Nº 601 - 3/5/2004

La nueva vida de la familia de Letizia

LOS ORTIZ-ROCASOLANO


Hasta el 1 de noviembre del pasado año, los Ortiz Rocasolano eran una típica familia española: anónima, de clase media y sin más preocupaciones que las de cualquier ciudadano de a pie. Pero a partir de aquella fecha, sus vidas dieron un vuelco. El anuncio del compromiso matrimonial de la primogénita, Letizia Ortiz, con el Príncipe de Asturias, les puso en el punto de mira de la opinión pública, ávida de noticias sobre las personas que han convivido con la futura reina de España. Algunos parecen llevarlo mejor que otros. El padre, Jesús Ortiz, es el más celoso de su intimidad; Erika, la hermana pequeña de la prometida de Don Felipe, se ha adaptado con toda naturalidad a su nuevo papel de hermanísima. Lo que todos comparten es una inevitable sensación de vértigo ante la expectación generada, que llegará a su momento álgido cuando su hija, hermana o nieta pase a formar parte de la Familia Real española el próximo 22 de mayo.


Por Virginia Miranda
Si nos hubieran dicho hace poco más de un año que el Príncipe Felipe se acabaría casando con una periodista residente en el madrileño barrio de Valdebernardo, habríamos pensado que se trataba de una broma. Hasta entonces, ninguna de sus novias habían logrado superar el riguroso examen de los Reyes, y la tradición monárquica recomienda que la candidata cumpla ciertos requisitos que reducen el abanico de posibilidades a las jóvenes casaderas con ascendientes en las casas reales o, en el peor de los casos, en la nobleza.

A Don Felipe no le convencía ninguna de sus pretendientes y su corazón continuaba discurriendo por otros derroteros. Si no podía ser la modelo noruega Eva Sannum, lo intentaría con otra mujer, pero no sin antes haberse enamorado de ella. Por eso, la elegida fue Letizia Ortiz, porque los sentimientos no entienden de clases sociales ni de escudos heráldicos y porque el heredero de la Corona no estaba dispuesto a volver a dar su brazo a torcer, a pesar de que su padre Don Juan Carlos siguiera planteando objeciones.

La noticia se hizo pública el 1 de noviembre y la presentación oficial de la prometida de Don Felipe, dos días después. La audiencia siguió con atención todas las noticias que iban apareciendo de la joven presentadora del Telediario, aunque quienes más interés tenían en saber todo cuanto se comentaba de Letizia Ortiz era su familia. Su madre, Paloma Rocasolano, declaró estar encantada con las informaciones relacionadas con su hija porque "dicen cosas muy buenas", y aseguró ingenua haber apagado la televisión y la radio "para continuar con mi vida'. Está claro que, por aquel entonces, no había calculado las consecuencias que el compromiso matrimonial iba a tener en su vida y en la de su familia. Porque por mucho que intenten mantener su intimidad y continuar con su rutina de siempre, desde entonces han tenido que aprender a convivir con su incómoda notoriedad.

Jesús Ortiz, padre de la novia del Príncipe, aún no acaba de acostumbrarse a que su vida privada suscite el interés de los medios de comunicación. Su boda con la periodista Ana Togores, a principios del mes de marzo, ha sido uno de los temas más manidos por cierto sector de la prensa, a pesar del secretismo con que se llevó a cabo la ceremonia civil en su domicilio de Somosaguas (Madrid). Su mutismo tiene varias razones de ser. Por un lado, su carácter reservado; por otro, su deseo de mantener en privado los problemas que su soltería podría plantearle en la Catedral de la Almudena el próximo 22 de mayo y, más aún, a su pareja. Ellos ya tenían previsto casarse cuando Ana Togores acabara de cumplimentar su divorcio con su ex marido, el abogado Ricardo García Camacho. Pero el anuncio del compromiso matrimonial de Letizia les obligó a acelerar el papeleo para poder asistir al enlace como pareja formalmente casada y respetar así el protocolo de la Casa Real, que en sus invitaciones de boda indica que el asistente al enlace deberá comunicar si irá "solo o acompañado de su cónyuge".

