Nº 580 - 1/12/2003

Los liberales avanzan en el PP a lomos del Gobierno de Madrid

AGUIRRE, NUEVA MUSA PARA RAJOY

La llegada a la presidencia de la Comunidad de Madrid de Esperanza Aguirre está proporcionando una inesperada plataforma de poder a la familia liberal del PP que, tras el fracaso de Rato en la carrera sucesoria de Aznar, se reorganiza alrededor de la Puerta del Sol. Su recién nombrado gobierno aspira a convertirse en la estrella a la que Rajoy habrá de enganchar su campaña electoral de marzo.

Por Inmaculada Sánchez

Casi nadie contaba en el PP con que Esperanza Aguirre llegara a ocupar el despacho abandonado por Alberto Ruiz-Gallardón en la sede del gobierno autónomo de la madrileña Puerta del Sol antes de las pasadas elecciones de mayo. Gallardón era el que partía como candidato ganador a la alcaldía de la capital y Aguirre, la que “se sacrificaba” para luchar por la Comunidad con un futuro que los sondeos internos, tanto del PP como del PSOE, situaban con mucha probabilidad en los escaños de la oposición.

Fue por eso que la entonces ex ministra y ex presidenta del Senado acudía a la campaña acompañada por un equipo prestado con algunos de los consejeros que Ruiz-Gallardón había desechado en su carrera triunfal hacia la alcaldía y, quién sabe, hacia lo que pudiera venir después. Hoy, por el contrario, Esperanza Aguirre es la creciente atracción del PP a la que todos quieren acercarse (Ver recuadro Ya huyen de Gallardón).

Fueron Tamayo y Sáez, con su traición, la repetición de elecciones y, sobre todo, la designación de Rajoy como sucesor de Aznar los que hicieron virar el escenario del PP para dirigir sus focos hacia Aguirre.

Rato, el sucesor nonato, ha tenido siempre a sus principales huestes en la organización madrileña del partido –en habitual disputa con las de Alberto Ruiz-Gallardón–, plaza donde ha desarrollado toda su trayectoria política a pesar de su origen asturiano, un territorio que, aunque lo visita todos los veranos, estuvo controlado en su día por Álvarez-Cascos, y hoy, por hombres cercanos a Javier Arenas.

Así, no es de extrañar que el triunfo de Esperanza Aguirre haya sido tomado por quienes aspiraban a formar parte de la corte de un Rato sucesor como una inesperada salida con posibilidades de futuro. Más aún sabiendo de las integradoras intenciones de Rajoy respecto a Rato, al que piensa dejar que “sea lo que quiera” en su futuro Gobierno, si es que lo hay, y conociendo la previa ausencia de una corte propia.

La misma Esperanza Aguirre, en anteriores ocasiones mucho más distante de las peleas de poder dentro del partido, no ha dudado en asumir el papel que los liberales y los ratistas parecen haberla asignado y así, tanto en su discurso de investidura como en la elección de su primer gobierno ha dejado claro que el suyo no será un paso discreto al frente de la Comunidad de Madrid.

Menos impuestos y más mercado libre. Estas fueron las palabras claves del discurso de la ya presidenta. Y no se quedó en vaguedades. Esperanza Aguirre afirmó ante la Asamblea de Madrid que bajará un punto el tramo autonómico del Impuesto sobre la Renta, lo que la convertirá en la primera presidenta autonómica de todo el país en realizar tal rebaja. La reducción dejará a las arcas madrileñas sin unos 150 millones de euros según estimaciones del propio PP.

También aseguró que eliminaría el impuesto de sucesiones entre padres e hijos y entre cónyuges, supresión que los socialistas estimaron durante la campaña en una pérdida para la hacienda autonómica de otros 190 millones de euros. Tales anuncios se realizaban en plena polémica fiscal con Alberto Ruiz-Gallardón y su proyectada subida de los impuestos locales en el Ayuntamiento de Madrid.

La entonces candidata a la investidura no quiso eliminar de sus propuestas las que pudieran resultar más polémicas y, junto a las rebajas fiscales, también se comprometió a hacer cumplir la liberalización total del suelo madrileño, es decir, que pueda ser urbanizable todo el que no esté declarado protegido medioambientalmente, aunque en este punto necesita que los ayuntamientos den su visto bueno a la edificación final.

