Hemeroteca Esta semana
Nº 623 - 8 de noviembre de 2004

Bush gobernará un país dividido

CUATRO AÑOS MÁS

La proclamación del nuevo presidente del país más poderoso de la Tierra no se hizo esperar 36 días, como sucedió en las pasadas elecciones del año 2000. A las dos de la tarde -hora local- el candidato demócrata, John Kerry, admitía su derrota, a pesar de que aún estaban en liza más de 150.000 votos en el determinante Estado de Ohio. Esta vez el voto popular directo había otorgado tres millones de papeletas más al presidente Bush para que repitiera mandato. Se había evitado ese empate técnico que casi todas las encuestas pronosticaban los días anteriores y la supuesta batalla en los tribunales para la que estaba preparada una legión de abogados. La victoria de los republicanos implica que el mensaje de la guerra contra el terrorismo ha calado profundo en la ciudadanía norteamericana, especialmente en la del interior y el Sur, pero también arroja la evidencia de un país partido en dos, política y geográficamente.

Por Pedro Antonio Navarro

Un spot publicitario emitido durante la semana anterior a los comicios por la cadena CNN vaticinaba para el 2 de noviembre "una noche electoral como ninguna anterior". Como siempre, los canales de televisión habían hecho todo lo posible para conseguir el máximo de cuota de pantalla ante un evento de esta naturaleza, aunque, en esta ocasión, había una diferencia. Por un cierto sentido de culpa y por temor a repetir el ridículo que muchas de ellas hicieron hace cuatro años, ninguna había incluido entre sus ofertas el ser la primera en ofrecer datos o avances del escrutinio. Al contrario, sus mensajes contenían muchas dosis de cautela y avisaban a sus posibles espectadores de la más que posible larga duración del "espectáculo". "Hagan litros de café en la noche electoral", había comentado el periodista Glenn Garvin de la cadena San José Mercury News. "Les prometo que va a ser una noche excitante y muy, muy larga", anticipaba Linda Mason, del canal CBS.

Y así fue, aunque no tan larga -36 días- como la de cuatro años atrás, en los que la decisión, finalmente fue adoptada por el Tribunal Supremo, que proclamó a George W. Bush presidente en su primer mandato. La sombra de aquellas pasadas elecciones se había proyectado sobre todo este proceso. Las sospechas de intentos de manipulación, de evitar la participación de determinados votantes volvían a centrarse en Florida y también en Ohio, donde las maquinarias electorales de ambas formaciones barruntaban que estarían los votos clave. En el estado gobernado por el "hermanísimo", Jeb Bush, se habían producido centenares de querellas denunciando intentos para confundir y suprimir el voto de los afroamericanos y también para prevenir la eliminación de más de 10.000 formularios de registro de electores.

En la ciudad de Milwakee (Wisconsin), el alcalde demócrata, Tom Barrett, había solicitado el envío de 938.000 papeletas, pero el condado, dirigido por el republicano Scott Walker, anunció que sólo facilitaría 679.000, 10.000 más que las que se utilizaron en las anteriores presidenciales. En Ohio surgieron múltiples disputas por la actitud del del secretario de Estado, el republicano J. Kenneth Blackwell, al que los demócratas han comparado con su colega de Florida hace cuatro años, Katherine Harris. Varios procesos están abiertos en tribunales federales por la actuación de Blackwell, que, a criterio de los demandantes, obstaculizaba y dificultaba la participación en las elecciones de votantes de conocida tendencia demócrata.

Pero, pese a la gravedad de estos hechos, tras la celebración de los comicios han quedado en una simple anécdota, porque la noche no fue tan larga como se esperaba. De madrugada Bush ya se perfilaba como el próximo inquilino de la Casa Blanca. A las tres de la mañana ya contaba con 249 votos electorales, frente a los 207 de su oponente (eran necesarios 270 para el triunfo definitivo). Kerry había logrado victorias parciales muy importantes en California y Pennsilvania, pero no fueron suficientes. Bush ya le había derrotado en Florida con una notable diferencia de votos. Cuando, a esas horas ya se había escrutado el 97 por ciento de los sufragios, los republicanos habían obtenido el 52 por ciento de los votos, mientras que los demócratas sólo habían conseguido el 47 por ciento. El candidato independiente, Ralph Nader, que en 2000 había cosechado más de 100.000 papeletas, se había quedado en esta ocasión en un exiguo 0,4 por ciento. Duro golpe para Kerry, teniendo en cuenta que, con todas las acusaciones de anulaciones fraudulentas y recuentos poco honestos en este estado, los republicanos sólo habían obtenido 537 votos más que los demócratas hace cuatro años.

