Mis lecturas de economía
Nº403
28/2/2000
Poder financiero y fractura social

Carlos BERZOSA*

Hace unos meses Enrique Palazuelos, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense, publicaba el libro La globalización financiera (Editorial Síntesis, Madrid). Una obra oportuna y de actualidad ante un fenómeno que se desarrolla cada vez más y que asimismo provoca enormes inestabilidades en la economía mundial.

Analizar todo este proceso no resulta nada sencillo y no cabe duda de que el autor lo acomete con cierto éxito, pues en este libro podemos encontrar muchas claves para saber algo más sobre lo que realmente está sucediendo en unos momentos que se caracterizan por la primacía de las relaciones financieras en la dinámica económica.

El autor sostiene que el creciente predominio de los aspectos financieros en la economía mundial no obedece a una mera fuga especulativa del tipo de las que periódicamente se han desatado en la trayectoria de las economías capitalistas desarrolladas, sobre todo en los momentos finales de las fases de expansión económica. Reconoce, no obstante, que a lo largo del periodo de crisis abierto en los años setenta se han producido algunos de esos picos de euforia especulativa.

La dinámica actual tampoco puede compararse con la gran expansión del capital financiero que tuvo lugar en las décadas finales del siglo XIX, aunque presenta algunos rasgos comunes. El proceso actual presenta un carácter distinto. De un lado, ha surgido como fruto de la crisis del modelo de acumulación vigente desde la Segunda Guerra Mundial, y en un contexto cuyos rasgos vienen definidos por la caída de la rentabilidad de las empresas productivas y la aparición de grandes innovaciones tecnológicas.

Dentro de estas coordenadas, analiza la internacionalización del capital financiero en los años setenta y las características que fue adoptando.

Posteriormente, muestra cómo, lo que él llama, el paisaje financiero se modificó profundamente a raíz de la puesta en marcha de unas políticas económicas sesgadas por un contenido monetario restrictivo para pasar a detallar un conjunto de características fundamentales de los mercados financieros.

El autor enfatiza el hecho de que al cabo de décadas de supremacía financiera se comprueba que su expansión se hace a costa de un crecimiento económico más lento y de ampliar la fractura social creada entre los grupos sociales de la población, por lo que concluye que los aspectos negativos superan ostensiblemente a los positivos.

Acaba proponiendo que si bien hay que aceptar la realidad que muestran los mercados financieros internacionales, esto no excluye el que se puedan realizar políticas que corrijan los efectos perniciosos que una situación como la actual provoca.

El control público y la progresividad fiscal serían necesarios para realizar una mejor gestión macroeconómica y,una mayor redistribución. Sería necesario forzar la cooperación entre las políticas fiscales, sobre todo frente a los movimientos de los capitales más especulativos, y las políticas cambiarias, contribuyendo a que los sistemas financieros recuperen su función de intermediación y quebrando el carácter finalista que han asumido en las últimas décadas.

En estas proposiciones, aunque apunta algo sobre la necesidad de llevar a cabo políticas fiscales para frenar el exceso de especulación, no dice nada acerca de un debate que se está desarrollando en la actualidad como es el de la reivindicación de implantar la tasa Tobin. Reconozco que tengo por ello debilidad, aunque la idea de la tasa Tobin no guste a la mayor parte de la profesión y cuenta con la oposición de los grandes grupos financieros multinacionales.

El argumento que se utiliza con frecuencia para atacar la posibilidad de implantar esta tasa es que no es viable y resulta técnicamente imposible ponerla en funcionamiento. No deja de resultar paradójico que en estos tiempos que corren, de grandes avances tecnológicos, se use precisamente esta argumentación para negarse a discutir siquiera la posibilidad de hacer viable la puesta en funcionamiento de una tasa que trataría de frenar, que no eliminar, la especulación, al tiempo que se procuraría dotar de una mayor estabilidad al sistema financiero internacional. Los fondos recaudados tendrían a su vez un destino para favorecer el desarrollo económico. Pero lo que sucede es que no interesa, y punto.

De todos modos, lo que resulta evidente y que se deduce de la lectura del libro, pero que viene apoyado por gran número de datos e informes, es que el actual proceso de globalización financiera está provocando daños sociales y medioambientales. Ante esto ¿que hacer? Evidentemente, no resignarse ni hacer simplemente propuestas tímidas, sino intentar, otra cosa es que se consiga, reconsiderar las reglas del juego que posibilitan el actual funcionamiento de las finanzas internacionales.

Un primer paso es sin duda el movimiento de ATTAC, que significa Ac­ciones en favor de una Ta­sa de Transacciones Finan­cieras para Ayuda de los Ciudadanos. Un movi­miento cuyo origen se en­cuentra en Francia, impul­sado por Le Monde Díplo­matique, y que se está ex­pandiendo por otros países,  entre ellos España. Este mo­vimiento, que es amplio y que engloba a muchas gen­tes de diferentes proceden­cias, cuenta a su vez con economistas, entre los que me encuentro, que preten­de profundizar en esta nue­va fase de acumulación de capital que presenta rasgos muy distintos a las formas anteriores. En esta línea, el libro de Palazuelos es un buen instrumento de ' aná­lisis para lo que nos proponemos.

*Catedrático de Economía Aplicada Universidad Complutense.

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