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Nº
629- 20
de diciembre de 2004
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Defensa introducirá cambios normativos y tácticos para mejorar el reclutamiento Tercer aniversario del Ejército profesional
Las Fuerzas Armadas profesionales españolas están a punto de cumplir tres años. El nuevo escenario estratégico y la demanda social propició la creación en 1996 de una Comisión Mixta Congreso-Senado para su definición, el dictamen de 1998 para establecer su filosofía y la ley de 1999 de régimen de personal para su aplicación definitiva el 1 de enero de 2002. Desde entonces se ha alcanzado una mayor integración y coordinación con los organismos de defensa internacional. Pero, al mismo tiempo, se han generado una serie de dificultades de puesta en marcha del modelo en el área de reclutamiento; aún no se ha alcanzado el número de efectivos deseable en la tropa y la marinería y tanto el alto porcentaje de temporalidad como el tiempo necesario para alcanzar la condición de profesionales genera desconfianza entre los potenciales candidatos a ingresar en las Fuerzas Armadas. El Ministerio de Defensa se propone solventar estos inconvenientes e incidir en la calidad de sus niveles educativos con una doble orientación profesional: el Ejército y el ámbito civil. Por Virginia Miranda La última década del siglo XX ha estado protagonizada, en el ámbito de las relaciones internacionales, por una serie de cambios y transformaciones de carácter estratégico. La defensa deja de entenderse en su dimensión estrictamente unilateral y militar para adquirir un carácter supranacional donde los conceptos de estabilidad y cooperación comienzan a jugar un papel preeminente. Nace, por tanto, la noción de seguridad compartida. En este nuevo escenario, a la capacidad de autodefensa de cada Estado se suma un mayor esfuerzo militar para asumir nuevas misiones allá donde las organizaciones supranacionales requieran de la presencia de sus efectivos en búsqueda del llamado "dividendo de la paz". España, de acuerdo al capítulo IV de las Naciones Unidas y como integrante de organismos internacionales como la OTAN, participa de este contexto. Asimismo, su pertenencia a la Unión Europea Occidental (organización de seguridad europea) le obliga, igual que al resto de países miembros, a mejorar la capacidad operativa de sus Fuerzas Armadas, ya sea alcanzando una mayor complementariedad con los Ejércitos vecinos, coordinando con ellos su política de adquisición de material, desarrollando proyectos de I+D comunes y alcanzando programas de formación para oficiales y suboficiales conjuntos. Del mismo modo, este nuevo ámbito de actuación militar requiere de una mayor preparación, dedicación y capacidad de la tropa y marinería. El uso de armas inteligentes cada vez más sofisticadas implica una responsabilidad que sólo unas unidades suficientemente cualificadas son capaces de asumir. Estos son, a grandes rasgos, los condicionantes que propiciaron en junio de 1996 la creación de una Comisión mixta Congreso-Senado para establecer la fórmula y los plazos de cara a la plena profesionalización de las Fuerzas Armadas y su posterior dictamen publicado el 21 de mayo de 1998. Además, respecto a la especificidad española, los miembros de este grupo de trabajo también valoraron la demanda social. La opinión pública no estaba de acuerdo ni con el servicio militar obligatorio ni con que los soldados de reemplazo tuvieran que cumplir misiones en el exterior. Sin embargo, sí deseaban que el país contara con una defensa capaz de responder a los posibles conflictos internos e internacionales, ya fuera en operaciones de paz o de ayuda humanitaria, tal y como se desprendía de las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre la defensa nacional y la profesionalización del Ejército. Durante el periodo de trabajos de la comisión, también se comprobó que el modelo mixto de Fuerzas Armadas 2000 aprobado en el Congreso de los Diputados en junio de 1991 no era suficientemente eficaz para cumplir los requerimientos estratégicos y debía ser superado por otro netamente profesional que, por ende, iba a dar respuesta a la aspiración social de los españoles. Las razones esgrimidas para propiciar el cambio, por tanto, fue la necesidad de un Ejército más operativo, flexible y polivalente orientado a la acción conjunta; y de unos hombres y mujeres más preparados y con plena dedicación y disponibilidad. Además, decisiones similares en nuestro entorno internacional aconsejaban la consecución del nuevo modelo no sólo para no quedar atrás en el proceso de modernización de las Fuerzas Armadas; también para facilitar la cooperación con Ejércitos vecinos y el diseño de una política de defensa común. De acuerdo con estas premisas, la comisión perfiló los principios generales que debían regir las Fuerzas Armadas profesionales españolas. Entre otras