Mis lecturas de economía
Nº 396
10/1/2000
Las 10 obras, más relevantes del siglo

Carlos BERZOSA*

En estos primeros días del año tengo que reconocer que no me he podido resistir a la tentación, al igual que tantas publicaciones han hecho ya, entre otras esta revista que tan amablemente me acoge entre sus páginas, de hacer un balance del siglo XX, en este caso sobre el tema que me incumbe, esto es, de las obras de economía que considero han sido más relevantes. La tarea siempre tiene sus riesgos y no deja de tener un claro planteamiento subjetivo, pero se trata de poner encima de la mesa aquellas aportaciones que por razones diversas han tenido una gran influencia e impacto tanto en la teoría como en la mejora para el conocimiento de la realidad.

En primer lugar, y considero que en cuadro de honor de be estar la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (Fondo de Cultura Económica, México) de J. M. Keynes. Las razones son muchas y seguramente no hace falta mencionarlas aquí, pues está en la mente de todos los economistas lo que esta obra supuso, debido a que no cabe duda lo que significó, que fue un cambio realmente significativo sobre la teoría neoclásica, al tiempo que abrió un nuevo campo de acción para la política económica. Sin duda la Teoría General fue un libro que causó un impacto tan considerable como lo tuvieron en su día las grandes obras de los clásicos y Marx. Aunque se discute entre los economistas acerca de la profundidad del cambio de las nuevas propuestas de Keynes, por mi parte considero que los planteamientos que contiene la Teoría General fueron novedosos porque destruyeron parcialmente las viejas teorías. La obra fue innovadora en la medida en que logró sustituir el cuerpo teórico de lo que destruyó. Pero lo que empezó como una revolución teórica luego más tarde se convirtió en el pensamiento económico ortodoxo hasta que la crisis de los setenta lo fue erosionando progresivamente.

Puesto Keynes en un lugar de honor, no seríamos justos si no tuviéramos en cuenta otra gran contribución, que tuvo lugar en los años treinta, como la de M. Kalecky Estudios sobre la teoría de los ciclos (Ariel, Barcelona), y que según dice J. Robinson, simultáneamente y sin ningún contacto directo, había llegado a la misma conclusión que Keynes. En una obra publicada en Polonia en 1933, formulaba claramente el principio de la demanda efectiva en términos matemáticos. Posteriormente en sus Ensayos publicados después de su corta estancia en Inglaterra, cubrió lagunas que había en la formulación de Keynes en la teoría del empleo. Su influencia se dejó sentir fundamentalmente entre los economistas de Cambridge, que se interesaron por el crecimiento a largo plazo.

Ya que estamos en la tradición de Cambridge, y sin que esto suponga una clasificación, conviene destacar la obra que vio la luz en 1960 de P. Sraffa Producción de mercancías por medio de mercancías (Oikos, Barcelona), y que cuenta con un traductor al castellano de lujo como L. A. Rojo, catedrático excepcional y actual gobernador del Banco de España. El libro de Sraffa, que tiene por subtítulo Preludio a una crítica de la Teoría Económica, pretende recuperar el punto de vista de los economistas clásicos, sobre todo de Ricardo, que habían quedado olvidados tras la pujanza del análisis marginal. Sraffa demuestra que, en una economía capitalista, los precios y las tasas de beneficio son simultáneamente determinados por las solas condiciones de producción. Para muchos autores, esta contribución ha dado un golpe de gracia a la teoría neoclásica, y para otros, además, ha sido fundamental para demostrar definitivamente la coherencia de las aproximaciones de Ricardo y de Marx a la teoría del valor y la distribución. Entre los discípulos de Marx ha tenido lugar, sin embargo, una fuerte controversia sobre si realmente la formación del precio tal como lo determina Sraffa elimina el problema de la transformación de los valores en precios de producción como Marx lo contempló, o bien no se debe de aceptar esta solución que puede contradecir los fundamentos marxianos de la teoría del valor trabajo.

No podía faltar en este balance del siglo uno de los autores más citados por la literatura económica, como J. Schumpeter con su obra que data de 1912 Teoría del desenvolvimiento económico (Fondo de Cultura Económica, México). La concepción que expresa sobre la evolución económica le distingue de los economistas de su tiempo, pues rompe la tradición, que se había consolidado con la teoría neoclásica, según la cual e¡ objeto de la economía consistía en analizar situaciones estacionarias. Considera el equilibrio walrasiano como indispensable para llegar a conocer las relaciones fundamentales que tienen lugar en el sistema económico, pero sostiene que no se puede comprender el proceso de desarrollo si no se tienen en cuenta las condiciones que suponen la ruptura del equilibrio estacionario. Las categorías fundamentales de la dinamización del modelo de Walras lo constituyen la innovación y el empresario. El empresario capitalista es quien acaba continuamente con el estado estático y estacionario, modificando los procesos productivos mediante innovaciones.