Asimismo, prometió privatizar todas las empresas autonómicas que no considere justificada su pertenencia al ámbito público. Aunque no dio nombres, entre las que actualmente son rentables y, obviamente, las únicas que podrían interesar a la iniciativa privada está el Canal de Isabel II, encargado de la captación y distribución del agua doméstica e industrial que necesitan los madrileños, y la ITV que realiza las obligadas inspecciones técnicas de los vehículos.

Fuera ya del atril de oradores del parlamento regional, Esperanza Aguirre lanzó una propuesta más con la que cuadrar la nueva biblia liberal que regirá la autonomía madrileña: aseguró que intentará acabar con la vivienda protegida a la que considera un foco de fraude y madre de todos los vicios que encarecen el precio de los pisos en España.

Su antecesor, Alberto Ruiz-Gallardón, la escuchó impertérrito aunque con cara circunspecta. Horas después se sabría que su sucesora no le iba a dejar hablar en su toma de posesión y, al día siguiente, que no sería invitado tampoco a la asunción de cargos de su nuevo gobierno.

En el PP quieren dar por saldada esta “mini-crisis” entre Gallardón y Aguirre después de que la presidenta expresara públicamente su respeto personal y su amistad con el alcalde capitalino y circunscribiera a “diferencias políticas” que pueden darse en todas las familias su supuesta tensión con él. Habrá que esperar a un nuevo encontronazo entre ambas políticas para reabrir la crisis.

Lo que empieza a ser una realidad de la que ya toman nota estos días todos los que quieren tener algo que decir en el PP de después de Aznar es que Esperanza Aguirre y su equipo serán uno de los principales estandartes de Rajoy en su camino hacia La Moncloa y, por ello, están obligados a llamar la atención y a no equivocarse.

Aguirre no ha querido sentirse obligada con ninguno de los dirigentes que heredó de la etapa anterior y ni Antonio Beteta, quien fuera el hombre de las finanzas de Gallardón durante su primer mandato, ni Luis Eduardo Cortés, el poderoso consejero de Infraestructuras hasta las pasadas elecciones, han conseguido un hueco en su gobierno. Y eso que ambos habían roto ya políticamente con el hoy alcalde.

A la nueva presidenta no le ha temblado la mano y, consciente de su reciente poderío ha dejado a Beteta como portavoz de su grupo en la Asamblea, cargo de escasa enjundia cuando se cuenta con mayoría absoluta en la Cámara, y a Cortés con tres palmos de narices –así, al menos, se cuenta incluso dentro del PP– ya que, a pesar de haber sido el muñidor del programa de transportes e infraestructuras de Aguirre y su fiel compañero durante toda la campaña, se enteró apenas media hora antes de darse a conocer el listado de los nuevos consejeros que su nombre no se encontraba entre ellos. Al veterano dirigente parece sólo esperarle, al menos de momento, la socorrida consolación de un escaño en el Senado dentro de la cuota autonómica.

¿Quiénes han sido, pues, los tan cuidadosamente elegidos por la nueva presidenta de Madrid para acometer su crucial misión? Un grupo de fieles y antiguos colaboradores durante su etapa ministerial que se complementan con otro grupito de cercanos al vicepresidente Rato.

El más destacado y claramente señalado como su hombre fuerte es Ignacio González, nombrado vicepresidente primero  además de portavoz. Llega al puesto desde la secretaría de Estado de Inmigración y Extranjería, donde aterrizó por indicación de Acebes, con quien coincidió en el Ministerio de Administraciones Públicas cuando el hoy titular de Interior dirigía ese departamento y González fue nombrado secretario de Estado para la Administración Pública –no tiene malas referencias el nuevo vicepresidente autonómico de cara al futuro– (Ver nº 579 de EL SIGLO: El Gobierno Rajoy. Acebes, de tapado de Aznar a hombre fuerte del sucesor).

Pero quien realmente le descubrió con poco más de 30 años fue Aguirre, que lo ascendió en el Ayuntamiento de Madrid y, posteriormente, se lo llevó con él al Ministerio de Educación cuando el PP ganó las elecciones generales en 1996 con el cargo de subsecretario. También se afirma en el PP que González no está alejado de Rato y que en las disputas madrileñas de partido donde el ministro de Economía dirime sus espacios con Alberto Ruiz-Gallardón el hoy vicepresidente de Esperanza Aguirre no tendría duda alguna sobre dónde está su sitio. Tampoco duda nadie, por tanto, que González se encuentre a gusto asistiendo a los desaires que su nueva jefa le ha lanzado al alcalde madrileño con su llegada al cargo.

