Nº 598 - 12/4/2004

La continuidad de Rajoy, en entredicho


EL PP SE REARMA PARA LAS EUROPEAS


Si bien el hoy líder de la oposidán insiste una y otra vez en que las elecciones dle 13 de junio no se plantean como una segunda vuelta de las generales, lo cierto es que, guste o no a Rajoy, el PP y sus votantes las iinterpretan así, sobre todo, para tratar de demostrar que lo del 14-M fue, como predican, una soberana injusticia. Se consolaron con las papeletas del voto por correo, que les daban la victoria, e intentarán aferrarse ahora a los resultados de las europeas, confiando en que serán positivos. Aunque se busca el mejor candidato para liderar una derrota no afectaría a éste sino al sucesor, cuya continuidad podría tambalearse.


Por Ana Pardo de Vera

Aunque Mariano Rajoy quiso evi tar las especulaciones sobre su posible abandono del liderazgo del partido, después de la inesperada derrota del PP el pasado 14 de marzo en Génova no las tienen todas consigo. De cara a la galería, los populares tratan de mostrarse fuertes, incluso, asimiladores de un fracaso que, en cambio, no terminan de digerir. La comparecencia del secretario general en la noche electoral al lado de José María Aznar y su rapidez para reorganizar el partido a imagen y semejanza del presidente en funciones han destapado un cambio de papeles: Aznar no se va, pero Rajoy pudiera hacerlo. Si aceptó ser el sucesor, argumentan en su entorno, fue porque en ningún momento se dudó de su victoria; si acaso, se cuestionó la mayoría absoluta, pero sin darle mayor importancia -buena prueba es la difusa campaña del candidato del PP. Ahora bien, que las actuaciones del Gobierno machacasen su triunfo resulta difícil de asimilar para el líder de la oposición, aunque, proféticamente quizás, ya se desahogase cruzando ásperas palabras con Aznar el día anterior a la debacle electoral por cómo se estaban gestionando en La Moncloa los acontecimientos del 11 -M en adelante. Y no estaba exento de razón.

Se habla ya de los consejos que le llegan de su círculo más estrecho, familiar y de amigos, advirtiéndole de la dureza de estar cuatro años como líder de la oposición, en su criterio, inmerecida; de ]asombra de Aznar, en exceso alargada durante el período electoral, y que, ahora, amenaza con cubrir cada rincón M Partido Popular. El arma visible del presidente en funciones es Carlos Aragonés, protagonista de los últimos días de campaña por pedir más dureza al sucesor y, hoy, en primer plano al ser situado a la vera de Rajoy como adjunto al secretario general u oficiosamente, asesor del líder. Y por más que éste se empeñe en afirmar que a ecisión ha sido "enteramente" suya, precisamente la insistencia en este punto lo convierte en sospechoso de haber acatado las órdenes de Aznar. "¿Es que Aragonés no se retiraba con Aznar a FAES?", se preguntan en el PP. Y así lo tenía planeado el fontanero mayor de la última Moncloa popular, pero si su jefe no se va, él también se queda.

Poco tranquilizadores, además, resultaron entre los partidarios populares de un Rajoy sin Aznar los titulares de los periódicos del pasado martes dando por solucionado el futuro del presidente en funciones, que se quedaría en la presidencia de la FAES y acudiría, cuatro veces al año -dos seminarios de una sola sesión por semestre-, a impartir cursos de Política Contemporánea Europea y de Relaciones Trasatlánticas a la prestigiosa universidad estadounidense de Georgetown (Washington) como profesor asociado. Tiem po de sobra le resta al que será ex jefe del Ejecutivo para ocuparse de luchar contra cl terrorismo desde el puesto que le asignen, o así lo comunicó a sus enfervorizados seguidores, que, con un Rajoy en segundo plano, gritaban "¡Aznar, por siempre, serás mi presidente! " en la abarrotada plaza de toros de Vista Alegre, en Madrid, el pasado 27 de marzo.

El rearme del PP va, pues, en una dirección muy distinta a la imaginada antes de la generales, cuando la victoria augurada hacía que las prioridades se centrasen en apuntar nuevos ministros, recolocar ex ministros, ubicar fontaneros o repartir secretarías de Estado y direcciones generales. Nada que ver con el panorama actual.

