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Nº
618 - 4
de octubre de 2004
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La UE se enfrenta al mayor reto desde su fundación
TURQUÍA, UN GIGANTE QUE DIVIDE A EUROPA El próximo 6 de octubre, la Comisión para la Ampliación de la Unión Europea emitirá su informe definitivo sobre la apertura de negociaciones formales para la adhesión de Turquía como miembro de pleno derecho de la UE. Dos meses más tarde, el 17 de diciembre, la Cumbre de los líderes de los países integrantes de la Unión tendrá la última decisión. Por el momento, lo que parece evidente es la profunda división sobre la cuestión. Los grupos conservadores de la Eurocámara se muestran mayoritariamente contrarios, mientras que los situados a la izquierda son partidarios. Pero estas divergencias también atraviesan un territorio transversal según las naciones, y las diferencias llegan a plantearse entre grupos políticos de la misma tendencia e, incluso, dentro de un mismo país. Y como telón de fondo, el otro gran debate europeo: la futura Constitución, cuya discusión y aprobación podría verse claramente influida por la "cuestión turca". Por P. A. N. Nos encontramos en el centro de lo que algunos denominan el 'triángulo de la inestabilidad', cuyos lados son los Balcanes, el Cáucaso y Oriente Próximo. En cada una de estas zonas, Turquía desempeña un papel importante para moderar tensiones que, de otro modo podrían repercutir en el resto del mundo. Durante el último decenio, nuestro mayor éxito habrá sido completar nuestra propia democracia con una economía de mercado libre e integrarla en la economía mundial. Turquía es ya un polo de atracción para las repúblicas de Asia Central, con las que tenemos vínculos étnicos, culturales y lingüísticos. Pero mientras Turquía refuerza sus relaciones con los países que la rodean, tiene necesidad de anclarse en Europa para ser capaz de desempeñar realmente su papel. Tenemos la intención de conseguir en 1995 la Unión Aduanera con la Comunidad Europea. Esperamos llegar a ser miembro pleno de ella lo antes posible. Creemos que esta asociación confirmará que un país islámico puede efectuar la industrialización, la modernización y la democratización sin perder su herencia cultural. Revelará también la compatibilidad entre las sociedades musulmanas y los valores occidentales. Mantener a Turquía al margen de Europa, por el contrario, podría tener repercusiones fundamentales en el mundo islámico". Toda esta línea argumental, esta gran oferta de ventajas geoestratégicas, ampliación hacia nuevos mercados, beneficio mutuo y vocación democrática y europea fue pergeñada hace ya 11 años -en 1993- por el que fuera primer ministro turco, el conservador Turgut Ozal, poco antes de su trágica muerte, en un artículo publicado en un medio de su país. Ahora que el debate sobre la apertura de negociaciones entre la Unión Europea y Turquía para la adhesión de los euroasiáticos al club de Bruselas está entrando en un punto álgido y provocando tensiones y desencuentros entre los socios comunitarios, conviene recordar que ésta es una historia que viene de muy lejos y que hasta llegar a este momento decisivo, las conversaciones entre ambas partes han ido produciéndose lenta, pero sólidamente en un sentido de continuo avance desde que comenzaran allá, en el muy lejano 1959. En julio de aquel año el Gobierno turco cursó la primera solicitud de asociación con el entonces Mercado Común Europeo. En 1963 se firmó el primer acuerdo de asociación. En 1977 Turquía solicitó el estatuto oficial como país candidato a la entrada en la Unión y 12 años después, le fue rechazado, pero en Helsinki, en 1999, la UE le otorga esa consideración. Turquía no es precisamente una nación aislada en el contexto internacional. Desde hace décadas pertenece a la OTAN, a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), al Consejo de Europa, a la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE) -y a la entidad sucesora de ésta, la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE)-, además de mantener el estatuto de asociada a la Unión Europea Occidental (UEO) y a la propia Unión Europea. Fue miembro fundador de la Sociedad de Naciones y tras la II Guerra Mundial -en la que permaneció neutral casi hasta el final (en 1945 declaró la guerra a las fuerzas del Eje)- también suscribió el Acta Fundacional de Naciones Unidas. El grueso de su relaciones económicas -más del 50 por ciento de sus exportaciones e importaciones- está vinculado a países de la UE y pese a que la mayor parte