|
|
Una aguda interpretación de la globalización Carlos BERZOSA* La globalización económica está aquí, entre nosotros, y para quedarse. Hay muchos síntomas que en la observación de la realidad cotidiana nos señalan su presencia. Pero uno de ellos es, sin lugar a dudas, la cantidad de publicaciones que se están dedicando a exponer este proceso en sus diferentes dimensiones y manifestaciones. Ante tanta publicación, la duda para muchos, y también para mí, es qué elegir entre el bosque de libros y artículos que pueblan los estantes de las librerías, bibliotecas y la red de Internet. Pues bien, dentro de ello les voy a recomendar un libro que merece una especial atención y mención, el de Ángel Martínez González‑Tablas: Economía política de la globalización (Ariel, Barcelona). Esta recomendación, sin que esto desmerezca a otras publicaciones a las que ya tendremos ocasión de referirnos, lo hago basándome en las palabras de Valpy Fitzgerald, catedrático de Finanzas y Economía Internacional de la Universidad de Oxford, que ha redactado el prólogo dellibro. Señala Fitzgerald que los sociólogos y los politólogos dominan el debate sobre la globalización, y no los economistas; lo cual conduce con frecuencia a una suerte de negación de la realidad manifestada en creencias opuestas: que las empresas transnacionales son los "malos' y la única solución es la autarquía socialista o ecologista, o que bien unas Naciones Unidas democratizadas podrían imponer la utopía planificada a través del "nuevo orden económico internacional”. Por lo tanto, sigue diciendo Fitzgerald, abarcar una nueva interpretación de la economía política de la globalización requiere tres dotes de autor: un conocimiento profundo de las ciencias económicas; un entendimiento amplio de las disciplinas de historia, filosofía y política, y una experiencia práctica de la empresa en su entorno global. Tres dotes que, afortunadamente, reúne nuestro autor. El autor identifica previamente el objeto de su estudio, y lo hace desde el sistema económico capitalista (SEC). Se globaliza la economía, pero como ésta es capitalista y el capitalismo es un sistema económico diferenciable, se puede afirmar que se globaliza el SEC. La dificultad es que no siempre resulta claro de qué se habla cuando se habla del SEC. De forma selectiva establece que el SEC tiene: condiciones necesarias, componentes materiales, relaciones, agentes (componentes sociales) y diversos momentos que atraviesan una sucesión de planos; al financiero sucede el comercial (en el que la producción y el excedente contenido en las mercancías se transforman en dinero, al ser compradas, las que son medios de producción, por capitalistas de todos los sectores, y las que son bienes de consumo final, por personas que gastan en esa compra los ingresos previamente percibidos); finalmente, el misterioso momento de la producción, que funciona bajo la dirección del capital, siempre oculto bajo la careta del mercado, momento en el que surgen las relaciones sociales propias de ese ámbito, en especial, el consumo que hace de la fuerza de trabajo el capital, proceso que tiene lugar en el interior de las empresas, lejos y ajeno a la circulación de mercancías. La lógica de todo este conjunto regulada por precios, tasa de ganancia, relaciones entre capitales, capacidad de reproducción y recurrente aparición de crisis. De este modo, el SEC precisa del capital y del mercado para poder funcionar y para reproducirse, pero no se limita a ellos. A lo largo de la historia, estos rasgos permanentes se han ido concretando de formas varias. El SEC es cambio y transformación continuos. En su trayectoria se combinan periodos identificables por distintas tipologías junto a fases en las que predomina la transición y las formas híbridas. Nuestro autor, para llevar a cabo este análisis, se apoya en el pensamiento de los clásicos. Esta apuesta por los clásicos preferentemente sobre otro tipo de aportaciones más modernas de la economía puede extrañar a cualquiera y él mismo se pregunta ¿qué tipo de elementos de los fundadores de la ciencia económica se pueden encontrar en la reflexión sobre una realidad tan profundamente diferente de la que ellos tuvieron oportunidad de contemplar? Porque es obvio que, entre aquella economía ‑de pequeñas empresas, en las que empezaba a generalizarse la utilización de la maquinaria en las fábricas inglesas, con un proletariado depauperado y un gran imperio colonial‑ y la economía actual ‑marcada por la globalización, la revolución tecnológica, el auge de los servicios y las transnacionales gigantescas, la explosión demográfica y la articulación de abundancia y pobreza a escala mundial‑, pocas similitudes pueden establecerse. Hay, sin embargo, rasgos relevantes que, como pone de manifiesto, se pueden encontrar en los clásicos y que sirven para justificar su elección. Pues bien, con estos ingredientes metodológicos y teóricos se adentra al análisis de la globalización, lo que hace con gran acierto, pues no sólo se limita a proporcionarnos datos sino, lo que es más importante, que debe ser la labor de los científicos, aunque no siempre es así y desgraciadamente lo es cada vez menos, interpretar los hechos. Hacerse preguntas pertinentes, aun cuando en muchos casos no hay claras respuestas que ofrecer, son los principios que guían la línea argumental de esta obra. De esta manera, delimita con precisión el concepto de globalización, analiza las razones de su aparición, lo efectúa desde una perspectiva histórica y afronta los diferentes niveles en los que se manifiesta. Los efectos que provoca un fenómeno de esta naturaleza también tienen cabida en este libro, en un capítulo muy sugerente, como es el de los problemas dominantes, problemas emergentes. En fin, tengo que decir que por mi profesión, pero también el interés que me suscita el estudio de la economía mundial, leo y consulto muchos libros y artículos que se refieren a la globalización. Todavía no he encontrado uno más completo y preciso que éste en la literatura existente en castellano. Desde la economía nos encontramos ante una gran obra y que tiene que ser de referencia obligada al tratar de estos temas. Una vez leído este libro, tal vez ya no se pueda decir, como afirmaba Fitzgerald en el prólogo, que el tema de la globalización ha sido abordado con más insistencia por los sociólogos y politólogos que por los economistas. La economía tiene que decir bastante al respecto y este libro es una muestra de ello, y lo hace como se tienen que afrontar estas cuestiones desde una perspectiva del sistema económico capitalista, entendiendo cómo funciona, y desde una posición teórica, en este caso, y fundamentalmente, la de los economistas clásicos. Se supera de esta manera la mera descripción de hechos y datos para irse hacia el nivel más alto, el de la explicación. *Catedrático de Economía Aplicada. Universidad Complutense. |