Nº 599 - 19/4/2004

El debate de investidura aventura una legislatura viva y compleja


ZAPATERO REITERA SUS PROMESAS


José Luis Rodríguez Zapatero prometió en su debate de investidura como presidente un "gobierno de meollo y sustancia", tal como lo diría Cervantes. Aseguró deberse desde ese momento a los 42 millones de españoles y que hará "honor" a su palabra. Así, se reafirmó en el Congreso en las principales promesas de su campaña electoral, incluida la referida a las tropas españolas en Iraq.


Por E. S.

Su gobierno derogará el trasvase del Ebro y suspenderá la entrada en vigor de la Ley de Calidad de la Educación para el próximo curso. Rodríguez Zapatero administró entre su discurso inicial de¡ debate y las réplicas al resto de grupos posteriores, las concreciones de lo que piensa hacer en estos próximos cuatro años con un compromiso global de "cercanía, proximidad y participación".

"Estoy dispuesto a hacer de ésta la legislatura del diálogo", señaló en su primera intervención, en la que desgranó los cinco grandes ejes en los que se moverá su gobierno. En el primero, el de la renovación de la vida pública, incluyó su propuesta de reforma "concreta y limitada" de la Constitución, la reforma de¡ Senado y la aceptación de las reformas de los Estatutos de autonomía propuestas por las Comunidades que así lo deseen con dos únicas condiciones: el respeto a la Constitución y su aprobación mediante una amplia mayoría "política y social". También anunció nuevos estatutos para los medios de comunicación públicos, RTVE y la Agencia EFE para liberarlos del control del Gobierno.

En política exterior, Zapatero reafirmó su convencido compromiso europeísta y afirmó que la participación de las tropas españolas en cualquier conflicto exterior se decidirá en el Parlamento. A lo largo del debate y en el turno de réplicas se refirió a su promesa de retorno de las actuales fuerzas en Iraq el 30 de junio señalando a la ONU o a "cualquier otro organismo multilateraV como los únicos que pueden evitar la retirada si toman el control de la situación.

El ya presidente de Gobierno se refirió también al compromiso de su Gabinete con la estabilidad presupuestaria y con el mantenimiento de la presión fiscal global remitiendo a una propuesta de reforma en material fiscal que se presentará el año próximo para hacer la recaudación más justa y eficaz. La clave, para Zapatero, del avance de la economía española está en la educación á y la investigación, en donde se comprometió a incrementar la inversión contenida en los presupuestos en un 25%. Aquí anunció la inmediata suspensión de la aplicación de la Ley de Calidad de la Educación y de la Ley universitaria, para las que pidió tiempo a fin de conseguir un consenso perdurable.

Habrá una nueva política de agua y, mientras, se suspenderá el trasvase del Ebro, decisión aplaudida por los grupos nacionalistas catalanes y el único diputado de la Chunta Aragonesista, José Antonio Labordeta, que ya había anunciado previamente su voto afirmativo a la investidura del líder socialista.

El candidato llegó a los números con su plan de vivienda y cifró en 180.000 la cantidad que, en propiedad o alquiler, su Ejecutivo pondrá a disposición de las familias a precios asequibles a lo largo de la legislatura. También cifró en 4.000 millones de euros la aportación para subir las pensiones más bajas y en 600 euros la cifra que debe alcanzar el salario mínimo interprofesional dentro de cuatro años.

Finalmente, Zapatero se refirió a su proyecto de Ley Integral contra la Violencia Doméstica, el primero que aprobará su Gabinete, y a la modificación del Código Civil para permitir las uniones homosexuales además de a su propuesta de un pacto de Estado por la inmigración.

Autogobierno, Pacto Antiterrorista e Iraq. No se esperaba otra cosa: Mariano Rajoy, aunque su estilo no llega a la dureza del de José María Aznar, no escatimó en críticas con el candidato a la Presidencia del Gobierno. Unas llegaron en respuesta a las lanzadas por Zapatero ("No ha hecho un curso de catalán, pero tampoco ha tenido las tres tardes de economía") y otras fueron cosecha propia (Gobierno "débil e inestable") En cualquier caso, el portavoz del grupo parlamentario popular, Eduardo Zaplana, ya había adelantado lo que sería la intervención del número uno del PP, asegurando que el discurso de Zapatero estaba "vacío de contenido".