de su territorio (un 97 por ciento) se encuentra fuera de la Europa geográfica, su capital cultural y financiera, Estambul, sí se encuentra en territorio europeo, en el que, además, vive un 11 por ciento de su población. Y es que, más allá del debate sobre la ubicación física, la relación de los turcos con Europa parece más un asunto de intensa vocación. La expansión del Imperio Otomano lo llevó a la conquista de buena parte de Europa, en una situación que llegó a mantenerse hasta la conclusión de la I Guerra Mundial. Al cambiar esta circunstancia, el movimiento de los Jóvenes Turcos promueve la reconstrucción de una identidad nacional turca orientada a una constante occidentalización que consideraban como un elemento vital para su desarrollo y supervivencia. Este movimiento liderado por Mustafa Kemal Ataturk instaura la república, deroga la aplicación de la sharia, la ley islámica, crea un Código Civil inspirado en el suizo de la época, sustituye el alfabeto arábigo por el latino, adopta el calendario solar y se cambian los viernes por los domingos como día de descanso, además de reconocer los derechos políticos de las mujeres. Aún sabiendo la intensa influencia del Islam, la pretensión es la de debilitar su presencia en la esfera política y de la administración de Justicia que tenía hasta ese momento y llevar a Turquía las estructuras de un Estado secular moderno. Ataturk escribió, a modo de explicación de las, duras en aquel momento, reformas emprendidas: "Los pueblos que no están civilizados, están condenados a permanecer bajo el yugo de los que lo están. Y civilización es Occidente, el mundo moderno, del que Turquía debe formar parte si desea sobrevivir. La nación está decidida a adoptar exacta y completamente, tanto en el fondo como en la forma, el estilo de vida y los métodos que la civilización contemporánea ofrece a las naciones". Sin embargo, ese afán de modernidad y desarrollo no se ha visto del todo cumplido a lo largo de las más de ocho décadas transcurridas desde esta declaración. En el último medio siglo, la nación turca ha conocido cinco dictaduras militares y asuntos tan importantes como la libertad de expresión, el respeto a las minorías -especialmente a la kurda, que supone un 20 por ciento de la población-, el pleno reconocimiento y ejercicio de los derechos políticos, o la igualdad entre los sexos han tardado mucho tiempo en ser plenamente efectivos, e incluso, a día de hoy, persisten graves lagunas con algunos casos de torturas en las prisiones y la lacra de los múltiples "crímenes de honor" -mujeres asesinadas por sus propios familiares por haber mantenido relaciones adúlteras o hasta por haber sido violadas- que con persistencia se siguen registrando en las regiones más deprimidas. En el momento actual de las negociaciones para la adhesión, recientemente surgió un punto de fricción: el nuevo Código Penal turco. El primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, del islamista moderado Partido de la Justicia y el Desarrollo, en el último momento retiró un texto consensuado con el principal grupo de la oposición, el socialdemócrata Partido Republicano del Pueblo. La explicación aparente era que iba a añadirse un artículo para introducir la penalización del adulterio. Un código que tipificase el adulterio como delito no resulta asumible para la Unión Europea y el primer ministro turco, en vísperas de la decisión de la Comisión para la Ampliación de la UE sobre la solicitud de su país, fue "invitado" a visitar el Parlamento y la Comisión Europea, entre otras cosas, para ser "informado" de que este elemento resultaría inaceptable para la iniciación de las conversaciones de integración. Erdogan tranquilizó a sus futuros socios, asegurando que tal punto, finalmente no sería incluido. Lo cierto es que esa ley no ha llegado nunca a ser debatida en el Parlamento turco. Varios analistas coinciden en señalar que ésta ha sido una maniobra para el consumo interno y una prueba de la habilidad y el pragmatismo de Erdogan. En su partido cuenta con un ala más radicalizada que ya le creó serios problemas cuando rompieron la disciplina de voto y de este modo el Parlamento se pronunció en contra del paso de tropas norteamericanas por territorio turco, camino de la invasión de Iraq. De hecho, hasta las fuertes declaraciones del primer ministro en su reciente visita europea, aduciendo que su código penal era "un asunto interno" de su país, se interpreta en clave de que Erdogan trata de convencer a los "más duros" de entre sus filas de que, en cierto modo, es una imposición