Aunque el alcalde de Pozuelo, Jesús Sepúlveda, ha confirmado que ha casado a Jesús Ortiz y Ana Togores, a preguntas de los periodistas sobre si efectivamente había contraido matrimonio y sobre la fecha exacta M enlace, el interesado se ha limitado a repetir lo que ya se ha convertido en una cantinela: `De cosas personales no hablo". Tampoco habló cuando le preguntaron por sus comentadas fotografías en París, aunque de buena gana habría puesto el grito en el cielo si no fuera el futuro suegro del Príncipe. El padre de Letizia Ortiz y su ya esposa se fueron a la capital francesa para pasar una breve luna de miel y los paparazzi de una revista española del corazón les retrata paseando por las calles de la ciudad del amor como dos enamorados compartiendo espacio con los habituales famosi 1 los del colorín. Así las cosas, no le debe caber ninguna duda de que la fiesta que ya está preparando para celebrar su reciente matrimonio el próximo mes de junio -tan sólo se reunió con los más íntimos, guardaespaldas de Letizia incluidos, poco después del enlacevuelva a servir de excusa a los comentaristas de la prensa rosa para hablar sobre el padre de la futura reina de España.

El periodista y la enfermera. Al margen de los disgustos derivados del próximo enlace de su primogénita -que no disgusto por la boda-, Jesús Ortiz no ha sufrido grandes cambios en su vida. Sigue trabajando en Estudios de Comunicación, la empresa del famoso periodista Lalo Azcona. El que fuera una de las caras más conocidas de la televisión en los años 70 abandonó el periodismo en 1983 para dedicarse a un área profesional bien distinta consistente, grosso modo, en lograr para sus clientes las relaciones necesarias con las que alcanzar el éxito en sus negocios. El padre de la próxima Princesa de Asturias comenzó a trabajar en esta empresa en 1987, donde actualmente ocupa uno de los diez puestos de consultor senior de comunicación con los que cuenta la empresa. Su trabajo consiste en supervisar las cuentas de varios clientes que a su vez son gestionadas por otros profesionales.

Paloma Rocasolano tiene más paciencia que su ex marido. Y eso, la verdad, tiene su mérito. Porque si a él le han sacado los colores aireando su faceta más romántica y personal, a ella la han llegado a acusar de prepotente y de copiar en un examen. Fue el 13 de febrero. La madre de Letizia se examinaba en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de Historia de Grecia y no debía saberse la lección porque sacó una chuleta en medio de la prueba, con tan mala fortuna que la examinadora la pillo in fraganti y la conminó a abandonar el aula. Hasta aquí, todas las versiones coinciden. Lo que no está tan claro es si Paloma Rocasolano trató de hacer valer su condición de madre de la futura reina para amedrentar a la presidenta del tribunal. Primero se dijo que, envalentonada, le espetó: "¿Es que no sabe usted con quién está hablando?", a lo que la examinadora contestó: "Sí, con una mujer que está copiando". indignada por la respuesta, la futura suegra del Príncipe le aclaró: "Yo soy la madre de doña Letizia Ortiz Rocasolano". "Y yo la presidenta del tribunal. Salga de la sala", dijo la examinadora.
El episodio fue duramente criticado por diarios y periódicos confidenciales, pero pronto salieron al paso de las acusaciones los compañeros de la acusada. Testigos presenciales de lo ocurrido dicen que todo sucedió con la máxima discreción y que Paloma Rocasolano se limitó a abandonar el aula. A pesar de la defensa, la madre de Letizia Ortiz ya ha sufrido en propias carnes aquello de "critica que algo queda". Copiar en un examen no habría tenido la mayor trascendencia si no fuera la madre de la futura reina de España. Pero el parentesco la somete permanentemente al escrutinio de los medios y no haber previsto las consecuencias que podría acarrearle una inocente chuleta es un error de bulto que ya pesa sobre su expediente.

