Mis lecturas de economía
Nº439
4/12/2000

La pervivencia de la pobreza masiva, la exclusión, inseguridad y desigualdad

Carlos BERZOSA*

La problemática del subdesarrollo ha renacido con cierta fuerza en los años noventa. Así, hemos asistido a la aparición de los movimientos de petición del 0,7% del PIB para ayuda al desarrollo; a la proliferación de ONG y, sobre todo, a un creciente protagonismo de estas organizaciones en el escenario nacional e internacional; a la solicitud que, desde diferentes instancias y grupos sociales, se hace sobre la necesidad de la condonación de la deuda a los países más subdesarrollados; y al auge de manifestaciones de protesta contra la globalización, a la que se responsabiliza de los males de los países pobres. Hay una oleada de actuaciones y movimientos que tratan de agitar nuestras satisfechas conciencias del mundo occidental sobre lo que es el verdadero problema de la economía mundial actual, como es la pobreza. La desigualdad mundial se acrecienta y el foso entre los países ricos y pobres se agranda, de manera que, mientras en un polo del mundo se vive en la sociedad de la opulencia, en el otro polo, la lucha por la supervivencia cotidiana es demasiado generalizada entre la mayor parte de la población de los países más pobres del planeta.

Los economistas se empezaron a preocupar por los problemas relativos al desarrollo económico a finales de los años cuarenta del siglo que termina. Un poco tarde, si tenemos en cuenta que la existencia del subdesarrollo es muy anterior a la toma de conciencia por parte de una parte de la profesión de la economía, de esta situación realmente lamentable. Pero antes de estas fechas, pocas contribuciones podemos encontrar sobre las economías subdesarrolladas. Hay teorías magnas que abordaron los problemas derivados acerca del crecimiento económico, como la clásica, la de Marx y la de Schumpeter,  pero no se centraron en la realidad de lo que hoy entendemos como países subdesarrollados. Los clásicos trataron de explicar las causas del progreso del país que había iniciado la revolución industrial, mientras que Marx, pretendiendo destruir el capitalismo, explicó muy bien cómo funcionaba. En concreto, todos ellos se referían a la nueva sociedad industrial emergente que avanzaba destruyendo los vestigios del orden anterior. De modo, que daban cuenta de los mecanismos de funcionamiento del crecimiento en las primeras etapas del desarrollo industrial. Al igual se puede decir de Schumpeter, aunque este autor aborda ya el análisis de  capitalismo más maduro.  Marx, no obstante, se introdujo también en  los efectos que el colonialismo podría tener sobre los países que lo padecían, por lo que podemos encontrar en los en sayos en los que afronta la  cuestión colonial una teoría pionera sobre el subdesarrollo. También sucede algo similar con las teorías sobre el imperialismo que elaboraron a principios del siglo XX, Hobson, Hiferding, Rosa Luxemburgo, Bujarin y Lenin. En este caso, hay referencias, en todos ellos, a los países colonizados política y económicamente, pero no se adentran en exceso en el estudio de las estructuras de estos países, sino que más bien la descripción de la expansión internacional y sus causas lo hacen desde las razones que impulsan a ello a los países metrópolis.

Tras el largo paréntesis de la economía neoclásica, hay que esperar a la posguerra para que los economistas presten atención al estudio de las economías subdesarrolladas como algo específico y diferente al análisis que se estaba haciendo sobre los países desarrollados. A partir de entonces, no sólo los problemas del desarrollo económico ocuparon un lugar importante en los estudios de la economía, sino también en la agenda de los organismos internacionales. Unas teorías explicativas de la situación y las propuestas que se hacían en consecuencia con las primeras empezaron a producirse con gran intensidad y riqueza. Los años cincuenta y sesenta fueron muy fructíferos al respecto desde la perspectiva de la aportación intelectual y de las iniciativas que se tomaron, aunque con escasos resultados, en muchos casos. Todas estas aportaciones fueron cayendo en declive fundamentalmente en los años ochenta, como consecuencia del resurgimiento de la teoría neoclásica para analizar el subdesarrollo.

Los años noventa son el resurgir más de la acción y de los movimientos de protesta que se rebelan contra el estado de los hechos. No hay grandes paradigmas teóricos como en el periodo de los cincuenta y sesenta, sino más bien sugerencias para afrontar con cierto grado de éxito remedios que traten de dar soluciones, aunque sean parciales, a los problemas más lacerantes. Pero el interés por saber las razones del porqué del subdesarrollo, no ha desaparecido, sino que, por el contrario, se muestra con gran vitalidad. De ello puedo dar fe, por la cantidad de conferencias y cursos a los que soy invitado para hablar precisamente de estos temas.

Por esto es por lo que resulta saludable la aparición de este libro de la francesa SyIvie Brunel El Subdesarrollo (Editorial Mensajero, Bilbao) que hace de un modo breve y sencillo la explicación de una situación que padecen tantos países del mundo. Para esta autora, definir en qué consiste el subdesarrollo supone, en primer lugar, comprender en qué consiste el desarrollo. En este punto, sigue a François Perroux que define el desarrollo como “Ia combinación de los cambios mentales y sociales de una población que la hacen apta para hacer crecer, de manera acumulativa y duradera, su producto real y global”, insistiendo en esta noción de aptitud de una sociedad para entrar o no en el camino del crecimiento económico.

Da un repaso a las diferentes escuelas que han tratado de explicar las causas del atraso para pasar seguidamente a definir el desarrollo y la medición de éste y concluir en esta primera parte sobre el desarrollo como una necesidad imperiosa para el futuro de las sociedades humanas. Considera que no hay un modelo de desarrollo, sino unas reglas universalmente válidas y plantea unas preguntas, a las que trata de dar respuesta, que resultan ser muy relevantes como: si puede atribuirse el subdesarrollo a la naturaleza de los trópicos, y si la colonización es responsable del subdesarrollo. En esta segunda pregunta va a seguir las tesis de Paul Bairoch que resultan ser muy sugerentes como suele ser corriente en este autor, desgraciadamente fallecido hace poco.

Ante este gran interrogante, plantea que achacar todas las dificultades del Sur a la colonización parece un tanto excesivo, pues con frecuencia, en el caso de no pocos gobiernos, resulta ser un pretexto fácil para eludir sus propias responsabilidades. En todo caso, este hecho no debe llevarnos a esquivar la cuestión de saber si el impacto de la colonización europea fue o no decisivo en el bloqueo o retraso del desarrollo del Tercer Mundo. Concluye afirmando, pero sustentándose en Bairoch, que: "el bloqueo de la industrialización en el Tercer Mundo durante la colonización es una realidad".

 En suma, tengo que hacer la advertencia que este es un libro de carácter introductorio y divulgativo, y, por tanto, no para especialistas e iniciados, aunque a éstos les pueda resultar de utilidad para recomendar a sus alumnos o en los numerosos cursos que hoy existen sobre temas concernientes al desarrollo económico y de cooperación al desarrollo. 

 *Catedrático de Economía
 Aplicada de la Universidad
 Complutense de Madrid.

                                                                                                                   

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