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Nº 619 - 11 de octubre de 2004

El nuevo equipo no permite vislumbrar a un líder libre de ataduras

EL PP DE RAJOY

Ha vuelto a ejercer de gallego. Tres días de congreso han hecho falta para llegar a la conclusión de que el Partido Popular que ahora capitanea Mariano Rajoy sigue igual que el que dirigía José María Aznar. Unos pocos cambios en los rostros del equipo que ahora dirigirá el partido y unos retoques en la letra para poder ejercer de oposición, es todo lo que se puede resaltar de este XV Congreso Nacional que, al final, no ha convencido a nadie, aunque eso sí, ha dado la oportunidad al ex presidente Aznar de darse un baño de multitudes. Mariano Rajoy debe ahora demostrar a los españoles que de verdad lidera el segundo partido más votado. La democracia y sus militantes se lo agradecerán.

Por Manuel Santaella

A las 11,45 horas del domingo 3 de octubre en el pabellón número 9 del Parque Ferial Juan Carlos I de Madrid hizo su aparición el presidente de honor que saludó al presidente fundador e inmediatamente después al presidente nacional". Esta pequeña crónica bien podría referirse a celebración de la junta general de socios y compromisarios de un histórico club de fútbol, pero en realidad corresponde al último día del XV Congreso Nacional del Partido Popular, acto que reunió en la capital de España a 3.028 compromisarios y en el que se acordó una modificación en los estatutos, para afrontar cuatro años de oposición, y un ligero movimiento del "banquillo" para quedar prácticamente  igual.

Unos 1.200 periodistas han sido testigos de la nueva liturgia del Partido Popular. Envueltos en un naranja suave, ese color que los encargados de marcarnos estilo están poniendo de moda y que ya utiliza desde hace tiempo algún que otro equipo ciclista del norte de España, los asistentes al XV Congreso Nacional del PP podían codearse con los líderes que como si de estrellas galácticas se trataran eran llamados a firmar autógrafos o a fotografiarse con unos y con otros, lo que hacían luciendo la mejor de sus sonrisas.

Puesta en escena aparte, el Partido Popular, como partido político que es, organizó su congreso para elegir, por fin, a su nuevo presidente nacional el hombre que ya había elegido Aznar para ser su sustituto en la presidencia del Gobierno tras las elecciones del 14 de marzo, aunque en esto también el ex presidente del Gobierno se equivocó.

Pero Mariano Rajoy con el 98,37% de los votos de los compromisarios es el nuevo presidente del PP, ahora presentándose por su cuenta y riesgo, dice él,  y ya está preparado para afrontar cuatro años en la oposición y "aspirar a gobernar" en cuanto los ciudadanos así lo decidan.

Y aunque él lo ha negado con reiteración, incluso en el Congreso ha realizado algún que otro guiño del tipo "ahora las cosas son distintas, no me recomienda nadie. Soy yo por mi cuenta y riesgo, el que os pide que confiéis en mi", lo cierto es que en  XV Congreso se escuchó, quizá demasiado alta, la voz del nuevo presidente de honor, José María Aznar, quien por cierto cosechó bastantes más aplausos durante los tres días que duró el Congreso que el propio presidente Nacional.

Pero Mariano Rajoy sigue ejerciendo de gallego y este "galleguismo" suyo ha impregnado todo el congreso, desde los discursos, hasta la elección de su nuevo Comité Ejecutivo Nacional donde a pesar de haber renovado la mitad de los que estaban -21 mujeres, frente a 19 hombres- y contar con 21 caras nuevas, de las que tan sólo una ocupará un cargo en el nuevo Comité de Dirección de Rajoy, formado por tan sólo nueve personas, en el ambiente ha quedado la sensación de que todo sigue igual en el PP y es que la nueva dirección, el nuevo "núcleo duro" de los populares no sólo no se modifica, sino que incluso se incrementa con personas que nadie esperaba que continuaran como Federico Trillo o Javier Arenas.

