Hemeroteca
Lista
Esta semana

     Nº 645 - 18 de abril de 2005


La pervivencia del subdesarrollo

El día 6 de abril tuve la satisfacción de ingresar como académico de honor Een la Real Academia de Doctores, acto del que se dio cuenta en el número anterior de esta revista que tan amablemente me cede sus páginas cada quince días para realizar estos comentarios de economía. El discurso de ingreso tuvo como título La economía del subdesarrollo y el subdesarrollo de la economía. Me centraré esta semana en comentar la primera parte del título, dejando para otra ocasión el objeto de la segunda parte.

El subdesarrollo sigue siendo el gran problema de nuestro tiempo, con sus secuelas de pobreza, desigualdad, analfabetismo, maInutrición y tantas privaciones que siguen padeciendo tantas personas en el mundo.

La necesidad de atajar los efectos derivados del subdesarrollo sigue siendo tan acuciante o más que en el pasado. Pese a los avances técnicos y al progreso material que ha experimentado la humanidad, persisten el subdesarrollo extremo en buena parte del planeta y la injusta desigualdad entre los países ricos y los países pobres. Estoy hablando de las enormes privaciones y penalidades que sufre una gran parte de la población del mundo y de la también enorme brecha entre los países ricos y los países pobres.

Sirvan, para ilustrar esos aspectos, algunos datos del reciente informe del Proyecto del Milenio de las Naciones Unidas (enero de 2005) sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (Sachs, dir., 2005). Ese informe estima que en este mismo año de 2005 hay en el mundo unos 1.200 millones de personas pobres (con ingresos diarios inferiores a 1 dólar). Esos 1.200 millones suponen el 23% de la población del Tercer Mundo y la sexta parte de la población del mundo. Además, siempre de acuerdo con ese informe, hay también 825 millones de personas desnutridas (16% de la población del Tercer Mundo), 940 millones de personas sín acceso fácil a agua potable (1 8%),2500 millones de personas sin acceso a sistemas de saneamiento mejorado (48%), 850 millones de personas analfabetas (22% de la población adulta), 115 millones de niños y niñas no asisten a la escuela primaria (18% de la población en edad escolar primaria), etc.

Hoy en día mueren al año unos 8 millones de personas (22.000 personas al día) como consecuencia directa de la pobreza, es decir, simplemente porque son demasiado pobres para mantenerse con vida. Esto es, mueren porque son atendidas en hospitales que no tienen medicinas suficientes o porque malviven en hogares en los que no hay ni siquiera mosquiteras para evitar la malaria o acceso a agua potable.

Así, no es de extrañar que, según datos del Banco Mundial, la tasa de mortalidad infantil (de menores de 5 años) fuese en 2002 de 7 por mil en los países desarrollados y de 88 por mil en los paises subdesarrollados (de 174 por mil, o 17,4%, en el África Subsahariana). Es decir, mueren al año casi 10 millones de niños y niñas menores de cinco años, muertes de las que más de 9 millones (25.000 al día) se deben a la malnutrición o a enfermedades erradicables. Tampoco es de extrañar que la esperanza de vida al nacer fuese, también en 2002, de 78 años en los países ricos, de 65 años en los países pobres y de apenas 46 años en el África Subsahariana.

La persistencia del subdesarrollo y el incremento de la desigualdad son tanto más graves porque no son en absoluto ineluctables. Por ejemplo, la experiencia de algunos países de Asia orienta¡, como ha señalado Bustelo, demuestra que el desarrollo económico es posible y que ese desarrollo puede conllevar mejoras sustanciales en lo relativo a la distribución de la renta dentro de cada país y un acercamiento a la renta per cápita de los países ricos. Por ejemplo, según los datos del Banco Mundial (y pese a que, como es sabido, sus estadísticas sobre pobreza son controvertidas), la proporción de personas pobres en Asia oriental se redujo del 58% en 1981 al 15% en 2001, en una evolución sin precedentes. Sin embargo, siempre con arreglo a los datos del Banco Mundial, la incidencia de la pobreza extrema en el África Subsahariana ha aumentado del 42% en 1981 al 46% en 2001, como consecuencia, entre otros factores, del SIDA, las sequías, el aislamiento económico y las guerras civiles.

Es decir, el desarrollo de las regiones más pobres del mundo es a la vez posible, como han demostrado algunos países asiáticos, y urgente, como recuerda cada día la estremecedora situación de África Subsahariana.

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

Hemeroteca
Lista
Esta semana