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Nº
626 - 29/11/2004
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Expectación ante su comparecencia en la comisión del 11 -M RETORNO ESTELAR DE AZNAR
Pocas veces una comparecencia en sede parlamentaria había levantado tanta expectación como la de José María Aznar. Tras sus constantes y duras declaraciones más allá de nuestras fronteras, su encendida 'cruzada' en favor del candidato republicano en las pasadas elecciones norteamericanas y su posterior vísita al triunfador, en la que sus palabras contribuyeron bien poco a favorecer la plena normalización de las relaciones de nuestro país con los Estados Unidos, un exultante ex presidente -que no parece haber asumido esa condición de ex- se presenta en el Parlamento con la declarada intención (previamente bien preparado el terreno por sus más fieles dentro del PP, Ángel Acebes y Eduardo Zaplana) de propagar la teoría de la conspiración.. Por Pedro Antonio Navarro Aunque a la hora de emprender esta crónica aún se desconoce el contenido de las declaraciones que efectuará el expresidente José María Aznar ante la Comisión de Investigación del 11-M, el "calentamiento" previo y en in crescendo que durante las jornadas precedentes han ido "cocinando" los diversos portavoces del Partido Popular -especialmente Acebes y Zaplana- hace suponer que el anterior líder del PP dirigirá su estrategia al establecimiento de una conspiración entre multinacionales del terror islamista radical y el terrorismo doméstico (el de ETA), con el objetivo último de provocar un vuelco político en España y desplazar de este modo a su partido del Poder. El fin de semana pasado, durante la clausura del polémico congreso popular valenciano, Eduardo Zaplana, portavoz del PP en el Congreso, en la introducción previa a la intervención final del presidente nacional, Mariano Rajoy, aseguró que éste "ha tenido el coraje de, seguir después de un atentado teledirigido para hacernos perder las elecciones del 14 de marzo". Era la primera vez que, du un niodo tan abierto, un alto responsable del primer partido de la oposición hacía referencia a una intencionalidad política tan concreta y en su contra de los terribles atentados de hace ocho meses, pero no la última. Ángel Acebes volvía a la carga días después para reclamar que las investigaciones no se detuvieran, aunque necesitasen extenderse durante "meses o años", y aseguraba que el atentado fue diseñado de manera muy pormenorizada para lograr sus objetivos. Sepamos quién lo diseñó y las trágicas consecuencias que de este, diseño se derivaron", para incidir nuevamente en la ya vieja estrategia de la necesidid de descubrir la "autoría intelectual". El incremento de la presión sobre una cuerda cada vez más tensa se percibe en las reacciones que se van produciendo en las filas socialistas, que progresivamente van haciendo más evidente su hartazgo de esta táctica popular de extender sombras de sospecha hacia todo y hacia todos. El secretario de Organización del PSOE, ]osé Blanco, respondía a Acebes con dureza al asegurar que en el PP "no han parado de mentir desde el 11 de marzo". Emplazó a Mariano Rajoy a que en lugar de solicitar explicaciones perrnarientemente, se dedique "a explicir el monumental fracaso" del Gobierno del PP ante lo que calificó como "el mayor desastre" terrorista de nuestra historia. En una línea similar contestaba la secretaria de Relaciones Internacionales del Partido Socialista, Trinidad Jiménez. Al conocer las declaraciones de Zaplana acerca del "atentado teledirigido", recomendaba al presidente del PP que dejara de "pedir explicaciones por el 11 -M" y que comenzara a darlas. Sostenía que el PP debe aceptar que perdió las elecciones, debe digerir su derrota y debe asumir que los españoles les dieron el 14 de marzo un papel que no es otro que el de estar en la oposición", al tiempo que exigía que "el PP deje de buscar culpables externos en un intento de deslegitimar constantemente el resultado del 14 de marzo Esa extensión de las sospechas llegaba a afectar también a la Guardia Civil cuando el pasado día 22, el portavoz popular en la Comisión de Investigación, Jaime Ignacio del Burgo, se dirigió al compareciente general Pedro Laguna argumentando que "es el atentado mas sangriento que ha tenido este país, y éste es en un momento clave, porque se pudo haber evitado la masacre si hubiera habido suerte, por lo menos en la petición de investigación judicial. Y no se hizo porque alguien no le da la información adecuada a quien