A las dos de la tarde de un 3 de noviembre soleado en Boston, John Kerry reconocía su derrota y felicitaba a George W. Bush. El sueño había terminado. Tres millones y medio de votos había sido la diferencia y, pese a que aún existían disputas acerca de 150.000 papeletas en el crucial Ohio, el candidato demócrata renunciaba a la batalla legal y aceptaba que ya nunca conseguiría ser presidente de los Estados Unidos -nunca ha vuelto a presentarse a unas elecciones un candidato demócrata derrotado en otras anteriores-.

En su partido ya piensan en 2008. Existen muchas posibilidades de que, por primera vez en la historia de la democracia norteamericana, el candidato presidencial de uno de los dos grandes partidos sea una mujer. Hillary Clinton es el nombre más pronunciado estos días en el entorno demócrata. Es muy popular en su partido y ya lleva varios años desde que iniciara su propia carrera política y, asunto muy importante en los Estados Unidos, se tiene muy en cuenta su potencial para recaudar los fondos necesarios para una dura campaña electoral. Para Allan Lichtman, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Americana de Washington, "Hillary Clinton es la heredera natural" de su carismático marido, William. También suena con fuerza el nombre de Barack Obama, único hombre negro que ha conseguido un escaño en el Senado -por Illinois- en estas elecciones. A sus 43 años se le considera una estrella en ascenso dentro del partido. Si consiguiera la nominación, también estaríamos ante la circunstancia histórica del primer candidato negro a la presidencia.

Los que rápidamente sí han reaccionado con entusiasmo ante el resultado electoral han sido los inversores y la bolsa. Desde primera hora de la mañana del día 3, pese a que todavía quedaba en disputa el recuento de casi 200.000 votos en Ohio, la tendencia alcista comenzó a manifestarse. El índice Dow Jones experimentó un crecimiento de 101,32 puntos o, lo que es lo mismo, un incremento del 1,10 por ciento. El índice Standard & Poor's creció un 1,12 por ciento, mientras que el índice Nasdaq también se elevó, por su parte, otro punto porcentual, alcanzando su máximo valor de los últimos cuatro meses. Tras conocerse el resultado de las elecciones, varios sectores que contemplaban con temor la posibilidad de un triunfo demócrata, comenzaron a registrar sustanciosas ganancias. Uno de los casos más llamativos es el de las empresas farmacéuticas, que se veían afectadas en el supuesto de una victoria de John Kerry, que, entre otras medidas había anunciado un plan para la importación de medicamentos que resultasen menos costosos. Las empresas Merck & Co. Y Pfizer marcaron máximos del año y también subieron las acciones de las compañías dedicadas a la fabricación de material para la defensa. Boeing incrementó su valor en un 2,6 por ciento, General dynamics Corp. subió un 3,8 por ciento y la Northgroup Grumman Corp., nada menos que un 4,1 por ciento, y todo esto, en un solo día.

Lo que queda después del intenso 2 de noviembre, además de la certeza de otros cuatro años de mandato de Bush y los neo-cons, es la evidencia de una sociedad dividida, prácticamente partida en dos, en la que la polarización entre dos visiones muy diferentes de la propia nación y de su lugar en el mundo y las relaciones con el resto de los estados, tiene también un correlato geográfico, que muestra un sur y un centro (el Mid-West) nítidamente conservadores y portadores de unos valores religiosos y morales reaccionarios, frente a la América bañada por el mar, abierta a otras influencias y de un talante más cosmopolita y, evidentemente, más progresista.

