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La nueva vida de la
familia de Letizia
LOS
ORTIZ-ROCASOLANO
Hasta el
1 de noviembre del pasado año, los Ortiz Rocasolano eran una típica
familia española: anónima, de clase media y sin más
preocupaciones que las de cualquier ciudadano de a pie. Pero a partir
de aquella fecha, sus vidas dieron un vuelco. El anuncio del compromiso
matrimonial de la primogénita, Letizia Ortiz, con el Príncipe
de Asturias, les puso en el punto de mira de la opinión pública,
ávida de noticias sobre las personas que han convivido con la futura
reina de España. Algunos parecen llevarlo mejor que otros. El padre,
Jesús Ortiz, es el más celoso de su intimidad; Erika, la
hermana pequeña de la prometida de Don Felipe, se ha adaptado con
toda naturalidad a su nuevo papel de hermanísima. Lo que todos
comparten es una inevitable sensación de vértigo ante la
expectación generada, que llegará a su momento álgido
cuando su hija, hermana o nieta pase a formar parte de la Familia Real
española el próximo 22 de mayo.
Por Virginia
Miranda
Si
nos hubieran dicho hace poco más de un año que el Príncipe
Felipe se acabaría casando con una periodista residente en el madrileño
barrio de Valdebernardo, habríamos pensado que se trataba de una
broma. Hasta entonces, ninguna de sus novias habían logrado superar
el riguroso examen de los Reyes, y la tradición monárquica
recomienda que la candidata cumpla ciertos requisitos que reducen el abanico
de posibilidades a las jóvenes casaderas con ascendientes en las
casas reales o, en el peor de los casos, en la nobleza.
A Don Felipe no le convencía ninguna de sus pretendientes
y su corazón continuaba discurriendo por otros derroteros. Si no
podía ser la modelo noruega Eva Sannum, lo intentaría con
otra mujer, pero no sin antes haberse enamorado de ella. Por eso, la elegida
fue Letizia Ortiz, porque los sentimientos no entienden de clases sociales
ni de escudos heráldicos y porque el heredero de la Corona no estaba
dispuesto a volver a dar su brazo a torcer, a pesar de que su padre Don
Juan Carlos siguiera planteando objeciones.
La noticia se hizo pública el 1 de noviembre y la presentación
oficial de la prometida de Don Felipe, dos días después.
La audiencia siguió con atención todas las noticias que
iban apareciendo de la joven presentadora del Telediario, aunque
quienes más interés tenían en saber todo cuanto se
comentaba de Letizia Ortiz era su familia. Su madre, Paloma Rocasolano,
declaró estar encantada con las informaciones relacionadas con
su hija porque "dicen cosas muy buenas", y aseguró ingenua
haber apagado la televisión y la radio "para continuar con
mi vida'. Está claro que, por aquel entonces, no había calculado
las consecuencias que el compromiso matrimonial iba a tener en su vida
y en la de su familia. Porque por mucho que intenten mantener su intimidad
y continuar con su rutina de siempre, desde entonces han tenido que aprender
a convivir con su incómoda notoriedad.
Jesús Ortiz, padre de la novia del Príncipe, aún
no acaba de acostumbrarse a que su vida privada suscite el interés
de los medios de comunicación. Su boda con la periodista Ana Togores,
a principios del mes de marzo, ha sido uno de los temas más manidos
por cierto sector de la prensa, a pesar del secretismo con que se llevó
a cabo la ceremonia civil en su domicilio de Somosaguas (Madrid). Su mutismo
tiene varias razones de ser. Por un lado, su carácter reservado;
por otro, su deseo de mantener en privado los problemas que su soltería
podría plantearle en la Catedral de la Almudena el próximo
22 de mayo y, más aún, a su pareja. Ellos ya tenían
previsto casarse cuando Ana Togores acabara de cumplimentar su divorcio
con su ex marido, el abogado Ricardo García Camacho. Pero el anuncio
del compromiso matrimonial de Letizia les obligó a acelerar el
papeleo para poder asistir al enlace como pareja formalmente casada y
respetar así el protocolo de la Casa Real, que en sus invitaciones
de boda indica que el asistente al enlace deberá comunicar si irá
"solo o acompañado de su cónyuge".
