Nº 593 - 8/3/2004

El terrorismo y la ausencia de debate condicionan la contienda


AGITADA RECTA FINAL PARA LA CAMPAÑA


El próximo domingo es la fecha clave en la que todos sabremos quién será el próximo presidente del Gobierno. Mariano Ralioy (PP) y José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) se Juegan el todo por el todo en la campaña que alcanza esta semana su recta final. Caracterizado por la ausencia de debate, el enfrentamiento político se ha convertido en lo que a pfiori nadie decía pretender: un cruce de duras acusaciones con el terrorismo de ETA corno principal protagonista. Por lo demás, Hajoy cuenta con que los resultados de estos años de Gobierno avalen una nueva mayoría absoluta, que Zapatero trata de impedir contraatacando con un programa centrado en los derechos sociales.

Por E N. A.

La contienda política del 14-M llega a su recta final después de haber vivido algunos de los momentos políticos más agitados. Durante la precampaña, el pacto de Gobierno en Cataluña entre los socialistas, Izquierda Unida de Cataluña-ElsVerds y el partido independentista Ezquerra Republicana (ERC) dio pie a un ataque del PP que pocos meses después se encargaría de agitar el dardo envenenado de la reunión del dirigente de este último -Josep Lluís Carod-Rovira-, con miembros de la banda terrorista ETA, que se dio a conocer el pasado 26 de enero. El precipitado cierre de la crisis del tripartito -con la dimisión de Carod como conseller en cap y su inclusión como cabeza de lista al Congreso- y la secuencia posterior de acontecimientos sólo han servido para echar aún más leña al fuego de un asunto que -al menos en la teoría del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo-, estaba descartado de] debate político. La banda terrorista ETA ha logrado infiltrarse en la contienda electoral siguiéndole el juego al PP: tras las críticas recibidas por el tripartito desde todos los flancos de la trinchera popular debido al pacto con ERC y la mencionada reunión, los terroristas le dieron una vez más al PP lo que quería: el anuncio de una tregua sin condiciones sólo en Cataluña, bajo el torticero argumento del avance del independentismo en aquella Comunidad.

La noticia corrió como la pólvora en los despachos de las diferentes formaciones: el PP se dio prisa por aprovecharla para acusar al PSOE, desautorizando de nuevo el acuerdo de Gobierno catalán y cuestionando la autoridad del presidente socialista de la Generalitat, Pasqual Maragall. Mientras, José Luis Rodríguez Zapatero y los suyos intentaban por todos los medios echar en cara a sus adversarios la utilización de la tregua de ETA como arma electoral y la vulneración del llamado pacto antiterrorista. La nueva crisis se saldaba con la promesa del republicano Carod de no volver al Ejecutivo catalán -del cual había salido tras conocerse su reunión con los terroristas-.

La campaña propiamente dicha comenzaba el pasado 27 de febrero con la tradicional "pegada de carteles" de los partidos. Y se abría de nuevo con polémica sobre el terrorismo: la tajante negativa del PP a participar en una concentración en Barcelona en repuesta a la tregua de ETA mantuvo caliente el debate: Maragall consideró Iamentable" la ausencia de los populares en el acto, mientras que el portavoz del Gobierno, Eduardo Zaplana declaraba: `parece que la sociedad catalana participó más ayer de la opinión del PP que de los convocantes", refiriéndose a la poca afluencia (unas 5.000 personas) que había logrado movilizar el tripartito en medio del temporal de nieve y granizo que dejó incomunicado la mayoría del norte de España. Un día después comenzaba la campaña oficialmente. Rajoy emprendía su viaje por España en doble recorrido a una medida distancia de los mítines de Aznar. Zapatero, por su parte, hacía lo propio con la esperanza del milagro frente a las encuestas.

Las estrategias de ambos partidos son claras: el PP -como ya declaró a comienzo de la contienda al diario El País su jefe de campaña, Gabriel Elorriaga-, ha fundamentado su programa en los resultados de la acción de gobierno de Aznar durante los últimos ocho años: "La buena marcha del país, el intenso ritmo de creación de empleo, el crecimiento económico, que está permitiendo incrementar de manera constante los niveles de bienestar de los españoles", siguen siendo, según Elorriaga, sus principales bazas.

Así quedó patente desde el mitin de apertura de campaña de Rajoy, que debido al temporal hubo de trasladarse de San Sebastián a Alicante. En su intervención ante los militantes, el sustituto de Aznar al frente del partido y candidato a la presidencia del Gobierno centró su discurso en la creación de empleo, prometiendo dos millones de nuevos puestos de trabajo en la próxima legislatura e impulsar rebajas fiscales a los pequeños y medianos empresarios. Rajoy utilizó argumentos que no ha soltado en el resto de la campaña y que podría resumirse así: "votar al PP es votar con cabeza, porque el PSOE no tiene programa, principios, convicciones, ni modelo económico ni de Estado. Y Zapatero no tiene experiencia ni capacidad para gobernar". Junto a todo ello -y como no podía ser ue otra manera tras el clima creado-, el PP también se ha erigido en "garante de la unidad de España" frente a los nacionalismos que quieren minarla.

