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Nº
622 - 1
de noviembre de 2004
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Estados Unidos elige dividido entre Bush y Kerry LAS ELECCIONES MÁS APASIONANTES DE LA HISTORIA El mundo entero espera en vilo el resultado de unas elecciones donde no sólo se decide quién será el próximo presidente de los EE UU, sino también, en buena medida, el curso que seguirán las relaciones internacionales durante los próximos cuatro años. Europa y gran parte del resto del mundo respirarían aliviados con un triunfo del demócrata John Kerry, aunque las encuestas reflejan una situación imprevisible de máxima igualdad. Esta circunstancia, unida al recuerdo de las manipulaciones en el Estado de Florida hace cuatro años y las deficiencias de un sistema electoral complicado y obsoleto hacen temer a muchos que la conclusión definitiva vuelva a dirimirse en los tribunales. Por Pedro Antonio Navarro El sistema electoral norteamericano está recogido en su constitución, que data de finales del siglo XVIII (1787). Un sistema que permite que cada circunscripción, ya sea un estado, un municipio, e incluso un condado, establezca sus propias reglas y sus métodos para la votación. Además, para complicar aún más las cosas, la votación es indirecta, es decir, cada uno de los 50 estados tiene asignado un número de votos electorales, relacionados con sus distritos y en función del número de habitantes. Si un candidato obtiene más del 50 por ciento de los votos en un estado, se le adjudican todos los votos electorales de ese estado y los votos del perdedor se pierden para el escrutinio final -en las pasadas presidenciales Albert Gore obtuvo una ventaja de varias decenas de miles de votos directos de los electores sobre George W. Bush, pero éste computó más votos electorales-. Además, aunque el número de representantes por una circunscripción al Congreso está determinado por el número de habitantes, en el caso del Senado no es así; hay dos senadores por cada estado, con independencia de la población (en este caso es similar a lo que sucede en España, donde hay cuatro senadores por provincia). Los sistemas para ejercer el sufragio son dispares. Se puede utilizar una papeleta de lectura óptica, se puede emitir un voto electrónico, tarjetas perforables, palancas y papeletas en urna (como en Europa). También está el voto por correo, los votos de los 500.000 militares que se encuentran actualmente fuera del país y una curiosa variante denominada voto provisional, que se deposita en un colegio electoral en el que no está registrado el votante y permanece allí hasta la comprobación de sus datos. No existe, como en la gran mayoría de las naciones, un censo electoral relacionado con el padrón, sino que cada ciudadano que desee ejercer ese derecho debe inscribirse en el registro electoral, en el que, curiosamente, debe declarar su tendencia política. Pese a todas estas complejidades y dificultades, la convocatoria de estas elecciones presidenciales -en las que, además del presidente, se elegirá a la totalidad de los miembros del Congreso y un tercio del Senado- está movilizando a una gran cantidad de nuevos electores. Existe la sensación social de que algo muy importante se halla en juego y se prevé un índice de participación más alto de lo habitual en este país. De hecho, con respecto a la pasada convocatoria, se han registrado unos diez millones de nuevos electores. A título ilustrativo de esta tendencia, el diario The New York Times ofrecía algunos datos muy llamativos; según el rotativo, en Nuevo México se habían dado de alta en el censo electoral más de 100.000 personas, en Washington, más de 300.000, en Florida, la cifra superaba el millón, mientras que, por ejemplo, en zonas de consolidado voto demócrata en Ohio, la cifra de inscritos se ha incrementado un 250 por ciento con respecto a las pasadas elecciones presidenciales. Otro dato que revela el interés y la tensión que está generando esta convocatoria, es la cantidad de publicidad electoral que está siendo emitida por las televisiones. Precisamente en Ohio, uno de los estados considerados "indecisos", desde marzo hasta ahora se han emitido más de 82.000 spots publicitarios. Las encuestas sitúan la incertidumbre sobre