En el nuevo PP todos, o casi todos, repiten. Desde los antiguos vicesecretarios generales Arenas o Mayor Oreja, que colocan un buen puñado de sus hombres en el nuevo comité ejecutivo, 'pasando por  Trillo, hasta Celia Villalobos, Luisa Fernanda Rudi o Alejo Vidal Cuadras, continúan en el citado comité y otros que se han alejado de éste como Mercedes de la Merced, José María Álvarez del Manzano o la propia Isabel Tocino, que ocupan un sillón en la Junta Directiva Nacional, máximo órgano del partido entre congresos.

Con todo esto, lo que sí parece cierto es que una vez más Mariano Rajoy no se moja y deja, en este caso a su número dos, Ángel Acebes, el control del PP que ha resultado de este XV Congreso Nacional al que le ha faltado una renovación auténtica y un viraje a la moderación, aunque algunos de sus lideres lo hayan intentado. Pocas caras nuevas y pocas ideas nuevas.

Y son pocas las ideas nuevas que se han escuchado en el congreso de los populares porque tanto Rajoy como Acebes han optado por  "dar leña al PSOE" y defender a José María Aznar en lugar de intentar buscar ese centro que parece que está perdido. Desde el PP se sigue aún pensando más en la derrota del 14 de marzo que en los cuatro años de oposición que tienen que pasar y eso se ha notado en los discursos. El número dos llegó incluso a traer al congreso el "fantasma" de la Guerra Civil al asegurar que José Luis Rodríguez Zapatero ha introducido en la política española "la recuperación del recuerdo de la discordia civil ". Para Acebes "tanto en la campaña electoral del 14 de marzo como después de formar Gobierno, el espíritu de 1978 ha sido sustituido por la incitación a recordar el 36, fomentado incluso con iniciativas institucionales el recuerdo del escenario que desembocó hace setenta años en una Guerra Civil".

Acebes, que cosechó múltiples aplausos en un auditorio entregado, acusó al líder del PSOE  de practicar "el linchamiento de Aznar y del PP", por su "afán de revanchismo". El secretario general del PP asegura que durante el corto espacio de tiempo que lleva gobernando el PSOE se han fomentado las purgas políticas en la Administración, se intenta "ocupar" la Justicia y se acosa a la Iglesia. Acebes, en su papel de "Álvarez Cascos", denunciaba una y otra vez lo que el llamaba "el radicalismo" de Zapatero. El resto de intervinientes continuaba con el "pim pam pum" contra el PSOE, con la excepción de un Alberto Ruiz Gallardón que llegó el primero, intervino en la jornada inaugural del viernes, con un discurso muy político y en plan autocrítica: "Algo -reconozcámolos- hemos debido de hacer mal. A estas alturas, no es descubrir ningún secreto que ese error ha podido consistir en un exceso de optimismo generado por tantos éxitos de gestión".

Pero el alcalde de Madrid se quedó bastante solo en un congreso que quería por encima de todo rendir homenaje a Aznar y a su política y en el que se mezclaban los aciertos económicos con los errores sociales sin ningún tipo de compartimento estanco. Es como si en este congreso todo se mezclara, no hubiera límite y nadie pensara en el futuro. Todos se dejaban ir en una especie de éxtasis colectivo donde no importaba decir que tan formidable fue la convergencia con Europa como el apoyo a los Estados Unidos en la guerra de Irak, ya que todo era una misma y genial política ideada por el líder más grande que ha conocido España, el presidente de honor de Partido Popular, José María Aznar.

Y le tocó el turno a Aznar y salió dispuesto a defender con uñas y dientes su etapa de gestión. Los que escuchaban al ex presidente parecían que estaban contemplando más un debate sobre el Estado de la Nación que un discurso de despedida, pero Aznar tiene tablas y parece que también algunas dosis de resentimiento y en este Congreso lo hizo valer. En uno de los discursos más incalificables que se le recuerdan, el que fuera representante de los votos de los españoles parecía que comunicaba a su sucesor que le estaría vigilando y le exigía que realizara una oposición dura y que olvidara cualquier intención de autocrítica dentro del partido (quizá pensando en las palabras de Gallardón que habían destacado todos los medios de comunicación).