de la UE, pero que conviene ceder porque hay más que perder que ganar manteniendo esa "tradición" -de hecho, el adulterio no era delito en el anterior código. Pese a la superación de este escollo y a que todo apunta a que el informe de la Comisión para la Ampliación será favorable a la apertura de negociaciones formales para la adhesión de Turquía -el comisario para la Ampliación, el alemán Günter Verheugen ha afirmado que "ya no existen más obstáculos sobre la mesa. El rechazo tendría consecuencias devastadoras. Sería dar una negativa a todo el mundo islámico y poner fin abruptamente al proceso de reformas en Turquía"- su candidatura no lo va a tener nada fácil. Algunos pesos pesados se oponen abiertamente, no ya a que la negociación se produzca en estos momentos, sino que plantean abiertamente darle un carpetazo definitivo. El dirigente del Grupo Popular del Parlamento Europeo, el ex ministro francés Jacques Toubon aseguró recientemente que "los turcos nunca serán realmente europeos, porque culturalmente están incapacitados para asumir los valores democráticos de la UE y porque su religión les impide asumir la igualdad hombre-mujer o el respeto al individuo". Y es que en Francia este debate va a provocar que salten chispas. El presidente Jacques Chirac, firme defensor de la entrada de Turquía, se ha quedado prácticamente solo en el seno de su partido. Su primer ministro, Jean Pierre Raffarin ya ha manifestado su oposición. La también francesa Marielle de Sarne, del Grupo Liberal del Parlamento Europeo, manifestó que "la UDF -otro partido de la coalición de Gobierno en París- recuerda su rechazo de fondo a la adhesión de Turquía, que cambiaría fundamentalmente la naturaleza misma del proyecto europeo y convertiría en imposible toda perspectiva de lograr una verdadera unión política con peso en el mundo". Y otro tanto sucede con los conservadores alemanes. La CDU ha expresado en múltiples ocasiones su rechazo y sus socios socialcristianos de la CSU coinciden en la opinión. El primer ministro de Baviera -de esta última formación-, Edmund Stoiber, aduce que la UE perdería su carácter: "Si la UE se extiende hasta Iraq, Irán Georgia y Siria, tras Turquía pretenderían entrar los países del Norte de África. La entrada turca también presenta graves problemas financieros, pero, además, hay que colocar un límite geográfico". Precisamente, sobre los problemas financieros hace incidencia otro conocido "enemigo" de la entrada turca, el comisario de Agricultura y Pesca, Franz Fischler, que haciendo gala de su extremo pragmatismo, argumenta su oposición en la fuerte competencia del sector agrícola turco y en los 11.300 millones de euros que, según sus cálculos, costaría esta adhesión a las arcas comunitarias. En el país con mayores niveles de migración turca, Alemania -donde residen dos millones y medio de los seis millones de emigrantes turcos-, la opinión pública se encuentra muy dividida; un 34 por ciento está claramente a favor de la integración y un 32 por ciento en contra, mientras que otro 27 por ciento apuesta por otorgar un estatuto especial sin llegar a la plena integración. El Gobierno de los socialdemócratas del SPD y los Verdes apoyan el ingreso sin fisuras. Por el momento, ningún gobierno como tal ha expresado oficialmente su negativa. Los ejecutivos de Austria, Holanda y Dinamarca, con partidos conservadores en el poder, han guardado silencio. Los gobiernos de Francia -pese a la fuerte contestación interna-, Italia, Portugal y Reino Unido (tal vez el más firme defensor de la ampliación) están a favor. En España, tanto el actual ejecutivo como el anterior, han sido partidarios de la integración turca a lo largo de todo el proceso. Otra división clara se observa en la ciudadanía de la UE. En los países donde la influencia o, incluso la presencia del Imperio Otomano fue más cercana, la opinión pública presenta unos niveles superiores de oposición. El que será próximo presidente de la Comisión Europea en sustitución de Romano Prodi, el ex primer ministro portugués, José Durao Barroso, también es partidario del inicio de las negociaciones, aunque matiza que "Turquía aún no cumple todas las condiciones. Ha hecho grandes progresos, lo reconocemos, pero en este momento, todavía no cumple todos los criterios". Y esta declaración es importante, porque las conclusiones del Consejo europeo de Copenhague, de diciembre de 2002, establecían: "Si el Consejo Europeo de diciembre de 2004, basándose en un informe y en una recomendación de la Comisión, dictaminara que Turquía cumple los criterios políticos