los resultados en 22 estados en los que las oscilaciones son permanentes a favor de uno u otro candidato. Un reciente estudio efectuado por el diario USA Today y la cadena televisiva CNN daba como vencedor a George W. Bush en ocho de estos estados, mientras que Kerry consolidaba su ventaja y la aumentaba en lugares como Michigan y Washington. Para este trabajo, Bush podría conseguir un vuelco en Iowa, Wisconsin y Pensilvania, donde en los pasados comicios se alzó con la victoria Al Gore, y también podría consolidar su liderazgo momentáneo en Missouri, Nevada y Minnesotta. A veces, los partidos están dando por perdidos determinados estado y concentran sus energías y la aparición de los candidatos allá donde mantienen posibilidades. Por ejemplo, el Partido demócrata ha anulado toda la publicidad que tenía contratada en Arizona, Arkansas y Louisiana, donde ya había ganado Bush en 2000 y donde consideran que no tienen ninguna posibilidad. Por el contrario, mantienen el esfuerzo en Carolina del Sur o Tennesee, donde también marcha el presidente por delante en los sondeos, porque confían en la movilización del voto negro que les permita alzarse con la victoria, ya que las distancias son mínimas. La mayor batalla se está desarrollando en nueve estados, en los que la igualdad es casi total: Colorado, nuevo México, Minnesotta, Iowa, Pennsylvania, New Hampshire, New Yersey, Oregon y Florida. De entre los que todos dan ya por adjudicados y sin posibilidades de que se produzcan modificaciones sorprendentes, al actual presidente se le atribuyen 17: Alaska, Montana, Idaho, Utah, Wyoming, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Nebraska, Kansas, Oklahoma, Texas, Indiana Kentucky, Alabama, Georgia, Carolina del Sur y Mississipi, lo que le otorgaría 118 votos electorales seguros. Mientras, para Kerry aparecen como consolidados la capital, Washington D.C. y otros diez estados: California, Hawai, Illinois, Vermont, New York, Rhode Island, Connecticut, Delaware, Massachussets, Maryland y Columbia, lo que le aseguraría 153 votos electorales. En otro reciente estudio elaborado por el diario The New York Times, Bush aparece con ventaja en Nevada, Arizona, Louisiana, Arkansas, Missouri, Wisconsin, Ohio, West Virginia, Carolina del Norte y Virginia, lo que podría reportarle otros 104 votos electorales. Según la encuesta, la ventaja de John Kerry sólo akcanzaría a otros tres estados: Washington, Michigan y Maine, que le permitiría sumar otros 32 votos electorales. En todo caso, suponiendo que estos datos se confirmasen el próximo 2 de noviembre, sólo con estos votos, ninguno de los dos alcanzaría el mínimo -270-, pues Bush dispondría de 222 y Kerry de 185. de ahí la importancia de los nueve estados "indecisos" antes mencionados. Entre todos reúnen 109 votos electorales. La situación es de máxima tensión. Nada decidido y los dos partidos mayoritarios movilizados al máximo tratando de conseguir votos puerta por puerta si es preciso. Los demócratas dependen en muchos de esos estados dudosos de los votos de las minorías. De hecho, una buena parte de ese incremento notable en la inscripción electoral proviene de estos ciudadanos, pero, como ya se ha denunciado en varios condados de Florida, se están encontrando con numerosas dificultades para ejercer sus derechos. El registro de nuevos votantes de la comunidad negra de Florida se ha incrementado un 21 por ciento en relación con las elecciones de noviembre de 2000 -lo que da fe de la voluntad de esta comunidad de evitar que se repitan las manipulaciones de entonces-. Es obvio que en una situación de máxima igualdad, como pronostican los sondeos, el voto negro puede resultar determinante para hacerse con los 27 votos electorales que le corresponden a Florida. En el 2000, las autoridades estatales anularon el 42 por ciento de los 27.000 votos de afroamericanos que habían votado al candidato demócrata, sólo en el condado de Duval. Éste es uno de los distritos electorales con mayor número de votantes registrados, más de 476.000. También es el condado que ha registrado un mayor incremento de registro de electores de raza negra. Las elecciones comenzaron aquí el pasado 18 de octubre, pero, curiosamente, pese a la enorme densidad de votantes, sólo se ha instalado