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     Nº 623 - 8 de noviembre de 2004


Victoria de Bush, derrota para el mundo


Sí, la victoria de Bush en las elecciones presidenciales de Estados Unidos es una mala noticia para
la paz en el mundo, la búsqueda de la solidaridad internacional, el desarrollo económico y los derechos de ciudadanía. También para la propia economía de Estados Unidos, pues como han puesto de manifiesto, entre otros, Krugman, premio Príncipe de Asturias, y Stiglitz, premio Nobel de economía, la situación económica ha empeorado notablemente en el mandato de Bush, habiendo destruido incluso los logros positivos
conseguidos en la era de Clinton. No digamos nada sobre las consecuencias que está teniendo la subida M precio del petróleo y las repercusiones negativas que está provocando, lo que está influyendo ya sobre la evolución de la economía mundial, y lo puede hacer más en el futuro al aumentar los grados de incertidumbre.

¿Es qué las cosas hubieran sido mejor si hubiera ganado Kerry? No mucho mejor, desde luego, pero no tan mal como han ido y pueden ir. Aparte de que hubiera tenido ante sí el reto de deshacer la madeja que ha creado Bush en tantas regiones y no sólo en Iraq. Por supuesto que no acepto las afirmaciones que se hacen, en muchos casos desde la izquierda, como que es preferible la victor¡a de Bush, debido a que las cosas c uanto peor, mejor, esperando un hipotético estallido que haga cambiar el rumbo del mundo, sino que considero que cuanto peor todo resulta peor, sobre todo para las numerosas víctimas de las tremendas tragedias humanas que estamos viviendo, al tiempo que se hacen más difíciles las posibles soluciones en elfuturo.

Tampoco me resulta convincente la idea de que es válido señalar que no hay diferencias entre Bush y Kerry, pues en definitiva los dos representan los intereses del imperio norteamericano y las diferencias que pueda haber en la defensa de esos intereses son mínimas. No se puede olvidar, se nos dice, que Clinton también bombardeó países y provocó guerras. Pero admitiendo las similitudes, los matices y las diferencia, son importantes tanto en política como en economía. Tanto en lo que concierne a política exterior, esto es, a la mejor forma de mantener la hegemonía, como en el interior, debido a que no son lo mismo las prioridades que se conceden al mercado sobre todo lo demás, o la creencia de que es importante limitar el poder del mercado y la puesta en marcha de políticas sociales compensatorias a favor de los más desfavorecidos.

No cabe duda de que el análisis hay que hacerlo sobre bases estructurales y no sólo coyunturales y en términos de lo que supone hoy en día la hegemonía de Estados Unidos y los medios que utiliza para mantenerla. La hegemonía se estableció al final de la segunda guerra mundial y Estados Unidos desempeñó un papel dirigente en la creación de organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, así como el GATT, y en todo lo que significó la reconstrucción europea con el Plan Marshall. El mundo quedó dividido en dos bloques, y Estados Unidos capitaneaba el capitalista, el cual a su vez era muy superior en territorio, en fortaleza económica y en pujanza militar. Estados Unidos utilizó todos los medios a su alcance, militares, políticos económicos, y apoyos a dictaduras si hacía falta, para que este escenario no se alterase, Aun así se alteró. El mundo vivió prosperidad en los países desarrollados, pero crisis, guerras y conflictos en el mundo subdesarrollado.
La hegemonía sufrió un declive a finales de los sesenta y principios de los setenta como consecuencia de la guerra de Vietnam y la derrota que sufrió, y la competencia económica que empezó a tener de potencias emergentes como lapón y una reconstruida e integrada Europa. La contrarrevolución conservadora de Reagan y Bush padre en los ochenta pretendió la reconstrucción de la debilitada hegemonía, fomentando los gastos militares, intensificando la intervención exterior e impulsando un
modelo económico liberal y globalizador. Clinton, aunque trató de corregir en alguna medida esa forma de actuar tan agresiva y pretendió suavizar los efectos devastadores del modelo liberal, no lo logró o lo efectuó tímidamente. Pero, en la actualidad, con Bush, la agresividad ha aumentado de un modo preocupante y adquiere cotas muy superiores a las anteriores. la forma de gobernar se basa en el engaño, como ha denunciado Krugman, y en el miedo. Estos dos factores le han dado sin duda la victoria. La pregunta que hay que hacerse es si este imperialismo tan agresivo es un síntoma de la fortaleza actual de Estados Unidos, una vez reconstruida la hegemonía debilitada y desaparecido el otro bloque, o, como mantiene Wallerstein, es por el contrario un síntoma de debilidad.

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

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