Nº 531 - 18 de noviembre de 2002

El paro se acrecienta y el trabajo temporal

es demasiado elevado

Llegan malas noticias a la economía. Los análisis de predicción de la UE reducen la previsión del crecimiento para 2002 y retrasan la recuperación a 2003. Los medios de comunicación nos informan día a día de las dificultades económicas de grandes empresas en Europa y en EE UU y, en consecuencia, del aumento de despedidos. En nuestro país, la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre señala que aumenta el número de desempleados en 79.800 personas, siendo el peor verano desde la crisis de 1993. El ritmo del crecimiento del paro crece alarmantemente: en el primer trimestre lo hizo en un 8%, en el segundo un 10,5%, y en este tercero, un 14,8% anual.

la economía española no sólo tiene la tasa más alta de la UE, sino que es el país en el que más ha aumentado el paro en los doce últimos meses. La creación de empleo también desciende y sólo queda como único dato positivo, el que la cifra de ocupados en este tercer trimestre era todavía superior, en un 1,7%, al del tercer trimestre del año 2001. Pero lo más preocupante es que se ha roto la tendencia que se venía manteniendo desde 1994 de creación de empleo y que lo hacia a tasas importantes, aunque esto no supusiera la eliminación de desempleo, pues se venia de niveles excesivamente elevados.

Por si fuera poco, la Comisión Europea en su informe sobre empleo, presentado la semana pasada, señala que el 31,5% de los contratos en España son temporales, una proporción que más que duplica la media europea, que se sitúa en el 13,2%. Se califica de preocupante esta situación de inestabilidad temporal, que además es una cifra que no se ha logrado hacer disminuir desde hace tiempo.

Ante esta situación, en la que la economía española tiene el paro y el trabajo temporal más elevado de la UE, los dirigentes de la economía española se mantienen impasibles echando balones fuera y afirmando que así está sucediendo en toda Europa debido a la recesión que se sufre. Pero desde luego se ha desvanecido uno de lo que han considerado sus logros: el de fomentar la creación de empleo. Se lo atribuyeron a su buen quehacer económico, sin mencionar que cuando el Partido Popular llegó al Gobierno, la economía ya estaba enderezada, tras la recesión sufrida al comienzo de los noventa, y que se reflejaba en el hecho de que el paro tenía una tendencia a disminuir. Daba la impresión de que desde que llegaron ellos al Gobierno, la economía había empezado a mejorar como por arte de magia y por la confianza que depositaban los inversores y los consumidores en su gestión. Se atribuyeron todo el éxito sin mencionar que éste se debía en parte a la buena marcha de la economía internacional y ahora, que vienen las cosas mal dadas, los problemas se los endosan a la mala coyuntura internacional, sin que el Gobierno tenga arte ni parte en ello.

La existencia de las fluctuaciones económicas deja en mal lugar a los fundamentalistas de mercado, ideología que preside las actuaciones de este Gobierno conservador, aunque por razones electorales y presiones sociales, no se atrevan a ponerla en marcha totalmente, aunque sí parcialmente, y esto es lo que han venido haciendo, favoreciendo a los grandes intereses económicos y fomentando la existencia de una sociedad más desigual. El fundamentalismo económico que practica el Gobierno le conduce en una situación tan negativa como ésta a plantear el déficit cero, siendo más papistas que el Papa, pues son lo que lo defienden con más ardor dentro de la UE, incluso que los países que lo propugnaron y otros gobiernos conservadores.

El mercado deja siempre a muchos ciudadanos desamparados, lo que se acrecienta en tiempos tan negativos como [os que vivimos ahora, por lo que la intervención estatal y otra política de gasto público se hace más necesaria que nunca. Confiar tanto en la liberalización, privatización, déficit cero, disminución de impuestos directos, no sólo no nos inmuniza contra la enfermedad de los ciclos recesivos y el paro, sino que nos deja indefensos ante situaciones como la actual. Se discute entre los economistas, y como en tantas cosas no hay acuerdo, sobre la envergadura de este ciclo ‑si realmente es una grave recesión, o simplemente es una desaceleración del crecimiento‑, Sin entrar en el fondo de este debate, y poniéndonos en lo mejor, que se trate simplemente de una desaceleración, hay que observar los males que provoca, sobre todo por lo que concierne al paro que sufren tantos, fundamentalmente los más jóvenes que tratan de abrirse paso en el difícil mercado laboral.

‑Catedrático de Economía Aplicada Universidad Complutense de Madrid

Hemeroteca
Lista
esta semana