un colegio electoral, en el ayuntamiento de Jacksonville. Las distancias desde muchos puntos del condado a la ciudad superan los 20 kilómetros y, según la ley electoral, los sufragios deben emitirse en día laborable, nunca en festivo. Para muchos ciudadanos de la zona, el horario de apertura de las urnas coincide con su jornada laboral y ya se han denunciado numerosas coacciones en diversas empresas que han amenazado con el sanciones o, incluso con el despido a quienes falten o lleguen tarde. Curiosamente, en el condado de Orange, con un número de electores similar y parecida extensión, se han instalado nueve colegios electorales y distribuidos de forma homogénea por el territorio. Tradicionalmente, el voto en Orange es muy mayoritariamente republicano. En su editorial del pasado 7 de octubre, The New York Times denunciaba que una organización denominada "Mi familia vota" dedicada a conseguir el registro de ciudadanos latinos en Miami, vieron interrumpida su actividad por el Departamento de Seguridad Interior de Florida. En el editorial del Times también se menciona otro caso en Dakota del Sur: empleados públicos rechazaron el registro de varios ciudadanos porque no portaban una identificación con fotografía, aunque esta condición no está recogida en la ley electoral ni es un requisito para el censo. En este mismo texto también se hace referencia a otras quejas expresadas por diversas ONG's que denuncian que "el día de las elecciones, grupos de 'seguridad electoral' se encaminan hacia los barrios de minorías. Exigen a los votantes que enseñen identificaciones que no requiere la ley bajo ninguna circunstancia. Además toman fotografías de los electores y utilizan tácticas intimidatorias". El editorial finaliza así: "la supresión del voto de las minorías se ha producido porque quienes lo hacen lo consideran una táctica muy efectiva y porque pocas veces se persigue y se sanciona este comportamiento. Esto debe cambiar. Tratar de evitar que voten los miembros de minorías puede constituir una violación de las leyes estatales y federales. Los funcionarios electorales, los observadores y los propios votantes deben denunciar los casos de los que sean testigos. Unos cuantos procesos legales notorios contra estos manipuladores políticos e, incluso contra funcionarios electorales corruptos contribuirían mucho a poner fin a esta deplorable tradición estadounidense". También se registraron innumerables irregularidades en las pasadas elecciones con el voto por correo. Nada menos que cuatro millones y medio de norteamericanos con derecho a voto y censados residen en el exterior. En ocho de los 15 estados considerados cruciales para el resultado final de estos comicios, las papeletas de voto destinadas a los electores en el extranjero no estuvieron disponibles hasta el pasado 19 de septiembre, la fecha límite que garantizaría que esos votos llegarían a tiempo para el recuento oficial en tiempo y forma. Habida cuenta de esta dificultades, se puso en marcha, ese mismo mes un sistema para permitir a los electores residentes en el extranjero conseguir una papeleta de voto a través de Internet. Así se habilitó la página "myballot.mil", pero sólo está destinada al uso del personal militar, por lo que una gran mayoría de residentes en el exterior, no la han podido utilizar. Incluso 23 estados se han negado a su uso, hasta para los militares, alegando razones de seguridad. Gran parte de los habitantes del planeta estarán muy pendientes de lo que suceda el próximo 2 de noviembre ya que, directa o indirectamente, el resultado influirá en la situación de casi todos los países del mundo. Muchos, especialmente en Europa, dormirán poco, ya que la jornada electoral norteamericana coincidirá con la madrugada del Viejo Continente, pero lo más probable es que los que menos consigan conciliar el sueño sean los integrantes de ese equipo de más de 30.000 abogados que ambos contendientes han preparado para intervenir en el escrutinio de esas papeletas, votos electrónicos, tarjetas perforadas y demás galimatías, en el caso de que, como sucedió hace cuatro años, el resultado deba dirimirse ante los tribunales, cuando la autodenominada primera democracia del mundo ofreció el bochornoso espectáculo de proclamar a su presidente