No resultará sencillo subsanar esa fractura nacional, pese a las declaraciones del reelegido George W. Bush, en el sentido de que es consciente de esta extremada polarización y que tendrá en cuenta a todos aquellos que no han votado por él.

BUSH Y ZAPATERO, OBLIGADOS A ENTENDERSE

Aunque resultaba evidente para todos que las preferencias del Gobierno español -y de muchos gobiernos europeos- estaban dirigidas a un triunfo del candidato demócrata, la reelección de George W. Bush no se percibe en La Moncloa como un obstáculo para el desarrollo y la reconstrucción de las relaciones bilaterales con los EEUU. Sin embargo, desde las filas del Partido Popular creen que el flamante presidente norteamericano "no perdonará" lo que califican de gestos inamistosos en el pasado por parte del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero, en clara referencia la retirada de las tropas españolas de Iraq o a la decisión del presidente de no levantarse al paso de la bandera estadounidense, durante el desfile militar del 12 de octubre de 2003.

José Luis Rodríguez Zapatero fue uno de los primeros líderes mundiales en felicitar a George W. Bush por su triunfo electoral del pasado 2 de noviembre. De hecho, lo hizo incluso antes de que el candidato demócrata, John Kerry, admitiese públicamente su derrota, al mediodía del día 3.

Cierto es que, durante la labor de oposición desarrollada por Zapatero con anterioridad al 14 de marzo de 2004, había expresado en numerosas ocasiones su convencimiento de una victoria de Kerry, al que atribuía unas dotes diplomáticas más adecuadas para las relaciones internacionales y también para la relación bilateral con España, así como una apuesta por el retorno a la multilateralidad y a la legalidad internacional, con la que se sentía identificado. Sin embargo, desde su ascenso a la Moncloa, el presidente español no ha vuelto a hacer mención a esa preferencia, aunque para nadie es un secreto que se hubiera sentido más cómodo con ese hipotético triunfo de los demócratas, como el 70 por ciento de los europeos, según sugerían las múltiples encuestas efectuadas al respecto.

Las relaciones con los EEUU no pasan por su mejor momento tras la retirada de las tropas españolas de Iraq y la nueva posición sobre la invasión de este país sostenida por el Gobierno socialista. Bush ya hizo saber a Zapatero su disconformidad y su disgusto en varias conversaciones directas mantenidas por ambos e, incluso esa distancia se incrementó tras las declaraciones del presidente español en las que mostraba su convencimiento de la conveniencia de la retirada de los ejércitos de todos los países que actualmente se encuentran en territorio mesopotámico. Fueron solicitadas explicaciones al respecto por vía diplomática y fueron dadas por los representantes del Gobierno nacional.

Más recientemente, como prueba de esa distancia actual, el embajador norteamericano en España, George Argyros -que muy pronto será sustituido en su cargo- declinó acudir a la recepción oficial que todos los años se da a los representantes de las legaciones extranjeras con motivo de la celebración de la Fiesta Nacional, el 12 de octubre. Argüiros, tras una poco creíble excusa sobre dificultades de transporte, finalmente adujo que su actitud había sido una especie de respuesta a la actitud de Rodríguez Zapatero un año antes -cuando, siendo jefe de la Oposición, no se levantó en el desfile al paso de la bandera norteamericana-.

En el PP han visto en estas actitudes una intención ofensiva hacia el actual inquilino de la Casa Blanca y advierten de lo difícil que resultará recomponer unas relaciones bilaterales "dañadas", para lo que han ofrecido su "colaboración", pero introduciendo esta cuestión como un elemento más de confrontación en el debate político nacional. La reacción gubernamental ante la evidencia de otros cuatro años más de Bush al frente de los destinos de los EEUU ha sido de tranquilidad y normalidad. Se cuenta con el peso de España y su influencia, tanto en Europa, como en la comunidad latinoamericana. Como lo expresa Trinidad Jiménez, responsable de Relaciones Internacionales del Partido Socialista: "Tal vez George Bush preferiría otro interlocutor en España, pero eso no significa que no vayan a desarrollarse unas excelentes relaciones bilaterales, como siempre. Existen discrepancias, claro, pero también muchísimos puntos de interés común sobre los que, a buen seguro, trabajaremos perfectamente juntos. Con independencia de los gobiernos que en uno u otro momento hayan habido en nuestros dos países, siempre hemos sido naciones amigas y aliadas".

