Nº 591 - 23/2/2004
El tripartito prepara su estrategia para después de las elecciones

MARAGALL ESQUIVA LA CAMPANA DE ZAPATERO

Lo lógico sería que el clan de barones socialistas, que cuentan con un nuevo integrante residente en el Palacio de Sant Jaume, respaldase activamente la campaña de su secretario general y candidato a la Presidencia del Gobierno. Y se comportarán Bono, Ibarra y Chaves, éste que hará doblete al tener que lidiar sus propias urnas. Maragall, sin embargo, ha decidido centrarse en poner orden su cuestionado Govern y evitar la campaña de Zapatero. Su última intervenció horas antes del inicio oficial de ésta, ha sido la manifestación contra ETA y por elautogobierno.

Por Ana Pardo de Vera

Una vez más, el president camina por su cuenta. Pero es que en Cataluña, nunca un jefe de Gobierno ha deseado tanto que pasen unas elecciones generales cuya precampaña le ha traído enormes disgustos y que ha demostrado al resto de¡ país la supeditación que, muy al pesar de ' los dirigentes mas catalanistas, existe de la politica catalana a la nacional.

Desde el palacio de Sant laume, el líder del PSC se lamenta M breve intervalo temporal transcurrido entre las autonómicas de Cataluña, celebradas el pasado 16 de noviembre, y las generales, a punto de tener lugar en menos de 15 días. Esta fugacidad ha sido fundamental, en opinión del president vertida a algunos colaboradores, para bloquear la tranquilidad necesaria en la consolidación de un Gobierno de izquierdas, producto de la alianza de tres formaciones políticas y que aterriza en la Generalitat después de 24 años de poder nacionalista y conservador, el de una CM encabezada por Jor~ di Pujo¡.

Por eso, su decisión es firme y así se lo habría transmitido a los miembros del Govern, según fuentes de esta revista: el tripartito evitará a toda costa la campaña electoral recién inaugurada en la madrugada M pasado viernes. Con la manifestación contra ETA celebrada el jueves 26 de marzo, y a la que acu~ dieron todas las fuerzas políticas menos el PP y Sozialista Abertzaleak, la antigua Batasuna, se da carpetazo a la crisis Carocly se mira hacia Cataluña para intentar trabajar, al fin, sin intromisiones de ámbito nacional.

Cuando lo normal sería que Maragall esgrimiese su victoria como vestíbulo de la de Zapatero y ungüento cicatrizante de las heridas que provocó al PSOE la crisis de la Comunidad de Madrid -los socialistas se cansaron de repetir durante toda la campaña de las autonómicas que la victoria madrileña era la antesala de La Moncloa-, los últimos acontecimientos aconsejan al president, con el visto bueno de Ferraz, que se mantenga en un segundo plano. "Y si el tripartito se iba i blandir como la muestra de que una coa lición de izquierdas, la opción más probable pari que Zapatero gobierne en España, es sinónimo de futuro, tranquilidad y buena gestión -señala con pesimismo un veterano socialista-, ahora debe esconderse porque tras el error monumental de Carod, no hay tiempo para demostrar nada".

Así que el Govern, aliviado -al menos, el sector que no pertenece a ERC y parte de ésta-, por la salida de Carod-Rovira como conseller en cap y su relevo por losep Bargalló, se prepara para desplegar toda la actividad institucional y demostrar que, en contra de muchas reticencias, incluso dentro del propio PSOE, el tripartito funciona. Sólo sombra planea sobre el ánimo de los integrantes del Ejecutivo catalán, se atreven conocer en privado, y es la continuición entregas del serial sobre el encuentro de Carod-Rovira y, supuestamente, la cúpula etarra. Porque el secretario general de Esquerra está tan empeñado en su mutismo que hace dudar a cuantos le preguntan si, como se publicó en ABC, la reunión se celebró en Perpinyá; sus interlocutores fueron Mikel Antza y Josu Ternera o duró seis horas, las cuales, efectivamente, permitirían una larga conversación, ésa cuyo contenido todo el mundo quiere conocer. Pero Carod ni desvela ni confirma ni desmiente, mientras el Govern que le cerró las puertas ojea inquieto los teletipos a la espera de nuevas filtraciones o comunicados de la banda terrorista, que serían mortales para su continuidad, entienden, si no lo ha sido ya lo acontecido.

El nuevo conseller en cap, que tomó posesión el pasado lunes junto a su relevo en Ensenyament, la republicana Marta Cid, es de li ibsoluta confianza de Maragall, el cual, por otro lado, no ha evitado admitir en privado su alejamiento político y personal de Carod-Rovira, a quien no tuvo nunca la intención ni la tiene ahora de reincorporar al Govern, desde que se conoció la información de su reunión con ETA.

