Nº 549 - 31 de marzo de 2003
El desorden internacional

En 1991, a raíz de la guerra contra Iraq que había invadido Kuwait en agosto de 1990, Bush padre, lanzó la rociama de que se estaba ante un Juevo Orden Internacional. Nunca :uedó explícito en qué consistía, pero las tendencias seguidas desde entnces por la economía internacioial y ahora por las decisiones tonadas por su hijo, lanzando la guera contra ese mismo país, dejan clao en qué consiste. Lo prioritario es lue se pretende reforzar aún más la iegemonía de Estados Unidos en el nundo, quebrando, como se ha heflo, la legalidad internacional.

Esta gran potencia internacional no tiene ningún contrapoder que le :ontrarreste. Así pues el riesgo mafor que se corre es el estar ante el lominio de¡ más fuerte. Es cierto que :E UU no ha conseguido el consenso en el Consejo de Seguridad y que se enfrenta a la oposición de gran parte de la opinión pública universal, pero realmente cual es la gran pregunta: ¿de qué vale todo ello si al final se pasa por encima de lo establecido y de la ciudadanía e impone sus criterios y condiciones, sin que hasta el momento no se puedan exigir responsabilidades por lo hecho?

Este Nuevo Orden Internacional diseñado por los Bush significa el desorden internacional basado, eso sí, en un poder imperial y en un modelo económico neoliberal, que se pretende imponer en todo el mundo. Un desorden, debido a que las Naciones Unidas salta por los aires y la Unión Europea sale maltrecha, aunque éste sea el orden de los ricos frente a los demás. la;.

Nada de esto tiene que ver con las propuestas que se hicieron en los años 70 acerca de la necesidad de implantar un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI). Las proposiciones abundantes, que se hicieron por entonces, pretendian establecer unos mecanismos que posibilitaran un mundo más justo y equitativo. Se buscaba, además, dar cabida en la toma de decisiones a los numerosos países subdesarrollados, en ese orden que se preconizaba, y que sirviese para fomentar el desarrollo económico.

El NOEI pretendía dar repuesta, además, a lo que Block desarrolló en su libro Los orígenes del desorden económico internacional, publicado en inglés en 1977, y que trataba de explicar cómo se había llegado al derrumbe del sistema monetario internacional creado en la Conferencia de Breton Woods en 1944. Pero las diferentes propuestas que se hicieron, incluidas las efectuadas por economistas y politicos relevantes, así como la aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en 1974, quedaron en declaraciones de buenas íntenciones sin que se pusieran en marcha ni parcialmente algunas de ellas. Este fracaso lo que puso de manifiesto fue la escasa voluntad de los países ricos de transformar un orden que les favorece claramente y construir un mundo más justo, seguro y habitable.

Los años 70 fueron testigos del declive de la hegemonía de Estados Unidos, como consecuencia de la Únions. como consecuencia de la derrota sufrida en Vietnam y que se materializó, entre otras muchas cosas, en la debilidad del dólar y en la crisis del sistema monetario internacional. Desde la llegada al poder de Reagan, en 1980, se ha buscado por todos los medios la recuperación de parte de la hegemonía perdida. El gasto militar se expansionó en la década de los ochenta, al tiempo que avanzaba el modelo económico neoliberal y la globalización. Por si fuera poco, los países subdesarrollados sufrieron los elevados costes que las políticas de ajuste les impusieron. En una década se modificó la opinión, bastante generalizada, de los años 70 de que había que hacer un nuevo orden más favorable a los de abajo y en el que los países desarrollados se adaptaran a las necesidades de los que no lo eran, por una posición totalmente antagónica, en la que los países avanzados han impuesto sus políticas económicas a los menos desarrollados.

Desde entonces, el mundo ha ido a peor. El nuevo orden de los Bush es justamente lo contrario de lo que el NOEI pretendía, pues agrava las tensiones y agudiza las diferencias, ya de por sí excesivamente grandes entre unos países y otros. Lo que está sucediendo lo refleja muy bien un lema que vi por televisión en unas imágenes sobre la manifesta~ ción contra la guerra en Londres: "primero armamos a los tiranos y luego matamos a sus pueblos".

*Catedrático de Economía Aplicada
Universidad Complutense de Madrid

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