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Carlos BERZOSA* La crisis que se produjo en Asia oriental a partir de julio de 1997 cogió de sorpresa a propios y extraños. A juzgar por lo que dicen los autores del libro que comento, Pablo Bustelo, Clara García e Iliana Olivié, Crisis financieras en economías emergentes: enseñanzas de Asia Oriental (Agencia Española de Cooperación Internacional, Madrid), sólo hubo una meritoria excepción, la de Park, quien en 1996 publicó un artículo en el que se desvelaban las debilidades de este modelo de crecimiento y su posible entrada en recesión. Por el contrario, en 1997 se publicaron varios estudios que aplaudían la consolidación del auge económico en Asia oriental. Un error similar ocurrió antes de la crisis mexicana de 1994-95. Esta falta de capacidad de predicción de la economía ha hecho decir a muchos analistas, ajenos a la economía, que los economistas sólo somos capaces de explicar bien lo que no fuimos capaces de prever, o por qué no sucedió lo que previamente habíamos dicho que iba a suceder. Una vez sucedido el acontecimiento, sin embargo, la literatura prolifera para explicar lo que ha acontecido y que en casi ningún caso se había previsto que pudiera ocurrir. Se considera, en todo caso, este ejercicio como muy útil, pues del hecho pasado siempre se pueden extraer enseñanzas que sirvan como vacuna para los acontecimientos futuros. No obstante, a pesar de lo que se pueda aprender de la experiencia negativa de una crisis, el hecho cierto es que éstas se vuelven a producir. La economía sigue demostrando su escasa capacidad predictiva y los avances logrados en el conocimiento tampoco parecen servir para evitar que vuelva a suceder. Para consuelo de los economistas, otro tanto se puede decir que es lo que pasa, por ejemplo, con la gripe. A pesar de los avances de la medicina, ésta nos visita inevitablemente todos los años, y aunque existan vacunas, muchas personas vacunadas la cogen, aunque sus efectos se aminoren. No existe vacuna eficaz contra la gripe porque parece que el maligno virus cambia de un año para otro. ¿Es esto lo que sucede con las crisis económicas? ¿El virus que las provoca cambia de una a otra, de ahí la dificultad de prevenirlas? Pues bien, este libro pretende, y lo logra con éxito, adentrarse en el complejo mundo de las crisis y en una área tan poco conocida entre nosotros como lo es la asiática. Sobre esto me gustaría decir algunas palabras. Cuando uno acude a la literatura que trata sobre el crecimiento económico asiático se encuentra que en España existen muy pocos estudiosos que escriban sobre el particular. Una de las excepciones es la de Pablo Bustelo. Esto no obsta para que muchos economistas opinaran sobre las bondades del modelo asiático cuando se alcanzaban elevadas cotas de crecimiento y una considerable capacidad exportadora. Ni que decir tiene que esas opiniones, expresadas en los medios de comunicación, eran superficiales y banales, y tergiversaban lo que realmente allí estaba sucediendo. Algunos incluso llegaron a tener la osadía de considerar el modelo asiático como un ejemplo del triunfo de la puesta en marcha de políticas económicas de corte neoliberal. La ignorancia y el atrevimiento no tienen límites. Surgida la crisis, lo que antes eran elogios se vuelven críticas, hechas por los mismos y otros que se añaden, y se centran en decir que la responsabilidad principal del desencadenante de la crisis recae sobre todo en el sistema financiero, que no se había liberalizado lo suficiente, o bien que aquello era un capitalismo de amiguetes. Uno no deja de sorprenderse cómo de pronto surgen tantos conocedores de la economía de los países asiáticos. Pero cuando se acude a la literatura para documentarse se encuentra con que estos espontáneos de la opinión no escriben ningún artículo científico o libro más profundo para demostrar sus afirmaciones. Y es que la frivolidad no sólo invade a las televisiones sino que desgraciadamente al mundo profesional y académico de la economía. Afortunadamente, siempre hay excepciones, y una de ellas es este libro y sus autores. Tengo que decir que, para satisfacción personal, los tres han sido alumnos míos, aunque en generaciones muy distantes. Pablo Bustelo es una persona consagrada y un gran experto en las cuestiones concernientes a Asia, y varias publicaciones de calidad le avalan en este terreno. Tengo que decir que precisamente se inició en estos temas cuando padecía mis enseñanzas en cuarto curso de la licenciatura. Clara García e Iliana Olivié son dos jóvenes investigadoras que acaban de finalizar el programa de doctorado que lleva a cabo el departamento que dirijo, pero que han demostrado con esta obra una madurez intelectual inusual en personas de su edad. Comprendan que mi satisfacción ante un libro de esta naturaleza es muy grande por los varios motivos aducidos. El libro es novedoso en castellano por varias razones. En primer lugar, aborda el análisis teórico y empírico de las crisis financieras. En segundo término, es el primer estudio universitario en castellano que podemos calificar de importante sobre las crisis asiáticas, sobre las que se ha publicado mucho en francés o en inglés. En tercer lugar, el trabajo resume los modelos teóricos de crisis financieras en modelos emergentes. Finalmente, los autores tratan de vincular el tipo vigente de globalización con la vulnerabilidad financiera de las economías del Tercer Mundo. En definitiva, el lector interesado podrá encontrar un estudio muy valioso sobre la naturaleza de las crisis asiáticas, y sobre todo me gustaría destacar uno de los aspectos que más valoro, pero esto son debilidades personales, como es la recopilación exhaustiva de las numerosas interpretaciones que se han hecho. Entre éstas me llama la atención la de Islam, que lo atribuye al menor crecimiento de las exportaciones (con el consiguiente aumento del déficit de la balanza por cuenta corriente) y la liberalización de la cuenta de capital. Este autor descarta sucesivamente las deudas a corto plazo, la debilidad de los sistemas financieros, la existencia de capitalismo de amiguetes y la política del tipo de cambio fijo. De todos modos, particularmente me parece muy satisfactoria la proporcionada por Hart-Landsberg. En su opinión, la pauta de desarrollo de Asia oriental alcanzó sus límites a mediados de los años noventa. Una industrialización exportadora dependiente, junto con el aumento del consumo de productos importados por las elites económicas, habrían aumentado el déficit comercial y corriente (a lo que también contribuyeron la creciente competencia entre los propios países asiáticos, la devaluación del yuan chino en 1994 y del yen japonés en 1995, y la sobreproducción regional). La necesidad de atraer capital extranjero para financiar ese déficit, a la vista además de la caída de la inversión directa japonesa en el área, provocó una liberalización financiera consistente en eliminar los controles de cambio, abrir los mercados de bonos y acciones a los inversores extranjeros que hiciesen préstamos en dólares a las empresas locales, vincular estrechamente las monedas a la divisa estadounidense y mantener altos los tipos de interés. El resultado fue un aumento de la inversión en cartera y, sobre todo, de los créditos bancarios a corto plazo, lo que aumentó la deuda externa. En suma, “la estrategia previa de crecimiento exportador no pudo generar más crecimiento nacional sostenible”. *Catedrático de Economía Aplicada. Universidad Complutense |