Hemeroteca
Lista
Esta semana

     Nº 673 - 5 de diciembre de 2005

Una cumbre más, otro fracaso más

Se acaba de celebrar en Barcelona la Cumbre Euromediterránea y ha sido un verdadero fracaso se
diga lo que se diga. Tengo que reconocer que ante la realización de diferentes cumbres me siento un tanto escéptico, y si no ahí están los resultados, nulos o escasos, frente a los enormes retos y desafíos que tiene en distintos ámbitos la economía mundial. En primer lugar, los acuerdos, en el caso de que los haya, recogidos en las conclusiones suelen ser tímidos ante la naturaleza de los problemas tratados, y posteriormente ni siquiera se aplican, en muchos casos ni parcialmente, ya que resulta, por lo general, un objetivo prácticamente inalcanzable hacerlo en su totalidad.

Recuerdo que hace algunos años, y creo que era ante la Cumbre sobre la pobreza organizada por las Naciones Unidas, una alumna me preguntó por qué se gastaba tanto dinero en la realización de unos eventos que daban nulos o escasos resultados, y no se destinaban esos elevados fondos a fines sociales. Le contesté que tenía razón y que habría que plantearse otra forma de trabajo a la hora de afrontar los graves problemas existentes, que no fuera tan costosa y que resultase más fructífera que el hacer turismo político. No obstante lo dicho, las cumbres ofrecen algo positivo, como es conocer las diferentes posiciones que los dirigentes políticos de los países tienen ante el objetivo de la cumbre, y el hecho de que los medios de comunicación presten atención durante unos días alas cuestiones tratadas, lo que puede favorecer la toma de conciencia de los ciudadanos acerca de la gravedad de lo que se está debatiendo.

En este caso, además de los problemas habituales que ofrecen las cumbres, el problema principal ha sido la ausencia de los principales dirigentes de bastantes países árabes. Esto es un síntoma de lo complicado que está resultando establecer las bases para un diálogo entre las dos orillas del Mediterráneo, que también se ha visto reflejado en la dificultad de alcanzar conclusiones consensuadas sobre cuestiones candentes. A lo largo de la historia el Mediterráneo ha sido escenario de navegaciones, comercio y bonanzas, pero también de encuentros y desencuentros, de luchas y conflictos, de dominaciones y subordinaciones, de diferentes hegemonías y dependencias. Estos procesos, a pesar de los logros conseguidos, siguen en pie.

En estos momentos el Mediterráneo se establece como la frontera entre el Norte rico y desarrollado y el Sur menos desarrollado y subdesarrollado. Hace poco escribía en estas páginas sobre la insuficiencia del desarrollo de los países árabes, y aquí se encuentra unos de los problemas principales, aunque no el único, de esta falta de entendimiento. El nivel de desarrollo, intermedio y bajo, está viniendo acompañado de altas tasas de natalidad, y como consecuencia, habida cuenta de la bajada de la tasa de mortalidad, de un elevado crecimiento vegetativo, aunque haya tendido al descenso en los últimos tiempos. Pero existe una gran población joven sin empleo, o sin un adecuado empleo, con falta de oportunidades y con nulas expectativas de mejoras en su futuro laboral y profesional. Todo ello presiona a que se busque en la emigración la única salida para lograr una mejora. Estos flujos migratorios hacia los países de Europa preferentemente, están ocasionando en el Norte rico problemas a la hora de integrar a estos trabajadores en el mercado laboral, en el urbanismo y en el modelo social europeo. El estallido sufrido en Francia en estos últimos días de rabia y des-trozos es un reflejo de lo que estamos diciendo.

A su vez, los sucesivos fracasos en la consecución del desarrollo de los distintos modelos llevados a cabo en los países árabes, como el capitalismo, el socialismo o el nacional revolucionario, como caracterizaba Oscar Lange a algunos de ellos, está fomentando el fundamentalismo religioso, que canaliza de este modo las grandes frustraciones que un desarrollo insuficiente y muy distorsionado, al tiempo que desigual, está generando.

En suma, no hay respuestas sencillas ante problemas complejos. Pero tal vez sea el momento de hacer más caso a los científicos que a los políticos, lo que resulta complicado en un mundo que se caracteriza por la tendencia creciente hacia la consolidación de un mercado global en el que la competencia y los intereses mercantiles se imponen sobre la cooperación y la solidaridad.

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

Hemeroteca
Lista
Esta semana