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| Nº 477 - 1 de octubre de 2001 |
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Gescartera,
delincuencia y globalización No me resulta sencillo como profesor universitario hablar de una estafa de la dimensión de lo que está siendo el asunto Gescartera, pues ya se sabe que estas cosas no se estudian en los libros de texto ni se aprenden en las facultades y, por si fuera poco, esto no tiene nada que ver con la economía sino con el código penal. Pero todo lo que está pasando me sugiere un conjunto de reflexiones que me parece oportuno traer aquí a colación. Además, algunas personas me preguntan si yo considero que un asunto como el de Gescartera tiene alguna relación con la globalización financiera que estamos viviendo tan intensamente desde los años 80. Pienso que sí y que no. La estafa es tan vieja casi como la historia de la humanidad y escándalos de estas características si no son tan antiguos, des‑de luego ya se daban con anterioridad a la globalización actual. lo que sucede es que la desregulación de los mercados financieros, el refugio que suponen los paraísos fiscales y la opacidad de los propios bancos contribuyen a facilitar la existencia de empresas tipo Gescartera, así como el blanqueo de dinero y el uso y ocultación de fondos que proceden de la delincuencia internacional, como traficantes de droga, de armas y actividades terroristas. Ha tenido que suceder un hecho tan trágico y doloroso como el atentado contra EE UU para que se empiece a rastrear la localización de los posibles fondos de grupos terroristas, e incluso ya se han bloqueado ciertas cuentas sospechosas. A su vez, leo en los medios que la OCDE está estrechando el cerco sobre los paraísos fiscales. A propósito, tengo que recordar que movimientos críticos contra la globalización como Acción para una Tasa sobre las Transacciones financieras para Ayuda a los Ciudadanos(ATTAC) plantean, entre otras cosas, además, de la implantación de la Tasa Tobin la eliminación de los paraísos fiscales. La experiencia, no obstante, me ‑dice que cuando se defienden estos postulados, muchos economistas convencionales y los fundamentalistas del mercado no sólo se ponen en contra como algo perturbador de¡ mercado y anacrónico, propio de progres trasnochados, sino que con ese aire de suficiencia que caracteriza a los que se creen poseídos de la verdad absoluta, descalifican a proposiciones de ese tipo, con cierto aire despectivo y como llenas de ingenuidad. Ahora, ante el terror se descubre que esto de los paraísos fiscales no es ninguna broma. Lo triste es que tiene que pasar alguna desgracia para que nos demos cuenta de que estamos creando un sistema que además de provocar grandes perturbaciones financieras favorece la existencia de grandes sumas de dinero cuya procedencia es más que dudosa y que pueden ser muy peligrosas para nuestra propia supervivencia. En fin, no se puede vincular directamente el asunto Gescartera con la globalización, pero sí conviene subrayar que el marco en el que estamos facilita la existencia a escala mundial de muchas Gescarteras, y otras actividades aún peores, principalmente porque un mercado global no tiene mecanismos de regulación globales y hay que hacerlo a través de los Estadonación, lo que supone un debilitamiento de los controles de supervisión y vigilancia. En todo caso, el situar esta estafa en el contexto en el que se produce no quiere decir que por eso se trate de eximir de responsabilidad a los poderes públicos de nuestro país. Por el contrario, el problema se acrecienta si, como en este caso, los poderes públicos, aparte de no cumplir con sus obligaciones, encima aparecen en connivencia con los intereses privados. El caso es de una extrema gravedad, pues para el ciudadano corriente, que obtiene sus rentas fundamentalmente del trabajo y que no puede defraudar a Hacienda, le resulta ya intolerable asistir a tantos escándalos y al grave espectáculo de lo que significa que desde el poder se protegiera a una empresa sospechosa, desde hace tiempo, de irregularidades. Son éstas demasiadas, siendo la más grave el que sirviera para ocultar dinero negro y retribuyera al capital invertido con intereses por encima de los del mercado. Algo raro tenía que ocurrir y las personas responsables de la CNMV lo consintieron. Han salido a la luz ya suficientes cosas para que el partido en el Gobierno aporte luz y taquígrafos, y no como hasta ahora, que ha actuado tratando de ocultar y defendiendo lo indefendible, lo que nos hace sospechar de que, aparte de lo sabido, que ya es bastante, no es ajeno al tema Gescartera. De hecho, son muchas personas de este partido, o vinculadas al mismo, o nombradas por el Gobierno, las que aparecen implicadas. A medida que pasan los meses, las noticias que nos llegan de Gescartera son suficientemente reveladoras para saber que nos encontramos ante un verdadero escándalo político y económico, ante el cual el partido gobernante ha actuado como cómplice y no como salvaguarda de los intereses de los ciudadanos. Catedrático de Economía Aplicada. |