Mis lecturas de economía
Nº415
22/5/2000
Los economistas españoles, recuperados

Carlos BERZOSA*

Una de las personalidades más relevantes de la economía española es, sin lugar a dudas, Enrique Fuentes Quintana. Ha destacado, en su larga vida profesional, como un brillante profesor universitario, director de revistas de economía de prestigio, autor de escritos relevantes, funcionario de la Administración y vicepresidente del Gobierno. Tras una vida intensa dedicada al trabajo, a la docencia y la investigación, nos ofrece, ahora, una obra magna como director de Economía y economistas españoles (Círculo de Lectores, Madrid), que cuenta con ocho volúmenes, de los que ya se han publicado tres.

El primer volumen cuenta con un largo e interesante ensayo introductorio del propio Fuentes Quintana que supera con creces la mitad del libro en la que intervienen diversos autores. Nos centraremos, por su interés, en este ensayo debido a que refleja una visión general muy bien esquematizada y sintetizada de lo que ha sido el quehacer de los economistas españoles. Como él dice, inventariar y evaluar este quehacer de los economistas españoles, situándolo en el marco del pensamiento económico y en la marcha histórica de nuestra economía ha constituido una investigación que, por sus dimensiones temporales, por la extraordinaria variedad de sus intérpretes, por el mundo cambiante de sus escenarios históricos y por la dificultad de situar las aportaciones de nuestros economistas en un cuadro coherente que permitiera seguir la historia de sus ideas, no ha sido abordada por ningún economista o grupo de economistas hasta hoy. En consecuencia, carecemos en la actualidad de ese inventario y evaluación de lo que nuestros economistas han hecho. De manera que nos encontramos con una obra única cuya contribución resulta realmente impagable y que se encuentra destinada como una obra sobre historia a hacer a su vez historia.

La obra en sí es, por tanto, muy ambiciosa, y seguramente nadie como Fuentes Quintana como director hubiera podido afrontarla con éxito. Se pretenden muchas cosas, entre ellas salvar a los economistas españoles del olvido, al tiempo que resulta muy importante poder contemplar la revalorización del pensamiento económico llevado a cabo por economistas extranjeros. Resulta evidente la importancia que tiene una obra de esta envergadura, pero sobre todo es un legado de valor incalculable el que heredamos todos aquellos que  sin ser historiadores  nos sentimos interesados por conocer  mejor nuestra historia.  El principio Id sitúa  Fuentes Quintana en  el pensamiento económico en la España musulmana, para continuar  con la Escuela de Salamanca, que por cierto la tengo un cierto cariño, pues es el tema que me tocó en el segundo ejercicio del examen de licenciatura, y que salvé satisfactoriamente. Aunque el tema por aquél entonces se le denominaba en el programa "La mal llamada Escuela de Salamanca", lo que dificultaba un tanto su exposición oral y que venía dado por sorteo, pues no dejaba de ser una cuestión un tanto controvertida el que la "Escuela de Salamanca" debiera llamarse así o no.

En fin, de este modo se hace un repaso a todas las corrientes del pensamiento económico que se han venido dando desde entonces a la vez que nos introduce a los ensayos realizados por los diferentes autores. La modernización de los estudios de economía los fecha entre 1904 y 1936 y lo que supuso años más tarde la consolidación académica de la economía, como consecuencia de crearse la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas en 1943 de la Universidad de Madrid. Hay que señalar que la facultad dispuso desde sus comienzos con un cuadro notable de profesores y que en momentos difíciles para la cultura española contribuyeron al prestigio de esta institución y de los estudios de la economía.

Haber contado desde los inicios con catedráticos de Teoría Económica como José Castañeda, Manuel de Torres y Valentín Andrés Álvarez no dejó de ser un lujo en un país que no tenía tradición académica de enseñanza superior de economía.

El análisis neoclásico se recibió con rigor y conocimiento a través de las enseñanzas y manuales de Stackelberg y Castañeda. Por cierto, que según ha escrito Velarde, el alumno destacado y predilecto de Stackeiberg fue José Luis Sampedro, que fue más tarde el primer catedrático salido de las aulas de esta facultad, y que con el tiempo se fue distanciando del pensamiento neoclásico, que tan bien llegó a conocer y que con gran capacidad asimiló. Así que con posterioridad, este primer cuadro de profesores contó con Sampedro, y más tarde Fuentes quintana, Gonzalo Arnaiz, Angel Alcaide, Manuel Varela, Juan Velarde, Luis Ángel Rojo y Julio Segura, por citar algunos de los más destacados de la década de los cincuenta y sesenta. No es de extrañar, por tanto, que con este profesorado la facultad haya sido tan buena escuela para tantos economistas que se han formado en sus aulas.

No obstante, considero que no hay que caer en visiones un tanto parciales. El propio Fuentes al concluir en ensayo introductorio hace una declaración de que esta singular oferta editorial no es‑ ni pretende serlo‑ una reivindicación nacionalista o provinciana de la historia del pensamiento económico de España. Es un conjunto de materiales rigurosos que invita a una visión panorámica de la evolución científica, institucional o política de las ideas económicas. La riqueza y variedad de las contribuciones incorporadas, que la convierten en una obra colectiva, forzará, inevitablemente, a una revisión de varios tópicos que se han venido aceptando sin una previa discusión sobre el desarrollo de los conocimientos económicos, su importancia y su influencia social.

Como dice muy adecuadamente, y con lo que me encuentro muy de acuerdo, de esta obra no se deduce que la aportación científica de los economistas españoles haya sido esencial en el desarrollo teórico de la economía, pero proporciona argumentos para comprender mejor la historia de los conocimientos económicos de nuestros pensadores, destacando la importancia de un esfuerzo secular para desvelar los intrincados procesos del funcionamiento de la economía española, a la que han aportado soluciones para su entendimiento y su reforma.

 Por último, me gustaría hacer una alusión al articulo de Ernest Lluch sobre Fabíán Estapé: sobre los otros y sobre  él. Esto lo menciono por un doble motivo. Por un lado,  porque Estapé ha destacado como un buen historiador del

 pensamiento económico, y, por el otro, porque nos he­mos referido a los profesores pioneros y posteriores que han desempeñado un papel relevante en la Facultad de Económicas de la Universi­dad de Madrid, pero Estapé ha sido un buen maestro y un referente en la Universidad de Barcelona, y es de justicia mencionarlo. 

*Catedrático de Economía Aplicada. Universidad Complutense.

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