Aznar aseguró en un claro mensaje a Rajoy que "el día en que sintamos vergüenza de haber gobernado estaremos incapacitados para volver a gobernar. El ex presidente hizo un repaso de sus logros al frente del Gobierno de España y defendió sus actuaciones en política internacional. En un momento dado el ex presidente señaló que "a mí me da lo mismo que un señor diga que tengo 200 cadáveres a la espalda, él sabrá cuantos cadáveres tiene en su cuenta sus amigos, ésos que ese señor ampara y anima", para inmediatamente soltar la segunda frase del Congreso, (antes se había dicho la de la Guerra Civil) "Y desde luego, ni yo ni ninguno de nosotros hemos usado nunca cal viva para encubrir ningún asesinato", frase ésta que causó el delirio en el auditorio.

Y tras el telonero de lujo, salió el nuevo líder, Mariano Rajoy, que quizá como lanzándole un mensaje a su antecesor aseguró que "el 14 de marzo pasó lo que pasó. Todos sabemos lo que pasó. Sabemos, también, porqué pasó. Pero eso ya es el pasado". Rajoy, en su discurso de presentación de candidatura había asegurado que "podéis convertirme en el presidente del partido, pero no me voy a convertir en otra persona", en un claro "aviso a navegantes".

Rajoy hizo un repaso a la labor del PP en sus ocho años de gobierno y criticó, aunque no de manera tan dura como sus antecesores en el uso de la palabra al PSOE. El nuevo líder dejo claro que es a él a quien le toca dirigir el partido y quiere hacerlo con las manos libres, aunque tiene demasiadas ataduras que aún no ha roto del todo.

Pero en este XV Congreso se elegía una nueva dirección y esto tampoco supuso un revulsivo para el PP ya que Rajoy eligió una dirección de marcado cariz continuista en la que quizá la única cara nueva de verdad que llega al Comité de Dirección no es otra que Soraya Sáenz de Santamaría, abogada del Estado y diputada por     en el Congreso de los Diputados asesora personal de Rajoy, y persona de su absoluta confianza, no en vano fue su colaboradora en su etapa de ministro del Interior, en la vicepresidencia del Ejecutivo y cuando fue nombrado candidato por Aznar. A Sáenz de Santamaría la ha nombrado secretaria ejecutiva de Política Autonómica y Local, o lo que es lo mismo, la hipotética ministra de Administraciones Públicas si gobernara el Partido Popular.

Mariano Rajoy ha decidido conformar un Comité de Dirección más reducido, más preparado para afrontar los años de oposición. El nuevo Comité de Dirección quedó integrado por Ángel Acebes como secretario general, un hombre que ha estado siempre al servicio de Aznar. Alcalde de Ávila hasta 1995, ha protagonizado una meteórica carrera en el PP. Ha sido diputado, senador y ministro de Administraciones Públicas, Justicia e Interior.

El resto, ya ocupaban cargos importantes en el organigrama del PP. Éste es el caso de Sebastián González, nuevo secretario ejecutivo de Organización, que ocupaba antes el cargo de coordinador general de Organización y que es un hombre de Ángel Acebes, no en vano fue ex presidente de la Diputación de Ávila.

Pero Acebes, el que fuera hombre de confianza de José María Aznar y del que algunos aseguran que estuvo en un tris de convertirse en el heredero del propio presidente de honor del partido por encima de Mariano Rajoy, tiene colocado en el Comité de Dirección a otro de sus peones, Ignacio Astarloa, nuevo secretario ejecutivo de Justicia e Interior. Y es que el que fuera secretario de Estado de Seguridad cuando Acebes era ministro, estaba destinado a ocupar la cartera de Interior o Justicia en el caso de que el PP hubiera logrado ganar las elecciones del 14 de marzo.

