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Javier
Calderón exculpa a Milans, a Armada y al CESID del 23-F
LAVADO
DE IMAGEN A LOS GOLPISTAS
Esta
semana sale a la venta Algo más que el 23-F (La Esfera de
los Libros), el libro en el que Javier Calderón, entonces secretario
general del CESID, y Florentino Ruiz Platero, todavía agente del
servicio de inteligencia, cuentan su versión del golpe de Estado
fallido de 1981. Del libro ya se conoce una prepublicación en la
que, en evidente contradicción con anteriores revelaciones y con
los hechos acaecidos aquel aciago día, exculpan al entonces capitán
general de Valencia, Jaime Milans del Bosch, y al segundo jefe del Estado
Mayor, Alfonso Armada, de responsabilidades tácticas en el golpe.
Un lavado de imagen que también pretenden extender al CESID y,
por ende, al propio Calderón, acusado junto al comandante José
Luis Cortina por varios subordinados de ser los supuestos responsables
de un grupo de apoyo golpista.
Por E. S.
La
prepublicación de los pasajes de Algo más que el 23-F
(la Esfera de los Libros) tuvo lugar el 10 de octubre en el diario El
País. A doble página y en la sección Domingo,
el rotativo dabá amplia cobertura a un libro de la editorial de
Pedro J. Ramírez. El hecho no ha pasado desapercibido; la cabecera
de Jesús de Polanco nunca ha sido tan generosa con las obras publicadas
por su adversario y el director de El Mundo no suele dejar que
la competencia le pise sus exclusivas editoriales. Sin embargo, sólo
hay que fijarse en los autores del libro para encontrar la explicación.
El Mundo, como la revista EL SIGLo, ha publicado numerosas informaciones
sobre el supuesto conocimiento previo que tuvo Javier Calderón
del fallido golpe de Estado del 23-F, tal y como denunciaron varios agentes
del servicio de inteligencia. Mientras, El País, de la mano
del periodista especializado en información militar, Miguel González,
ha contado en más de una ocasión con información
privilegiada del ex director del CESID y coautor del libro.
Hasta aquí la explicación más lógica y razonable.
Lo que sin embargo genera verdaderas incógnitas es la serie de
conclusiones a las que llegan Javier Calderón y Florentino Ruiz
Platero sobre la trama y los protagonistas del fallido golpe de Estado.
Para empezar, abordar el tema desde la "creencia" y la opinión,
cuando siendo como eran miembros del espionaje español deberían
contar con datos objetivos que les permitieran hablar con conocimiento
de causa. Además, incurren en contradicciones de bulto. Cuenta
Alfonso Guerra en su libro de memorias Cuando el tiempo nos alcanza
(Espasa Hoy) que, ante la "sorpresa o la incredulidad ante el hecho
insólito de que los servicios de información del Gobierno
no hubiesen advertido de los preparativos del golpe me hizo desembocar
en lo más sencillo en un país democrático: preguntemos
a los servicios de información. Solicité una reunión
con los responsables del CESID y, efectivamente, me convocaron para una
jornada de trabajo para el día 18 de marzo de 1981 [...]. A aquella
sesión informativa exclusiva sobre el golpe acudieron tres representantes
del CESID: su secretario general , Javier Calderón, se hacia acompañar
por los agentes Florentino Ruiz Platero y J. A. Blanco [...]. Nos hicieron
una primera interpretación de los hechos. Según ellos [...]
la estructura del golpe según sus datos estaba parcelada en cuatro
movimientos paralelos: un golpe militar, encabezado por Milans; un golpe
civil, protagonizado porTejero sin sustento militar propiamente dicho;
un golpe blando, preparado por Armada con el soporte de Anson y de toda
la extrema derecha, desde Silva Muñoz y los almendros que
conectan a los otros tres o se filtran en ellos.
[...]. Los agentes informaron sobre el general Armada: para su destino
como segundo jefe de Estado Mayor contó con el apoyo del Rey, del
ministro de Defensa, Rodríguez Sahagún, y del jefe del Estado
Mayor. Se posicionaron en contra Adolfo Suárez y el general Gutíérrez
Mellado". El entonces vicesecretario general del PSOE no supo cuánto
habia de verdad y cuánto de intoxicación de todo aquello,
incluso llega a decir en su libro que ahora, "cuando escribo sobre
ello pasados más de veinte años, cuando las últimas
publicaciones centran la implicación justamente en los servicios
de información, en concreto en el CESID, ¿qué seguridad
puedo mantener?".
Lo que no podía prever durante la redacción de sus memorias
es que, meses después, los propios agentes secretos iban a desdecirse
de todo aquello. Cuentan ahora los autores de Algo más que el
23-F que el golpe está mal explicado porque sus 'muñidores'
fueron guardias civiles y militares de nivel medio-bajo. "No incluimos
a Milans porque, a pesar de su alta graduación y de sus acciones
indudables, en este sentido tue pasivo. Más aún, fue la
primera víctima de aquellos. La segunda, creemos, fue Armm-iada".
Según su nueva versión, el núcleo clave del 23-F
lo conformaban Tejero, García Carrés, Iniesta y Dueñas.
Cirrés y el ayudante de Milans, el teniente coronel Mas Oliver,
son los que propician un encuentro entre el Guardia Civil y el Capitán
General de Valencia.