oficialmente 36 días después de la jornada electoral. EL MUNDO, PENDIENTE DEL DESENLACE Las diferentes propuestas electorales de los candidatos demócrata y republicano a la Casa Blanca confrontan desde visiones de la realidad y del mundo muy dispares. Desde el capitalismo extremo y sin límites, donde el mercado es la única ley, promulgado por el equipo de neo-cons que hoy triunfa en Washington, hasta un papel redistribuidor de un Estado más intervensionista en el planteamiento de Kerry. Y, sobre todo, la divergencia con respecto al papel de la única superpotencia en el exterior, con la pretensión de la candidatura demócrata de regresar a los tiempos de Clinton, en los que el pacto con otros y el reforzamiento de las instituciones supranacionales, como las Naciones Unidas, vuelvan a poner en sintonía a los aliados tradicionales, frente al unilateralismo exacerbado sostenido por la Administración Bush. Todo el mundo estará pendiente durante la noche del 2 al 3 de noviembre de los resultados de las elecciones presidenciales norteamericanas. La influencia de lo que allí ocurre es tan notoria en el resto del Globo que muchos, desde fuera de los Estados Unidos, durante esta intensa y apasionante campaña electoral, han sugerido medio en broma, pero no exentos de lógica, que se nos debía permitir participar en esos comicios a los ciudadanos de todo el planeta. Si así fuera, el desenlace estaría cantado; John Kerry vencería por goleada y se produciría un cierto reequilibrio en las relaciones internacionales, roto de manera brusca por la estrategia unilateral puesta en marcha por la Administración Bush, con todos sus "halcones" en pleno desarrollo de sus facultades. Sin embargo, la situación interior no está tan clara. Los que realmente tienen el poder de decisión en sus manos, los electores norteamericanos, están profundamente divididos, casi como los programas electorales de ambos contendientes, que divergen en casi todos los aspectos importantes. Mientras que en materia económica el equipo de Bush insiste en su proyecto inicial de drástica disminución de impuestos a las rentas más altas, como método para "generar más inversión y, por tanto, más empleo", los demócratas de Kerry plantean una subida de impuestos para estas rentas (de más de 200.000 dólares al año) hasta conseguir un ingreso extra de 600.000 millones de dólares por este concepto en los próximos diez años. Con ellos pretenden financiar las reformas anunciadas en materia de sanidad, como ofrecer una deducción contributiva por parte del Estado del 75 por ciento para cubrir las primas sanitarias a las personas con ingresos moderados o bajos. Por su parte, la actual Administración promueve una póliza personal de salud, al estilo de los planes de pensiones en Europa, pero sólo para financiar las posibles necesidades médicas individuales en un futuro. De hecho, 44 millones de estadounidenses no tienen ningún tipo de seguro médico y más de 80 millones han estado sin cobertura en algún momento durante los dos últimos años. Curiosamente, ninguno de los dos candidatos lleva en su programa la creación de un servicio público de salud equiparable a nuestra Seguridad Social. En materia energética, las diferencias son muy notables. Los republicanos en el poder basan su estrategia en el Plan Nacional de Energía, presentado en mayo de 2001 y que no ha conseguido la aprobación del Congreso y que se basa fundamentalmente en la utilización de los combustibles fósiles ya conocidos y el desarrollo de la red eléctrica nacional. Para el equipo de Kerry resulta prioritario acabar con la actual dependencia del petróleo de Oriente Próximo y expresan su disposición al desarroollo e investigación de fuentes renovables que, en el año 2020 deberán suponer el 20 por ciento del gasto total de energía del país. En política exterior, los principios de la Administración Bush han sido evidentes para todo el orbe: EEUU actuará contra lo que considere amenazas, incluso antes de que lleguen a concretarse. En sus documentos hablan de un "internacionalismo inconfundiblemente norteamericano que refleje la unión de sus valores y sus intereses nacionales" o "si bien Estados Unidos tratará de obtener el apoyo de la comunidad internacional, no dudará en actuar solo, en