tenía la responsabilidad de mandarla". La reacción del general no electoral pudo ser más conturidente, y en su respuesta no pudo ocultar el rechazo y el enfado que le produjeron las insinuaciones de del Burgo: Ios mandos de la Guardia Civil de Asturias ni han formado parte de una corrupción de trapicheo de drogas, prostitutas, tráfico de coches y explosivos -como se había insinuado en las sesiones previas-, y es prueba de ello que el Gobierno anterior ha condecorado a su representante anterior por su lucha contra la delincuencia. Y ni mucho rnenos han formado parte de esa rnaquinaria de una conspiración política que, sin capacidad de defensa, se está extendiendo con insidias y sin pruebi alguna. Son barbaridades que nadie en su sano juicio puede, detender, salvo mentes eniermizas de algunos medios. Lo que hemos hecho es trabajar con seriedad, lamentando más que nadie el no haber tenido éxito en las investigaciones". Pero está claro que en esta Comisión de Investigación el PP cree haber encontrado un medio idóneo para evitar que se pase página tras las elecciones del 14 de marzo. Mas de ocho meses después de los comicios se continúa incidiendo en la desligitimación de los resultados a través de una estrategia que empieza a causar honda preocupación en ciertos sectores del PP y que algunos dirigentes han llegado a calificar en privado como `suicida". El presidente popular, Mariano Rajoy, parece atrapado en la duda, pero, al menos formalmente, se inclina por continuar en esta línea. El pasado 20 de, noviembre declaraba que las investigiciones de la comisión "están en su primera fase, y no en la última. Hay que saber a fondo lo que ocurrió para que una clesgracia así no vuelva a producirse", y profundizó en la láctica de las sospechas: "El pasado mes de marzo se perdieron las elecciones, todos saben la razón, incluso los que las ganaron", aunque introdujo un matiz final que también podría constituir un mensaje para consumo interno, cuando concluyó, "pero ahora toca mirar al futuro". Y ese es el gran dilema al que se enfrenta el dirigente de la derecha española. Muchos consideran que cuando fue encumbrado a la dirección del PP no consiguió el respaldo que necesitaba para garantizarse una plena libertad de movimientos. Incluso se llegó a hablar de liderazgo tutelado, y es que la larga sombra de su antecesor se provectaba en la presencia en importantísimos puestos en la Ejecutiva de Eduardo Zaplana y, sobre todo, de Ángel Acebes como secretario general, al que muchos consideraban el mas próximo y el heredero natural de Aznar. Por el momento, la evidencia demuestra que se imponen las tesis de la "línea dura" y la vieja guardia. Hemos asistido durante ocho meses a una oposición sin cuartel, frontal, áspera en los modos, plagida de calificativos denigrantes y descalificaciones sistemáticas que han impedido que el país salga de la situación de confrontación y crispación que se instaló desde la segunda legislatura de Gobiemo del PP. La táctica está tan delimitada en estos espacios que se ha llegado a que el Partido Popular esté a punto de romper el pacto antitransfuguismo en el Ayuntamiento de León y que se haya vulnerado el "pacto entre caballeros" en la reciente elección del presidente del Tribunal de Cuentas. Y ahora la comparecencia del ex presidente Aznar no parece venir en ayuda de los que desean un cambio de rumbo en las f¡las populares. Al principio de la constitución de la Comisión de Investigación del 11-M nada parecía indicar que las comparecericias fueran a alcanzar a personajes de tan alto n¡vel político como el ex presidente y el actual presiclente. Los grupos rninoritarios sí habían reclamado con insistencia li presencia de José María Aznar, aunque no así la de José Luis Rodríguez Zapatero. Sin enibargo, la holgada mayoría de que disponí,in en la comisión entre el PSOE y el PP parecía garantizar que ninguno de los dos tendría que someterse al escrutinio de sus señorías. Pero finalmente los acontecimientos Se precipilaron en sentido contrario. Desde su "retirada" de la política activa, José María Aznar ha sido una fuente inagotable de titulares, tanto para la prensa nacional como para la internacional. Sus intervenciones sobre cualquier aspecto de la politica española han sido constantes y también las más duras y ridicales de todo el entorno popular. Su áspera referencia al CAL en el último congreso del PP en el que se formalizaba el cambio de dirección fue el colofón de una creciente apelación a la confrontación y que tenía toda la intencionalidad de "marcar