A pesar de que el revuelo causado con el dichoso examen no ha debido ser plato de buen gusto, Paloma Rocasolano ha sabido mantener la compostura cuando los periodistas le han interrogado por el incómodo incidente. Durante la boda de su sobrina Abigail Rocasolano, el pasado 8 de marzo en Boadilla del Monte (Madrid), se limitó a sonreír diciendo: "No voy a hacer comentarios, por favor". Y nunca los hace, pero también es verdad que siempre dedica una tímida sonrisa a los reporteros apostados a las puertas de su casa o a la entrada de su centro de trabajo, el sindicato de Enfermería SATSE, situado en pleno centro de Madrid. Esta "organización joven, dinámica y progresista" -así se define en su presentación-, que representa a 60.000 enfermeros de todo el país, se dedica a defender y ofrecer apoyo informativo, jurídico, formativo y sindical a sus afiliados.

Paloma Rocasolano es delegada del Área 1 del sindicato. Su labor consiste en distribuir todas las campañas de su sector de referencia y ayudar a sus compañeros en cuestiones profesionales. Dicen en SATSE que los periodistas se presentan una o dos veces a la semana en la puerta del centro para tratar de conseguir alguna declaración, por escueta que sea, de la futura suegra de Don Felipe. Sus compañeros comentan que ya lo tiene asumido y que siempre procura atender a la prensa.

Pero si la expectación despertada por la madre de Letizia en los medios ya se ha convertido en una llevadera costumbre, lo que todavía le resulta insólito es compartir confidencias con la Familia Real. Desde su primer encuentro público en la pedida de mano, no habían vuelto a encontrarse. Sin embargo, los preparativos de la boda del Príncipe Felipe y Letizia Ortiz han forzado nuevos encuentros. Fue hace dos semanas. El 14 de abril, los futuros reyes acudieron acompañados de sus respectivas madres a la Catedral de la Almudena para comprobar los preparativos de la boda. Al día siguiente, Doña Sofía y Paloma Rocasolano acudieron al atelier del modisto Manuel Pertegaz situado en la Diagonal de Barcelona para comp obar en una de las pruebas del traje de novia de Letizia cómo le sentaba el vestido. Lo que en estos dos encuentros se habló es un misterio. Tal vez la reina le diera un par de lecciones sobre historia griega a su futura consuegra para que no vuelva a copiar en el próximo examen; seguramente se limitaron a comentar los frescos que Kiko Argüello ha pintado en la Catedral de la Almudena o lo bien que le sienta el pertegaz a la joven. Sea lo que fuese, la enfermera del sindicato SATSE aún necesitará algún tiempo para aprender a relajarse cada vez que tiene frente a frente a la familia política de su hija.

La 'hermanísima' de Letizia. Erika, la pequeña de las tres hermanas Ortiz-Rocasolano, ya se ha ganado el apelativo de hermanísima. Licenciada en Bellas Artes y representante de libros de lujo de la editorial Franco María Ricci, desde que se anunciara el compromiso de Letizia Ortiz tiene una intensa vida social. Dice Jaime Peñafiel que ella y su marido, el escultor Antonio Vigo, son una de las habituales parejas que acompaña al heredero de la Corona y su futura esposa al cine, al teatro y a cenar. Además, ha sido la única de la familia que ha concedido una entrevista para hablar de Letizia -lo hizo en la revista Hola poco después de conocerse la noticia de la boda- y ha empezado a ser una habitual de los saraos madrileños. Se la ha visto en el acto-homenaje del diseñador Elio Berhanyer, en la presentación de la exposición de Pertegaz en el Museo Reina Sofía y en el estreno de la ópera Tutto Tenores en el Teatro Calderón, donde, por cierto, coincidió con Ignacio y Álvaro de Marichalar, hermanos del marido de la Infanta Elena. A todos estos eventos acude con su marido, un escultor de obra abstracta cuya obra puede adquirirse en la galería madrileña, Capa Esculturas. Actualmente, este centro dispone de series de esculturas de pequeño tamaño de Antonio Vigo cuyos precios oscilan entre los 235 y los 283 euros, aunqu e está trabajando en nuevas ediciones originales que, previsiblemente, tendrán un precio sensiblemente superior. Sin embargo, en la galería dicen que tras el anuncio del compromiso de la hermana de su mujer, el valor de su obra no ha experimentado ninguna variación, aunque reconocen que algunos clientes curiosos se acercan para interesarse por la obra del cuñado de Letizia Ortiz. Por último, y como curiosidad, cabe mencionar que AntonioVigo ya ha jugado un importante papel en el Palacio Real: en el año 2002 participó en la restauración de las fuentes del monumental edificio de la Plaza de Oriente, una intervención que el 22 de mayo lucirá ante los 1.500 invitados a la boda.