Trinidad Jiménez, responsable de Relaciones Internacionales del PSOE

"Hay que recomponer la relación EE UU-UE"

A Trinidad Jiménez no le han sorprendido los resultados de las elecciones norteamericanas. Aunque reconoce que Europa en general se hubiera sentido más cómoda con un triunfo del candidato demócrata, no cree que la reelección de Bush vaya a suponer un obstáculo en las relaciones bilaterales y defiende la autonomía española para la toma de decisiones en función de nuestros intereses. "La política -afirma- es para gente sin complejos".

-¿Qué valoración se hace en el Partido Socialista de las elecciones norteamericanas?

-Los ciudadanos norteamericanos han acudido a las urnas masivamente, lo cuál ya es un gesto de madurez y de fortaleza democráticas. Han pensado que éste era un buen momento para acudir en masa a votar y decidir. Máximo respeto ante este comportamiento. George Bush es quien ha conseguido concitar en torno a él el mayor apoyo y ha recogido la sensibilidad de las preocupaciones mayores de sus conciudadanos. Ha hecho un discurso muy simple que ha girado alrededor de la seguridad y también ha jugado con el sentimiento de pueblo agredido, presentándose como el que puede responder a eso con la máxima dureza posible.

P.-No parece haber tenido mucha influencia la política exterior.

R.- No la ha tenido. Kerry ha presentado sus credenciales cosmopolitas, que ha tenido mucho contacto con países europeos, que iba a mantener una relación más flexible con la UE, que apostaba por el multilateralismo y abogaba por dotar a Naciones Unidas de un mayor protagonismo... Todas esas consideraciones que, vistas desde Europa, para nosotros resultaba muy estimulante, porque compartíamos una visión del mundo y las relaciones internacionales, es evidente que en el pueblo estadounidense ese mensaje no ha calado. Ha preferido obviar la presencia de otros países en la lucha contra el terrorismo internacional y ha optado por jugar la baza que les ha mostrado Bush.

P.- Las zonas de EEUU más cosmopolitas y más relacionadas con el exterior han optado por Kerry, mientras que el interior, por Bush.

R.- Es un país tan grande, es una nación de naciones donde conviven identidades diversas. En estas elecciones donde la opinión pública estaba tan polarizada, lo hemos podido ver de una forma más rotunda. Es llamativo es ver el contraste, por ejemplo, entre el voto en Nueva York, una ciudad cosmopolita, con un ambiente cultural intenso, muy abierta -la llaman "Isla Europa"-, y estados conservadores y rurales a los que, ni siquiera han llegado emigrantes, donde se ha desarrollado un estilo de vida basado en valores muy tradicionales, en la religión y una moral estricta. Este es el mosaico que compone este país.

-¿Qué va a pasar ahora?

-Aunque sea más fácil hablar ahora que todo ha pasado, pero cabe preguntarse ¿era razonable que esto ocurriera? Pues sí. Es un conjunto de identidades superpuestas y la polarización favorece a la ausencia de matiz. Kerry era el matiz y Bush era la fuerza bruta. Si yo fuera presidente de EEUU (risas), que no es el caso, trataría de tender la mano a esa mitad que ha resultado vencida en las elecciones. Es verdad que, tanto Bush como Kerry han citado a esa mitad en sus discursos y Bush ha asegurado que los va a tener en cuenta. Es un buen gesto.

- ¿Qué consecuencias va a tener para el resto del mundo?

-Es evidente que Bush sale reforzado y tiene la legitimidad para gobernar y tomar decisiones, pero yo no creo que utilice este amplio respaldo para ir mucha más allá de lo que ya ha ido. Creo que, en muchas ocasiones, hacía demostraciones de fuerza que ponían de manifiesto un cierto complejo porque había una sombra de duda sobre su mandato anterior. Pienso que esta victoria le va a dar la oportunidad de actuar de una manera más generosa con los adversarios y con un talante más flexible y abierto hacia el exterior. La victoria le va a dar una cierta tranquilidad y seguridad personal, que le va a permitir atender más a otras voces.