cosas, debía establecerse la plena voluntariedad de los efectivos de la tropa y la marinería. Además, la formación del personal debía satisfacer las necesidades de la institución militar y, al mismo tiempo, facilitar las aspiraciones personales de los aspirantes en dos vertientes: la promoción interna o la reinserción en la vida civil. En este último caso, la educación impartida en los centros de formación del Ejército no caería en saco roto sino que sería rentabilizada por la sociedad. Otro de los temas destacados era el relativo al presupuesto. Éste debía ser lo bastante estable y suficiente como para afrontar el incremento del número de militares profesionales, su formación permanente, y los programas para modernizar el armamento y el equipo. Los criterios tendentes a garantizar la coordinación de la acción conjunta; la reducción de las estructuras organizativas para alcanzar una mayor eficacia en la gestión y un mejor aprovechamiento de los recursos humanos y económicos; o la concreción de un sistema de reserva y movilización para completar las unidades de los ejércitos, son otros de los principios señalados por la comisión. El dictamen también hablaba de los tipos de compromisos (el equivalente en el régimen jurídico laboral de los contratos pero sin tener el mismo reconocimiento legal) que suscribirían los miembros de la tropa y marinería de las Fuerzas Armadas profesionales. Asimismo, abordaba el sistema de reclutamiento y formación de los aspirantes para conseguir unos "profesionales motivados, debidamente remunerados y dotados de los medios suficientes", los recursos financieros necesarios para abordar el proceso de profesionalización y la reformas normativas necesarias para su implantación. Concretamente, la disposición legal que regula el Ejército profesional es la Ley 17/1999 de 18 de mayo de Régimen de Personal de las Fuerzas Armadas, que viene a reformar la Ley 17/1989 de 19 de julio. Situación actual. Desde el 1 de enero de 2002, fecha en la que entran en vigor las disposiciones de la ley, España cuenta con unas Fuerzas Armadas profesionales, con las que el Estado quiere dar respuesta a las demandas procedentes del nuevo escenario estratégico internacional. Sin embargo, en estos tres años, la aplicación de la norma ha hecho posible identificar algunas deficiencias en el sistema y otros tantos problemas ajenos al modelo pero con consecuencias directas sobre el reclutamiento. Actualmente hay 71.000 soldados y marineros, de los cuales 7.000 son permanentes y los otros 64.000 son temporales. En total, hay 47.900 efectivos en el Ejército de Tierra, 11.800 en la Armada y 11.300 en el Ejército del Aire. De estas cifras se desprende que el modelo aún no se ha desarrollado, y no lo ha hecho porque no se ha alcanzado la cifra deseable de 80.000 efectivos y porque mientras el porcentaje de permanentes es muy bajo, el de temporales es demasiado alto. Para empezar, la Ley de Presupuestos para el próximo año mantiene los mismos efectivos autorizados para el año 2004, es decir 80.000 hombres y mujeres, lo que supone alrededor de un incremento de 9.000 efectivos con la siguiente distribución: algo más de 4.000 en el Ejército de Tierra, 3.000 en la Armada y más de 1.000 en el Ejército del Aire. Y a medio plazo (entre ocho y diez años), tratará de conseguir que el número de permanentes alcance el 30% del total duplicando e incluso triplicando la cifra de soldados y marineros que cada año acceden a la condición de profesional permanente. Para ello, es necesario contrarrestar los efectos de algunas disposiciones que se han comprobado impopulares y de algunos factores externos que dificultan el pleno desarrollo del sistema. En el primer caso, por ejemplo, el tema de los compromisos está acarreando un déficit en el número de efectivos de tropa y marinería. La Ley 17/1999, de acuerdo a lo dispuesto en el dictamen de la Comisión mixta Congreso-Senado, establece su duración entre dos y tres años hasta un máximo de 12 años o hasta el límite de edad de 35. Esta es la clave del problema de la temporalidad. Los jóvenes reclutados que no logran acceder al sistema de permanentes se licencian en plena madurez con la sensación de enfrentarse a un futuro laboral incierto, lo que genera desconfianza y rechazo hacia el sistema. Incluso en el mejor de los casos, la perspectiva profesional dentro de las Fuerzas Armadas es demasiado laxa en el tiempo como para permanecer todos los años requeridos (hasta ocho). En estos tres últimos años, la rotación anual provoca una media de bajas en torno a 10.000 efectivos. En este breve periodo, el soldado y marinero se encuentra en el ecuador de su formación y con su marcha, todos salen perdiendo: él o ella desaprovecha la oportunidad de alcanzar la condición de profesional y de obtener un nivel educativo que le permita mayores garantías en el mercado laboral civil, mientras que la tropa y la marinería se enfrentan a la imposibilidad de incrementar su tasa de reclutamiento, que aunque apunta una ligera tendencia al alza, se encuentra en una situación de estancamiento. Otro de los factores negativos que dificultan el reclutamiento es la evolución demográfica. Los potenciales candidatos del Ejército tienen edades comprendidas entre los 18 y los 27 años, y la pirámide de población, entre esas edades, está disminuyendo cada año una media de 150.000 personas y no repuntará hasta 2010. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la pérdida de población objetiva en los próximos cinco años será la siguiente: entre 2004 y 2005 alcanzará las 229.575 personas; entre 2005 y 2006, será de 217.973; de 2006 a 2007, de 193.556; de 2007 a 2008, de 169.593; de 2008 a 2009, de 137.019; y de 2009 a 2010, de 118.959. Por otro lado, esta base cada vez más reducida obliga a las Fuerzas Armadas a buscar un equilibrio entre sus exigencias intelectuales y profesionales y las posibilidades reales. Si además de contar cada vez con menos base para el reclutamiento realizan unas pruebas de selección excesivamente rigurosas, no podrán incrementar el número de efectivos. Así las cosas, los cambios que se propone introducir el Ministerio de Defensa para solventar estos condicionantes adversos están orientados en cuatro direcciones. Por un lado, tratará de reducir de doce a nueve la duración máxima de los compromisos y rebajar la edad máxima de 35 a 30 años para estimular el interés de los candidatos. Por otro, adelantará del octavo al quinto año de compromiso la posibilidad de acceder a permanente y elevará la oferta anual de estas plazas para no desmotivar a los soldados y marineros. Asimismo, se eleva el porcentaje de extranjeros previsto en las Fuerzas Armadas (del 2% al 7%) con la publicación del oportuno Real Decreto y se incrementará el número de unidades y especialidades a las que pueden incorporarse (ver despiece "Inmigración al servicio de las Fuerzas Armadas"). Y por último, mejorará el sistema retributivo con vistas a primar los destinos más exigentes y los días de mar. Formación profesional. La educación es otra de las áreas que Defensa quiere reforzar. Y no sólo para el mejor aprovechamiento del esfuerzo realizado por las Fuerzas Armadas en los centros de formación general militar una vez que los soldados y marineros son plenamente operativos en sus respectivas unidades; también para que los posibles candidatos cambien su percepción de la temporalidad. Las necesidades logísticas del Ejército condicionan la rotación de sus efectivos. Es decir, las Fuerzas Armadas necesitan de un mínimo de militares en óptimas condiciones físicas para actuar con las máximas garantías en determinadas operaciones y el límite de edad es imprescindible. Pero lejos de desanimar a los hombres y mujeres dispuestos a ingresar en la tropa y la marinería pero reticentes a asumir un compromiso que consideran estéril, el ministerio va a reformar la formación profesional para que su paso por el Ejército de Tierra, la Armada o el Ejército del Aire les resulte más atractivo y les abra las puertas en el ámbito civil. La mejora de la calidad en los niveles educativos, su orientación profesional y el reconocimiento de los títulos en el sistema general de enseñanza serán los tres factores clave sobre los que pivotará esta estrategia. La formación, por lo tanto, estará perfectamente adaptada para cubrir las necesidades de las Fuerzas Armadas profesionales y para satisfacer los requerimientos de organismos públicos y privados (ver cuadro "Titulaciones equivalentes"). Porque incluso otras de las posibilidades que se están estudiando es ofrecer formación específica a medida de las empresas. El abanico de posibilidades laborales de los soldados y marineros licenciados es tan amplio como las titulaciones de las Fuerzas Armadas. Así, se pretende lograr la posibilidad de ingresar en la Administración Pública a través de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (Guardia Civil, Policía Nacional, Policías locales) o de Defensa, y la de acceder al sector privado. Actualmente el ministerio, gracias a un convenio con el Servicio Público de Empleo Estatal (INEM), está acogido al Plan Nacional de Formación e Inserción Profesional (FIP), por el que establecen los cursos de formación ocupacional año a año. De este modo, las titulaciones impartidas por las Fuerzas Armadas cuentan con la homologación del INEM y permiten establecer convenios con agrupaciones de empresarios, como la patronal CEOE o con AFARMADE (Asociación Española de Fabricantes de Armamento y Material de Defensa y Seguridad) y AESMIDE (Asociación de Empresas Suministradoras del Ministerio de Defensa). A pesar de ello, aún no se ha conseguido dar cobertura a todas las demandas laborales de los temporales que abandonan el Ejército, por lo que se tratará de buscar mayor número de acuerdos para garantizar su salida profesional. Además