Telma, la segunda de las Ortiz Rocasolano, apenas ha sufrido la vorágine mediática en la que se ha visto envuelta toda su familia. Es economista y trabaja en varias ONG, como la Cruz Roja o Médicos sin Fronteras. Por eso apenas para por España, y ni siquiera pudo acudir a la boda de su padre o al reciente cumpleaños de su madre. Lo que sí cambii el noviazgo de su hermana mayor fue la lista de invitados de su último aniversario: cuando todavía era un secreto el noviazgo de Letizia y el Príncipe, él acudió a su fiesta de cumpleaños.

Los abuelos de la próxima Princesa de Asturias son los personajes más entrañables de la familia. Los paternos, la periodista Menchu Álvarez del Valle y el representante de Olivetti, José Luis Ortiz -ambos están jubilados- han recibido en varias ocasiones en su casa de Ribadesella a su nieta y su prometido. Las imágenes resultaban entrañables. Letizia, interesada por el estado de salud de su abuelo enfermo, y Don Felipe, acompañando a su pareja, compartían sonrisas y muestras de cariño con los Ortiz . La escena podría ser la de cualquier otra familia si no fuera por la presencia de numerosos reporteros gráficos inmortalizando una escena íntima y personal. A cualquiera le habría r sultado violenta una intromisión como aquella de la prensa, pero la abuela Menchu tiene una larga experiencia radiofónica a sus espaldas y ha asumido con buen humor y mucha paciencia el acoso de sus compañeros de profesión a las puertas de su casa.

Los padres de Paloma Rocasolano, residentes en Alicante, tardaron más tiempo en conocer al novio de su nieta. Fue en la reciente boda de la prima Abigail. Francisco Rocasolano, taxista jubilado, salió del templo acompañado de Letizia, que le pasaba cariñosa un brazo de la Reina. Sobre los hombros. Mientras, Enriqueta Rodríguez,
ama de casa, caminó hacia el coche del brazo del heredero de la Corona. Poco después, en el puente de San José, visitaron a su hija en Madrid y allí pudieron compartir mesa y mantel con el Príncipe de Asturias, que después les llevó de paseo en su coche por las calles de la capital. Jamás se hubieran imaginado que algún día protagonizarían algunos de los momentos más simbólicos del proceso de cambio y normalización que la monarquía española iba a experimentar desde el pasado 1 de noviembre, pero ellos están más pendientes de la felicidad de su nieta ante su próximo enlace -un "secreto de surnario", dice el abuelo Francisco- que del propio papel que les ha tocado jugar.

Algunos aún no se han hecho a la idea de que esta familia de clase media, una de tantas como hay en España, estará emparentada con la Casa Real en apenas 20 días Ellos mismos están todavía empezando a acostumbrarse, incluso puede que anhelen volver a su rutina diaria después de la boda de Letizia, sin que to o cuanto agan o igan aparezca en los titulares de la prensa. Incluso aunque en el fondo sepan que eso jamás será posible.

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