-¿No hay un riesgo de asentamiento y profundización de la política económica de los neo-cons, de exacerbación de los valores religiosos más rancios, del puritanismo?

-En el terreno económico es un ultra conservador. Va a continuar con las mismas medidas. Quizá, lo más preocupante sea ese fundamentalismo moral y religioso que ha querido implantar en la sociedad norteamericana, la cerrazón en materia de libertades civiles.

-¿Cómo va a influir en las relaciones con nuestro país?

-Hay que recomponer las relación estratégica entre EEUU y la UE, por interés mutuo. Pero la UE debe ganar peso internacional y capacidad propia de liderazgo y protagonismo en el mundo y actuar como un factor de equilibrio. No vamos a estar todo el día mirando a EEUU. Nosotros -teniendo en cuenta también a potencias emergentes, como China o India- también somos un conjunto muy potente. Hay gente que va diciendo que ahora EEUU no va a olvidar la retirada de nuestras tropas de Irak y que va a actuar de modo revanchista. Quien utiliza ese tipo de términos demuestra una profunda ignorancia de cómo funciona el mundo de las relaciones internacionales, y si se hace desde un partido de la oposición, demuestra también una profunda deslealtad hacia la defensa de los intereses de su propio país. EEUU es un país amigo y un país aliado, por encima de cualquier diferencia política. Las discrepancias, que las hay, no impiden el desarrollo de las relaciones amistosas. España ha jugado siempre un papel importante en las relaciones con EEUU, entre otras cosas, porque tenemos una vocación atlántica, que no se ciñe solo a EEUU, sino que se extiende a los países de América Latina. Las decisiones que nosotros tomamos, como la retirada de las tropas, las llevamos a cabo en función de nuestra autonomía, en ejercicio de nuestra soberanía y, siempre pensando en los intereses españoles.

P. A. N.

Jorge Moragas, secretario de Relaciones Internacionales del PP

"Ahora se ve la irresponsabilidad de muchos socialistas"

El Partido Popular se muestra preocupado por lo que consideran unas malas relaciones actuales con los EEUU. Consideran que ha habido irresponsabilidad en algunos dirigentes socialistas al manejar determinados elementos de esa relación y ven difícil una recomposición a corto plazo y se ofrecen para ayudar a conseguirlo.

-¿Cómo han visto el proceso electoral estadounidense desde su partido?

-Existen dos planos; uno, puramente norteamericano en el que el presidente Bush ha obtenido una victoria muy holgada en términos de voto popular. Lo interpretamos del siguiente modo, Bush ha ganado, pero también ha ganado el comandante en jefe. La percepción mayoritaria en EEUU es que el tema de la seguridad y de la guerra contra el terrorismo es la prioridad absoluta. Respaldar al presidente y comandante en jefe es lo que a la mayoría le ha parecido lo más responsable.

Eso obedece a que existe una percepción real en la sociedad norteamericana de que el 11-S inauguró una nueva etapa.

En estos momentos se pone de manifiesto la irresponsabilidad de muchos dirigentes socialistas, no todos, a la hora de denigrar de distintas formas y con distintos gestos a un dirigente democrático de un país aliado y muy importante para España, como es George W. Bush. EEUU es una nación muy importante para el mantenimiento de la seguridad colectiva y de nuestro país a través de la OTAN; es un país muy importante desde el punto de vista cultural, con una minoría emergente de hispanos, que ha desplazado numéricamente a la minoría afroamericana que, a su vez tienen origen en numerosas naciones de América Latina en las que España es el primer inversor europeo y el segundo del mundo, tras EEUU.

Un tercer plano es el económico; EEUU es muy importante para la riqueza y el empleo de los españoles. Nuestros intercambios representan el 7,1 por ciento del PIB y esta relación genera unos 400.000 puestos de trabajo, por tanto, el deber del presidente del Gobierno de nuestro país es mantener buenas relaciones con el presidente electo de EEUU. Lo que ha hecho en los meses precedentes no contribuye a que eso sea posible. En todo caso, como representante del PP, en defensa de los intereses generales de España, nosotros ofrecemos nuestra ayuda para recomponer esa relación que nunca se tenía que haber descompuesto.

