Nº 585 - 12/1/2004

Pasarela de 'ministrables'

CARME CHACON, LA CATALANA DE ZAPATERO

Quizá por ser joven y mujer se haya empleado más a fondo en su carrera política y profesional. Con tan sólo 32 años, Carme Chacán es una de las caras más visibles del equipo de Zapatero- diputada por Barcelona, secretaria de Educación, Universidad, Cultura e Investigación de la Ejecutiva del PSOE y, desde el pasado mes de septiembre, portavoz socialista. Esta última tarea aún no le ha reportado los méritos esperados. Sin embargo, su cercanía al líder y su hasta hace poco dura oposición a Pilar del Castillo en el Congreso la confirman como una de las más serias aspirantes a la cartera de Educación y Cultura en un posible Gobierno socialista.

Por V. M.

Ya se lo decía su madre, "por ser mujer y de izquierdas, todo te va a costar más en la vida". Aquel debió ser el consejo más valioso de cuantos haya recibido Carme Chacón Piqueras (Esplugues de Llobregat -Barcelona-, 1971). Desde bien temprano, la portavoz socialista se ha labrado un expediente académico prometedor con un handicap añadido: para pagarse los estudios, tuvo que trabajar de dependienta en el Corte Inglés. Licenciada en derecho por la Universidad de Barcelona, obtuvo el doctorado con Matrícula de Honor Cum Laude con el trabajo de investigación El Federalismo a través de la Carta canadiense de Derechos y Libertades de 1982. Además de aprender inglés y francés, obtuvo becas para ampliar sus estudios en la Victoria University de Manchester (Reino Unido), en el Instituto de Federalismo de Friburgo (Suiza) y en la Universidad de Otawa (Canadá), y ha publicado varios trabajos, entre los que destacan: Diversidad y federalismo en Canadá, Introducción histórica constitucional española, Textos constitucionales y El Dictamen sobre la Secesión de Quebec: un comentario. Incluso ha logrado sacar tiempo para dedicarse a la actividad docente, llegando a ser profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Girona.

Mientras, su vocación política, heredada de un abuelo anarquista que sufrió las consecuencias de la guerra y la dictadura franquista, la llevó a los 16 años a afiliarse a las juventudes- Socialistas del PSC, partido que le dio su primer cargo público en 1999. Aquel año fue nombrada concejal del Ayuntamiento de Esplugues de Llobregat y primer teniente de alcalde de Servicios Económicos, Recursos Humanos y Seguridad Ciudadana.

Ya en 2000, resulta elegida diputada por Barcelona en las elecciones al Congreso, donde es vocal de la Diputación Permanente y de la Comisión de Educación, Cultura y Deporte y adscrita a la de Infraestructuras. Tres meses después, también ingresa en la Comisión Ejecutiva de los socialistas catalanes, donde es responsable de la Secretaría de Justicia. Además, fue designada observadora internacional de la OSCE en BosniaHerzegovina en 1996 y en Albania en 1997.

Con semejante expediente, no es de extrañar que en el año 2000 el todavía aspirante a secretario general del PSOE pusiera sus ojos en ella. Chacón reunía cualidades que podía esperar de su nuevo equipo: joven, preparada, inteligente, trabajadora, con fuertes convicciones políticas, ilusionada con el nuevo proyecto y, de paso, perteneciente a la cuota catalana que José Luis Rodríguez Zapatero incluiría en su nueva ejecutiva. Carme Chacón ha crecido políticamente a la sombra de¡ primer secretario general de¡ PSC-PSOE, José Montilla, llegando a ser una destacada representante del "sector de los capitanes", liderado por el propio Montilla e integrado por los alcaldes y concejales del PSC que desde hace años ganan a CiU las elecciones en Barcelona y en las poblaciones del área metropolitana (hasta el momento, el secretario general del partido es alcalde de Cornellá de Llobregat y presidente de la Diputación de Barcelona).