caso necesario, para ejercer su legítimo derecho a la defensa". La actuación o, incluso el ataque preventivo forman parte de la fórmula republicana, y confiesan en su programa su intención de extender el crecimiento y la libertad económica más allá de las fronteras de su país: "las políticas de incentivos a los mercados son pertinentes en todos los países". Por supuesto, todo ello basado en su incontestable supremacía militar, a cualquier precio, que en este caso es un presupuesto de 379.900 millones de dólares, con un incremento de 15.300 millones respecto del anterior ejercicio. Con ello incrementarán el número de efectivos y una importante partida estará destinada al desarrollo de armas de última generación, como aviones, submarinos o vehículos no tripulados, dotación tecnológica para la tropa, bombas de precisión. Todo ello, además, con el objetivo confeso de disponer de nuevas bases militares en el extranjero, especialmente en Europa Oriental y el nordeste de Asia. Los demócratas sostienen posiciones diferentes. En este asunto reclaman la herencia de Wilson, Roosvelt y Kennedy, proponiendo un retorno a las alianzas desde "el respeto mutuo" para recuperar el liderazgo sin actuar por cuenta propia y exclusiva. Acusan al actual mandatario norteamericano de haber dilapidado cien años de línea política y haber llevado a su país al aislamiento internacional. Desde la recuperación de las alianzas, las propuestas de Kerry se resumen en ganar la guerra contra el terrorismo, detener la proliferación de armas nucleares, químicas y biológicas y promover, como medida preventiva, la democracia, el desarrollo y la libertad. Aboga por una estructura de inteligencia supranacional coordinada que intercambie información permanentemente y, respecto a la guerra de Irak, está dispuesto a reforzar a las tropas que actualmente se hallan allí para acelerar el final de la guerra e iniciar un proceso de normalización lo más rápido posible. Para Europa Occidental, un triunfo de Kerry supondría la posibilidad de una normalización en las relaciones con Estados Unidos. Tanto Francia como Alemania -y España, tras el triunfo del Partido Socialista en las elecciones de marzo- han expresado sus posiciones contrarias a la estrategia unilateral que lleva a cabo George W. Bush desde su llegada al poder hace cuatro años. El desacuerdo con la invasión de Irak, el malestar por el triste papel que se ha hecho jugar a las Naciones Unidas y el rechazo a la doctrina del ataque preventivo forman parte de la visión común que estos tres países mantienen acerca de las relaciones internacionales. Su coincidencia en la defensa de la multuilateralidad también les ha llevado a convertirse en los principales impulsores de la nueva Unión Europea, frente a actitudes más tibias, como la británica o la italiana. Los "roces" con la Administración Bush han llegado a ser de cierto calado, especialmente para Francia (todo lo "francés" es ridiculizado y el adjetivo es utilizado de modo peyorativo en buena parte de EEUU) y para la nueva Administración española, que primero tuvo que soportar los reproches del mismo presidente Bush y las imputaciones de que la retirada de las tropas españolas de Irak constituía un "triunfo del terrorismo" y que, después, el embajador norteamericano, George Argüiros, realizara el feo desplante el 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional. John Kerry fue citado por José Luis Rodríguez Zapatero en numerosas ocasiones, tanto cuando era el jefe de la oposición, como cuando llegó a la Moncloa, como ejemplo de que era posible realizar una política diferente y no imperialista desde los Estados Unidos, y siempre se mostró confiado en que un triunfo del demócrata cambiaría mucho las cosas. No parece pensar lo mismo el ex presidente Aznar, que continúa clamando que una derrota de Bush el próximo día 2, supondría una victoria de los terroristas -argumento muy similar al empleado por Bush y Rumsfeld acerca de la retirada de los soldados españoles de Diwaniya-. Sin embargo, en su partido matizan que no es ésa su posición oficial, sino que estarán de acuerdo con cualquier decisión que tomen los electores norteamericanos. La política de defensa norteamericana no es la única que puede influir en el resto del