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En el articulo anterior describí algunos de los problemas más importantes que afectan a los países subdesarrollados. Aquí desarrollaré cuestiones referidas a cómo aborda la economía, actualmente, una realidad tan grave. La economía del desarrollo presenta varios inconvenientes: Es una subdisciplina marginada en el campo de la Economía académica que, como decía ]osé Luis Sampedro, prefiere mirar al Norte que al Sur. Es una especialidad que, al igual que muchas otras de la economía, no tiene lodavía suficientemente en cuenta la dimensión medioambiental. Tal cosa es grave, porque la economía general no puede ignorar los crecientes problemas ecológicos (desertización, extensión excesiva de las zonas urbanas, erosión del suelo, contaminación del agua y del aire, cilentamiento global, ensanchamiento del agujero en la capa de ozono, etc.) y también porque se trata de problemas que tienen una relación estrecha con el desarrollo de los países pobres. Sin duda, los países pobres tienen que desarrollarse, pero deben hacerlo de manera sostenible, ya que no parece posible extender a todo el mundo un modo de vida y de producción (el que han tenido hasta ahora los países ricos) que se basa en el consurno a gran escala de energía y materias primas y que provoca una gran contaminación. Pese a que la economía del desarrollo ha sido siempre un mundo de controversias, las propuestas heterodoxas han sido arrinconadas por la ortodoxia; eso ocurre incluso con las propuestas de los economistas que, procedentes del campo de la ortodoxia, se han atrevido a criticarla y a distanciarse de ella, como es el caso de Joseph Stiglitz, ex economista-jefe del Banco Mundial y Premio Nobel de Economía; entre los enfoques críticos, además del Post-Consenso de Washington defendido por Stiglitz, entre muchos otros, cabe destacar dos: el del desarrollo humano del PNUD, y el de parte del movimíento por una globalización alternativa (por ejemplo, el defendido por autores vinculados a ATTAC). Se ha impuesto un enfoque dominante que no es cipaz ni de explicar adecuadamente ni de dar las soluciones necesarias al subdesarrollo y a la desigualdad: el Consenso de Washington 'Plus' o 'con rostro humano'. Ese Consenso de Washington con rostro humano es simplemente el viejo Consenso de Washington envuelto en un discurso políticamente correcto: se insiste en los temas de pobreza, equidad e inclusión social y se actualiza el lenguaje (se mencionan la importancia de la sociedad civil, de la 'pertenencia' de las estrategias de desarrollo, de la creación de capacidades y de la transparencia), pero no se abandonan las políticas tradicionales de ajuste estructuraL En realidad esas políticas son incompletas y contraproducentes, como ha señalado, entre otros, el propio Stiglitz, quien sin duda sabe de lo que habla, pues fue nada menos que economista-jefe del Banco Mundial entre 1996 y 2001. Las limitaciones analíticas del Consenso de Washington son diversas y no entraré en ellas aqui, aunque basta con ver el amplio espectro co de los firmantes de la reciente Agenda de Desarrollo de Barcelona (aprobada en septiembre de 2004 durante el Fórum de Barcelona) para darse cuenta de que el Consenso de Washington generd un rculmzo cada vez rnás extendido. En lo que se refiere a las medidas para luchar eficazmente contra el subdesarrollo, los economistas deben plantearse seriamente cuestiones como las siguiente: En el plano internacional, el aumento de la ayuda oficial al desarrollo, la solución a los problemas de deuda externa, el acceso a los mercados solventes de los países ricos y la creación de mecanismos de compensación por la caída de la relación real de intercimbio y por las subidas de los tipos de interés internacionales, así como fórmulas para permitir que los países pobres puedan recurrir a la protección de sus mercados interiores. En cuanto a los cambios internos, son necesario un sistema fiscal progresivo que permita aumentar los ingresos públicos para financiar los gastos en educación, salud y protección Social; una auténtica reforma agraria que el reparto de la tierra; una intervención del Estado que considere seriamente que la planificación y la programación pueden ser necesarias, etc. La economía
del desarrollo, como subdisciplina, no se escapa de los serios problemas
de la economía en general, asunto sobre el que trataré en
otro artículo. *Rector de la Universidad Complutense de Madrid |