Así, según fuentes socialistas de gran relevancia, ya antes de que ETA emitiese el comunicado de tregua sólo para Cataluña, las exigencias que condicionaban la vuelta de Carod a la Generalitat tras su aventura madrileña eran de "imposible" cumplimiento. Por lo tanto, ni hubo acuerdo para un regreso futuro del secretario general de ERC como conseller en cap, tal y como se llegó a asegurar, ni se tenía intención de reintegrarlo.

Probablemente, razonan en Ferraz, de haber sido las cosis de otra manera y los terroristas no decretasen el alto el fuego parcial, ese impedimento al regreso de Carod, que sería fruto de las presiones de los barones del PSOE al secretario general, hubiera creado un nuevo foco de tensión en el partido después del 14 de marzo. ERC, haciendo caso desde e¡ primer al último sondeo, reforzaría su presencia en Madrid; Joan Puigcercós recuperaría el liderazgo de la formación en el Congreso de los Diputados, y el líder republ ¡cano forzaría al president para que le devolviese su importante cuota de poder a su diestra. ETA, sin embargo, precipitó los acontecimientos y extirpó del Govern a Carod, que ni siquiera acudió a la toma de posesión de su sustituto y amigo.

A pesar de la idea de unidad, la relación entre las dos patas principales del tripartilo, PSC y ERC, no pasan por sus mejores momentos y el clima, según quienes tantean a diario los ánimos de sus líderes, es frío y distante. Hace falta, dicen, tiempo para cerrar heridas, aunque es difícil si ninguna de las formaciones pone de su parte. Por ejemplo, en Esquerra no han sentado bien las declaraciones del número uno del PSOE por Barcelona, José Montilla, cuando en una entrevista concedida a Telecinco el pasado lunes aseguró que los de Carod no tendrán Grupo Parlamentario propio en el Congreso, la máxima aspiración en la que centran sus esfuerzos electorales los republicanos, y que "acabarán estando como estaban hasta ahora, en el grupo mixto". El reglamento actual exige la obtención de cinco escaños -la mayor parte de las encuestas dan cuatro a ERC, aunque las hay muy optimistas que les otorgan los cinco- y el 15%> de los votos.

La estrategia del tripartito, que insiste en la tranquilidad como objetivo prioritario para abordar su trabajo, centrado en las políticas sociales, sobre todo, de sanidad y educaclon, y decidido a dar un vuelco a Cataluña, pasa, también, por eliminar esas tensiones entre sus miembros. Por lo mismo, Maragall no quiere protagonismo en una campaña que sólo serviría para introducir más nerviosismo en su inquieto Govern.

Las presiones de CiU. Mientras PSC y ERC, con el arbitrio de Iniciativa per Catalunya (ICV), cuyo líder y conseller de Relaciones Institucionales, Joan Saura, intenta imponer la calma en medio de la complejidad de los acontecimientos, tratan de recuperarse de tanto golpe, los de Convergencia i Unió, capitaneados para las generales por Josep Antoni Duran i Lleida, no cejan en su causa de volver al Govern de alguna forma, dando la razón a sus adversarios en aquello de que CiU "no ha asumido aún su papel de oposición y tardará tiempo en hacerlo", debido a tantos años en el Ejecutivo catalán.

Los miembros de la Generalitat hablan, incluso, de presiones por parte de CiU para provocar la ruptura definitiva de ERC con Maragall y dar a éste la oportunidad de formar un nuevo gobierno con los convergentes. En el entorno del tripartito se ha coincidido al señalar que "CiU no ha tenido reparo en utilizar la figura de Jordi Pujol para forzar esa quiebra". Y señalan a este respecto la misiva que el ex president envió públicamente al "Honorable Señor losep Lluís Carod-Rovira", acusando al líder de ERC de "dañar el prestigio colectivo de Cataluña". Por su parte, e¡ sucesor de Pujol, Artur Mas, tendió abiertamente al Partido Socialista de Cataluña la mano con Ia segunda llave" de la gobernabilidad, en alusión a la que sería la primera llave, Esquerra Republicana, como así diera a entender Carod mostrando una de metal a las cámaras para recordar a Maragall, más o menos, gracias a quién existe el tripartito. Su actitud, muy criticada también, obligó al líder republicano a tener que rectificar de nuevo.

En el PSC no se fían de CiU. Creen que navega entre dos aguas porque "Duran i Lleida se muere por conseguir el Ministerio de Asuntos Exteriores", así que, viendo que, al menos de momento, las posibilidades de retornar al Govern se difuminan con el revelo del conseller en cap, ha comenzado el cruce de decliraciones entre PP y CiU sobre las posibiliclades o no de llegar a acuerdos de Gobierno tras el 14 de marzo. El canclidato popular, Mariano Rajoy, ha sido muy claro y así lo dijo la semana pasada: le gustaría pactar con CiU, cuyas líneas programáticas en materia social y económica son muy similires a las suyas, tal y como resaltan desde Génova. Y querría hacerlo, subrayó, obteniendo o no la mayoría absoluta en los inminentes comicios.