Ante este intento de "ninguneo" de los populares, José Luis Rodríguez Zapatero responde con una estrategia que combina la imagen de un partido nuevo pero solvente (con el sello ZP como baluarte), y una labor política que se centra en la denuncia de los abusos y errores del Gobierno en estos años: viviendas inaccesibles, empleo precario, calles inseguras, despotismo de Aznar, democracia minada desde el Estado, desastrosa politica internacional... son sólo algunos de los argumentos esgrimidos por Zapatero durante la contienda.

Uno de los objetivos básicos para el PSOE es la captación del voto joven. Zapatero sabe perfectamente que su victoria pasa por movilizar a los nuevos votantes y al alto porcentaje de indecisos (gran parte de los cuales se encuentra también en este segmento de población). Para ello, habla ales bazas. de modernización y de transformación, distanciándose de Rajoy, a quien siempre que puede procura identificar con Aznar.

Por su parte, el tercer partido en liza -izquierda Unida-, se presenta como una formación alternativa al PSOE y centrada en la regeneración democrática y en el cambio político. Su candidato, Gaspar Llamazares, se muestra dispuesto a acabar de una vez por todas con un nuevo Gobierno del PP mediante un pacto de izquierdas, y ha conminado a Zapatero a reconsiderar el anuncio que hiciera en la precampaña: "no formaré Gobierno si no obtengo más votos que mi adversario", contando con IU ante un horizonte de posible minoría socialista.

Todas estas estrategias se han visto condicionadas por la ausencia de debate directo entre los principales candidatos. El rotundo rechazo de Rajoy a protagonizar un cara a cara televisivo con Zapatero y Llamazares ha condicionado sobremanera una campaña que ha acabado reducida a una serie de mítines en los que cada candidato se dedica a replicar lo que su adversario dijo por la mañana o el día anterior, y a algunas entrevistas concedidas por los diferentes líderes políticos a las televisiones. Esta falta de debate le ha valido serias críticas al PP por parte del resto de formaciones, hasta el punto que Rajoy ha acabado aceptando que lo hubiera, pero sólo si participaban en el mismo los doce partidos con representación parlamentaria. Una idea que ha sido aceptada no sin crítica por todos ellos, aunque de momento no se ha rnaterializado.

Por si fuera poco, recién comenzada la campaña, un nuevo capítulo relacionado con el terrorismo hacía irrupción. El Gobierno, a través del ministro del Interior, Ángel Acebes, anuncíaba el nuevo golpe que las fuerzas de seguridad habían dado a ETA al interceptar en Cuenta una furgoneta cargada con 500 kilos de explosivos, y aprovechaba el feliz acontecimiento para asestar un nuevo golpe al tripartito, afirmando "Carod-Rovira esta muy satisfecho y habrá que felicitarle porque no fuese hacia Cataluña la furgoneta-bomba". Unas declaraciones que Zaplana remataba asegurando que el PSOE debía "dar explicaciones de por qué va en coalición al Senado con un particlo que ha pactado con ETA", y que han provocado un aluvión de críticas por pirte de la oposición, que ha calificado a Acebes de "miserable" (Carod) y mentiroso (PSOE). Incluso Convergencia i Unió (CiU) se ha mostrado contraria a que el PP utilice el terrorismo como arma política, por la mala imagen que está dando de Cataluña.

Posteriormente, la campaña ha seguido desarrollándose con normalidad, aunque la atribución del éxito policial por parte del PP le ha valido puntos en las encuestas, que si al comienzo de la contienda le situaban cuatro puntos por delante del PSOE, ahora lo hacen ligeramente por encima de la mayoría absoluta (ver recuadro). A ello también ha contribuido la eficaz doble línea d!wursiva popular, con un Aznar bronco que ha asumido el papel de malo en los discursos, y un Rajoy más moderado que, si bien a mitad de campaña ha cambiado el tono para hacerlo más ofensivo, a comienzos de la contienda y durante la precampaña había sido tildado incluso de excesivamente blando con sus oponentes.
El 14-M se celebran también elecciones en Andalucía, en donde cambian las tornas: el actual presidente socialista Manuel Chaves se bate el cobre con la candidata popular Teófila Martínez, quien sin embargo, según todas las encuestas, no cuenta prácticamente con ninguna posibilidad de acercarse a la mayoría.


EL CIS SE DECANTA POR EL PP

A estas alturas de campaña, las encuestas han comenzado a llenar de especulaciones todos los medios de comunicación. Según se extrae de la mayoría de ellas, el PP se situaría por encima de la mayoría absoluta, aunque con un estrecho margen. El macrosondeo elaig, borado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), atribuye al PP una estimación de voto de¡ 42,2%, lo que equivaldría a 176 diputados (mayoría absoluta), mientras que el PSOE alcanzaría un 35,5% (131 escaños, seis más que en la pasada legislatura) e IU avanzaría hasta obtener un 6,6% (lo que le valdría diez diputados, dos más de los que tiene actualmente). Entre los grupos nacionalistas cabe destacar el espectacular ascenso que experimenta ERC, que pasa de uno a seis parlamentarios.
Respecto a las andaluzas, el CIS se decanta claramente por la mayoría rotunda de Manuel Chaves (PSOE), con 55 diputados, concediendo a Teófila Martínez (PP), 42 escaños. Estos datos coinciden con la mayoría de los sondeos realizados por diferentes medios, que se decantan bien por conceder la mayoría absoluta al PP o situarlo a las puertas de conir ese objetivo.

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