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     Nº 671 - 21 de noviembre de 2005

Economía y crispación

La economía española se encuentra en este comienzo de siglo, y considerando la economía
mundial en su conjunto, en una situación afortunada. En efecto, si contemplamos los indicadores económicos más al uso, como el PNB por habitante, tanto en dólares corrientes como en términos de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA), la economía española pertenece al grupo de los países que están en un nivel de ingresos alto, y lo mismo se puede decir si consideramos el Indicador de Desarrollo Humano (IDH). En un mundo que se caracteriza por la gran desigualdad entre países y en el que se dan tantas privaciones, como la pobreza absoluta, el hambre, el analfabetismo, una vida breve, entre algunas de las más graves de las que se pueden mencionar, haber logrado superar tan tremendas carencias es de por sí ya un logro considerable. Todo lo cual no significa que la economía española esté libre de problemas y que también padezca privaciones, pero esto se produce a otro nivel y es de índole muy diferente a la que tiene lugar en la mayor parte de los países del mundo, que se encuentran por debajo de nosotros.

Es cierto que la economía española padece, aunque no tanto como en el pasado, un índice elevado de desempleo, un porcentaje alto, que encima tiende a aumentar, de trabajo temporal, y sufre aún, a pesar de los avances conseguidos, insuficiencias del Estado del bienestar.

Una de las principales debilidades se refiere a todo lo concerniente al gasto destinado a investigación, que es muy inferior a la media de la UE. Se han dado avances, pero no los suficientes. La partida de Investigacióny Desarrollo representa el 0,94% del Producto Interior Bruto, mientras que la media de la Unión Europea es del 1,93%. Por debajo de la economía española se encuentran Grecia y Portugal, que, sin embargo, han tenido un crecimiento mayor en los últimos años.

Esta escasa sensibilidad tiene mucho que ver con la forma que adquirió el crecimiento económico es-pañol, que siempre fue muy dependiente de las multinacionales extranjeras y de la tecnología exterior. El poco gasto en investigación, si no se pone remedio, no cabe duda de que favorecerá la perpetuación de esta situación.

Como consecuencia de ello son de subrayar las notables diferencias que nos separan de la Unión Europea (UE) en varios ámbitos, sobre todo en lo que concierne a la productividad, que es fundamental para entender la insuficiente capacidad competitiva de la economía española en el espacio europeo, tal como ha analizado muy correctamente Carmela Martín.

Un hecho, sin embargo, sorprendente es la más que aceptable marcha de la economía española en los últimos años, en un período de menor bonanza que el habido en los primeros años de este siglo. Un comportamiento mejor al de las economías más avanzadas de la UE. Desde esta perspectiva, y sin olvidar las insuficiencias puestas de manifiesto anteriormente, se puede afirmar que la economía marcha satisfactoriamente para los tiempos que corren.

Esta situación contrasta con la visión que determinados medios de comunicación y el Partido Popular quieren hacer creer sobre lo que está sucediendo en nuestro país. Me imagino que si un extranjero con conocimiento de nuestro idioma se pusiera a oír ciertas emisoras de radio, y escuchara a determinados políticos, se haría una imagen del país en la que estaríamos al borde del Apocalipsis, de la desmembración de la nación, o a punto de acabar con la familia. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.

La imagen real del país dista mucho de la que algunos nos presentan. Afortunadamente, pienso que, salvo grupos minoritarios, la sociedad, en general, está tranquila y no responde a esa imagen un tanto catastrofista que algunos se empeñan en transmitir. Por ejemplo, desde mi perspectiva de observador de la economía y de atento seguidor de las preocupaciones sociales, llego a la conclusión de que la conflictividad laboral es reducida. Que no existe gran tensión ni polarización social en este ámbito, más allá de las lógicas en una economía en la que se dan intereses contrapuestos en las negociaciones. Por supuesto que esto no implica que no existan conflictos, unos más agudos que otros, y confrontaciones de diversa índole. Pero todo ello se produce dentro de la normalidad en una sociedad avanzada, compleja y madura.

En suma, gran parte de la sociedad española lo que quiere realmente, si atendemos a las encuestas, es avanzar en paz, sustentando ésta en un desarrollo equitativo, sostenible y en donde las igualdades de oportunidades crezcan y no se margine a determinados sectores de la población. Que no se esfuercen, porque no queremos vivir crispados.•

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

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