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Capitalismo
escandinavo frente a capitalismo norteamericano
Hste
verano he tenido ocasión de viajar a Copenhague, a Oslo y a los
fiordos noruegos. En 2002, primer año de la implantación
del curo, tuve ocasión de hacerlo por varios países como
Portugal, Francia, Bélgica y Holanda, pudiendo, entonces disfrutar
de las ventajas de no tener que cambiar la moneda. Además del ahorro
de las comisiones y otros gastos bancarios propios de dicho cambio tuve
la oportunidad de comprobar la facilidad que supone, al tener la misma
unidad de cuenta, el comparar los precios de los bienes y servicios que
componen la vida cotidiana. De ello di cuenta, en estas páginas,
en el primer artículo posvacacional de aquel año. Este año,
sin embargo, he tenido que cambiar dos veces de moneda y experimentar
lo caros que son, para los españoles, los bienes que se consumen
en un viaje de esta naturaleza.
No obstante, vengo realmente entusiasmado, no sólo por la belleza
de las ciudades, los museos vistos, los paisajes contemplados sino por
lo que he podido observar, aunque un tanto superficialmente, de la calidad
de vida que supone vivir en países ricos y socialmente avanzados.
No pretendo, desde luego, ser tan osado como, por cierto, hacen tintos
ciudadanos normales e incluso algunos expertos, de juzgar en un viaje
turístico un modelo económico y social. Pero a lo largo
de mi vida académica he pretendido documentirme acerca del funcionamienlo
del Estado del bienestar de los países escandinavos, aunque, por
circunstancias diversas, siempre me he centrado en el llamado modelo sueco
y desconozco, a pesar de las similitudes,
el de los otros países escandinavos. Me han sido de gran utilidad
en mi conocimiento y quiero destacar, entre otros, los trabajos de Vicens
Navarro.
La información y el conocimiento de estos modelos capitalistas
que son eficientes y socialmente avanzados, debe obtenerse no sólo
anal izando el presente, o desde el período posterior a la segunda
guerra mundial, sino desde una perspectiva histórica que explique
las razones de la salida del atraso inicial, pues los grandes logros alcanzados
no son cosa de dos días, sino de toda una trayectoria. En este
sentido, me han resultado, muy interesantes los artículos dedicados
a Suecia y Dinamarca, en el libro de Ugo Pipitone La salida del atraso:
un estudío histórico comparativo (Fondo de Cultura Económica,
México, 1994), el de K.G. Hildebrand en Historia Económica
de Europa (Cambridge University versity Press, 1978) y el de 1. Lörber
0. Krantz Escandinavia 1914-1970 en Historia Económica de Europa
editado por Carlo M. Cipolla (Ariel, Barcelona, 1980).
Estos modelos no son sólo los más avanzados socialmente
dentro de lo que el capitalismo permite, sino que lo han sido en la historia
reciente de la economía mundial, superando los de los países
del socialismo real, cuando existían. No considero que haya, en
la realidad, modelos ideales les y óptimos, pero sí me parece
importante subrayar que existen algunas sociedades que me parecen un buen
referente hacia el que habría que intentar ir y, en este caso,
un ejemplo a imitar es el de los modelos escandinavos. Países ricos,
por tanto eficientes, con altos grados de igualdad
en renta, riqueza, derechos y oportunidades, con bajo nivel de paro, alto
nivel de instrucción y educación, y con escasos indicios
de mendicidad y de marginalidad.
A pesar de las ventajas que supone vivir en estas sociedades, estos modelos
son atacados por ciertos analistas que desearían su fracaso para
poder demostrar la necesidad de tener que adoptar el modelo norteamericano
y que se alegrarían de cualquier retroceso en los mismos. Los fundamentalistas
de mercado son los más tajantes en esta posición, pero hay
otros analistas que, sin ser tan radicales, consideran que estos modelos
no pueden ser los adecuados para afrontar el futuro de un mercado global
y competitivo. En el caso de que esto fuera realmente así, considero
que no sería motivo de alegría, sino más bien motivo
de crítica a las tendencias económicas mundiales que dificultan
la existencia de modelos viables, eficaces y avanzados, que tienden a
una mayor y mejor distribución social, a una solidaridad cultural
e histórica entre las personas, que permiten a través de
una alta aportación impositiva de los contribuyentes obtener grandes
beneficios sociales para toda la población, y que deberían
ser un referente al que aspirar, bien diferente del de EE UU, que si ya
de por sí es muy criticable, por su modelo individualista y del
"sálvese quien pueda", después de lo que ha sucedido
en Nueva Orleans pocas razones quedan para defender un sistema que no
es capaz de dar prioridad a la vida humana sobre la guerra, la defensa
de la propiedad privada, la ley y el orden.*
*Rector
de la Universidad Complutense de Madrid
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