carnino" a su sucesor. Tampoco ha hecho gala de la menor discreción ni disimulo en su extenuante y agotadora "cruzada" de apoyoa la candidatura de George W. Bush en su carrera hacia la Casa Blanca, lo que llegó a entrar en severa discrepancia con la línea oficial de "neutralidad" asumida por su partido. Sus apasionadas intervenciones en la Universidad de Georgetown, introduciendo un espectacular y audaz giro en la interprelación de la Historia, en la que la Reconquista ha pasado a convertirse en la raíz histórica del terrorismo islamista radical en España, o defendiendo con fervor la necesidad de otros cuatro años de neocons en el despicho Oval, en un recién adquirido inglés que, a diferencia del catalán, ya sí se atreve a hablar fuera de, la intimidad, han catapultado su imagen como referencia de la derecha española muy por encima de la de Mariano Rajoy. En el Parlamento y en la convicción de la rnayoría de la opinión públici se espera a un ]osé MIaría Aznar pletórico y a la ofensiva ante la comisión. La victoria de, Bush la ha vivido con larita o más intensidad que un triunfo propio y el haber sido recibido por el presidente norteamericano -que no ha devuelto aún la llamada de felicitación que le hizo el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero- le ha permitido sentirse reforzado en sus posiciones. Pese a haber sido acusado de cierta deslealtad institucional por sus declaraciones contra la actitud del Gobiemo español mientras se encontraba en Washington, un Aznar que sigue convencido de que, los resultados electorales del 14 de marzo constituyen un despojamiento ilegitimo del poder a su partido, seguro que "dará espectáculo". No sólo insistirá en que él y su Gobierno dijeron en todo momento la verdad durante aquellos tres trágicos días, sino que se aplicará con diligencia en el desarrollo de la nueva estrategia ya perfilada por sus dos escuderos más próximos. La tesis de la autoría intelectual, aún oculta, del atentado formará parte de la columna vertebral de su argumentación. Tampoco faltará su convencimiento de un vínculo invisible entre el terrorismo islamista radical y ETA, mientras que la novedad sustancial que cambiará un poco el guión esperado consistirá en este nuevo esparcimiento de sospechas conocido como ,,atentado teledirigido". Pero también es posible que un asunto no "convidado", en principio, haga su aparición: el golpe de Estado contra Hugo Chávez en abril de 2002. Las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos corroboradas por el propio presidente venezolano-, en el sentido de que el Gobierno presidido entonces por José María Aznar había apoyado la intentona golpista, podrían provocar que el compareciente aprovechara todo el aparato mediático que va a rodear a su presencia en la sede parlamentaria para desmentir los extremos sostenidos por Moratinos y, probablemente, lanzar nuevas y duras acusaciones contra el actual Ejecutivo y el partido que lo sustenta. De nuevo, el protagonismo absoluto recae sobre el ex presidente que, lejos de haber abandonado la política activa, como anunció, no ha dejado de multiplicarse en cuantos foros y espacios públicos de difusión ha encontrado. Sus intervenciones casi nunca parecen llevar el marchamo de "a título personal", sino que se antojan emanadas por el auténtico ideólogo de su formación, que sigue concitando el máximo apoyo entre sus filas y que se erige en el auténtico garante de la unidad. En el actual PP, la pérdida de peso político de los referentes del centrismo (Alberto Ruiz Gallardón, Josep Piqué, Gustavo de Arístegui) resulta una evidencia que se constata cada vez más, para disgusto de Mariano Rajoy, que quiso contar con su presencii desde el principio para conseguir una Ejecutiva nacional más contrapesada y garantizar el equilibrio entre las distintas "familias", repartiendo equitativamente el poder interno y, de este rnodo, preservar una unidid, que como acaba de apreciarse en el reciente congreso valenciano, no le va a resultar senci¡lo mantener. Con anterioridad a los cambios de fechas de las comparecencias -Aznar debía haber acudido el día 22 de noviembre- Rajoy había declarado que no asistiría ese día al Parlamento. Pese a que se ha pospuesto una semana, tampoco parece probable que, en esta ocasión, el presidente del PP vaya a hacer acto de presencia. Hoy en día no se sibe si una foto al lado de su carismático predecesor puede resultar más perjudicial que beneficiosa, y la sombra que proyecta el ex presidente, estando tan cerca puede hacerse más evidente. |