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Nº
592 - 1/3/2004
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| Pasarela
de 'ministrables'
GUSTAVO
DE ARÍSTEGUI, DE DIPLOMATICO Después
de diez años recorriendo embajadas, Gustavo de Arístegui
entró en política de la mano de su amigo Jaime Mayor Oreja.
Desde entonces, el actual cabeza de lista por Ciudad Real ha ido adquiriendo
mayor cuota de responsabilidades. Después de asumir durante cuatro
años la Jefatura de gabinete del entonces ministro de Interior
y actual presidente del PP vasco, fue portavoz del Grupo Popular en la
Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso. Desde que comenzara
la crisis y posterior guerra de Iraq, se ha convertido en el más
firme defensor de la intervención española en el conflicto.
La experiencia ha demostrado al Partido Popular que la suya es una baza
que conviene tener a mano y de momento ya se ha asegurado su permanencia
Por Virginia Miranda Se nota que lo suyo es la diplomacia. Educado y accesible, él mismo explica que los políticos están para atender a los medios. Y eso ha hecho. Gustavo de Arístegui San Román (Madrid, 1963) ha explicado a esta revista cómo entró en política. Fue a principios de la década de los 80. Cornenzó en las Juventudes Liberales, y de ahí dio el salto priniero al UCD vasco en 1981 y a Unión Liberal, después llamado Partido Liberal, en 1984. Dos años mas tarde, se presento a las elecciones del País Vasco. Sin embargo, a su padre, gobernador civi¡ de Guipúzcoa en 1980 y embajador de España en Líbano, Pedro Manuel Arístegui y Petit, no le hizo ninguna gracia. Su hijo cursaba quinto de carrera y consideraba que antes de entrar en política debía ser un profesional con independencia económica. Haciendo caso a la recomendación paterna, abandonó esta primera tentativa y continuo sus estudios. Se licenció en Derecho y obtuvo el graduado superior en Ciencias Jurídicas por la Universidad Pontificia de Comillas, ICADE. Tras aprobar las oposiciones al cuerpo diplomático, a finales de 1989, en 1990 fue nombrado jefe de Servicios de Países Limítrofes de la Dirección Ceneral de Política Exterior para Europa y del servicio de Oriente Próximo de la D¡rección General de Polílica Exterior para África y Medio Oriente. Durante la Guerra del Golfo actuó como delegado de España en el Grupo de Trabajo de Oriente Medio de la Cooperación Política Europea de la CE. En abril de 1991, ya finalizado el conflicto del Golfo, fue destinado a la Embajada de España en Trípol (Libia), donde ocupó la seogunda jefatura. Durante su estancia en 1a capital libia, presidió, durante un año el grupo consular de Estados miembros del Tratado de Schengen y, en marzo de 1992, fue condecorado por el Rey con la Cruz de Caballero de Isabel la Católica por su acluación durante la crisis de Lockerbie. Además, entre, 1992 y 1993 prestó su apoyo para la reorganización de la Embajada de Venezuela en Trípoli, tras haber sido incendiada por el Régirnen Yamahirí, actuación por la que fue condecorado con la Encomienda de la Orden de Francisco de Miranda por el presidente de Venezuela, Rafael Caldera. Ya en 1993 pasó a la Embajada en Amman (Jordania) y desde allí desempeñó un importante papel en la preparación de la participación de España y la UE en la Cumbre Económica del Norte de África y Medio Oriente, celebrada en octubre de 1995. Tras semejante bagaje, Gustavo de Arístegui consideró que ya había logrado la que sería su máxima a partir de entonces: ser un profesional en política, no un profesional de la política. A mediados de la década de los 90 concurrió en las listas del PP al Ayuntamiento de San Sebastián con Gregorio Ordóñez. Fue entonces cuando volvió a retomar el contacto con Jaime Mayor Oreja. Ya le conocía desde hacía más de diez años, cuando era una destacada figura de UCD: el padre de Arístegui y el tío del que llegara a ser ministro de Interior, Marcelino Oreja, eran buenos amigos. Por aquel entonces, un desgraciado acontecimiento fue determinante en la carrera política del diplomático. Ordóñez fue asesinado por ETA y Arístegui se puso a disposición de Mayor Oreja y del partido para ayudar en lo que le fuera posible. Su buena
disposición no cayó en saco roto. En mayo de 1996, durante
el primer Consejo de Ministros presidido por Aznar, fue nombrado director
del Gabinete del Ministro de Interior Mayor Oreja. los cuatro años
de la primera legislatura del PP los recuerda como "apasionantes".
