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| Nº 589 - 9 de febrero de 2004 |
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La
economía y las elecciones
El 14 de marzo, los españoles estamos convocados a las urnas para elegir a los miembros del legislativo y con ello al partido o partidos que queremos que nos gobiernen en los próximos cuatro años. La marcha de la economía en estos últimos tiempos es la gran aliada del Partido Popular, y la que parece que, de momento, según las encuestas, compensa los otros males que se derivan de sus errores que tendrían, en buena lógica democrática, que conducirle a perder las próximas elecciones. En efecto, tal como adelanta el diario económico Cinco Días, el informe del Banco de España, dado a conocer la semana pasada, pone de manifiesto que la economía española en los últimos diez años ha tenido un crecimiento ininterrumpido que ha proporcionado la mayor prosperidad económica conocida hasta ahora. El crecimiento que comenzó en la última época del gobierno socialista, hecho éste que se menciona muy poco, y que continúa durante las dos legislaturas del Partido Popular, ha supuesto un aumento medio interanual del PIB del 3,5 % en términos constantes (descontada la inflación) hasta el tercer trimestre de 2003. Este crecimiento continuado tiene, a mi juicio, dos razones que lo explican, el buen hacer del ministro socialista Solbes, que puso el barco de la economía española en la buena dirección, y el ciclo expansivo que la economía mundial ha tenido en los felices años 90, por utilizar la expresión afortunada de Stiglitz, y que supuso que los vientos favorables empujasen a un barco que se encontraba ya bien orientado. Si bien hay que subrayar que el crecimiento se ha producido de un modo continuado, superando las etapas contractivas que se han dado en Europa o en Estados Unidos, algo que no había tenido lugar anteriormente. Este último hecho positivo, conjuntamente con la marcha del crecimiento, se lo apunta, como es normal, el Partido Popular, pero como el acierto de su política económica, sin mencionar las variables exógenas que han contribuido a este resultado. No obstante, y sin entrar a analizar esta cuestión, no cabe duda de que los ciudadanos atribuyen todo el éxito al gobierno del PP y todo ello juega a su favor. El crecimiento, además, ha supuesto elevar el número de ocupados de 13,4 millones en 1993 a 16,9 millones a finales de 2003, aunque esto no haya supuesto disminuir nuestra tasa de temporalidad, la más elevada de la Unión Europea. Si bien, en definitiva, en un país en el que el paro sigue siendo alto, el tener un empleo, aunque sea en condiciones de precariedad y bajo sueldo, se estima más que encontrarse desempleado. Los beneficios crecieron más que los salarios y los ingresos del Estado han sido los que más han crecido, en contra de lo que la ideología liberal del Gobierno hacía prever. las reformas fiscales han hecho más regresivo el sistema tributario, así como la utilización del gasto público. El buen comportamiento de las inversiones y el consumo privado han sido claves en el crecimiento de esta década. La visión de los resultados económicos que tienen los electores es el principal enemigo que tiene la oposición para ganar las elecciones. Por ello, se hac necesario insistir en los aspectos que, por globales, se hacen menos evidentes para el elector, pero que oscurecen nuestro entorno: 1) la sociedad española se ha hecho más desigual, como consecuencia de la evolución de los salarios y los beneficios y del sistema fiscal; 2) El acceso a la vivienda se hace prácticamente imposible para los jóvenes y los menos favorecidos económicamente; 3) la temporalidad en el trabajo y el paro, a pesar de todo, siguen siendo los temas que más preocupan a los ciudadanos; 4) las políticas sociales se distancian de la media de la Unión Europea y han tendido a disminuir en relación con el PIB; 5) las economías domésticas se encuentran muy endeudadas; 6) el gasto en investigación y desarrollo es el gran olvidado y ello afecta gravemente al porvenir. Sólo he enumerado unos cuantos puntos negros de los muchos que existen en nuestro entorno y que son consecuencia de la política económica y social actual. En síntesis, que el elector conozca libremente los pros y los contras a los que se, enfrenta en el momento de meter la papeleta en la urna. No todas las propuestas electorales se agotan o se limitan a la economía. *Rector de la Universidad Complutense de Madrid |