mundo. Las posibilidades de que el Protocolo de Kyoto sea firmado por los EEUU -una vez que ya Rusia lo ha hecho- se aproxima mucho con un hipotético triunfo de Kerry. Igualmente, la investigación con células madre, apoyada con toda claridad por el candidato demócrata, podría abrirse paso en los laboratorios de medio mundo. Donde desean un triunfo de los republicanos es sobre todo en el Kremlin y en buena parte de los países de la Europa del Este. Para Putin, la derrota de Bush supondría la pérdida de un aliado en su "lucha sin cuartel contra el terrorismo" y, muy probablemente significaría el fin de la permisividad sobre las actuaciones del ejército ruso en Chechenia. Las razones en las otras naciones son más de índole económico: partidarias de una economía desregularizada, como la que actualmente funciona en EEUU, se verían obligadas a adoptar medidas de protección social y medioambiental que hoy rechazan, a la vez que verían alejarse la instalación de nuevas bases militares norteamericanas en sus países, con las que esperan obtener, no sólo protección frente al gigante ruso, sino unos considerables beneficios económicos. |
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John Kerry, un animal político John Forbes Kerry es uno de los senadores que más tiempo lleva en el cargo de toda la Cámara Alta estadounidense. Su escaño fue obtenido en Massachussets, donde ha desarrollado la práctica totalidad de su carrera pública. Hijo de padres millonarios, su segundo y actual matrimonio con Teresa Heinz -viuda del magnate de las salsas, John Heinz- lo convierte en un el titular de una de las fortunas más importantes del país. Según la revista Forbes, caso de conseguir el triunfo electoral el próximo 2 de noviembre, se convertiría en el tercer presidente de los EEUU más rico de toda la historia, sólo superado por George Washington y John F. Kennedy. Nació en Denver (Colorado) en diciembre de 1943. Licenciado en Derecho por la famosa Universidad de Yale, después ingreso en la Armada, donde alcanzó la graduación de Oficial de Navío. Combatió en la Guerra de Vietnam, resultando herido en dos ocasiones y obtuvo varias condecoraciones: la Estrella de Bronce, la Estrella de Plata y tres Corazones Púrpuras. A la vuelta de Vietnam fundó junto a otros camaradas de armas la Organización de Veteranos de Guerra de América y, más tarde, se convirtió en el portavoz nacional de la Asociación de Veteranos de Vietnam contra la Guerra. Inició una fulgurante carrera política en 1976, cuando fue nombrado fiscal jefe en el condado de Middlesex, en Massachussets. En 1982 fue elegido vicegobernador de este estado y en 1984 obtuvo su primer acta de senador por el Partido Demócrata, evidentemente, también por Massachussets. Desde entonces ha resultado reelegido, derrotando a los sucesivos rivales republicanos en 1990, 1996 y su última reelección, en noviembre de 2002, cuando obtuvo el 81 por ciento de los votos. Desde su ingreso en el senado ha estado asignado al Comité de Relaciones Exteriores, por lo que, desde hace mucho tiempo, está considerado como un gran experto en política internacional. Muchos le ubican en el ala liberal del Partido Demócrata y mantiene muy buenas relaciones con los sectores progresistas de su partido. Se convirtió en un símbolo para ellos cuando en 1991 se opuso al envío de tropas norteamericanas a la I Guerra del Golfo, aunque en octubre de 2002 dio su voto favorable a la resolución presentada por George W. Bush por la que se autorizaba la invasión de Irak. Sin embargo, él mismo ha explicado que lo hizo "engañado", ya que "voté a favor de la resolución convencido de que el presidente sólo la emplearía como último recurso, con el consenso de las Naciones Unidas y a través de una auténtica coalición internacional". Su actividad en el Senado se ha destacado por su protagonismo en numerosas comisiones de investigación, como la del caso Iran-Gate, en la que sostuvo siempre la implicación de Oliver North, o la del escándalo del Banco BBCI o la de los prisioneros de guerra norteamericanos en Vietnam. Al comienzo de la batalla electoral se le consideraba el gran favorito para ser el candidato demócrata, pero la fuerte irrupción de la candidatura de Howard Dean pareció alejarle de su ansiada