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El terrorismo y la ausencia
de debate condicionan la contienda
AGITADA RECTA FINAL
PARA LA CAMPAÑA
El próximo
domingo es la fecha clave en la que todos sabremos quién será
el próximo presidente del Gobierno. Mariano Ralioy (PP) y José
Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) se Juegan el todo por el todo en
la campaña que alcanza esta semana su recta final. Caracterizado
por la ausencia de debate, el enfrentamiento político se ha convertido
en lo que a pfiori nadie decía pretender: un cruce de duras acusaciones
con el terrorismo de ETA corno principal protagonista. Por lo demás,
Hajoy cuenta con que los resultados de estos años de Gobierno avalen
una nueva mayoría absoluta, que Zapatero trata de impedir contraatacando
con un programa centrado en los derechos sociales.
Por E N. A.
La contienda
política del 14-M llega a su recta final después de haber
vivido algunos de los momentos políticos más agitados. Durante
la precampaña, el pacto de Gobierno en Cataluña entre los
socialistas, Izquierda Unida de Cataluña-ElsVerds y el partido
independentista Ezquerra Republicana (ERC) dio pie a un ataque del PP
que pocos meses después se encargaría de agitar el dardo
envenenado de la reunión del dirigente de este último -Josep
Lluís Carod-Rovira-, con miembros de la banda terrorista ETA, que
se dio a conocer el pasado 26 de enero. El precipitado cierre de la crisis
del tripartito -con la dimisión de Carod como conseller en cap
y su inclusión como cabeza de lista al Congreso- y la secuencia
posterior de acontecimientos sólo han servido para echar aún
más leña al fuego de un asunto que -al menos en la teoría
del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo-, estaba descartado
de] debate político. La banda terrorista ETA ha logrado infiltrarse
en la contienda electoral siguiéndole el juego al PP: tras las
críticas recibidas por el tripartito desde todos los flancos de
la trinchera popular debido al pacto con ERC y la mencionada reunión,
los terroristas le dieron una vez más al PP lo que quería:
el anuncio de una tregua sin condiciones sólo en Cataluña,
bajo el torticero argumento del avance del independentismo en aquella
Comunidad.
La noticia corrió como la pólvora en los despachos de las
diferentes formaciones: el PP se dio prisa por aprovecharla para acusar
al PSOE, desautorizando de nuevo el acuerdo de Gobierno catalán
y cuestionando la autoridad del presidente socialista de la Generalitat,
Pasqual Maragall. Mientras, José Luis Rodríguez Zapatero
y los suyos intentaban por todos los medios echar en cara a sus adversarios
la utilización de la tregua de ETA como arma electoral y la vulneración
del llamado pacto antiterrorista. La nueva crisis se saldaba con la promesa
del republicano Carod de no volver al Ejecutivo catalán -del cual
había salido tras conocerse su reunión con los terroristas-.
La campaña propiamente dicha comenzaba el pasado 27 de febrero
con la tradicional "pegada de carteles" de los partidos. Y se
abría de nuevo con polémica sobre el terrorismo: la tajante
negativa del PP a participar en una concentración en Barcelona
en repuesta a la tregua de ETA mantuvo caliente el debate: Maragall consideró
Iamentable" la ausencia de los populares en el acto, mientras que
el portavoz del Gobierno, Eduardo Zaplana declaraba: `parece que la sociedad
catalana participó más ayer de la opinión del PP
que de los convocantes", refiriéndose a la poca afluencia
(unas 5.000 personas) que había logrado movilizar el tripartito
en medio del temporal de nieve y granizo que dejó incomunicado
la mayoría del norte de España. Un día después
comenzaba la campaña oficialmente. Rajoy emprendía su viaje
por España en doble recorrido a una medida distancia de los mítines
de Aznar. Zapatero, por su parte, hacía lo propio con la esperanza
del milagro frente a las encuestas.
Las estrategias de ambos partidos son claras: el PP -como ya declaró
a comienzo de la contienda al diario El País su jefe de campaña,
Gabriel Elorriaga-, ha fundamentado su programa en los resultados de la
acción de gobierno de Aznar durante los últimos ocho años:
"La buena marcha del país, el intenso ritmo de creación
de empleo, el crecimiento económico, que está permitiendo
incrementar de manera constante los niveles de bienestar de los españoles",
siguen siendo, según Elorriaga, sus principales bazas.
Así quedó patente desde el mitin de apertura de campaña
de Rajoy, que debido al temporal hubo de trasladarse de San Sebastián
a Alicante. En su intervención ante los militantes, el sustituto
de Aznar al frente del partido y candidato a la presidencia del Gobierno
centró su discurso en la creación de empleo, prometiendo
dos millones de nuevos puestos de trabajo en la próxima legislatura
e impulsar rebajas fiscales a los pequeños y medianos empresarios.