Aunque el jefe de la oposición habló de hacer ésta de forma "constructiva", insistió soterradamente, sin referencias explícitas, en el papel de político insolvente ("preocupante falta de precisión") que Aznar le colgó al líder del PSOE en su ya pasada etapa de Gobierno. Rajoy continuó firme en el papel adoptado por el PP como único garante de la estabilidad del Estado y de la Constitución, defendiendo la actual y advirtiendo al candidato a la Presidencia sobre la apertura del debate en falso. Aun así, el líder de la oposición aseguró que su partido sólo apoyaría una reforma que mantuviese la unidad de España, la igualdad ante la ley, la autonomía de las nacionalidades y el mantenimiento de un Estado viable y el fortalecimiento de los vínculos de solidaridad entre los españoles. La reforma de los Estatutos no trajo más que preguntas críticas del sucesor de Aznar dirigidas a Zapatero, que cree que no define su postura ni frente al catalán, ni frente al de Gernika. Tampoco frente al plan lbarretxe. Otro de los puntales del discurso de Rajoy fue el Pacto Antiterrorista, "plenamente vigente". De acuerdo, vino a decir el popular, en que debe abrirse al resto de fuerzas políticas, pero advirtió del peligro que esto supone si la consecuencia es "desvirtuaC el acuerdo.

Para un Mariano Rajoy mucho más agrio que en su etapa de Gobierno, todo son peros para el nuevo Gobierno: la política exterior, la política fiscal, la educativa, el reparto del agua,... Incluso, y a pesar del reiterado compromiso de Zapatero de ordenar el regreso de las tropas españolas de Iraq si la ONU no se hacía cargo de la situación antes del 30 de junio, el líder de la oposición insistió en que el candidato a presidente -finalmente presidente a la primera- explique qué quiere "de una vez por todas".

El resto de los grupos parlamentarios detallaron al líder sus reivindicaciones, confiando, cuando como CiU no se sintió suficientemente respondida por Zapatero en algunos temas económicos, en que estas explicaciones vengan con el tiempo. Talante receptivo el del nuevo presidente del Gobierno, que dijo entender la abstención de quienes optaron por ella, como los catalanes, como "ganas de entendimiento". Con salpicaduras de amable ironía, tanto losep Antoni Duran i Lleida como Zapatero llegaron a un amistoso pacto: no hablar de etapas pasadas, empezar con el "contador a cero", en palabras del socialista. CiU le reclamó, ante todo, que no se olvide de su compromiso de reformar el Estatut.

Y si el portavoz catalán terminó su intervención con una poesía en esta lengua, el portavoz de ERC empezó pidiendo el derecho a expresarse en ella. Y lo hizo en catalán para traducirlo después. Joan Puigcercós no dejó lugar a dudas, si es que existía alguna: "Nosotros le vamos apoyar en la investidura. Tenemos que darnos una oportunidad. No nos defraude señor Zapatero". De esta forma, se hizo oficial, a¡ margen de las decisiones de los demás grupos, que Zapatero sería investido presidente del Gobierno a la primera. Aun así desplegó una larga lista de reivindicaciones, muchas sociales (aborto libre, fin de la violencia de género y nuevo conceptos de familia) y una que le hizo levantar la vista del papel durante un buen rato: más reconocimiento de la lengua catalana.

No hubo, pues, sorpresas desagradables para el PSOE, aunque todavía hubo de lidiar con el PNV y su plan Ibarretxe, que se encontraron con la misma postura de rechazo expresada desde el principio por los socialistas. Más autogobierno por parte de los nacionalistas, un pacto antiterrorista abierto a todos y la retirada de las tropas de Iraq fueron la tónica dominante del debate por parte de los grupos que no eran el PP, que pidió exactamente lo contrario y sin trazas de modificar posiciones. Empieza la VIII Legislatura.

Hemeroteca Esta semana