Tras Ignacio González, Aguirre ha seleccionado a cinco antiguos colaboradores: Alfredo Prada, vicepresidente primero del Senado cuando ella era la presidenta, Santiago Fisas, secretario de Estado para el Deporte cuando Aguirre era titular del Ministerio de Educación, Engracia Hidalgo, también antiguo alto cargo de Educación, Mariano Zabía, asesor de la ministra en el mismo departamento, y Beatriz Elorriaga, quien coincidiera con su presidenta en el Ayuntamiento madrileño. Sus carteras: Justicia e Interior, Cultura y Deportes, Medio Ambiente y Ordenación del Territorio y Hacienda y Servicios Sociales.

Para la de mayor gasto y repercusión política, Transportes e Infraestructuras, la presidenta madrileña ha elegido, relegando sorprendentemente a su natural destinatario, el citado Luis Eduardo Cortés, a Francisco Granados, quien se convirtiera en mano derecha de Aguirre durante la crisis de la Asamblea ejerciendo de presidente de la comisión de investigación del caso Tamayo. Se trata de un analista financiero bregado en el mundo bursátil y del que aterrizó en la política para ser alcalde de su puedo, Valdemoro, en 1999.

Después, quedan las consejerías reservadas a hombres cercanos a Rato y a su familia política liberal: Manuel Lamela (Sanidad) ha sido director de gabinete del ministro de Economía, Fernando Merry del Val (Economía e Innovación) hasta ahora trabajaba al lado de Rato como subdirector de Comercio Exterior en Economía, y Juan José Güemes (Empleo y Mujer) , el más joven de los consejeros con 34 años, es un genuino descubrimiento del vicepresidente, quien lo fichó como asesor parlamentario para su gabinete en 1996. Güemes, además, es considerado miembro del llamado clan Agag, heredero del efímeramente famoso clan de Becerril en el que se agrupaban los jóvenes mejor situados a la vera de Aznar. Ahora es el yerno del presidente, Alejandro Agag, quien, a pesar de no estar, teóricamente, en política, sigue aglutinando a determinados elementos jóvenes del partido.

Sólo Luis Peral, titular de la consejería de Educación, ha sobrevivido de entre los miembros del anterior gobierno de Ruiz-Gallardón, con quien ejerció de consejero de Trabajo, un islote proveniente de la UCD en el océano de liberales que manejan el timón del gobierno de Aguirre.

La nueva presidenta se ha definido a sí misma como “liberal reformista”, dos adjetivos que se acercan a lo que hoy pita en el PP. El reformismo es uno de los puertos a los que Aznar afirma haber llevado al “centro” con el que le gusta definir al PP.  El liberalismo, la única doctrina a la que el presidente también afirma haberse sentido adscrito. Rajoy es el heredero de Aznar y Aguirre una de sus nuevas musas.


Ya huyen de Gallardón

Un claro síntoma de que Esperanza Aguirre se ha convertido en foco de atracción dentro de¡ PP es que ya hay quien prefiere abandonar a Alberto Huiz-Gallardón para situarse en el nuevo equipo de la presidenta.

Así ha ocurrido con Arturo Canalda, quien siguió al alcalde desde la autonomía madrileña, donde fue gerente del Canal de Isabel II, para ponerse al frente de uno de sus proyectos estrella, reformar el modelo policial transformando la Policía Municipal para que abandone sus clásicas tareas de control de tráfico y se convierta en el primer eslabón de la lucha contra la violencia callejera, como delegado municipal de Seguridad.

Canalda, de 37 años, ha preferido dejar su puesto, apenas siete meses después de ocuparlo, para ser viceconsejero de Asistencia e Infraestructura de la consejería de Sanidad. Bajo su responsabilidad estará hacer realidad la promesa de siete hospitales nuevos que realizó Esperanza Aguirre en la campaña electoral,

También acaban de ser nombrados para los segundos niveles de viceconsejeros tres colaboradores de Ruiz-Gallardón que se habían quedado fuera de su equipo: Enrique Osorio, viceconsejero de Hacienda, Concepción Guerra, viceconsejera de Economía, y Miguel Garrido de la Cierva, viceconsejero de Empleo y Mujer.

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