Rajoy utilizó argumentos que no ha soltado en el resto de la campaña
y que podría resumirse así: "votar al PP es votar con
cabeza, porque el PSOE no tiene programa, principios, convicciones, ni
modelo económico ni de Estado. Y Zapatero no tiene experiencia
ni capacidad para gobernar". Junto a todo ello -y como no podía
ser ue otra manera tras el clima creado-, el PP también se ha erigido
en "garante de la unidad de España" frente a los nacionalismos
que quieren minarla.
Ante este intento de "ninguneo" de los populares, José
Luis Rodríguez Zapatero responde con una estrategia que combina
la imagen de un partido nuevo pero solvente (con el sello ZP como baluarte),
y una labor política que se centra en la denuncia de los abusos
y errores del Gobierno en estos años: viviendas inaccesibles, empleo
precario, calles inseguras, despotismo de Aznar, democracia minada desde
el Estado, desastrosa politica internacional... son sólo algunos
de los argumentos esgrimidos por Zapatero durante la contienda.
Uno de los objetivos básicos para el PSOE es la captación
del voto joven. Zapatero sabe perfectamente que su victoria pasa por movilizar
a los nuevos votantes y al alto porcentaje de indecisos (gran parte de
los cuales se encuentra también en este segmento de población).
Para ello, habla ales bazas. de modernización y de transformación,
distanciándose de Rajoy, a quien siempre que puede procura identificar
con Aznar.
Por su parte, el tercer partido en liza -izquierda Unida-, se presenta
como una formación alternativa al PSOE y centrada en la regeneración
democrática y en el cambio político. Su candidato, Gaspar
Llamazares, se muestra dispuesto a acabar de una vez por todas con un
nuevo Gobierno del PP mediante un pacto de izquierdas, y ha conminado
a Zapatero a reconsiderar el anuncio que hiciera en la precampaña:
"no formaré Gobierno si no obtengo más votos que mi
adversario", contando con IU ante un horizonte de posible minoría
socialista.
Todas estas estrategias se han visto condicionadas por la ausencia de
debate directo entre los principales candidatos. El rotundo rechazo de
Rajoy a protagonizar un cara a cara televisivo con Zapatero y Llamazares
ha condicionado sobremanera una campaña que ha acabado reducida
a una serie de mítines en los que cada candidato se dedica a replicar
lo que su adversario dijo por la mañana o el día anterior,
y a algunas entrevistas concedidas por los diferentes líderes políticos
a las televisiones. Esta falta de debate le ha valido serias críticas
al PP por parte del resto de formaciones, hasta el punto que Rajoy ha
acabado aceptando que lo hubiera, pero sólo si participaban en
el mismo los doce partidos con representación parlamentaria. Una
idea que ha sido aceptada no sin crítica por todos ellos, aunque
de momento no se ha rnaterializado.
Por si fuera poco, recién comenzada la campaña, un nuevo
capítulo relacionado con el terrorismo hacía irrupción.
El Gobierno, a través del ministro del Interior, Ángel Acebes,
anuncíaba el nuevo golpe que las fuerzas de seguridad habían
dado a ETA al interceptar en Cuenta una furgoneta cargada con 500 kilos
de explosivos, y aprovechaba el feliz acontecimiento para asestar un nuevo
golpe al tripartito, afirmando "Carod-Rovira esta muy satisfecho
y habrá que felicitarle porque no fuese hacia Cataluña la
furgoneta-bomba". Unas declaraciones que Zaplana remataba asegurando
que el PSOE debía "dar explicaciones de por qué va
en coalición al Senado con un particlo que ha pactado con ETA",
y que han provocado un aluvión de críticas por pirte de
la oposición, que ha calificado a Acebes de "miserable"
(Carod) y mentiroso (PSOE). Incluso Convergencia i Unió (CiU) se
ha mostrado contraria a que el PP utilice el terrorismo como arma política,
por la mala imagen que está dando de Cataluña.
Posteriormente, la campaña ha seguido desarrollándose con
normalidad, aunque la atribución del éxito policial por
parte del PP le ha valido puntos en las encuestas, que si al comienzo
de la contienda le situaban cuatro puntos por delante del PSOE, ahora
lo hacen ligeramente por encima de la mayoría absoluta (ver recuadro).
A ello también ha contribuido la eficaz doble línea d!wursiva
popular, con un Aznar bronco que ha asumido el papel de malo en los discursos,
y un Rajoy más moderado que, si bien a mitad de campaña
ha cambiado el tono para hacerlo más ofensivo, a comienzos de la
contienda y durante la precampaña había sido tildado incluso
de excesivamente blando con sus oponentes.
El 14-M se celebran también elecciones en Andalucía, en
donde cambian las tornas: el actual presidente socialista Manuel Chaves
se bate el cobre con la candidata popular Teófila Martínez,
quien sin embargo, según todas las encuestas, no cuenta prácticamente
con ninguna posibilidad de acercarse a la mayoría.
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