A partir de entonces serán Mas y el coronel segundo jefe del Estado
Mayor de la Capitanía deValencia, Ibáñez, quienes
ponen en conocimiento de su superior los supuestos planes de Tejero. Pero,
según Calderón y Ruiz Platero, Milans no los suscribe y
deciden simular una llamada de Armada para convencerle de que la operación
estaría `apoyada o impulsada por el Rey'. A pesar de todo no lo
consiguen y el 22 de febrero es Tejero quien había con Milans para
decirle que el asalto "ya no podía pararlo".
Del "golpe blando de Armada" no vuelven a hacer mención
y pasan por alto toda responsabilidad en el 23-F. Eso sí, dicen
que mantuvo una comida con Mílans el 10 de enero en Valencia donde
"expresaría su opinión acerca de las preocupaciones
del Rey sobre la situación, de Suárez, y de los golpes de
timón en marcha" y donde estaría el origen de "las
implicaciones que después se atribuyeron a Armada. Su posición
ante Milans, contraria tanto a Suárez como a Gutiérrez Mellado
y favorable al relevo de ambos, tuvo para él graves consecuencias".
Pero, ¿qué credibilidad tiene esta nueva versión
de los hechos? Aún existen muchas lagunas que impiden elaborar
un relato fiable y contrastado del trasfondo del 23-F, pero la versión
de Calderón y Ruiz Platero no resulta en absoluto convincente.
Decir que Milans del Bosch tiene una actitud pasiva cuando
saca los carros de combate a la calle arrebata el poder a la autoridad
civil y somete a Valencia al toque de queda y la autorídad militar
movilizando a las Fuerzas Ar madas no tiene ninguna lógica.
El papel
de Armada. Asegurar queArmada fue víctima de unas opiniones
supuestamente inocuas, tampoco. Cuando el segundo jefe del Estado Mayor
va diciendo en los mentideros políticos y militares que hay que
cambiar al presidente del Gobierno sin plantear unas elecciones democráticas
y se presenta a las puertas del Congreso de los Diputados para ofrecerse
como el De Gaulle espano las sospechas sobre su relación con el
asa¡ to son sin duda razonables. El coronel Diego Camacho, uno de
los ex agentes del CESID que denunciaron la implicación del servicio
de inteligencia con el golpe, lo explicaba el pasado mes de junio en El
Siglo (ver número 609 `En torno al 23-F"). La operación
buscaba hacer en España lo que el presidente de la IV República
Francesa en el país galo. En aquel caso trató de evitar
una guerra civil a causa de la independencia de Argelia ofreciendo el
poder al general Charles De Gaulle. Sin embargo, en aquel caso los diputados
eligieron voluntariamente y en el del 23 de febrero se trataba de secuestrar
al Parlamento para crear un Supuesto Anticonstitucional Máximo
(SAM) y, bajo coacción, obligar a los parlamentarios a ofrecer
la
presidencia del Consejo de Ministros a un militar -en este caso Armada-,
una fórmula artificial que les permitiría revestir el nombramiento
de una pseudo-legalidad para obtener la aprobación del jefe del
Estado. Sólo la fidelidad de Tejero a, la causa lo impidió:
al teniente coronel de la Guardia Civil le prometieron el regreso de los
militares al poder ejecutivo, por eso la llegada de Armada bajo la fórmula
del SAM le puso los pies en la tierra y decidió impedirle el paso.
Además, si disponen de pruebas que le exculpan de cualquier implicación
en el 23-F, ¿no sería mejor que las presentasen en el Tribunal
Supremo que condenó al militar a 30 años de prisión?
Existe otra serie de dudas razonables sobre las conclusiones de Calderón
y Ruiz Platero. los autores de la nueva publicación advierten sobre
Ios efectos negativos respecto a la supuesta implicación del CESID
que tuvieron las informaciones que introdujeron dos miembros del mismo
centro". Si el servicio de inteligencia español no tuviera
nada que ver, ¿por qué tardó más de un mes
en abrir una información interna después de que varios agentes
denunciaran la implicación previa del centro en el asalto? ¿Por
qué ha desaparecido de los archivos ese Informe Jáudenes
-publicado tan sólo en el libro del ex coronel Perote 23-F Ni
Milans ni Tejero- donde se demostraba que agentes, radios y vehículos
de la Agrupación Operativa de Misíones Especiales dirigida
por José Luis Cortina sirvieron de apoyo logístico en el
golpe? ¿Por qué cuando concluyó la investigación
se obliga a los agentes relacionados con el asalto a abandonar el centro
para integrarse en las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil? ¿ Por
qué si prol¡feraban informaciones sobre la existencia creciente
del "ruido de sables" se cesa en el mes de agosto al director
del CESID y ni se nombra a un nuevo responsable ni se asciende al entonces
secretario general, Javier Calderón?
Y por último y no menbs importante. Si el golpe es sólo
el disparate atribuible a un puñado de militares sin respaldos
civiles ni organización, ¿por qué la corriente de
opinión alarmista generada los meses previos al asalto sobre la
situación política en España se esfumó nada
más fracasar el 23-F? ¿Es que acaso se creó artificialmente
con algún fin determinado?
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