Nº 551 - 14 de abril de 2003

La reconstrucción de la destrucción

Se anuncia ya el reparto del botín para la reconstrucción de lo que previamente se ha destruido. No se tiene tampoco una evaluación de lo que se ha destruido y de lo que se quiere reconstruir. Me temo que en el plan de reconstrucción no se incluyan las casas de los barrios populares destruidas y que se centrará en palacios, hoteles, mansiones de lujo, pozos del petróleo, carreteras y puentes que faciliten el acceso de productos extranjeros; todo lo que en definitiva pueda ser un buen negocio, ahora y en el futuro. Tampoco se sabe muy bien cómo y quién financiará todo ello. Alguien desde luego tiene que pagar a las influyentes empresas constructoras que tengan el encargo concedido a dedo por la administración del presidente Bush.

la financiación puede hacerse, en su mayor parte, a cargo del presupuesto de los Estados Unidos y en menor medida del Reino Unido, con lo que aumentará el déficit presupuestario de los dos países, pero sobre todo del primero. Puede hacerse también a cargo de los beneficios que la explotación del petróleo pueda proporcionar en un país dominado por las grandes potencias partícipes de la guerra, por lo que se cambiará petróleo por reconstrucción. Esto beneficiará a las grandes empresas, pero irá en detrimento de los ciudadanos pobres y de clases intermedias que seguirán sometidos a grandes privaciones sin que puedan sacar provecho de los sustanciosos beneficios que el recurso energético proporciona y de[ que deberían ser los principales favorecidos.

La economía de Iraq tuvo en momento una cierta prosperidad sustentada en los beneficios del petróleo y en el hecho de que éstos de distribuyeron hacia la población en su conjunto. El nivel de vida aumentó y se obtuvieron mejoras sociales. En unos años concretos, básicamente en los setenta, se tenía la impresión de que este modelo de desarrollo sacaría a la población de la pobreza y de las estrecheces económicas en las que había vivido tradicionalmente. Podía ser incluso, con sus limitaciones, un ejemplo a seguir por otros países, que productores de petróleo también, sin embargo, no repartían equitativamente los beneficios que reportaba. Así fue durante un tíempo, pero la tiranía del régimen de Saddam, la larga guerra con Irán, la
posterior guerra de[ Golfo, provocada por la invasión de Kuwait, y el embargo posterior, dieron al traste con todas las mejoras habidas. Desde entonces las privaciones y la precariedad han sido una constante en la economía iraquí, que en lugar de prosperar ha ido para abajo, la situación se ha hecho insostenible en la salud y sobre todo en los niños que padecen malnutrición y escasez de medicinas y asistencia sanitaria. El programa de petróleo por alimentos ha paliado algo la grave situación, pero no ha sido suficiente. la guerra ha venido a agravar una situación económica. El delicado estado de la economía, y que afecta negativamente a tantas personas, desde luego no se va a resolver con el triunfo de los aliados.

Los motivos de la guerra son de diferente índole, en los que desempeñan un papel importante los geopolíticos y la necesidad de controlar una zona estratégica y conflictiva, pero los económicos, que algunos iluminados economistas han pretendido restar importancia, son básicos. Por si hubiera alguna duda, ahí están los datos que se ofrecen de cara a la reconstrucción, al igual que el petróleo fue un motivo original de la intervención, aunque algunos los nieguen, y los intereses del complejo militar industrial.

Prácticamente nadie a estas alturas se puede creer que esta guerra es para desembarazar al mundo y al pueblo iraquí de un tirano. Tampoco las razones humanitarias que se alegan para justificar lo injustificable son de recibo admitir. la tragedia es demasiado terrible como para admitir la validez de estas razones. No son más que las justificaciones ideológicas de los que gobiernan actualmente el imperio de Estados Unidos, con la colaboración de otros países, para encubrir los íntereses económicos y de dominio político y militar que ejercen en casi la totalidad del mundo.

Ésta es una guerra que, en definitiva, lo que deja son demasiadas muertes, muchos sufrimientos, sin que se vayan a sentar las bases de un mundo más equitativo y en el que el desarrollo humano vaya a ser posible, sino para el beneficio de unos pocos y en dónde, por encima de la vida, de la dignidad, y del respeto de los derechos humanos lo que prima son los intereses económicos de unos cuantos, que en muchos casos, como se puede comprobar, actúan como buitres.

-Catedrático de Economía Aplicada
Universidad Complutense de Madrid

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