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El
empate alemán
Las
elecciones celebradas en Alemania el 18 de septiembre han supuesto un
empate entre los dos grandes partidos. Todavía no se sabe quién
va a gobernar, pues todo dependerá de las coaliciones necesarias
y posibles que se puedan realizar. No obstante, el resultado electoral
ha deparado algunas sorpresas, si tenemos en cuenta las informaciones
proporcionadas por los principales medios de comunicación y los
sondeos demoscópicos. Así, el descenso que venía
sufriendo el Partido Socialdemócrata (SPD) en las sucesivas elecciones
de los diferentes Estados que se habían realizando recientemente,
venía reflejando una cierta crisis de esta formación política,
atenazada entre la derecha y la izquierda. No obstante los problemas existentes
para el SPD, los sondeos le anunciaban un repunte y el acortamiento de
distancias con su máximo competidor a medida que avanzaba la campaña
electoral.
Si consideramos la crisis en la que se encuentra sumida la economía
alemana desde hace algún tiempo, el resultado alcanzado por el
SPD es más que positivo, mientras que ha sido un fracaso el obtenido
por la gran esperanza de la derecha, Angela Merkel. Pero un hecho muy
significativo, aparte de cómo el SPD ha mantenido el tipo en condiciones
difíciles, ha sido la victoria global de ¡a izquierda, y
aunque el voto de los verdes puede considerarse más difuso, sin
embargo, no cabe duda de que mayoritariamente es fundamentalmente progresista.
Todo esto tiene su importancia, pues en los últimos tiempos se
ha repetido hasta la saciedad por expertos, básicamente economistas,
que la crisis que la economía alemana venía
padeciendo en los últimos años es resultado de la rigidez
del mercado laboral, la generosidad del Estado del bienestar y el exceso
del intervencionismo del Estado. La respuesta a estos problemas, por tanto,
es bien sencilla, siempre y cuando este pronóstico fuera el acertado:
recortes en el Estado benefactor, flexibilización del mercado laboral
y liberalización de la economía en su conjunto. La ciudadanía,
no obstante, parece que ha hecho oídos sordos a estas recetas avaladas
por tan prestigiosas instituciones y economistas. Hay que señalar,
no obstante, que el gobierno rojiverde había comenzado a hacer
las reformas en esa dirección, lo que le ha supuesto pérdidas
de votantes por la izquierda, como consecuencia de su giro hacia el liberalismo
económico, si bien la derecha lanzaba criticas por ser excesivamente
tímido en las reformas que ha llevado a cabo. Se lanzaba desde
la derecha un programa muy beligerante que hiciera caminar a la economía
alemana hacia el modelo capitalista anglosajón dejando atrás
las características de su capitalismo renano. A pesar de todo,
los ciudadanos, mayoritariamente, si bien aceptan las reformas de lo existente
y una determinada liberalización económica, no están
dispuestos a renunciar al modelo social alemán, aun cuando haya
dificultades en el momento presente. Esta es la lección que los
economistas en su mayor parte no deben olvidar.
Aun así, algunos de ellos, que sin lugar a dudas representan el
pensamiento dominante hoy no cesan en su empeño liberalizador y
privatizador, digan los electores lo que digan. Leo a Donges en la tercera
de ABC el día 20, que dice: "Los economistas le diremos al
nuevo Gobierno lo mismo
que ya le aconsejábamos al anterior: tenemos que cambiar el modelo,
demasiado estatista, y revitalizar la economía social de mercado
pilotada por la libertad empresarial, la iniciativa privada y la responsabilidad
individual. No podemos conformarnos con las reformas realizadas y desde
luego no debemos echar marcha atrás, sino que es ineludible emplearse
a fondo y afrontar también tabúes. Sobre todo en el mercado
de trabajo".
En estas palabras, aparte la artogancia que supone atribuirse la representación
de toda la profesión, como si todos dijéramos lo mismo,
da a entender que la economía es una ciencia técnica y neutra,
por encima de lo que los ciudadanos opinan y votan, pues incumbe a los
expertos recomendar lo que cualquier Gobierno debe hacer sin entrar a
considerar que lo que se debate en las elecciones son cuestiones ideológicas,
aunque estén un tanto desdibujadas, de opciones diferentes de política
económica, y sobre todo de modelos económicos y sociales
en los que deseamos trabajar y vivir. Si las cosas fueran tan evidentes
como algunos economistas nos quieren hacer creer, los ciudadanos hubieran
votado mayoritariamente lo que la candidata a la Cancillería proponía.
las cosas no han sido así, y los economistas que se consideran
poseídos de la verdad tendrían que ser más humildes.
Entre otra s razones porque sus interpretaciones suelen ser inconsistentes
con los hechos y con trabajos científicos, que tanto teóricamente
como empíricamente, han desmentido las cuestiones que consideran
como explicativas de lo que sucede en la realidad.
*Rector
de la Universidad Complutense de Madrid
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