Aunque el alcalde de Pozuelo, Jesús Sepúlveda, ha confirmado
que ha casado a Jesús Ortiz y Ana Togores, a preguntas de los periodistas
sobre si efectivamente había contraido matrimonio y sobre la fecha
exacta M enlace, el interesado se ha limitado a repetir lo que ya se ha
convertido en una cantinela: `De cosas personales no hablo". Tampoco
habló cuando le preguntaron por sus comentadas fotografías
en París, aunque de buena gana habría puesto el grito en
el cielo si no fuera el futuro suegro del Príncipe. El padre de
Letizia Ortiz y su ya esposa se fueron a la capital francesa para pasar
una breve luna de miel y los paparazzi de una revista española
del corazón les retrata paseando por las calles de la ciudad del
amor como dos enamorados compartiendo espacio con los habituales famosi
1 los del colorín. Así las cosas, no le debe caber ninguna
duda de que la fiesta que ya está preparando para celebrar su reciente
matrimonio el próximo mes de junio -tan sólo se reunió
con los más íntimos, guardaespaldas de Letizia incluidos,
poco después del enlacevuelva a servir de excusa a los comentaristas
de la prensa rosa para hablar sobre el padre de la futura reina de España.
El periodista y la enfermera. Al margen de los disgustos derivados
del próximo enlace de su primogénita -que no disgusto por
la boda-, Jesús Ortiz no ha sufrido grandes cambios en su vida.
Sigue trabajando en Estudios de Comunicación, la empresa del famoso
periodista Lalo Azcona. El que fuera una de las caras más conocidas
de la televisión en los años 70 abandonó el periodismo
en 1983 para dedicarse a un área profesional bien distinta consistente,
grosso modo, en lograr para sus clientes las relaciones necesarias con
las que alcanzar el éxito en sus negocios. El padre de la próxima
Princesa de Asturias comenzó a trabajar en esta empresa en 1987,
donde actualmente ocupa uno de los diez puestos de consultor senior de
comunicación con los que cuenta la empresa. Su trabajo consiste
en supervisar las cuentas de varios clientes que a su vez son gestionadas
por otros profesionales.
Paloma Rocasolano tiene más paciencia que su ex marido. Y eso,
la verdad, tiene su mérito. Porque si a él le han sacado
los colores aireando su faceta más romántica y personal,
a ella la han llegado a acusar de prepotente y de copiar en un examen.
Fue el 13 de febrero. La madre de Letizia se examinaba en la Universidad
Nacional de Educación a Distancia (UNED) de Historia de Grecia
y no debía saberse la lección porque sacó una chuleta
en medio de la prueba, con tan mala fortuna que la examinadora la pillo
in fraganti y la conminó a abandonar el aula. Hasta aquí,
todas las versiones coinciden. Lo que no está tan claro es si Paloma
Rocasolano trató de hacer valer su condición de madre de
la futura reina para amedrentar a la presidenta del tribunal. Primero
se dijo que, envalentonada, le espetó: "¿Es que no
sabe usted con quién está hablando?", a lo que la examinadora
contestó: "Sí, con una mujer que está copiando".
indignada por la respuesta, la futura suegra del Príncipe le aclaró:
"Yo soy la madre de doña Letizia Ortiz Rocasolano". "Y
yo la presidenta del tribunal. Salga de la sala", dijo la examinadora.
El episodio fue duramente criticado por diarios y periódicos confidenciales,
pero pronto salieron al paso de las acusaciones los compañeros
de la acusada. Testigos presenciales de lo ocurrido dicen que todo sucedió
con la máxima discreción y que Paloma Rocasolano se limitó
a abandonar el aula. A pesar de la defensa, la madre de Letizia Ortiz
ya ha sufrido en propias carnes aquello de "critica que algo queda".
Copiar en un examen no habría tenido la mayor trascendencia si
no fuera la madre de la futura reina de España. Pero el parentesco
la somete permanentemente al escrutinio de los medios y no haber previsto
las consecuencias que podría acarrearle una inocente chuleta es
un error de bulto que ya pesa sobre su expediente.
