Nº 571 - 29 de septiembre de 2003
Objetivos de desarrollo del Milenio

El 8 de julio pasado se dio a conocer el Informe sobre Desarrollo Humano 2003, encargado por el programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Este Informe, como en años anteriores, clasifica 173 países según su nivel de desarrollo humano y presenta un nuevo plan de acción detallado para cumplir los Objetivos de: el Pácto de Desarrollo del Milenio. En él se recomienda, entre otras medidas, adoptar reformas políticas de amplio alcance en los países en desarrollo que deben ir acompañadas de una mejora del acceso al comercio y de mayores compromisos de ayuda por parte de las naciones ricas. En la Cumbre del Milenio auspiciada por las Naciones Unidas y celebrada en septiembre de 2000, 147 líderes mundiales adoptaron un pacto mundial conocido como los Objetivos de desarrollo del Milenio. Dichos objetivos fueron refrendados en la Conferencia de Monterrey sobre financiación para el Desarrollo, celebrada en 2002, de la que di cuenta en su día en estas páginas. En junio de 2003, durante la cumbre dell Grupo de los Ocho celebrada en Evian (Francia), los líderes de las naciones más ricas del mundo reiteraron su apoyo a los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Los ocho Objetivos -que son ocho compromisos específicos para reducir la pobreza y el hambre para 2015se encuentran respaldados por un plan de acción compuestos por 18 metas cuantificables para combatir la pobreza, el hambre, la enfermedad, el analfabetismo, la degradación medio ambiental y la discriminación de la mujer. Los Objetivos también asignan responsabilidades a los países ricos en el suministro de más ayuda, el desarrollo de condiciones de comercio más justas y un alivio significativo de la deuda de los países en desarrollo. El Informe que se acaba de publicar proporciona el análisis más completo hasta la fecha de la situación de esta campaña mundial.

Los desafíos, no obstante, son grandes, pues en el Informe se refleja la caída de los ingresos en 54 paises durante la última década, además del hecho tremendo de que más de 1.000 millones de personas aún luchan por sobrevivir con menos de un dólar diario, no teniendo la mayoría de ellos acceso a los servicios de salud básica ni a agua potable. Casi 800 millones de personas, el 15% de la población mundial, padece hambre crónica. Todos los años medio millón de mujeres mueren durante el embarazo o el parto. Hay muchas más privaciones que no vamos a enumerar, ya que sería imposible en un artículo de estas características, pues por desgracia son demasiadas, reflejo del mundo desigual en el que vivimos y de los contrastes que, como consecuencia, se producen entre los ciudadanos que habitamos en este planeta. Al lector interesado recomiendo la lectura directa del Informe.

El Informe de Desarrollo Humano, que se viene publicando desde 1990, nos ofrece una vez más la imagen de las grandes desigualdades y carencias que se siguen padeciendo en este inicio de¡ milenio y que se pretenden, si no erradicar totalmente, por lo menos atenuarlas con este plan para 2015. Los medios propuestos para lograr los Objetivos son posibles y realistas, pero, como siempre, se choca, a pesar de las declaraciones de buena voluntad, con las resistencias de los grandes poderes mundiales y locales para llevar a cabo este plan con éxito suficiente. Tenemos la experiencia de lo sucedido con los Informes de anteriores ediciones, las propuestas efectuadas en ellos no fueron llevadas a cabo, ni siquiera parcialmente, por los máximos responsables de la comunidad internacional. Hay motivos desde luego para sentirse pesimistas visto lo que ha venido sucediendo, aunque siempre cabe la esperanza de que las reivindicaciones de los pobres, conjuntamente con las personas que tienen conciencia de la gravedad del problema en el mundo rico, cambien la situación tan desigual e injusta en la que nos encontramos.

En todo caso, hay que decir que el Informe de Desarrollo Humano, desde su aparición, aunque no sea tenido en cuenta por los grandes responsables en la toma de decisiones que prefieren la ortodoxia del Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial, es un instrumento muy valioso para conocer la realidad, así como para los que nos dedicamos al estudio del desarrollo, tanto a través de la mucha información, document ación y análisis que se proporciona como por la elaboración delíndice de Desarrollo Humano. Lo primero para cambiar la realidad es conocerla y como quiera, además, que seguir insistiendo en la ortodoxia a lo único que conduce es a perpetuar la situación, nada satisfactoria, siempre cabe la esperanza de que las insistentes proposiciones del informe suponga un cambio de rumbo en las políticas para favorecer el desarrollo humano.

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid.

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