Por un lado, la lista de las europeas no está cerrada. De hecho, queda por elegir a quien ocupará el primer puesto, que se sabrá pronto, una vez finalizadas las vacaciones de Semana Santa. Este cometido podría ser interpretado como una abrumadora responsabilidad y así ocurriría en la otra circunstancia, la del triunfo del PP el 14-M; pero no es el caso. Una vez más, a ojos de la ciudadania, incluida la más benévola votante del PP, quien se la juega en Europa es Rajoy. 0 más arriesgado, apuntan algunas argumentaciones populares: si ganan, el mérito es de quien lidera la lista; si pierden, la responsabilidad es del sucesor, que ahí sí se plantearía irremediablemente su continuidad al frente del partido.

Rodrigo Rato, candidato también a la Dirección General del FMI, y Jaime Mayor Oreja, presidente honorífico del PP vasco, son los dos nombres que han sonado estos días pasados para ocupar el número uno de la lista popular europea. Ahí estará "el mejoC, en palabras de Rajoy, y ninguno más indicado que cualquiera de sus dos rivales en la carrera por suceder a Aznar. Sin embargo, y aunque lo hubiese negado en más de una ocasión antes del 14-M, cuando le preguntaban si no le gustaría encabezar el Fondo Monetario Internacional, el anhelo del ministro de Economia en funciones se sitúa en estos momentos en colocarse allí, si bien no le está resultando fácil.

Por su parte, Mayor Oreja ha dejado boquiabiertos a sus propios compañeros de partido, incluido el secretario general, al descartarse como candidato a liderar la lista para el 13-J. Y no sólo eso: el ex candidato a lehendakari está molesto por que desde el PP lanzaran su nombre y él haya tenido que enterarse por los periódicos. No quiere entrar en un nuevo debate sobre candidatos a ser candidatos, así que antes de que se le consulte oficialmente, ha declinado la oferta. Mayor y Rato, apuntan desde Génova, van por libre y su comunicación con Rajoy es menos frecuente. Se pusieron a su disposición cuando Aznar lo eligió sucesor, convencidos de que ganaría las elecciones, pero habiendo perdido, las cosas cambian.

Mayor, si definitivamente se queda en Madrid, sería diputado raso por Álava. El PP debe también arreglar su sucesión como candidato a encabezar el Ejecutivo vasco, aunque él ya parece haberse inclinado por el que sería su heredero natural, Carlos Iturgaiz. En el PP, sin embargo, barajan otros nombres, como los de María San Gil o Loyola de Palacio, aunque el presidente del PP de Euskadi y la vicepresidenta y comisaria de Transportes de la UE suenan, asimismo, como candidatos a encabezar la lista europea ' Sin embargo, de momento, hay otras prioridades. Como el Congreso Extraordinario del PP, que se prevé tenga lugar en otoño, cuando hayan pasado las europeas, el paréntesis vacacional y, sin duda, más cosas, pues seis meses en política es mucho tiempo. E incluso tres dias, como los que pasaron del 11 al 14 de marzo.

