Hemeroteca
Lista
Esta semana

     Nº 619 - 11 de octubre de 2004


Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial:
60 años bastan


Hace diez años la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) se celebró en Madrid coincidiendo con el 50 aniversario de su creación. Los movimientos críticos y contestatarios a las actuaciones de estos organismos lanzaron el lema de 50 años bastan. Ahora, diez años después, se puede decir lo mismo debido a que no se ha producido un cambio de rumbo que favorezca la estabilidad monetaria internacional y el desarrollo de los países subdesarrollados.

A grandes rasgos podemos distinguir en la vida del FMI dos grandes etapas. Desde su creación hasta principios de los años 70, que es cuando se da por finalizado el período basado en los tipos de cambio fijos y la convertibilidad de¡ dólar en oro, y a partir de entonces hasta el presente. Al finalizarse el primer período, y como consecuencia de los cambios habidos, se pasa a un proceso creciente de especulación, obteniendo mayor protagonismo el mercado sobre la regulación, propia de los años anteriores, sentándose las bases para la globalización financiera que se impulsa en los años 80. La segunda fase, tris los años de transición de los 70, adquiere una mayor relevancia en la década de los 80 con el fomento de la desregulación financiera y las políticas de ajuste dirigidas a los países en desarrollo que se encuentran inmersos en la crisis de la deuda.

Las políticas de ajuste acompañadas de un ideario neoliberal han supuesto costes económicos y sociales para los países subdesarrollados. Las desregulaciones del sistema financiero han creado mayor inestabilidad, incertíidumbre y han favorecido el surgimiento de repetidas crisis financieras, sobre todo en los años 90. El FMI deja de desempeñar un papel en la regulación y en la estabilidad de¡ sistema y obliga a los países más vulnerables a llevar a cabo políticas cuyas consecuencias están pagando aún.

El BM, por su parte, ha desempeñado un rol menor que su hermano gemelo, aun cuando tendría que haber desempeñado un papel primordial para fomentar el desarrollo económico. En los años 80, y como acompañamiento de lo realizado por el FMI concede créditos condicionados por la puesta en marcha de políticas de ajuste estructura¡ basadas en la desregulación y en la privatización.

Debido a que los países estaban endeudados, las instituciones como el FMI y BM pudieron obligarlos, mediante las llamadas "ondicionalidades" a los convenios de préstamos, para reorientar sus políticas macroeconómicas en concordancia con los intereses de los acreedores oficiales y comerciales.

Los fundamentalistas de mercado dominan ambas instituciones, aunque en mayor medida en el FMI que en el BM, y creen que por lo general el mercado funciona bien mientras que por lo general el Estado funciona mal. El mal causado es evidente, pues el mercado tiene fallos e insuficiencias que necesariamente deben ser corregidas o cubiertas por la intervención de¡ sector público. Al primar al mercado en economías que lo que necesitan es más Estado, se han provocado daños que resultan difíciles de corregir.

En contra precisamente de lo que piensan los economistas de estos organismos se necesita un papel activo del sector público para fomentar el crecimiento industrial y agropecuario en condiciones de lograr un desarrollo sostenible y sostenido en el tiempo. Así como para corregir las enormes desigualdades existentes entre las clases sociales, regiones y género, al tiempo que se potencia la educación, la sanidad y las diferentes prestaciones sociales.

El FMI no regula la globalización financiera, ni es capaz de prever lis abundantes crisis que se están dando, por lo que ha perdido una de sus funciones primordiales para lo que fue creado, que es conseguir la estabilidad de todo el sistema monetario. El BM, por su parte, con sus políticas no ha sentado las bases para el desarrollo económico y, por si fuera poco, ha financiado proyectos que han tenido efectos catastróficos para el medio ambiente y, además, ha arruinado la vida de millones de campesinos.

En suma, estos organismos ya no sirven para conseguir los fines que se pretendía de ellos en su fundación. Por ello es momento de decir basta y tratar de crear otros nuevos que sean capaces de seguir, 'por ejemplo, las directrices emanadas de los informes de Desarrollo Humano elaborados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), o reformar en profundidad los existentes. De seguir así, mucho me temo que la pobreza, el subdesarrollo, y el hambre seguirán demasiado tiempo en el planeta Tierra, que cada vez, por otra parte, se deteriora más y más.*

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

Hemeroteca
Lista
Esta semana