nominación. En noviembre del año pasado aparecía hundido en las encuestas hasta que decidió introducir un giro radical en su estrategia. Despidió a su director de campaña y anunció, dando un golpe de efecto, que renunciaba a los 19 millones de dólares de dinero público que le correspondían para financiar su candidatura. El secreto residía en que si, como así sucedió finalmente, obtenía la nominación demócrata, podría recaudar y percibir fondos de particulares y de empresas sin límites de ninguna clase. Tras los "caucus" -nombre que reciben las primarias- de Iowa, Kerry consiguió invertir la situación. Ganó consecutivamente los procesos de New Hampshire, Missouri, Arizona, Delaware, Nuevo México, Dakota del Norte, Michigan, Washington, Maine, Tennesee, Virginia, Columbia, Wisconsin, Hawai, Idaho, Utah, California, Connecticut, Georgia, Maryland, Massachussets, Minnesota, New York, Ohio, Rhode Island, Florida, Mississipi, Texas, Louisiana, Kansas e Illinois. Finalmente, el 2 de marzo de este año consiguió la nominación en el Congreso Demócrata. Aunque, aparentemente, su figura no aporta el carisma de Dean, sus correligionarios le consideran un político muy sólido y experto y que controla a la perfección dos aspectos vitales para el electorado norteamericano, como son la economía y la política exterior. De hecho, lo demostró con creces a lo largo de los tres debates electorales sostenidos ante las cámaras de la televisión pública con su rival, George W. Bush, al que venció de manera nítida en todas las ocasiones y, precisamente llevando sus argumentaciones, principalmente, a estos dos terrenos. Se le acusa de ser algo frío y de no poseer una gran capacidad para transmitir entusiasmo ni mensajes-clave, pero en el último tramo de la campaña ha conseguido cambiar en cierto modo esa imagen, además de contar con la inestimable ayuda de la presencia del muy carismático Bill Clinton, que ha realizado un gran esfuerzo para acortar su convalecencia de la complicada operación cardiovascular a la que fue sometido hace apenas un mes y medio. Por otra parte, esa imagen distante la compensa con su veteranía -lleva más de 27 años como representante público en el senado y en el Congreso- y con la designación de John Edwards, compañero de cartel electoral como candidato a la vicepresidencia, quien sí está más dotado para mensajes de entusiasmo y expresa el calor y la cercanía al ciudadano con mayor facilidad. Kerry es un caso poco habitual de político divorciado candidato a la presidencia -con anterioridad sólo un divorciado, Ronald Reagan, ha alcanzado la Casa Blanca-. Se separó de Julia Thorne en 1988 y tiene dos hijas de este matrimonio. En 1995 volvió a casarse, esta vez con Teresa Heinz, viuda y heredera del magnate John Heinz. La suma de ambas fortunas personales se estima en unos 525 millones de dólares. Como en casi todas las últimas campañas electorales en Estados Unidos, no podía faltar el intento de última hora de hacer juego sucio. En un país de moral puritana, los escándalos de tipo sexual o emocional llegan a tener tanta o mayor influencia que las cifras macroeconómicas, el desempleo, la sanidad, la seguridad social o la política exterior, como bien puede atestiguar el ex presidente William Clinton. En un claro ataque a la candidatura de John Kerry, la publicación de Internet denominada "Drudge Report" incluyó un artículo en el que se imputaba al senador por Massachussets una relación extraconyugal en el año 2001 con la periodista Alexandra Polier. Ambos lo desmintieron con rotundidad y todo parece indicar que el "rumor" no ha conseguido el efecto deseado, ya que desde la fecha de la publicación -febrero de 2004- la carrera electoral de Kerry ha ido consolidándose. Las más recientes encuestas y estudios de opinión establecen un empate técnico en la práctica entre los dos candidatos presidenciales. Eso sí, sólo cuando nos referimos a los votantes estadounidenses, porque fuera de sus fronteras John Kerry es el favorito del resto del mundo, con porcentajes que superan al 70 por ciento. Sin embargo, la última palabra la tienen los ciudadanos norteamericanos que decidan acercarse a depositar sus votos el próximo 2 de noviembre -si es que, en algunos estados, se lo permiten a todos los que lo deseen-. |