A pesar de que el revuelo causado con el dichoso examen no ha debido ser
plato de buen gusto, Paloma Rocasolano ha sabido mantener la compostura
cuando los periodistas le han interrogado por el incómodo incidente.
Durante la boda de su sobrina Abigail Rocasolano, el pasado 8 de marzo
en Boadilla del Monte (Madrid), se limitó a sonreír diciendo:
"No voy a hacer comentarios, por favor". Y nunca los hace, pero
también es verdad que siempre dedica una tímida sonrisa
a los reporteros apostados a las puertas de su casa o a la entrada de
su centro de trabajo, el sindicato de Enfermería SATSE, situado
en pleno centro de Madrid. Esta "organización joven, dinámica
y progresista" -así se define en su presentación-,
que representa a 60.000 enfermeros de todo el país, se dedica a
defender y ofrecer apoyo informativo, jurídico, formativo y sindical
a sus afiliados.
Paloma Rocasolano es delegada del Área 1 del sindicato. Su labor
consiste en distribuir todas las campañas de su sector de referencia
y ayudar a sus compañeros en cuestiones profesionales. Dicen en
SATSE que los periodistas se presentan una o dos veces a la semana en
la puerta del centro para tratar de conseguir alguna declaración,
por escueta que sea, de la futura suegra de Don Felipe. Sus compañeros
comentan que ya lo tiene asumido y que siempre procura atender a la prensa.
Pero si la expectación despertada por la madre de Letizia en los
medios ya se ha convertido en una llevadera costumbre, lo que todavía
le resulta insólito es compartir confidencias con la Familia Real.
Desde su primer encuentro público en la pedida de mano, no habían
vuelto a encontrarse. Sin embargo, los preparativos de la boda del Príncipe
Felipe y Letizia Ortiz han forzado nuevos encuentros. Fue hace
dos semanas. El 14 de abril, los futuros reyes acudieron acompañados
de sus respectivas madres a la Catedral de la Almudena para comprobar
los preparativos de la boda. Al día siguiente, Doña Sofía
y Paloma Rocasolano acudieron al atelier del modisto Manuel Pertegaz situado
en la Diagonal de Barcelona para comp obar en una de las pruebas del traje
de novia de Letizia cómo le sentaba el vestido. Lo que en estos
dos encuentros se habló es un misterio. Tal vez la reina le diera
un par de lecciones sobre historia griega a su futura consuegra para que
no vuelva a copiar en el próximo examen; seguramente se limitaron
a comentar los frescos que Kiko Argüello ha pintado en la Catedral
de la Almudena o lo bien que le sienta el pertegaz a la joven.
Sea lo que fuese, la enfermera del sindicato SATSE aún necesitará
algún tiempo para aprender a relajarse cada vez que tiene frente
a frente a la familia política de su hija.
La 'hermanísima' de Letizia. Erika, la pequeña de
las tres hermanas Ortiz-Rocasolano, ya se ha ganado el apelativo de hermanísima.
Licenciada en Bellas Artes y representante de libros de lujo de la editorial
Franco María Ricci, desde que se anunciara el compromiso de Letizia
Ortiz tiene una intensa vida social. Dice Jaime Peñafiel que ella
y su marido, el escultor Antonio Vigo, son una de las habituales parejas
que acompaña al heredero de la Corona y su futura esposa al cine,
al teatro y a cenar. Además, ha sido la única de la familia
que ha concedido una entrevista para hablar de Letizia -lo hizo en la
revista Hola poco después de conocerse la noticia de la
boda- y ha empezado a ser una habitual de los saraos madrileños.