Desde el primer momento, entre el líder socialista y Carme Chacón ha habido buena química. Pero no sólo con él. La secretaria de la ejecutiva federal también ha hecho muy buenas migas con Alfredo Pérez Rubalcaba, hasta el punto de trabajar estrechamente en sus despachos de Ferraz. Los dos forman parte de la Comisión de Seguimiento de¡ Pacto Antiterrorista, los dos trabajan en el Comité Electoral de¡ PSOE y los dos son expertos en materia de Educación, De hecho, dicen que tras la férrea oposición desplegada por Chacón a la política de la ministra Pilar de¡ Castillo, sobre todo la relativa a la Ley de Universidades y la Ley de Calidad de la Enseñanza, se encuentran los consejos y recomendaciones de Rubalcaba, antiguo ministro de¡ ramo y artífice de la Ley de Reforma Universitaria y de la LOGSE. Incluso, comentan que la elección de la joven catalana como portavoz de¡ partido, anunciada el pasado 1 de septiembre por José Blanco, no es casual, ya que su valedor político en Madrid volvió a asumir la coordinación de la estrategia informativa del PSOE.

Otras versiones aseguran que tras su nombramiento no hay más motivos que la absoluta confianza que Zapatero ha depositado en ella. No en vano, la portavoz socialista es de las pocas personas que pueden presumir de conocer de primera mano todo lo que pasa por la cabeza del candidato de] PSOE. Sin embargo, a Chacón no le ha lucido el pelo tanto como cabría esperar. Sus apariciones públicas como portavoz no han logrado el impacto deseado y ha ido perdiendo gas a medida que pasaban las semanas. Éste ha sido su primer revés político en Madrid. El segundo, que ha quedado desbancada como cabeza de lista del PSOE en Barcelona para las próximas generales. El resultado electoral en Cataluña y los posteriores pactos de Gobierno han sido los responsables. El puesto, ocupado hasta ahora por Narcís Serra, estaba pensado para Carme Chacón (en el año 2000 concurrió a los comicios en el puesto décimo de las listas del PSC-PSOE). Pero para propiciar una mayor fluidez en las relaciones entre el nuevo Ejecutivo catalán y el PSOE, la ejecutiva ha cambiado sus planes y ha preferido designar a ]osé Montilla como número uno del cartel del PSC para las legislativas. Miembro de la ejecutiva de Zapatero, ha sido el principal interlocutor socialista con ERC en las negociaciones entre Pasqual Maragall y Josep Lluís Carod-Rovira y reúne el perfil idóneo para defender en el Congreso de los Diputados la reforma del Estatut.

Esta circunstancia, que confirma cómo la portavoz se ha ido desligando de los socialistas catalanes para entregarse de lleno al proyecto de Zapatero, no debe interpretarse como una derrota. Ni siquiera su inexperiencia como portavoz de la ejecutiva. Aún le quedan tres meses para demostrar su valía política y, aun a malas, parece poco probable que el líder M PSOE no cuente con ella en un posible Gobierno socialista. Educación y Cultura sería su destino natural. De hecho, cuando ha sido preguntada por esta posibilidad, nunca lo ha descartado.

Pero antes de que esto pudiera llegar a ocurrir, a la portavoz socialista le quedan tres meses de trabajo agotador, que apenas le dejan tiempo para disfrutar de su vida privada. Ella no tiene los problemas de otros companeros, que apenas consiguen, no sin gran dificultad, encontrar tiempo para sus hijos. Sin embargo, sí disfruta con el placer de la lectura o la música. En la lista de sus favoritos, apenas hay sorpresas. La película que más veces ha visto es Casablanca, los intérpretes que más suenan en su compacto son Joan Manuel Serrat y Silvio Rodríguez y su libro de cabecera es Cíen años de soledad, de Gabriel Garcia Márquez. Junto a él, reposan las obras de los poetas de la Generación del 27, a quienes relee con cierta asiduidad. De hecho, escribir poesía es una de sus grandes aficiones, y durante su adolescencia llegó a reportarle ciertos éxitos: Carme Chacón ganó todos los certámenes poéticos del instituto.

Por lo demás, los compañeros de la portavoz socialista suelen comentar que donde ella se siente más a gusto es en su piel política. En el plano más personal, resulta una mujer tímida. Sin embargo, ha sido en el hemicicio donde se la ha visto más firme y desenvuelta. Será por eso que dicen que su pasión por el trabajo la hace olvidarse a veces de sí misma. Tal vez la tranquilidad de saber que el jefe vela por ella le hagan sentirse más segura.

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