-¿Se ve difícil esa recomposición?

-Lo veo complicado, sobre todo por una razón de índole interna: nuestro Gobierno tiene unos apoyos parlamentarios que son los que son; dos formaciones de izquierda muy escoradas y profundamente antiamericanas. El Gobierno podría empezar a caminar en la dirección correcta apoyándose en nosotros, pero eso difícilmente se lo van a permitir sus aliados parlamentarios.

-¿Existía alguna preferencia en el PP?

-No nosotros hemos sido muy cautos en eso. Somos el único partido político de España que ha asistido a las dos convenciones de las grandes formaciones norteamericanas, a la demócrata en julio y a la republicana en septiembre. Lo que rige nuestra apuesta atlántica es la defensa de las relaciones con un país y, obviamente, con su gobierno democrático. Lo que es cierto es que durante los ocho años que hemos gobernado, nos ha tocado llevarnos bien con un presidente republicano y creo que lo conseguimos, era nuestro deber y nos fue bien. Ahora resulta que ése es el mismo con el que va a tener que relacionarse el presidente Zapatero, al que se le han notado demasiado sus preferencias. Hay que hacer un ejercicio de reflexión y pedagogía, y ahí, el Partido Socialista podrá contar con nosotros, aunque no somos demasiado optimistas.

-A su juicio, ¿Bush garantiza mejor la estabilidad mundial?

-El objetivo del presidente Bush es garantizar la seguridad de su país, ya que los electores han sido norteamericanos, no europeos. Y de aquí se desprende una reflexión: ¿cómo pretendemos influir en un país si no participamos en el proceso de elección y, además, intentamos desacreditar su imagen en el mundo? ¿Cómo pretendemos que luego nos tengan en cuenta? Eso sí, un país con la proyección global de los EEUU tiene una segunda responsabilidad que es intentar garantizar la paz y la seguridad internacional, pero para ello necesita contar con aliados leales y fiables. Y puede cometer errores, pero los errores entre amigos se tratan de forma distinta.

Estamos preocupados. Nos preguntamos qué piensa hacer ahora el Gobierno español para recomponer esa relación, o si considera que es prescindible esa relación. Imagino, por lo que he entendido de las primeras declaraciones que sí se considera una relación importante, pero no pueden engañar a los españoles diciendo que la relación es buena. No es buena y es un problema de máxima prioridad para España; esperemos movimientos, gestos y contenidos, no solamente fotos.

P. A. N.

Bush II, frente a la UE y América Latina

 

Por Joaquín Roy*

Para usar imágenes del ex presidente  José María Aznar, cuando retó a Castro a la reforma, le toca a la nueva Administración de Bush mover ficha con respecto a la Unión Europea, pero se prevé que dejará a la inercia las relaciones con América latina. Ahora bien, como bien dicen  en Crawford, Texas, en la relación transatlántica se necesitan dos para bailar un tango. En realidad, todo es más complicado de lo que parece. 

En primer lugar, en lo que atañe a Europa, Bush II deberá decidir si reconoce explícitamente la existencia de una entidad de 25 miembros, que está en plena transformación, pero que es menos que una federación y mucho más que un Estado o una ONG elevada a la categoría de ONU de restringido escenario. Desde el 11 de Septiembre, si no antes, la UE no aparece en el radar de los discursos de Bush. No existe como protagonista mundial. Es más, Bush y sus asesores se propusieron su "desagregación", eufemismo moderno del histórico "divide y vencerás", que tan buenos réditos han dado a numerosos dirigentes desde los césares. Temeroso de los entramados multilaterales, Bush I prefirió entablar alianzas voluntarias, puntuales e individuales que verse inmiscuido en una telaraña de negociaciones. Agotado el triángulo formado por Varsovia, Londres y Roma (tras el cambio de guardia en Madrid), abandonando su apuesta por la "nueva Europa" de triste memoria, en pleno desastre de la ocupación militar de Iraq, ahora con sus capacidades económicas y logísticas al límite, Bush II no tendrá más remedio que solicitar la ayuda europea.