Se la ha visto en el acto-homenaje del diseñador Elio Berhanyer,
en la presentación de la exposición de Pertegaz en el Museo
Reina Sofía y en el estreno de la ópera Tutto Tenores
en el Teatro Calderón, donde, por cierto, coincidió con
Ignacio y Álvaro de Marichalar, hermanos del marido de la Infanta
Elena. A todos estos eventos acude con su marido, un escultor de obra
abstracta cuya obra puede adquirirse en la galería madrileña,
Capa Esculturas. Actualmente, este centro dispone de series de esculturas
de pequeño tamaño de Antonio Vigo cuyos precios oscilan
entre los 235 y los 283 euros, aunqu e está trabajando en nuevas
ediciones originales que, previsiblemente, tendrán un precio sensiblemente
superior. Sin embargo, en la galería dicen que tras el anuncio
del compromiso de la hermana de su mujer, el valor de su obra no ha experimentado
ninguna variación, aunque reconocen que algunos clientes curiosos
se acercan para interesarse por la obra del cuñado de Letizia Ortiz.
Por último, y como curiosidad, cabe mencionar que AntonioVigo ya
ha jugado un importante papel en el Palacio Real: en el año 2002
participó en la restauración de las fuentes del monumental
edificio de la Plaza de Oriente, una intervención que el 22 de
mayo lucirá ante los 1.500 invitados a la boda.
Telma, la segunda de las Ortiz Rocasolano, apenas ha sufrido la vorágine
mediática en la que se ha visto envuelta toda su familia. Es economista
y trabaja en varias ONG, como la Cruz Roja o Médicos sin Fronteras.
Por eso apenas para por España, y ni siquiera pudo acudir a la
boda de su padre o al reciente cumpleaños de su madre. Lo que sí
cambii el noviazgo de su hermana mayor fue la lista de invitados de su
último aniversario: cuando todavía era un secreto el noviazgo
de Letizia y el Príncipe, él acudió a su fiesta de
cumpleaños.
Los abuelos de la próxima Princesa de Asturias son los personajes
más entrañables de la familia. Los paternos, la periodista
Menchu Álvarez del Valle y el representante de Olivetti, José
Luis Ortiz -ambos están jubilados- han recibido en varias ocasiones
en su casa de Ribadesella a su nieta y su prometido. Las imágenes
resultaban entrañables. Letizia, interesada por el estado de salud
de su abuelo enfermo, y Don Felipe, acompañando a su pareja, compartían
sonrisas y muestras de cariño con los Ortiz . La escena podría
ser la de cualquier otra familia si no fuera por la presencia de numerosos
reporteros gráficos inmortalizando una escena íntima y personal.
A cualquiera le habría r sultado violenta una intromisión
como aquella de la prensa, pero la abuela Menchu tiene una larga experiencia
radiofónica a sus espaldas y ha asumido con buen humor y mucha
paciencia el acoso de sus compañeros de profesión a las
puertas de su casa.
Los padres de Paloma Rocasolano, residentes en Alicante, tardaron más
tiempo en conocer al novio de su nieta. Fue en la reciente boda de la
prima Abigail. Francisco Rocasolano, taxista jubilado, salió del
templo acompañado de Letizia, que le pasaba cariñosa un
brazo de la Reina. Sobre los hombros. Mientras, Enriqueta Rodríguez,
ama de casa, caminó hacia el coche del brazo del heredero de la
Corona. Poco después, en el puente de San José, visitaron
a su hija en Madrid y allí pudieron compartir mesa y mantel con
el Príncipe de Asturias, que después les llevó de
paseo en su coche por las calles de la capital. Jamás se hubieran
imaginado que algún día protagonizarían algunos de
los momentos más simbólicos del proceso de cambio y normalización
que la monarquía española iba a experimentar desde el pasado
1 de noviembre, pero ellos están más pendientes de la felicidad
de su nieta ante su próximo enlace -un "secreto de surnario",
dice el abuelo Francisco- que del propio papel que les ha tocado jugar.
Algunos aún no se han hecho a la idea de que esta familia de clase
media, una de tantas como hay en España, estará emparentada
con la Casa Real en apenas 20 días Ellos mismos están todavía
empezando a acostumbrarse, incluso puede que anhelen volver a su rutina
diaria después de la boda de Letizia, sin que to o cuanto agan
o igan aparezca en los titulares de la prensa. Incluso aunque en el fondo
sepan que eso jamás será posible.
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