Ahora, será Ángel Acebes -de momento, secretario general adjunto del PP- quien se encargue de tutelar el proceso electoral europeo una vez efectuado el relevo en el Ministerio de Interior. A esta tarea, poco grata, pues son escasos los huecos para muchos altos cargos en funciones que aspiran a hacerse con una candidatura para junio y salvar su brusca retirada de la primera línea política, el otrora tapado de Aznar se dedicará en cuerpo y alma con la colaboración de Juan Carlos Vera, responsable con éxito de la campaña de Esperanza Aguirre como candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Los nombres de eurodiputados populares como íñigo Méndez deVigo, José Ignacio Salafranca, Alejo Vidal-Quadras, Gerardo Galeote, Juan Naranjo, Salvador Garriga o ]osé Manuel García parece que repetirán en las listas. También ha pedido un lugar -aunque sea por obligación, argumentan en el PP, pues no parece ser su gran anhelo- Ana Mato, la ex coordinadora de Organización y Participación Sectorial del partido, que ha sido sustituida aquí por Ana Pastor, estrecha colaboradora de Rajoy. En el organigrama del nuevo PP ha chocado, además del desembarco de Aragonés, que no se incluyese a ningún hombre de Rato, responsable del éxito más cacareado por el Gobierno Aznar, el económico.
Quien sí supo lo que se le avecinaba al asumir la derrota de] 14 de marzo fue, sin duda, Javier Arenas. Su aplazado retorno a Andalucía se vio, asimismo, confirmado por la mayoría absoluta lograda por Manuel Chaves en las autonómicas de al¡ í y los paupérrimos resultados obtenidos por su rival popular, Teófila Martínez. Fue confirmarse la marcha del ministro de Presidencia en funciones y desaparecer asimismo cualquier rastro suyo en los máximos puestos difectivos del PP: tanto Rafael Hernando como Ana Mato fueron relevados en sus puestos. Ésta, como se ha dicho, por la ministra de Sanidad en funciones, y Hernando, como coordinador de Comunicación, por José María Michavila, ministro de justicia en funciones. Eugenio Nasarre, ex coordinador de Organización, fue sustituido por un hombre de la máxima confianza de Acebes, el ex presidente de la Diputación de Ávila, Sebastián González, la única cara nueva del remodelado PP. Sólo Gabriel Elorriaga, director de la campaña de Mariano Rajoy se salva de la quema. ¿Por qué?: "El PP hubiera ganado si no fuese por los acontecimientos desencadenados tras el atentado en Atocha, cuando se dio por concluida la campaña. Elorriaga no es responsable del vuelco electoral`, argumentan a su alrededor, así que asegurá, aunque sobre su cargo sobrevuelen algunas críticas internas que le reprochan no haber orquestado un papel más intenso del candidato, el mismo que le pidió el hoy resucitado Aragonés.

En ambas Cámaras, Rajoy -Aznar, según la mayoría- ha situado a dos hombres fuertes del partido: a Eduardo Zaplana de portavoz en el Congreso y a Pío García-Escudero en el Senado. La función del primero será lidiar con unos socialistas en minoría, a quien el PP no tiene intención de pasar ni una, pero, sobre todo, deberá ocuparse de su Grupo Parlamentario, cuyos miembros no han asimilado todavía la derrota, para que no surjan disputan internas. Asimismo, al portavoz del Gobierno en funciones se ha encomendado la compleja tarea de intentar recuperar una buena sintonía con el resto de partidos políticos, que han dejado solo al PP de la mayoría absoluta.

Por su parte, la tarea de García-Escudero estará centrada en tratar de frenar la reforma constitucional que pretende el PSOE para convertir el Senado en una auténtica Cámara de representación territorial, contraria a la opción del PP, que aboga por modificar únicamente el Reglamento. El ex concejal de Urbanismo cuenta a su favor con 102 senadores populares frente a los 81 socialistas, así que éstos no lo tendrán nada fácil.

Por otro lado, otros asuntos, determinantes en próximos resultados electorales que el PP pretende lo lleven de regreso a La Moncloa en 2008, deben ser también resueltos de forma inminente: la sucesión de Manuel Fraga en Galicia y la de Adolfo Suárez Illana en Castilla-La Mancha. El presidente de la Xunta ha sorprendido a su partido con una carta remitida a Rodríguez Zapatero y a Rajoy exigiéndoles el cumplimiento del Plan Galicia, aprobado inmediatamente tris el desastre del Prestige y que implica un importante desembolso presupuestario para la región. Su tono de exhortación ha dado que pensar en el PP, máxime cuando Fraga -o eso se señala en su entorno- no descarta volverse a presentar como candidato a la Presidencia de la Xurita en 2005, ahora que la autoridad de Rajoy se ha visto mermada tras la derrota electoral. Por otro lado, la retirada de José Bono, ministro de Defensa in pectore, de la Presidencia de Castilla-La Mancha ha hecho recobrar alguna esperanza al PP de allí de hacerse un d ía con el poder en esta región. Y, desde luego, no piensan recurrir a otro Suárez Illana.

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