Aprovechando que me he ido a principios de siglo, conviene citar la obra clásica de A. C. Pigou La economía del bienestar de 1922. La economía del bienestar aportó la justificación para que el Estado acometiera funciones en el manejo de los indicadores de¡ mercado explicando porqué el sistema de libre mercado, basado sólo en la maximización del comportamiento individual, no puede lograr socialmente la distribución "óptima" de los recursos.

Uno de los mayores descubrimientos en economía en este siglo es el análisis input‑output realizado por V. Leontief y que le supuso el Premio Nobel de Economía. En el año 1936 ya anunció su intención de construir las tablas input-output para la economía de Estados Unidos pero lo consiguió años más tarde cuando publicó en 1941 La Estructura de la economía americana, 1919‑1939 (Ariel, Barcelona). El análisis input‑output ha tenido numerosos usos y es un instrumento de gran utilidad para el conocimiento de los agregados que intervienen en la contabilidad nacional de un país, y sobre todo para tener una información acerca del flujo entre los diferentes sectores de la economía; los flujos de comercio entre regiones de un mismo país; así como para determinar la intensidad de los factores de producción en exportaciones e importaciones.

A partir de la década de los ochenta ha tenido gran relevancia, tanto a nivel de la teoría como de las políticas económicas, el monetarismo. Me encuentro en las antípodas de lo que este enfoque intelectual representa, pero, sin embargo, me parece de justicia destacar la obra, que sistematiza bien casi todo lo que el monetarismo supone, como es la de M. Friedinan y A. Schwartz A Monetary History of the Uníted States, 1867‑1960 (Princeton, 1963).

Además de las obras mencionadas tendríamos que tener en cuenta otras más heterodoxas y que contienen elementos en sus análisis no sólo económicos en  sentido estricto sino también sociales. Este enfoque entronca con la tradición institucionalista. Este el caso de J. K. Galbraith que en su libro publicado en 1958 La sociedad opulenta ( Ariel, Barcelona) indicaba ya por entonces que el sistema capitalista se revela eficaz para producir más bienes destinados a los consumidores; pero éstos se encuentran cada vez más sujetos a la presión de la publicidad, lo que pone en cuestión la noción de la soberanía del consumidor. Por otra parte, la opulencia privada contrasta con las carencias de lo público. El crecimiento no puede remediarlo todo; hace falta una revalorización de la acción pública.

El problema más acuciante que tiene planteado el mundo hoy es el subdesarrollo. Por ello es por lo que resulta de justicia hacer mención a alguna de las obras que se han dirigido al intento de analizar esta realidad. La pionera que a su vez resulta muy importante es la de R. Nurkse de 1953 Problemas de formación de capital en los países insuficientemente desarrollados (Fondo de Cultura Económica, México). En este libro expone la teoría de los círculos viciosos de la pobreza y plantea como alternativa para lograr el desarrollo económico el crecimiento equilibrado que ya había sido planteado en 1943 por Rosestein‑ Rodan, pero Nurkse la desarrolló mucho más.

Puestos a elegir una obra dentro del marxismo me parece justo señalar La teoría del desarrollo capitalista (Fondo de Cultura Económica, México) de P. M. Sweezy, que en 1942 trató de poner en conocimiento del mundo anglosajón, pero que luego sirvió para muchos otros países e idiomas, los conceptos básicos de Marx, la controversia sobre la teoría del derrumbe y las teorías de las crisis efectuadas por los seguidores del maestro, así como también difundió la solución matemática que le dio Bortkiewitz a la transformación de los valores en precios.

 Todas las publicaciones  mencionadas han tenido un gran impacto en la literatura económica de este siglo. Faltan muchas otras de gran valía, lo que demuestra que ha sido bastante fructífera. Sin embargo, la ciencia económica no ha sido capaz de dar respuestas adecuadas a los muchos problemas pendientes, como el desempleo actual en los países avanzados, la desigualdad y sobre todo y vinculado con esto último, la pobreza, que es la gran lacra que junto con las guerras y la destrucción se hereda del siglo que termina. 

* Catedrático de Economía Aplicada Universidad Complutense.

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