de ofrecer una formación "a la carta" el último año de compromiso con vistas a la reinserción en el ámbito civil (lo que se conoce como año sabático), las Fuerzas Armadas están buscando sociedades de capital privado con las que establecer acuerdos en varios sectores estratégicos, como son la logística, la seguridad, el mantenimiento industrial y la automoción, los servicios, la industria militar y el medio ambiente. Teniendo en cuenta el tejido empresarial español, las interesadas pueden ser algunas de las entidades punteras en su respectivo sector industrial. Fases de la profesionalización y proceso de reclutamiento . Poder llevar a cabo con éxito todas estas iniciativas requiere de una actuación coordinada y plenamente efectiva por parte de las Fuerzas Armadas. Y sobre todo, implica la necesaria capacidad de información para trasladar a los interesados todas las posibilidades profesionales que le ofrece el Ejército, ya sea en las diferentes unidades o en el ámbito civil. Para poder entenderlo, conviene señalar las cuatro fases de las que consta el proceso de profesionalización: el reclutamiento, la retención, la reincorporación y, por último, la de los reservistas voluntarios. El reclutamiento se sostiene sobre la base de dos estructuras dependientes del Ministerio de Defensa. Por un lado está el órgano central denominado Dirección General de Reclutamiento y Enseñanza Militar (DIGEREM) y por otro, los Ejércitos y la Guardia Real, cuyas actividades, aunque son autónomas, están centralizadas por el primero. El DIGEREM, además de llevar a cabo esta labor de coordinación, es responsable de informar, captar y seleccionar a los posibles candidatos a la tropa y la marinería. Mientras, los Ejércitos (Tierra, Armada y Aire) están divididos en tres niveles. El superior depende de los mandos o jefaturas de personal; el intermedio de las grandes unidades, cuya competencia se extiende sobre una amplia zona territorial y está supeditada al trabajo de personal dedicado exclusivamente al reclutamiento; y el nivel inferior, que también dispone de efectivos preparados para acometer esta tarea, se circunscribe a las pequeñas unidades, las bases, los centros, organismos y las comandancias navales. Por su parte, la Guardia Real dispone de un nivel denominado Negociado de Captación que depende desde el punto de vista funcional del DIREGEM. El reclutamiento actúa en el ámbito civil, que volverá a adquirir un papel protagonista en fases sucesivas como fuente de retroalimentación. Es en este ámbito donde las dos estructuras despliegan las herramientas de las que disponen para hacer llegar la información; desde carteles, trípticos o unidades móviles de captación hasta la participación en ferias y congresos, la celebración de conferencias en centros docentes, la utilización de ejercicios de adiestramiento, las jornadas de puertas abiertas o los bautismos aéreos y navales. Incluso desde el mes de junio, la web soldados.com (ver despiece "Navegación online en soldados.com") permite a cualquier interesado tramitar su solicitud de ingreso al Ejército profesional a través de las ofertas disponibles durante cada uno de los once ciclos de selección continua. Cuando el candidato manifiesta su interés por las Fuerzas Armadas profesionales ha de pasar unas pruebas de aptitud física e intelectual antes de convertirse en soldado o marinero potencial. Una vez superadas, ingresa en el centro de formación. Además, el Centro de Selección deberá detectar sus cualidades a través del profesiograma y del test de personalidad para asesorarle sobre aquello para lo que está mejor dotado de cara a su futuro profesional militar. En este último caso comienza la fase de retención. El soldado o marinero ya es profesional, pero eso no significa que haya acabado su proceso formativo. Los cursos de cabo, oficiales o suboficiales... le permiten ascender en el escalafón militar y acceder a vacantes de promoción interna, con los consiguientes incentivos económicos e incluso cambios de destinos. Para la reincorporación, las Fuerzas Armadas, lejos de descuidar la educación de los efectivos, tratan de obtener de ellos un rendimiento adecuado en sus estudios y, a partir de ahora, tiene previsto ofrecerles el mencionado año sabático el último año de compromiso orientado a su futuro contrato laboral en una empresa pública o privada. Todo ello con vistas a su satisfacción personal, que redundará en beneficio del Ejército: un licenciado satisfecho y motivado es un ejemplo positivo en su entorno de influencia (familiares y amigos). Por último, las Fuerzas Armadas también se sostienen sobre la base de reservistas voluntarios. Se trata de los militares profesionales de tropa y marinería a tiempo parcial que, aunque no forman parte del ciclo anteriormente citado, completan el sistema. El éxito de cada una de estas fases es fundamental para permitir el pleno desarrollo del Ejército profesional. Si