Ahora bien, igual como hubiera sucedido con Kerry (a pesar de las vanas esperanzas sembradas en Europa), la controversia sobre Iraq no es aislada, ya que el desacuerdo profundo entre los Estados Unidos y Europa incluye temas tan espinosos como Kioto, el Tribunal Internacional, los subsidios a la industria, la manipulación de alimentos, y naturalmente el desarrollo de una política común de seguridad y defensa en Europa, autónoma de la OTAN, un tema que es la bestia negra de los estrategas de Washington.

Sin embargo, por parte de la UE se deberá definir la carencia de un liderazgo claro, algo extremadamente difícil cuando cada uno de los gobiernos más significativos está mirando más hacia el contexto interior que hacia Bruselas. Es más: hasta que la nueva Comisión Europea no se asiente a corto plazo, y a mediano término no se vislumbre un claro núcleo que tire del pelotón europeo, Bush II se recubrirá de la máscara de Kissinger y preguntará cuál es el teléfono de Europa. Sin que la nueva Constitución Europea sea ratificada, el doble papel de Solana seguirá siendo un proyecto.    

En cualquier caso, si quiere que los urgentes temas espinosos vean algún progreso y beneficio, Washington deberá entonces reconocer en Europa una verdadera contraparte, y no sospechar que se trata de un contrapeso. Escenarios posibles no faltan: los Balcanes (cuya responsabilidad pasaría a Europa), Afganistán (Eurocuerpo), Irán (combinar la estrategia norteamericana con la europea), el Medio Oriente (mapa de ruta) e Iraq (modelo de Dayton). En cualquier caso, esa nueva relación requerirá un mutuo respeto. Nobleza obliga, de ambas partes.

Con la atención centrada en el Oriente Medio, de reojo mirando hacia Irán y más lejos a Corea del Norte y China (que apostó por Kerry, y que no se sabe cómo se le perdonará), quien tiene todos los números para pagar los platos rotos es América Latina.

El mandato recibido por Bush es fundamentalmente ideológico. Además de la defensa de los valores de claro perfil conservador, gran parte de los votos que le han dado al presidente su mayoría popular proceden de unos sectores que se oponen a la inmigración incontrolada, la pérdida de puestos de trabajo derivada del libre comercio, la incomodidad hacia el otro (sobre todo el hispano) y, naturalmente, a la erosión de la sociedad causada por el consumo de drogas ilícitas, procedentes precisamente del Sur.

De ahí que solamente los temas de seguridad pueden acaparar la atención de la Administración Bush II en el continente, con lo que los escenarios que se perciben como más alejados pueden quedar a la merced del tradicional "desdén benigno". De ahí que la alarma por el ascenso de los dirigentes de izquierda y neopopulismo en el Cono Sur, con la excepción de la moderación de Chile, paradójicamente dirigido por un socialdemócrata, no sirva para generar nerviosismo perceptible en Washington. Se seguirá observando con curiosidad (y, si es conveniente, ejercer una conveniente "contención") la evolución del neoindigenismo en los países andinos, mientras la atención se seguirá concentrando en Venezuela y Colombia, por dos razones distintas. Por un lado, la desestabilización del bolivarismo de Chávez no parece convenir a Wall Street; por otro, hay que seguir apuntalando a Uribe en Colombia.

Con el Caribe y Centroamérica se dejará que los nativos decidan con quién se juegan su futuro, sin muchas opciones. Queda México, con Fox en la cuerda floja, ya cada vez más alejada la utopía de la legalización de los ilegales, reducido a ser garantía de la seguridad fronteriza. ¿Cuba? Curiosamente, seguirá el acoso verbal y concreto (remesas, viajes), pero sin extralimitarse. Como sucedía a finales del XIX, esperar que caiga la fruta madura. Con un escenario mundial complicadísimo, los marines solamente necesitarían una crisis en la isla.

*Joaquín Roy es Catedrático 'Jean Monnet' y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.


Hemeroteca Esta semana