de Copenhague, La Unión Europea abriría las negociaciones para la adhesión de Turquía sin mayor dilación". ¿El "aún no cumple todas las condiciones" es una advertencia de Barroso? Paralelamente, la Comisión Independiente para Turquía -creada al margen de las estructuras de la UE, pero con la presencia de destacadas e influyentes personalidades, como el ex presidente de Finlandia, Martii Ahtisaari, el ex primer ministro de Sajonia, Kurt Biedenkopf, la ex comisaria europea, Emma Bonino, el ex ministro se asuntos Exteriores de Holanda y ex comisario europeo, Hans van den Broek o el ex ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, Bronislaw Geremek- acaba de presentar su informe y sus conclusiones al respecto de la adhesión turca a la Unión. En sus consideraciones argumentan que "Con razón puede decirse que Turquía está atravesando una 'revolución silenciosa', incluso si el ritmo de este proceso implica que pasará algún tiempo antes de que los efectos se sientan en la sociedad turca en conjunto y sean reconocidos por la opinión pública fuera del país. Las decisiones de los Consejos Europeos de 1999 y 2002 acerca de la adhesión de Turquía se correspondían con la postura oficial repetidamente adoptada por los gobiernos europeos a lo largo de los anteriores 40 años. La posibilidad de que Turquía pudiera convertirse en un miembro nunca había sido puesta en duda abiertamente. Por el contrario, fue confirmada de manera expresa en numerosas ocasiones; si bien a Turquía se le decía al mismo tiempo que las condiciones políticas y económicas imperantes no permitían el comienzo de las negociaciones de adhesión". Antes de ofrecer sus conclusiones, el informe ofrece diversas consideraciones de índole política, geoestratégica y económica. En una parte del texto se expresa que "Europa podría mandar un poderoso mensaje al resto del mundo: el choque de civilizaciones no es el destino ineluctable de la humanidad". Más adelante llegan las reflexiones economicistas: "La posición geopolítica de Turquía es un factor esencial para la seguridad de los suministros energéticos de Europa (...) Desde el punto de vista económico, Turquía no es a buen seguro un 'animal extraño' en compañía de los estados candidatos actuales y anteriores. Las cifras más recientes confirman la tendencia positiva de sus indicadores económicos. Morgan Stanley Dean Witter ha informado que en el primer trimestre de 2004, debido a las mejoras en productividad, el PIB real de Turquía presentó uno de los crecimientos más rápidos del mundo, elevándose en un 10,1 por ciento año tras año. Al mismo tiempo, según el Instituto de Estadística, la inflación cayó en más de la mitad hasta alcanzar un 8,9 por ciento". Las conclusiones de esta Comisión Independiente acerca de la integración turca en la UE, como puede deducirse, son plenamente favorables. Así el primer párrafo de las mismas concluye contundentemente: "La Comisión Independiente para Turquía considera que las negociaciones para la adhesión deberían iniciarse ya. Tan pronto como Turquía cumpla los criterios políticos de Copenhague. Su demora, una vez más, perjudicaría la credibilidad de la Unión y sería vista como una violación del principio generalmente reconocido, conforme al cual 'pacta sunt servanda' (los pactos deben cumplirse". El presidente del Parlamento Europeo, el español Josep Borrell, es consciente de que la discusión sobre la integración turca va a constituir uno de los "puntos calientes" durante su mandato que probablemente "vaya a ejercer cierta influencia también sobre el debate de la Constitución Europea". La institución que él preside "no tiene en estos momentos competencias sobre la cuestión, pero al final del proceso sí tiene la última palabra". Pese a que reconoce que en la cuestión de la entrada de Turquía en la UE existen argumentos poderosos a favor y en contra que, en estos momentos mantienen divididos a la Comisión Europea, a los gobiernos y a los partidos, rechaza que la cuestión religiosa sea esgrimida como un elemento a considerar: "Nadie debería utilizar esto, ni a favor ni en contra. La Unión europea no es un club cristiano. Y aunque resulta obvio que la mayoría de la población turca es musulmana, el Estado turco es laico en su Constitución. Uno de los mayores retos para Europa es su relación con el mundo islámico. Actualmente más de 14 millones de personas practican esta religión dentro de nuestras fronteras; y ese número irá en aumento. La religión es distinta, pero los valores pueden ser los mismos". Las conclusiones de la Comisión para la Ampliación