Se ha llegado a hablar, incluso, de reuniones mantenidas entre dirigentes U PP y de CiU, previas a la campaña, para hablar de ese apoyo, aunque no han podido ser confirmadas. En principio, mientras el líder del PP catalán, Josep Piqué, se desgañita para que le dejen hacer allí (ver, El 'seny' de Pique), aunque no siempre lo consigue, incluyendo tratar de reconducir unas buenas relaciones con los de Mas, el candidato de CiU al Parlamento español no ha dicho que acepte ¡a oferta de Rajoy. Pero tampoco que la rechace. Duran i Lleida ha inclinado mas la balanza por el sí a un PP ganador el 14 (le marzo que por un PSOE dispuesto a pactar con el resto de fuerzas políticas. No habrá Gobierno anti-PP, sostiene el candidato catalán, con CiU en su seno.

Aun así, Convergéncia no olvida que fueron precisamente sus pactos con el PP los que le arrebataron parte del electorado, pues buena parte de su descenso el pasado 16 de noviembre se debió a un voto nacionalista de castigo que se desplazó a ERC, así que su intención en esta campaña no pasa, ni mucho menos, por desvelar que pactaría con el PP tras el 14-M.

El "seny" de Piqué, en apuros

Al presidente del PP catalán, desde luego, no se lo están poniendo fácil sus propios compañeros. Cataluña, creen los populares, es una de las Comunidades Autónomas en donde podría aumentar sus votos el próximo 14 de marzo y con declaraciones como las de la ministra de Administraciones Públicas, catalana para más señas, y del presidente de Murcia han provocado una profunda contrariedad a Josep Piqué, que no ha dudado en exigir una rectificación pública a Ramón Luis Varcárcel por decir que Pasqual Maragall-"mi presidente", aclaró el líder del PP catalán- bebía "muchos hectolitros de vino al día". En cuanto a las declaraciones de Julia García-Valdecasas, acusando al PSOE de pactar con "asesinos" en referencia a ERC, reconoció Piqué, haciéndose eco de las disculpas de la propia ministra, que había sido un lapsus linguae y que no era necesario ir más allá.

Sin embargo, el comentario ofensivo de Valcárcel sí ha indignado a Piqué, pues sabe que responde a un infundio ya histórico, que forma parte del juego sucio de la política. En realidad, según saben muy bien los políticos catalanes, no es la primera vez que los adversarios políticos de Maragall arrojan contra él el bulo del alcoholismo, pues ya cuando era alcalde de Barcelona, en los ochenta y noventa, antes de cada uno de los comicios municipales rebrotaba el rumor en la Ciudad Condal. Tal magnitud y fuerza cobraba la infamia, según el padre del president, Jordi Maragall, senador socialista y amigo del entonces molt honorable Pujol, que llegó a la conclusión que sólo la potente maquinaria propagandística de CiU podría extender el rumor con tanta fuerza, Jordi Maragall rompió, entonces y para siempre, su relación con Pujol.

Desde que Josep Piqué accedió a la candidatura del PP a la Presidencia de la Generalitat, se ha resaltado, incluso desde las filas adversarias, su forma de hacer política, poco coincidente con la de algunos de sus compañeros de partido. El sentimiento catalanista imperante en la región aconseja a Piqué tirar por las vías de la moderación, el diálogo y la alternativa, convencido en su fuero interno de que el tripartito caerá abrumado por sus propios errores. Hasta ahora, creen en el PP catalán, los hechos le han dado la razón.

Pero el ex portavoz del Gobierno no lo tiene fácil. Mientras él intenta dedicarse a hacer una oposición constructiva en Cataluña, las elecciones generales han irrumpido en su feudo contrariando al candidato, porque la faceta más dura de la estrategia llevada a cabo por la caravana electoral de La Moncloa, desde donde se ejerce una campaña oficiosa para Rajoy, consiste en tratar de reventar el tripartito, mostrando a los españoles las consecuencias de pactar con varias formaciones, y entre ellas, de independentistas. El PP blande el Govem como el anticristo que refleja todos los males que acarrearía la pérdida de mayoría absoluta del PP o un Ejecutivo de coalición encabezado por Zapatero.

Josep Piqué (Vilanova i La Geltrú, Barcelona, 1955) es hoy uno de los principales activos de Rajoy, y según coinciden en señalar desde Génova, su cuota de influencia sobre el sucesor ha aumentado considerablemente, llegando a considerarlo el propio partido como parte del núcleo duro del presidenciable. Su futuro tras el 14 de marzo no está claro, pues aunque se dijo que ocuparía el número uno por Barcelona en las listas del Congreso o del Senado, al final, el presidente del PP catalán ha optado por quedarse en la Ciudad Condal, tratando de seguir ganándose la confianza de los catalanes.

La decisión de no acudir a la manifestación contra ETA de la semana pasada se ha apuntado desde distintos sectores bien informados como una imposición de Rajoy al líder popular catalán, aunque según declaró el sucesor públicamente, fue una decisión de Piqué que yo comparto".

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