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     Nº 651 - 30 de mayo de 2005


Medicina humanitaria

H oy en día no hay absolutamente nada que justifique las enormes difeHrencias que se dan entre la ión mundial en cuanto al acceso a las condiciones básicas para la existencia, esto es, a los alimentos, a la ropa y la vivienda necesarias para protegerse, a la sanidad y a la educación. Disponer o no de estos recursos determina que la esperanza de vida de las personas pueda situarse en los cincuenta o en los ochenta años, lo que muestra que no es algo banal ya que el progreso de los pueblos culmina con el au mento de las opciones vitales de sus gentes.

El derecho a la salud, como sabemos, forma parte de los derechos humanos, derechos que son medidos desde hace diez años por Naciones Unidas a través de su Programa para el Desarrollo (PNUD), que tiene en cuenta el índice de Desarrollo Humano (IDH) como uno de los más adecuados para comprobar los avances y retrocesos que se producen en el mundo en esta materia. El índice de Desarrollo Humano es un promedio de otros indicadores, como son e¡ de esperanza media de vida al nacer, el de nivel de educación y el de vida en relación con el PIB.

La observación de este índice a lo largo del tiempo permite apreciar cómo la mayoría de los países han experimentado mejoras en los últimos años en cuanto a desarrollo humano, pero otros, como Zambia por ejemplo, sufren retrocesos por causa de epidemias como el SIDA, que está haciendo caer de forma alarmante la esperanza de vida de amplias zonas del planeta, especialmente en el África subsahariana.

En esos países carentes de recursos, en los que ni la población ni los gobiernos tienen medios para hacer frente al coste de las medicinas de las que disponen los países ricos para evitar la mortandad de los afectados, la medicina humanitaria juega un papel decisivo.

El sida no es por desgracia el único enemigo que acecha el desarrollo humano. Como se pone de manifiesto en los 63 artículos del libro Medicina Humanitaria, dirigido y coordinado por Pilar Estébanez, las guerras, insurrecciones, catástrofes naturales, la violencia étnica, las migraciones masivas, la pobreza y la exclusión social son el caldo de cultivo en el que florecen esas situaciones de injusticia que mueven a las personas sensibles y responsables a comprometerse en la ayuda y la denuncia del orden mundial que permite que tales cosas ocurran.

De todo ello se habla en Medicina Humanitaria, un libro voluminoso y muy completo pues aborda desde múltiples enfoques los problemas generados por la desigualdad, los conflictos o la exclusión social y las formas de intervención de la acción humanitaria, principalmente en su vertiente sanitaria, pero también desde los diferentes puntos de vista con que trabaja la cooperación al desarrollo.

El libro, además, se adentra con el artículo de J. M" Tortosa 'Sociología del desarrollo' con las preguntas sobre que es el desarrollo, qué lo produce, qué relación tiene con la pobreza y la insatisfacción severa de las básicas. Con ello, se supera el ímhitn descriptivo y se pretende responder desde las diferentes teorías a la explicación de los hechos.

Hay que felicitar por ello a Pilar Estébanez, fundadora de Médicos del Mundo en España, quien ha sido capaz de recoger en esta obra un interesante conjunto de artículos, entre los que figuran los muy numerosos de la propia directora del libro, centrados en esa actividad médica, social y humanitaria a la que la doctora Estébanez viene dedicándose desde hace tanto tiempo.

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

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