país y la cantidad de sacrificios en el plano personal y familiar, que ha tenido que afrontar para llevar a cabo su vocación desde la independencia. Su libro era esperado con interés por muchos, máxime cuando este juez se ha caracterizado por llevar su enarbolada independencia hasta el límite, llegando a entrar en política de la mano de Felipe González, para, 11 meses después, dar un sonoro portazo y acusar a su valedor -González le había impuesto como número dos de las listas del PSOE por Madridde estar fuera de la realidad en plena explosión del caso Roldán. El magistrado se refiere en el libro al mal sabor que le dejó esa época, "La verdad es que desde que viví la campaña electoral de 1993 me quedé bastante escarmentado. Siempre he creído que solo sirven para manipular y engañar a los votantes". Asegura que tras su salida de la política ha vuelto a coincidir con Felipe González alguna vez pero se extiende más en la última de estas ocasiones. "Hablamos de todo un poco pero no removimos el pasado". Cuenta incluso que ambos estaban de acuerdo en que José Luis Rodríguez Zapatero "iba avanzando y afianzándose, pero que todavía le faltaba seguridad y profundidad" y que Conzález le confesó que no se volvería a presentar como diputado porque "no le decía nada el Parlamento ( ... ) También se quejó de cómo estaba el PSOE, que no acababa de superar sus contradicciones". Asegura que incluso una vez Felipe González, a través de otra persona, le advirtió de que no debía viajar a Latinoamérica y que anulara un viaje programado a las Galápagos con su familia porque los militares chilenos y argentinos querían acabar con él. Sobre el caso CAL afirma que `mentiría si afirmara que éste fue un caso más. No, no lo fue. En ningún caso he recibido tantas presiones externas e internas como en éste, en todos los ámbitos y sentidos. Aquellos que querían que el tema se silenciara no ahorraron esfuerzos para que se echara tierra al asunto Iniciado un asunto debes procurar llegar hasta el final, sin importar quién está detrás de la trama, aunque seas consciente de que eso puede costarte bastante caro". En cuanto a Felipe González y los GAL asegura que nunca acusó al ex presidente del Gobierno de participar, aunque afirma que González mintió cuando testificó ante el Tribunal Supremo en el caso del secuestro de Segundo Marey El terrorismo, también ocupa un amplio espacio del libro. Se muestra contrario a las negociaciones con ETA y cuenta, con nombres y apellidos quienes se sentaron a negociar con los etarras tras la tregua decretada en 1998: el ex secretario de Estado de Seguridad Ricardo Martín Fluxá, el ex secretario general de la Presidencia Javier Zarzalejos y el asesor del presidente Aznar Pedro Arriola. |