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| Nº 529 - 4 de noviembre de 2002 |
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La victoria de Lula A la cuarta intentona lo ha conseguido, Lula, por fin, presidente de Brasil. Ha sido una gran victoria que pone de manifiesto muchas cosas. la primera, la tenacidad de un hombre, seguramente por lo que ha sido su propia vida, que ha luchado por vencer, aunque no lo hubiera conseguido en ocasiones anteriores. Esta lección es muy importante cuando observamos tantas veces en este país el hecho de que un candidato que pierde varias veces parece condenado a retirarse. Ha demostrado ser un corredor de fondo, consistente con su ideario político, y no quedar abatido por haber sido derrotado en otras ocasiones. Frente a tantas visiones tan coyunturales de la política que nos rodean no cabe duda de que ha proporcionado una gran enseñanza. En segundo lugar, por lo que representa que triunfe el deseo de cambio en una sociedad que tanto lo necesita y que ha sido capaz de superar el miedo que siempre utiliza la derecha para atemorizar a la izquierda de un eventual triunfo de ella. Pero los ciudadanos brasileños ha sido capaces no sólo de desafiar el miedo, sino también y esto es importante, el boicot del capital financiero que desde un tiempo a esta parte ha retirado dinero de Brasil, ha limitado los créditos y ha agudizado la crisis, que también se da por el efecto de Argentina. Algunos prestigiosos analistas han valorado positivamente el periodo de la presidencia de Cardoso y, sin embargo, fracasa la opción continuista y se opta por el cambio. ¿Por qué? La respuesta en sí parece obvia, pues porque, a pesar de lo que se diga, la gente no parecía tan convencida de los logros alcanzados. No cabe duda de que Cardoso ha saneado la economía y ha conseguido determinados logros en educación y sanidad. Pero ello se ha considerado insuficiente. En economía tal vez haya sido demasiado ortodoxo y ello ha tenido sus irutos, pero también sus costes. Brasil es una de las economías más desiguales del mundo y Cardoso ha hecho poco por resolver este problema. La economía brasileña desde los años 70 del siglo XX ha tenido un comportamiento en el crecimiento bastante aceptable y pasó en poco tiempo de ser un país exportador de productos primarios a ser un importante exportador de manufacturas. Ha sido un importante receptor de inversiones extranjeras, principalmente de Estados Unidos. Está considerado, en prácticamente todas las clasificaciones que se hacen, como un Nuevo País Industrial, que junto con los cuatro asiáticos(Corea del sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur) y México, ha sido de los más dinámicos en los últimos años. No obstante, Brasil ha tenido varias crisis que le han limitado su expansión y le han creado situaciones de elevada inestabilidad macroeconómica y política. Este crecimiento industrial cambió la estructura de su economía configurando una sociedad más urbana, con lo que supone de crecimiento de la clase trabajadora y con la emergencia de nuevas clases medias, cuyas pautas de consumo se asemejan a las de los paises desarrollados, lo que fomentó un mercado interior creciente. Al lado de determinados progresos se han dado excesivas privaciones, como consecuencia de la elevada desigualdad. La desigualdad se debe a varias razones, pero entre las más importantes se pueden enumerar las siguientes: a) la excesiva concentración de la propiedad agraria, b) el poder ol¡gárquico en la industria y las finanzas, y c) las insuficiencias en la educación y en las prestaciones sociales. No se cuenta con un sistema impositivo progresivo y redistribuidor y este hecho limita la dimensión de] gasto público y la orientación que éste pueda tener hacia los significativos sectores desplazados y marginados. Brasil es el país de los contrastes entre la riqueza y la pobreza. Una desigualdad que resulta escandalosa en un país que ha progresado y se ha modernizado. En los últimos años, además, los ajustes económicos fueron duros para los sectores de población más vulnerables, pero incidió negativamente en las clases medias que se encontraron estancadas en su nivel de vida. Por eso la necesidad del cambio. Los ciudadanos de Brasil, con esta elección, ponen de manifiesto que están hartos, sin duda, de tanta ortodoxia económica favorecedora de los privilegios y causante de tantos males y piden un cambio progresista que sea capaz de combinar el crecimiento económico con una sociedad más justa y equitativa. El reto que se le presenta a Lula es realmente impresionante. Tendrá que vencer muchos obstáculos que le pondrán el capital nacional e internacional, que querrán limitar lo más posible su programa. En este caso, como en otros tantos, los intereses democráticos de los ciudadanos, expresados libremente en las urnas, chocan con los intereses no democráticos del capital. *Catedrático de Economía Aplicada.Universidad Complutense de Madrid |