se conocerán en pocos días, pero no tienen carácter vinculante. Será la Cumbre de diciembre el escenario en el que se conocerá la decisión definitiva y una dura prueba para comprobar la cohesión de los socios comuniatrios, a la vista de las grandes divergencias ya expresadas entre los grandes grupos políticos. El claro patrocinio a la candidatura turca por parte de los Estados Unidos, tal vez termine por inclinar la balanza en una situación que se presume, de entrada, muy equilibrada entre unas y otras posiciones. También será la ocasión para descubrir si Europa emprenderá el camino esbozado por el presidente del Gobierno español en su reciente discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, hacia esa alianza de civilizaciones o si, por el contrario las fronteras de la UE quedarán marcadas a fuego con unos límites ya inamovibles en el futuro. En caso de que la luz verde se encienda el próximo 17 de diciembre, todavía quedará un larguísimo trecho de no menos de diez años hasta la plena integración turca como socio de pleno de derecho de la UE. Es un largo y tortuoso camino que ya otras naciones han tenido que recorrer y que en España conocemos mejor que nadie, desde los tiempos en los que parecía que, además de los obvios incumplimientos de las condiciones para nuestra integración en materia política y de Derechos Humanos, tampoco nos ayudaba mucho la geografía, cuando entonces, África empezaba en los Pirineos. |
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EL ISLAMISTA PRAGMÁTICO Nacido en Rize, una pequeña población a orillas del Mar Negro, Recep Tayyip Erdogan, actual primer ministro turco, pertenecía a una familia de clase media en la que su padre trabajaba como funcionario en el servicio de guardacostas de la Agencia Marítima Estatal, Interesado por el deporte llegó a ser un futbolista semiprofesional en su adolescencia y juventud, Fue en esa época de su vida cundo entró en contacto con círculos de intelectuales islamistas. Inició su carrera política en 1970, cuando fue elegido presidente de la rama juvenil de la organización política islamista, Partido del Orden Nacional (MNP), en el distrito de Estambul. En 1971, los militares ¡legalizan este partido, por lo que en 1972 se integra en las filas de otra formación de orientación también islamista y derechista, el Partido de Salvación Nacional (MSP). Llegó a ser la tercera fuerza política del país en la década de los 70 y entró en gobíerno de coalición, tanto con la derecha mayoritaria de del Partido de la Justicia, de Süleyman Demirel, como con los socialdemócratas del Partido Popular Republicano de Bülent Ecevit, En 1973 terminó sus estudios islámicos en un centro en el que también se impartía una formación generalista, más allá de la enseñanza religiosa. En 1980 se produce el golpe de estado del general Kenan Evren, que disuelve todos los partidos. La consiguiente represión no alcanza a Erdogan, entonces sólo un militante de base del MSP. Con el cambio de legislación se afilia en 1983 al Partido del Bienestar (RP), una reedición del disuelto MSP aunque su antiguo líder, Erbakan, continuaba proscrito por la ley, En esa época, Erdogan, pese a ofrecer un talante más liberal, era un devoto islamista que abogaba por el reencuentro con las raíces musulmanas, En 1984 fue designado jefe del RP en el distrito de Beyoglu y al año siguiente se le encomendó la organización del partido en toda la provincia de Estambul. Pasó a ser miembro de la dirección nacional en 1986. Erbakan pudo
reincorporarse a la política en 1987 y dio un poderoso impulso
al RP, combinando el discurso tradicionalista con una denuncia de la problemática
social y la exigencia de un "orden justo" que fue calando en
las capas más desfavorecidas, logrando espectaculares incrementos
en los votos en cada contienda electoral. Erdogan obtuvo la alcaldía de Beyoglu en 1994. Durante los cuatro años que permaneció al frente del Ayuntamiento de Estambul se covirtió en un político muy popular por una gestión eficiente exenta de la corrupción a la que los ciudadanosestaban acostumbrados, Eso proyectó su figura al ámbito nacional. En las elecciones legislativas de 1995, el RP pasó a ser la fuerza más votada, pero no pudo formar gobierno al encontrase con un frente laico formado por los partidos no confesionales. Pero entró a gobernar en coalición con el DYP un año más tarde, Tras dos años de política declaradamente pro-árabe, con intercambios económicos crecientes con Irán y Libia y una tendencia a la islamización de la vida interior del país, el gobierno se