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     Nº 667 - 24 de octubre de 2005

Los diferentes muros en la economía mundial

No sólo no se han arbitrado planes ambiciosos para erradicar la pobreza, sino que con los programas de ajuste del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se ha agravado aún más
a evolución económica de Europa en la posguerra ha estado marcada hasta 1989 por el Muro
de Berlín, que era el símbolo de la división entre el Este y el Oeste, de dos sistemas económicos enfrentados, cuyo foso venía dado por el invisible telón de acero. Desde que cayó el Muro de Berlín, otros muros se han hecho más visibles, aunque existieran con anterioridad: son los que separan el Norte rico y desarrollado del Sur, o los diferentes Sur, pobre y subdesarrollado. Las vallas de Ceuta y Melilla son la parte visible de ese muro. Las imágenes terribles que hemos podido contemplar en tele-visión estos días nos dan cuenta de la magnitud de la tragedia. A los pobres de países pobres que quieren venir a recoger las migajas del festín de los ricos, no sólo no se les deja pasar, sino que son expulsados en condiciones inhumanas, e incluso con grave riesgo para sus vidas.

A la vez que muchos economistas y políticos nos cantan las excelencias de una economía que liberaliza progresivamente los movimientos de capitales y de mercancías, esos mismos niegan la libertad de circulación de mano de obra. La globalización se entiende así de un modo unilateral, confundiendo lo que ellos entienden por libertad con la libertad del mercado. Pero el mundo de hoy, por desgracia, no nos presenta la imagen bella que ellos nos quieren transmitir, sino que tiene una cara fea que se pretende ocultar, que es la de la persistencia de la pobreza y el hambre.

Desde hace tiempo, tal vez ya demasiado, y es posible que empiece a ser demasiado tarde, algunos economistas, con enfoques heterodoxossobre lo establecido como pensamiento dominante, hemos insistido en la necesidad de tratar de entender lo que está pasando y de actuar en consecuencia. Nuestras tras voces sí han tenido eco, y lo siguen teniendo, entre estudiantes, ONG y diferentes movimientos sociales. No han alcanzado, sin embargo, ningún predicamento entre los poderes de decisión, y así las cosas van como van. El libro Conciencia del subdesarrollo, que escribió José Luis Sampedro en 1972 y que yo actualicé en 1996 es un ejemplo de lo que digo. Otro libro que recomiendo es el de Sophie Bessis Las emergencias del mundo: economía, poder, alteridad (Ediciones Nobel, 1995), Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 1995. Mientras tanto han llegado advenedizos a los problemas del desarrollo, que con ideas simples, sin conocimiento de la historia, ni de las estructuras, ni de las instituciones de los países subdesarrollados, se permiten pontificar sobre las causas del atraso y sobre lo que consideran que debe ser la buena política económica a realizar para superar la situación. Así nos va.

No, no estamos desde luego al final de la historia como Fukuyama lanzara hace unos años, con motivo de la caída del Muro de Berlín, y menos tras los acontecimientos que están sucediendo en los últimos tiempos, en este siglo que comienza con guerras. De ahí que resulte pertinenterecordar frente a eso las plagas del "nuevo orden mundial" que el filósofo francés Derrida, recientemente fallecido, recoge en un telegrama de diez frases en su libro Espectros de Marx (Trotta, 1995).

La pobreza y la desigualdad están causando el incremento de la emigración. Los flujos migratorios se han producido tradicionalmente por dos efectos contrapuestos. Por un lado, el efecto expulsión, provocado por las bajas ondiciones económicas o la falta de oportunidades en las que viven los que toman la decisión de emigrar. Por otro lado, el efecto de atracción que ejercen áreas más ricas y que pueden permitir el progreso, la mejora de las condiciones materiales y de oportunidades de los que allí acuden a trabajar.

La mejora económica habida en el siglo XX no ha acabado con la pobreza, que sigue siendo una realidad impropia del tiempo que vivimos. No sólo no se han arbitrado planes ambiciosos para erradicar la pobreza, sino que con los programas de ajuste del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se ha agravado aún más si cabe la situación. El foso se agranda y la economía mundial sigue dividida por grandes muros entre los que tienen y los que no tienen nada y, también, entre hombres y mujeres.

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

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