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| Nº 469 - 9 de julio de 2001 |
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La
nueva Ley de Universidades: muchas reglas La Ministra de Educación y Cultura ha presentado el proyecto de ley de Universidades. Este proyecto está siendo muy contestado, y la cosa no es para menos, pues está lleno de deficiencias en su desarrollo normativo, lo que pretende ser un cambio sustancial sobre lo que existe actualmente y que tiene, además, el objetivo pretencioso de promover la renovación de la universidad, y que me da la impresión de que no lo consigue. lo más preocupante es lo que late en el proyecto, que es una concepción concreta sobre lo que debe ser la universidad, según los cánones conservadores de¡ partido que gobierna, y que, en consecuencia, no responde a los problemas actuales que padece esta institución. No pretendo entrar aquí en la controversia que se está suscitando acerca de¡ gobierno de las universidades y de la selección M profesorado, sino a lo que es uno, sino el mayor, de los problemas principales que padece esta institución, la financiación, y que sí que se encuentra estrechamente vinculado a la calidad. la falta de un programa de acompañamiento sobre la financiación de la universidad es una carencia básica, debido a que sin un plan de esta naturaleza una ley, por sí misma, no resuelve los problemas existentes. No es que considere que es el único problema, pero parece claro que sin una financiación adecuada, las cosas no pueden funcionar por muy buenas que sean las leyes que se hagan. El informe Bricall proporciona una información bastante detallada sobre las diferencias que nos separan con los países de la Unión Europa más desarrollados, e incluso con la media, sobre todo lo relacionado con los recursos que se destinan a la financiación de la universidad. Resulta evidente que desde los años 80 se ha incrementado notablemente el gasto universitario y todos hemos podido contemplar el florecimiento de universidades nuevas y ampliación de las existentes. Aún así se siguen dando diferencias en esta partida que resultan significativas. Si queremos, por tanto, una universidad de calidad hacen falta recursos y no sólo modificar el marco legislativo. Por ejemplo, se está insistiendo sobre la necesidad de cambiar el sistema de acceso del profesorado a la universidad, pues del nivel de] profesorado dependerá, en gran parte, la universidad que tengamos, si responde a criterios de calidad y sí es capaz, asimismo, de afrontar los retos que plantea la sociedad de nuestro tiempo. Es evidente que encontrar un buen sistema de selección es una condición necesaria pero no suficiente, y lo digo, no sólo porque no existe el sistema perfecto, sino porque esto se encontrará vinculado estrechamente a la retribución de] profesorado y a las expectativas que pueda tener el joven que decide dedicarse a la tareas docentes e investigadoras. Pongamos casos concretos, En la actualidad, las becas de formación de personal investigador son pocas y mal retribuidas, por lo que muchos jóvenes valiosos no optan por iniciar sus primeros pasos profesionales en el ámbito académico. Tampoco se ofrecen expectativas de futuro a los que deciden, a pesar de las bajas retribuciones, dedicarse a la sufren un periodo, hasta que la pueden defender ante un tribunal, en el que no tienen ningún tipo de ingresos. Una vez leída la tesis, en muchos casos muy bien valorada por el tribunal, al nuevo doctor nadie le asegura un puesto en la universidad. Mientras tanto, sus compañeros de curso, por lo general, ya se encuentran colocados y con unos salarios que les permiten tener cierta capacidad de independencia. la persona que ha invertido cinco o seis años de su vida en la investigación, en el caso de no encontrar un puesto de trabajo en aquello a lo que se ha dedicado, acude al mercado laboral en una situación de inferioridad frente a sus antiguos compañeros o incluso los nuevos, pues la empresa privada, valora poco o nada el trabajo de investigación que se haya podido hacer. Insisto en este punto, porque antes de que se produzca la selección del profesorado para hacerlo permanente hay que cuidar la cantera. Si no se quedan los mejores y más capacitados para la docencia e investigación, la selección no se hará entre gente bien preparada. El esfuerzo, por lo tanto, para el futuro hay que hacerlo en este nivel y lo de después vendrá dado sin mayores problemas. Se necesita, por lo tanto, un plan de financiación de becas realmente ambicioso, en cuanto al número, las retribuciones y la duración. Es cierto que, acabada la primera fase de formación de un investigador, nadie puede asegurarle un puesto de trabajo en la universidad, pues esta institución no tiene que convertirse en una oficina de empleo, pero sí se tendrían que buscar mecanismos para que los que han demostrado unas dotes especiales puedan quedarse, en una universidad o en otra. En suma, la mejora de la universidad, más que leyes nuevas, pasa por más presupuesto, eso sí, que se gaste adecuadamente, lo que, por desgracia, no siempre sucede. los recursos son escasos y en algunas ocasiones mal administrados. Catedrático de Economía
Aplicada. |