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Economía
y crispación
La
economía española se encuentra en este comienzo de siglo,
y considerando la economía
mundial en su conjunto, en una situación afortunada. En efecto,
si contemplamos los indicadores económicos más al uso, como
el PNB por habitante, tanto en dólares corrientes como en términos
de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA), la economía española
pertenece al grupo de los países que están en un nivel de
ingresos alto, y lo mismo se puede decir si consideramos el Indicador
de Desarrollo Humano (IDH). En un mundo que se caracteriza por la gran
desigualdad entre países y en el que se dan tantas privaciones,
como la pobreza absoluta, el hambre, el analfabetismo, una vida breve,
entre algunas de las más graves de las que se pueden mencionar,
haber logrado superar tan tremendas carencias es de por sí ya un
logro considerable. Todo lo cual no significa que la economía española
esté libre de problemas y que también padezca privaciones,
pero esto se produce a otro nivel y es de índole muy diferente
a la que tiene lugar en la mayor parte de los países del mundo,
que se encuentran por debajo de nosotros.
Es cierto que la economía española padece, aunque no tanto
como en el pasado, un índice elevado de desempleo, un porcentaje
alto, que encima tiende a aumentar, de trabajo temporal, y sufre aún,
a pesar de los avances conseguidos, insuficiencias del Estado del bienestar.
Una de las principales debilidades se refiere a todo lo concerniente al
gasto destinado a investigación, que es muy inferior a la media
de la UE. Se han dado avances, pero no los suficientes. La partida de
Investigacióny Desarrollo representa el 0,94% del Producto Interior
Bruto, mientras que la media de la Unión Europea es del 1,93%.
Por debajo de la economía española se encuentran Grecia
y Portugal, que, sin embargo, han tenido un crecimiento mayor en los últimos
años.
Esta escasa sensibilidad tiene mucho que ver con la forma que adquirió
el crecimiento económico es-pañol, que siempre fue muy dependiente
de las multinacionales extranjeras y de la tecnología exterior.
El poco gasto en investigación, si no se pone remedio, no cabe
duda de que favorecerá la perpetuación de esta situación.
Como consecuencia de ello son de subrayar las notables diferencias que
nos separan de la Unión Europea (UE) en varios ámbitos,
sobre todo en lo que concierne a la productividad, que es fundamental
para entender la insuficiente capacidad competitiva de la economía
española en el espacio europeo, tal como ha analizado muy correctamente
Carmela Martín.
Un hecho, sin embargo, sorprendente es la más que aceptable marcha
de la economía española en los últimos años,
en un período de menor bonanza que el habido en los primeros años
de este siglo. Un comportamiento mejor al de las economías más
avanzadas de la UE. Desde esta perspectiva, y sin olvidar las insuficiencias
puestas de manifiesto anteriormente, se puede afirmar que la economía
marcha satisfactoriamente para los tiempos que corren.
Esta situación contrasta con la visión que determinados
medios de comunicación y el Partido Popular quieren hacer creer
sobre lo que está sucediendo en nuestro país. Me imagino
que si un extranjero con conocimiento de nuestro idioma se pusiera a oír
ciertas emisoras de radio, y escuchara a determinados políticos,
se haría una imagen del país en la que estaríamos
al borde del Apocalipsis, de la desmembración de la nación,
o a punto de acabar con la familia. Sin embargo, nada más lejos
de la realidad.
La imagen real del país dista mucho de la que algunos nos presentan.
Afortunadamente, pienso que, salvo grupos minoritarios, la sociedad, en
general, está tranquila y no responde a esa imagen un tanto catastrofista
que algunos se empeñan en transmitir. Por ejemplo, desde mi perspectiva
de observador de la economía y de atento seguidor de las preocupaciones
sociales, llego a la conclusión de que la conflictividad laboral
es reducida. Que no existe gran tensión ni polarización
social en este ámbito, más allá de las lógicas
en una economía en la que se dan intereses contrapuestos en las
negociaciones. Por supuesto que esto no implica que no existan conflictos,
unos más agudos que otros, y confrontaciones de diversa índole.
Pero todo ello se produce dentro de la normalidad en una sociedad avanzada,
compleja y madura.
En suma, gran parte de la sociedad española lo que quiere realmente,
si atendemos a las encuestas, es avanzar en paz, sustentando ésta
en un desarrollo equitativo, sostenible y en donde las igualdades de oportunidades
crezcan y no se margine a determinados sectores de la población.
Que no se esfuercen, porque no queremos vivir crispados.
*Rector
de la Universidad Complutense de Madrid
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