Aunque se trata de un hombre de partido, quizá la gran sorpresa de esta nueva dirección haya sido Miguel Arias Cañete, al que Rajoy ha nombrado secretario ejecutivo de Economía y Empleo. El que fuera ministro de Agricultura, y antiguo miembro de Alianza Popular (AP) es un hombre afable, trabajador y con excelentes relaciones con el área económica que ocupaba Rodrigo Rato y del que se dice que se lleva muy bien con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Las malas lenguas aseguran que Cañete ocupa esta secretaria ejecutiva tras la renuncia a la misma de Juan Costa el que fuera secretario de estado de Economía y Hacienda y ministro de Ciencia y Tecnología de Aznar, que renunció, al parecer, a este cargo en la nueva dirección del PP.

A otro al que no hay que confundir, sobre todo porque es imposible hacerlos, es al nuevo secretario ejecutivo de comunicación, Gabriel Elorriaga, una apuesta personal de Mariano Rajoy por quien ha sido uno de sus más firmes colaboradores tanto en las largas etapas de Gobierno como en las hasta ahora cortas de oposición. Elorriaga ha desbancado de esta secretaría al ex ministro de Justicia, José María Michavila, del que se dice en los mentideros de la Villa y Corte que cayó en desgracia por alguna actitud que no gustó en la crisis del PP en Valencia, donde no lo olvidemos hay personas de gran peso específico en el nuevo PP nacional como Eduardo Zaplana y Rita Barberá.

Y qué decir de Ana Pastor, el tercer vértice de este triángulo del equipo de dirección más próximo a Mariano Rajoy. La ex ministra de Sanidad alcanza el cargo de secretaria ejecutiva de Política Social y será un firme apoyo para el presidente nacional durante estos años de oposición.

A estos seis "ministrables" hay que unir para conformar el recién creado Comité de Dirección a los tres portavoces parlamentarios: Eduardo Zaplana (Congreso), Pío García Escudero (Senado) y Jaime Mayor Oreja (Parlamento Europeo).  El primero de ellos que siempre ha estado en las quinielas para ser el futuro líder del PP no ha sido elegido en ninguna de las listas que ha presentado Mariano Rajoy al Congreso y está en la dirección por su cargo como portavoz parlamentario de los populares, todo lo contrario que Jaime Mayor Oreja al que el presidente nacional ha nombrado además vocal por designación, lo que supone que aunque pierda su condición de portavoz en Europa seguirá en la Ejecutiva del Partido Popular.

De Pío García Escudero ya nada se puede decir, el presidente del PP en Madrid ya ha anunciado que no se presentará a la reelección, dejando así el campo libre a Esperanza Aguirre, siempre que Gallardón lo permita, precisamente un Gallardón que quiere ser el "futuro" del PP y al que Rajoy no ha nombrado para estar en la dirección, aunque sí en la ejecutiva. El alcalde de Madrid esperaba un cargo más próximo a la dirección, aunque era perfectamente conocedor de las limitaciones que tiene por su cargo actual. No obstante Ruiz Gallardón ya ha dicho que apoya el nuevo presidente nacional y que aspira a estar más cerca del líder del líder popular.

Se puede decir que el XV Congreso Nacional del PP ha dejado la sensación de que se mantiene un equilibrio de todas las fuerzas, aunque hay algún que otro retroceso significativo, como el caso de la guardia pretoriana de Aznar, el denominado "clan de Valladolid" o el no menos famoso "clan de Becerril". Ahora queda esperar lo que suceda en los congresos regionales del partido, algunos de los cuales están bastante descontrolados, aunque en el PP esperan que la nueva dirección ejerza su poder, aunque el nuevo líder ya ha anunciado que dejará libertad a los dirigentes regionales para que celebren sus congresos como les parezca más oportuno.

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