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     Nº 661 - 12 de septiembre de 2005

Capitalismo escandinavo frente a capitalismo norteamericano

Hste verano he tenido ocasión de viajar a Copenhague, a Oslo y a los fiordos noruegos. En 2002, primer año de la implantación del curo, tuve ocasión de hacerlo por varios países como Portugal, Francia, Bélgica y Holanda, pudiendo, entonces disfrutar de las ventajas de no tener que cambiar la moneda. Además del ahorro de las comisiones y otros gastos bancarios propios de dicho cambio tuve la oportunidad de comprobar la facilidad que supone, al tener la misma unidad de cuenta, el comparar los precios de los bienes y servicios que componen la vida cotidiana. De ello di cuenta, en estas páginas, en el primer artículo posvacacional de aquel año. Este año, sin embargo, he tenido que cambiar dos veces de moneda y experimentar lo caros que son, para los españoles, los bienes que se consumen en un viaje de esta naturaleza.

No obstante, vengo realmente entusiasmado, no sólo por la belleza de las ciudades, los museos vistos, los paisajes contemplados sino por lo que he podido observar, aunque un tanto superficialmente, de la calidad de vida que supone vivir en países ricos y socialmente avanzados. No pretendo, desde luego, ser tan osado como, por cierto, hacen tintos ciudadanos normales e incluso algunos expertos, de juzgar en un viaje turístico un modelo económico y social. Pero a lo largo de mi vida académica he pretendido documentirme acerca del funcionamienlo del Estado del bienestar de los países escandinavos, aunque, por circunstancias diversas, siempre me he centrado en el llamado modelo sueco y desconozco, a pesar de las si
militudes, el de los otros países escandinavos. Me han sido de gran utilidad en mi conocimiento y quiero destacar, entre otros, los trabajos de Vicens Navarro.

La información y el conocimiento de estos modelos capitalistas que son eficientes y socialmente avanzados, debe obtenerse no sólo anal izando el presente, o desde el período posterior a la segunda guerra mundial, sino desde una perspectiva histórica que explique las razones de la salida del atraso inicial, pues los grandes logros alcanzados no son cosa de dos días, sino de toda una trayectoria. En este sentido, me han resultado, muy interesantes los artículos dedicados a Suecia y Dinamarca, en el libro de Ugo Pipitone La salida del atraso: un estudío histórico comparativo (Fondo de Cultura Económica, México, 1994), el de K.G. Hildebrand en Historia Económica de Europa (Cambridge University versity Press, 1978) y el de 1. Lörber 0. Krantz Escandinavia 1914-1970 en Historia Económica de Europa editado por Carlo M. Cipolla (Ariel, Barcelona, 1980).

Estos modelos no son sólo los más avanzados socialmente dentro de lo que el capitalismo permite, sino que lo han sido en la historia reciente de la economía mundial, superando los de los países del socialismo real, cuando existían. No considero que haya, en la realidad, modelos ideales les y óptimos, pero sí me parece importante subrayar que existen algunas sociedades que me parecen un buen referente hacia el que habría que intentar ir y, en este caso, un ejemplo a imitar es el de los modelos escandinavos. Países ricos, por tanto eficientes, con altos grados de
igualdad en renta, riqueza, derechos y oportunidades, con bajo nivel de paro, alto nivel de instrucción y educación, y con escasos indicios de mendicidad y de marginalidad.

A pesar de las ventajas que supone vivir en estas sociedades, estos modelos son atacados por ciertos analistas que desearían su fracaso para poder demostrar la necesidad de tener que adoptar el modelo norteamericano y que se alegrarían de cualquier retroceso en los mismos. Los fundamentalistas de mercado son los más tajantes en esta posición, pero hay otros analistas que, sin ser tan radicales, consideran que estos modelos no pueden ser los adecuados para afrontar el futuro de un mercado global y competitivo. En el caso de que esto fuera realmente así, considero que no sería motivo de alegría, sino más bien motivo de crítica a las tendencias económicas mundiales que dificultan la existencia de modelos viables, eficaces y avanzados, que tienden a una mayor y mejor distribución social, a una solidaridad cultural e histórica entre las personas, que permiten a través de una alta aportación impositiva de los contribuyentes obtener grandes beneficios sociales para toda la población, y que deberían ser un referente al que aspirar, bien diferente del de EE UU, que si ya de por sí es muy criticable, por su modelo individualista y del "sálvese quien pueda", después de lo que ha sucedido en Nueva Orleans pocas razones quedan para defender un sistema que no es capaz de dar prioridad a la vida humana sobre la guerra, la defensa de la propiedad privada, la ley y el orden.*


*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

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