alguna de ellas falla, el resto se ve seriamente afectado. Por eso es imprescindible el equilibrio y coordinación entre todas ellas y, sobre todo, la plena efectividad de los cambios normativos y tácticos previstos a lo largo de todo el proceso para alcanzar el objetivo de 80.000 soldados y marineros previstos para 2005. Inmigración al servicio de las Fuerzas Armadas La modernización de las Fuerzas Armadas españolas implica su necesaria adecuación a la sociedad a la que da servicio. Por lo tanto, los cambios que afecten al país deben tener una traducción objetiva en el Ejército. En el caso concreto de la inmigración ocurre otro tanto de lo mismo. Los extranjeros que vienen a España en busca de una oportunidad laboral y de una mejor calidad de vida tienen posibilidad de acceder en igualdad de condiciones que los nacionales a las plazas ofertadas por las Fuerzas Armadas; el Real Decreto 1244/2002 de 29 de noviembre (modificado por la Orden Ministerial 103/2003) aprobó su Reglamento de acceso a la condición de militar profesional de tropa y marinería. Sin embargo, el cupo máximo del 2% y las unidades específicas a las que tienen acceso son dos límites excesivamente restrictivos para los inmigrantes. El propio decreto ya recomendaba su revisión: "considerando el incremento de este colectivo en la sociedad española y para facilitar su presencia e integración en nuestra realidad española, es aconsejable variar la previsión inicial aumentando este porcentaje". Esa revisión acaba de ser autorizada. Fue el pasado 3 de diciembre, con la aprobación del Real Decreto 2266/2004 publicado siete días después en el BOE y el BOD (Boletín Oficial de Defensa). Los países de procedencia siguen siendo aquellos que "reúnen condiciones especiales de vinculación histórica, cultural y lingüística con España". Pero a partir de ahora, el número de efectivos extranjeros de las Fuerzas Armadas puede ser de hasta el 7% del cupo máximo de soldados y marineros. Aún no se ha introducido ningún cambio respecto a las unidades y especialidades del Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, pero ya se están barajando algunas modificaciones a través de la oportuna orden ministerial. Actualmente, en el primero de los ejércitos disponen de plazas en infantería ligera, infantería acorazada mecanizada, caballería, artillería de campaña, artillería antiaérea y de costa, ingenieros y transmisiones. En la Armada, en infantería de marina, en maniobra y navegación, en hostelería, en mecánica y en electricidad. Mientras, en el Ejército del Aire pueden acceder a seguridad y defensa y a hostelería.
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Navegación 'on line' en soldados.com La oferta profesional del Ejército está orientada a los jóvenes de entre 18 y 27 años. Por lo tanto, qué mejor forma de acceder a ellos que a través de uno de los instrumentos de estudio, trabajo y entretenimiento que mejor conocen: Internet. Las Fuerzas Armadas pusieron en marcha el pasado mes de junio el portal soldados.com. Desde entonces, el número de solicitudes de los internautas se ha ido incrementando progresivamente. En dos meses pasaron de 0 a 300, y durante el undécimo ciclo de selección continua (comprendido entre el 23 de noviembre y el 13 de diciembre) han ascendido a las 700. Sin moverse de la pantalla del ordenador, el aspirante puede realizar todos los pasos pertinentes para tramitar su solicitud. Además, la web pone a su disposición todo tipo de información relativa a los requisitos de selección, a las pruebas de admisión, a la formación educativa, a las salidas profesionales, al funcionamiento interno de los Ejércitos o a las misiones de paz. Asimismo, dispone de enlaces interesantes para el usuario, como el del Ministerio de Defensa, los Ejércitos de Tierra y Aire y la Armada, la Guardia Civil, la Policía Nacional o el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), todas ellas posibles salidas profesionales de soldados y marineros una vez hayan finalizado su compromiso. Además, para conocer mejor el escenario militar exterior que, al fin y al cabo, es donde se mueven las Fuerzas Armadas españolas, el internauta puede acceder a los Ejércitos europeos e internacionales. Los links de las empresas y asociaciones relacionadas con Defensa también aparecen en soldados.com, así como las distintas publicaciones relacionadas con el mundo militar, donde el aspirante podrá conocer todas las noticias que genera. El propio portal dispone de varios apartados que informan de la actualidad de las Fuerzas Armadas, ya sean notas de prensa, reportajes, eventos o las últimas campañas de publicidad. Además, si el interesado quiere estar al día de todas las novedades, ya sean noticias o información sobre las últimas plazas disponibles de cada ciclo, tiene la posibilidad de suscribirse a un boletín online indicando únicamente el correo electrónico donde desea recibirlo. |