Nº 533 - 2 de diciembre de 2002


Inflación y paro: dos puertas difíciles de guardar

La economía española tiene cada vez más problemas y a los males de aumento del paro y el excesivo trabajo temporal, se une ahora el dato preocupante de la subida de la inflación en un 4%, al tiempo que se desacelera el crecimiento. la inflación y el paro caminan conjuntamente y esto trae recuerdos similares a los de los años 70 cuando hubo que acuñar el término estanflación para reflejar la existencia de los dos fenómenos al mismo tiempo.

Como se sabe, Keynes planteó que a inflación se daba a partir de condiciones de pleno empleo. En los años 50 Phillips con la enunciación de la curva que llevaría su nombre, estableció que la inflación y paro caminaban en sentidos opuestos. los gobiernos con políticas monetarias y fiscales podían escoger entre tener más inflación y menos paro o tener más paro o menos inflación. Era una época aquella en la que el pleno empleo se daba en la economía y la inflación comenzaba a subir ya de una manera un tanto preocupante pero sin llegar a los niveles en los que fuego se dio. La política fiscal tendía a ser expansiva y la monetaria era suficientemente relajada para adaptarse a las condiciones establecidas por el ingreso y el gasto público,

La aparición en los años 70 de la inflación y el paro conjuntamente fue uin proceso que incomodó las explicaciones de los economistas y que cuestionaba los presupuestos que se derivaban de la curva de Phiilips. Fue como consecuencia de ello por lo que se acuñó el término de estanflación para dar cuenta de que se daba una alta inflación con el aumento progresivo del desempleo. Lo que tal vez no se explicaba bien es por qué sucedía esto a la vez, y aunque se achacó la inflación a la subida tan rápida de los precios del petróleo, el proceso se había iniciado con anterioridad.

En esta década es cuando, ante la falta de respuestas keynesianas a lo que sucedía, emerge la explicación de Milton Friedman, que aunque aceptaba la validez de la curva de Phillips a corto plazo no así a largo plazo, por lo que intervenciones del Estado expansivas para combatir el paro, a lo único que conducian es a que éste no se eliminara sino que se restableciera a su tasa natural, dejando a su paso más inflación. Se cuestionaba así la posible eficacia de las políticas económicas a la hora de hacer descender el paro. las teorías de las expectativas racionales enunciadas en aquellos años iban más lejos, pues cuestionaban la validez de la curva de Phillips incluso a corto plazo. Se abría el camino para el ataque a las posiciones keynesianas y a todo lo que fuera intervención del Estado en la vida económica del mercado. La inflación era el enemigo a batir y esto se fue imponiendo, sobre todo, en la acción de los gobiernos en los años 80, en los que las posiciones monetaristas se impusieron. Las políticas monetarias restrictivas con elevados tipos de interés fueron la tónica dominante, lo que venía acompañando de proposiciones en las que se resaltaba la necesidad de reducción de los déficit públicos, disminución de impuestos, privatización de empresas y de gestión de servicios públicos, moderación salarial, y todas las medidas que se tomaron para reforzar el papel del mercado ante el Estado. La globalización se intensificó y se difundió la idea de que no había otra alternativa de política económica.

La inflación sí se redujo, aunque sería excesivo atribuir todo ello a la implantación de estas políticas, si no que influyeron a su vez, la moderación salarial y la bajada de los precios del petróleo. Estas políticas fueron costosas en términos de empleo y en la calidad de éste, pero aparecían como triunfantes, pues se había vencido a lo que se consideró enemigo público número uno, la inflación. La economía desde entonces ha tenido momentos expansivos que han beneficiado al empleo, pero las recesiones no han desaparecido, por lo que el fantasma del paro se hace cada vez más presente. Una vez que la inflación es baja los tipos de interés han descendido, lo que ha supuesto un alivio importante para los consumidores y empresarios, pero, sin embargo, una vez más el desempleo crece y la inflación rebrota, sobre todo en la economía española. El Gobierno da explicaciones de por qué sucede lo que sucede. lo atribuye todo a los males que vienen de fuera y encima quiere hacernos creer que estamos en mejores condiciones, dentro de lo malo, que los demás. Después de habernos vendido los resultados tan buenos que obtendríamos de la intensificación de la competencia con la liberalización y la privatización, que promovería el empleo y la bajada de precios, estoy esperando qué es lo que realmente nos dicen al particular. No hay que esperar demasiado, pues dirán el latiguillo de siempre: lo que hace falta es más liberalización y más mercado. No se dan por vencidos tras los fracasos que el mercado está últimamente cosechando.

‑Catedrático de Economía Aplicada.Universidad complutense de Madrid

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