disuelve y el DYP mantiene el poder apoyado en pequeños partidos, A comienzos de 1998, el Tribunal Constitucional ¡legaliza al RP por desarrollar "actividades contrarias al secularismo del Estado". Antes de que la sentencia fuese efectiva, Erdogan y otros dirigentes del RP inscriben el Partido de la Virtud (FP). Antes, el 6 de diciembre de 1997 en un acto público en la localidad de Súrt, Erdogan leyó unos versos del poeta e ideólogo nacionalista Zíya Gökalp (incluidos en los libros de texto de las escuelas turcas): las mezquitas son nuestros cuarteles, las cúpulas, nuestros cascos, los minaretes, nuestras bayonetas y los creyentes, nuestros soldados". Por ello fue acusado de incitación al odio sobre la base de diferencias religiosas" y fue sentenciado a 10 meses de prisión y una cuantiosa multa; fue, además inhabilitado a perpetuidad para ejercer cargo público. Pese a todo se reincorpora al FP, en cuyo seno se vive una división entre ultraconservadores, en la línea de Erbakan y reformistas, encabezados por el economista Abdullah Gül. En el congreso de mayo de 2000, Erdogan se alinea con esta posición. Su reforma llegó a ser calificada como "socialdemócrata" dentro de los ambientes islamistas. Promovían, desde el repeto a las prácticas y costumbres islámicas, una visión incidente en el fortalecimiento de los valores democráticos y el respeto a los Derechos Humanos. Erdogan y Gül organizan en el verano de 2001 el Partido de la Justícia y el Desarrollo (AKP), ya con el actual primer ministro como presidente de la formación, El AKP obtuvo una rotunda mayoría en las elecciones de 2002, en lo que supuso el mayor vuelco electoral en la historia turca desde 1950. Mayoría absoluta y casi alcanza los dos tercios de los diputados, necesaríos para las reformas constitucionales. Sin embargo, Erdogan no puede ni presentarse como candidato, ya que la Junta Electoral le había descalificado como candidato por la proclama poética de 1997. Como primer ministro "en la sombra", ejerció como embajador volante del nuevo Ejecutivo monocolor, presidido por Gül, quien se dedicó a cumplimentar las exigencias pendientes de la Unión Europea sobre normativa interna. Pero, ante la que consideraron decepcionante propuesta de la UE, de iniciar negociaciones para la adhesión, en todo caso, en el verano de 2005, Erdogan propone al presidente norteamericano, George Bush, la adhesión de Turquía al tratado de Libre Comercio de América del Norte, en el caso de que las ne~ gociaciones para ingresar en la UE no concluyesen felizmente. Tras una enmienda constitucional, Erdogan recupera sus derechos y es elegido diputado en una elección parcial el 9 de marzo de 2003. Gül dimitió dos días después y el partido propuso como candidato a primer ministro a Erdogan, que fue aprobado por el Parlamento. |
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CUERPO ASIÁTICO, CORAZÓN EUROPEO Los 780.000 kilómetros cuadrados de Turquía están situados casi en su totalidad en la Península de Anato¡la, con un tres por ciento de su territorio en la Europa Balcánica, donde se ubica Estambul y algo más de un 11 por ciento de sus 73 millones de habitantes (serán 100 millones en 2050). Tiene fronteras con Arme "Azerbaiyán, Bulgaria, Georgia, a' er Grecia Irán, Irak y Siria y 7.200 kilómetros de costas entre el Mar Negro, el Mar Egeo y el Mediterráneo. Conviven la industria y el comercio, concebidos desde una perspectiva moderna, en donde destaca la explotación minera y la transformación de productos de antimonio, cromo, pirita y la extracción de carbón, sulfatos, boratos; con un gigantesco sector agrícola -tabaco, algodón, cereales agrios, legumbres, remolacha, aceitunas (el 80 por ciento de¡ territorio es cultivable) y ganadero y una artesanía ancestral. Su renta per cápita se sitúa cerca de los 7.000 dólares, aunque con una distribución muy irregular. Más de¡ 50 por ciento de sus exportaciones y de sus importaciones se producen en intercambios con países miembros de la Unión Europea y su esperanza de vida arroja cifras muy similares a las de los países de nuestro entorno, 73 años. Un 95 por ciento de la población profesa la religión islámica, sunita, en una inmensa mayoría. Con numerosos avatares y la interrupción por cinco veces en los últimos 50 años, su sistema de Gobierno es una república parlamentaria. El 20 por ciento de los habitantes son curdos y más de seis millones de sus ciudadanos han emigrado a países de todo el fundo, fundamentalmente de la Unión euroea y especialmente a Alemania, donde viven más de dos millones y medio de turcos. |