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El grupo de los ocho (G8) se reúne en Edimburgo para debatir sobre África, el cambio climático y la economía mundial. Miles de personas se han dado cita en esta ciudad para protestar por las políticas de los países ricos. El fin de semana pasado se han dado conciertos en ciudades del G-8 para tratar de influir en esta reunión para que los países más desarrollados lleven a cabo acciones que vayan ado la pobreza en el mundo. Los lemas eran: comercio justo, condonación de la deuda y más y mejor ayuda al desarrollo. Miles de manifestantes lo han hecho estos últimos días en diferentes ciudades con el lema de pobreza cero y para que se cumplan los objetivos del milenio. Tengo razones para ser pesimista, pues no confío en que los países ricos sean capaces, como consecuencia de sus actuaciones llevadas a cabo en los últimos tiempos, de lograr que la pobreza quede reducida a cero, pero tengo razones para ser optimista debido a la movilización internacional que se está produciendo a favor de otra política más eficaz para combatir la pobreza y el hambre en el mundo. Las estimaciones efectuadas señalan que alrededor de mil doscientos millones de seres humanos son verdaderamente pobres. Son, principalmente, los habitantes de los países subdesarrollados de Asia, África y América Latina. Algunos de estos pobres viven en barrios miserables de zonas urbanas, poblados hechos de casuchas y chabolas, en donde falta el agua y en muchos casos la luz, las calles no se encuentran asfaltadas y se produce un cierto hacinamiento en las viviendas. En estos lugares, la pobreza aparece manifestada de una manera intensa, que contrasta con el elevado nivel de vida de otros habitantes de la ciudad. El grado de pobreza se materializa muy fuertemente, agravado más si cabe por la fuerte disparidad social existente. Sin embargo, la gran masa de pobres (aproximadamente el 80 por ciento) vive en el campo. Los pobres de las zonas urbanas son desarraigados del campo que son atraídos a la ciudad por no tener empleo adecuado en las zonas rurales, y transforman el subempleo rural en desempleo urbano. El proceso migratorio se encuentra impulsado, además, por la disparidad existente entre la agricultura y la industria, diferencias en la productividad, a favor de la industria y en la renta-promedio que se obtiene en los distintos sectores económicos, siendo por lo general más bajo en la agricultura, a lo que hay que añadir que a los trabajadores rurales les resulta a menudo difícil obtener una renta regular y estable de la agricultura. Las gentes del campo emigran porque piensan que vivirán mejor en otra parte. La presión de la población, la falta de tierra, que se debe por lo general al sistema de tenencia, la dificultad de encontrar trabajo en zonas rurales, la escasa productividad agrícola y las bajas rentas son las causas que motivan la emigración. En los países subdesarrollados, sin embargo, tampoco hay muchas posibilidades en las ciudades, y es corriente que la afluencia migratoria supere las capacidades de absorción de las diversas profesiones. Los emigrantes que suelen estar poco cualificados quedan marginados a trabajos mal remunerados, y la oferta excedente de mano de obra alimenta e¡ desempleo urbano ¡u que favorece la disparidad salarial en las ciudades. Si no tienen otros medios de subsistencia, se las arreglan para encontrar un empleo en la economía sumergida, también mal pagado. El desempleo, el subempleo, el empleo mal retribuido, la venta ambulante, la mendicidad y la de lincuencia son los rasgos que caracterizan a estos pobres de las ciudades. La pobreza es mantenida por dos causas básicas y relacionadas entre sí: la fuerte dependencia y desigual relación con las naciones ricas y la estructura interna de las naciones poco desarrolladas. En suma,
si bien hay que conseguir que se vayan cumpliendo los objetivos del milenio,
como condición necesaria, el acabar con la pobreza supone ir más
allá y modificar las estructuras económicas internacionales
y nacionales, si realmente queremos conseguir que algún día,
aunque sea a finales de este siglo, la pobreza cero sea una realidad,
porque de no ser así todo se quedará en un bonito sueño
y en una bella utopía como, por desgracia, ha venido sucediendo
hasta ahora. *Rector de la Universidad Complutense de Madrid |