Lo mismo que los cuatro siguientes al frente del grupo popular en la Comisión
de Exteriores del Congreso. En el año 2000, dimitió de su
cargo para presentarse como número clos de la lista del PP por
Guipúzcoa para las generales de aquel año. Resultó
elegido diputado e inició la que sería su etapa con mayor
proyección política. En un primer momento, Gustavo de Arístegui
destacó por algunas iniciativas, como la presentada en el Congreso
y aprobada por el mismo pleno en abril de 2001 en la que se rechazaba
toda modificación del estatuto colonia¡ de Gibraltar tendente
a la autodeterminación. A este respecto, De Aristegui se manifestó
partidario de la reapertura del proceso negociador hispano-británico
de Bruselas sobre la soberanía de Gibraltar, porque según
él, Reino Unido debe restituir a España el istmo que ocupa
de forma 1legal e ¡legítima". Además, Arístegui
denunció las maniobras desde
el Peñón para arrancar al Reino Unido una modificación
de la conocida como "Constitución gibraltareña",
con el íin de avanzar en el proceso de autodeterminación
y convertir la Roca en un Estado casi independiente. Para Arístegui
esta pretensión va en contra de lo dispuesto por el tratado de
Utrecht (1713), que establece la vuelta de Gibraltar a soberanía
española en el momento mismo en que deje de ser colonia británica. Lo de tener posibilidades como ministro ya son palabras mayores. Él mismo dice que ni se ve de titular de Exteriores ni se postula para ello. Sin embargo, no cabe descartar esta posibilidad y sería Rodrigo Rato, de permanecer en la política española, quien podría hacerle sombra en su ascensión política. Él, de momento, dice que solo se preocupa por la campaña electoral y sus libros. Especialista en el Islam desde hace 20 años, tiene entre manos la publicición de varios volúmenes. El interés por esta cultura y religión le viene de familia. Su padre fue embajador de España en Líbano (murió en abril de 1989, cuando un obús sirio cayó sobre el comedor de la embajada en Beirut, cuando se encontraba con su familia), su abuelo lo fue en Jordania e Iraq y su bisabuelo en Turquía. El primero de los libros está pendiente de las correcciones, aunque espera poder entregarlo a la editorial a finales de marzo, una vez concluida la campaña electoral. La obra trata sobre el islamismo radical, y pretende ser tanto un libro de referencia como un ensayo. Arístegui dice que la gente, o tiene o una idea laxa sobre el islamismo radical, o piensa que todos los musulmanes son fanáticos. Sin embargo, existe una diferencia muy clara entre el islamismo radical y el Islam que debe aclararse, algo que él mismo ha intentado hacer en los 160 artículos que desde los últimos tres años viene escribiendo para El Mundo, ABC y El País. Como dice que le gusta escribir, ya tiene otros dos libros en la recámara. Ya ha empezado a esbozar una publicación sobre la democracia y la libertad ante la globalización y está pensando en editar un manual sobre política exterior. Por otra parte, dice que le gusta todo tipo de actividad intelectual y que se siente cómodo en su vertiente académica. Fue profesor el pasado año en ICADE de Derecho Diplomático y Consular y ha sido preparador opositores a la carrera diplomática. Además, presume de tener una buena biblioteca, aunque eso no es óbice para tener otras aficiones. Coleccionista de arte orienta¡ y antigüedades, practica el tenis, la vela y la natación. Por último, cabe mencionar la serie de condecoraciones que recompensan su trayectoria profesional: posee la Cruz de Caballero de la Orden de Isabel la Católica (1992); la encomienda de la Orden de San Francisco de Miranda de Venezuela (1993); la Cruz de oficial de la Orden del Mérito Civil (1995) y, desde hace unas semanas, la Orden de¡ libertador O'Higgins, concedido por la Embajada de Chile en España en reconocimiento a su apoyo al país suramericano. Ahora sólo cabe esperar que un posible presidente Rajoy le concede el mayor de los honores en el Palacio de Santa Cruz. |