Nº 603 - 17 de mayo de 2004

Enlace real, montado como una apoteosis de la monarquía

RANCIA BODA

Don Felipe y Letizia Ortiz darán este sábado el sí quiero. A partir de entonces, el principal reto del Príncipe consistirá en dotar de continuidad a la dinastía de los Borbones y para ello, además de asegurar su descendencia, deberá afianzar la imagen que la sociedad tiene de ella gracias al indudable papel que su padre, Don Juan Carlos, viene protagonizando desde la llegada de la democracia. El heredero de la Corona dará por cumplido uno de sus principales compromisos contraídos con la monarquía, al tiempo que comenzará una nueva etapa caracterizada por el difícil equilibrio entre el papel del futuro jefe del Estado y el del Príncipe de Asturias, sin atribuciones reconocidas por la Constitución. Pero si el matrimonio suscita en el fondo unanimidad de criterios, en las formas hay opiniones para todos los gustos. Los excesos derivados de los preparativos de la boda están bien para quienes añoran el lujo añejo de las monarquías decimonónicas, pero no para un país donde las especiales circunstancias y el sentir popular exigen mayor recato a sus monarcas.

Por Virginia Miranda y Vera Castelló

El príncipe Felipe ha sentado la cabeza. Al heredero de la Corona le ha llegado la hora de romper con sus hábitos de niño bien para cumplir el compromiso contraído desde la cuna con la monarquía española. Porque a pesar de haber sido educado en la más estricta disciplina de la Casa Real, sus hazañas amorosas aireadas por la prensa del corazón han llegado a ser motivo de escarnio en los círculos más próximos a La Zarzuela, preocupados con la posibilidad de que las amigas del Príncipe de Asturias acabaran con el prestigio de una institución cuidadosamente asentada por su padre el Rey. El episodio Eva Sannum a punto estuvo de hacer realidad los peores presagios de Su Majestad. La opinión pública no aceptaba a la joven nórdica y los sectores monárquicos más conservadores cargaron las tintas contra la maniquí de lencería fina vaticinando malos tiempos para la dinastía de los Borbones. Incluso hubo quien llegó a decir que el noviazgo de Don Felipe con la modelo era el mejor acicate posible para la causa de la República.

Pero de aquello ya nadie quiere acordarse. El heredero de la Corona purgó sus pecados zanjando aquella relación imposible y buscando a otra mujer cuyas atribuciones fueran más acordes con lo que el país espera de su futura reina. La elegida, Letizia Ortiz, aún planteaba algunas objeciones entre un reducido sector de la población descontento con su estado civil y su origen plebeyo. Sin embargo, la mayor parte de la opinión pública está convencida de que el Príncipe y, por ende, la institución a la que representa, han ganado con el cambio.
Aunque Don Felipe ha superado con éxito la difícil prueba de escoger a su futura esposa, su nueva vida y las responsabilidades que ella conlleva no han hecho más que empezar. A partir de ahora, deberá dotar de mayor contenido a su papel de Heredero, que si bien lo viene representando desde hace años, no había requerido de atribuciones concretas. La tarea no es fácil. Para empezar, la figura del Príncipe de Asturias carece de referencias constitucionales. La Carta Magna explica con detalle cuál es la función del jefe del Estado, pero no dice nada acerca del Heredero. De hecho, cuando asiste a algún acto oficial en el extranjero, como la toma de posesión de los presidentes latinoamericanos, lo hace por delegación expresa del Rey y el Consejo de Ministros tiene que aprobarlo o darle permiso. Este escaso margen de maniobra requiere que Don Felipe optimice cada una de sus comparecencias públicas para demostrar sus propias cualidades. Y es aquí donde se le plantea un nuevo escollo. España es un país de republicanos de cabeza y juancarlistas de corazón. El talante, la afectuosidad y la mano izquierda del Rey para interceder en cuestiones espinosas han dotado a la monarquía española de una adhesión prácticamente unánime. Pero los méritos de Don Juan Carlos, que tanto bien han hecho a la Casa Real, son sin embargo un handicap para el Príncipe, que carece del carácter campechano y las tablas de su padre. El propio monarca está preocupado ante la posibilidad de que su don de gentes pueda eclipsar a su hijo, y en sus conversaciones con José Luis de Vilallonga a propósito de un libro sobre el Rey dijo: "espero que don Felipe se haga querer por los españoles tanto como al parecer me quieren a mí. Eso es todo lo que pido".

De momento, lo que sí parece haber interiorizado es una de las máximas de Don Juan Carlos: "aquí hay que ganarse el sueldo todos los días; si no te botan". Lo demostró poco después de conocerse su compromiso matrimonial con Letizia Ortiz. El Heredero intensificó notablemente su agenda oficial, no sólo en número sino, sobre todo, en lustre. Los actos conmemorativos de los 25 años de la Constitución propiciaron el encuentro del Príncipe tanto con los representantes del mundo empresarial y político como con los sindicatos. A este respecto, la primera vez que Don Felipe acudía a un acto con UGT y CC OO sirvió para comprobar, en opinión de los asistentes, que el talante del Príncipe está cambiando. Representantes de las dos plataformas sindicales resaltaron el sincero interés mostrado por el Heredero en las cuestiones sociales que allí se debatieron.

Sin embargo, su carácter serio y reservado, heredado sin duda de su madre la Reina, sigue siendo su punto flaco. Cada vez que los miembros de la Familia Real se saltan el protocolo en público para responder a las muestras de cariño están sumando puntos a su popularidad. Pero no todos demuestran la misma soltura. En el caso del Príncipe se echa en falta una mayor afectividad, aunque en este caso también está empezando a progresar de forma positiva. Lo hizo la pasada semana, durante su visita al 'santuario' de Atocha para depositar junto a su prometida un ramo de flores en memoria de las víctimas de los atentados del 11-M. Al marcharse, la multitud congregada en la estación se abalanzó sobre la pareja para felicitarles por su próximo enlace y tratar de estrecharles la mano. Los dos accedieron, pero Letizia parecía tener más prisa en despedirse. Entonces, el Príncipe se dirigió a un agente de seguridad para decirle "dile que espere", en alusión a su prometida. El heredero de la Corona supo responder a las expectativas de su padre, cuidando uno de esos pequeños detalles que a lo largo de las últimas décadas han permitido a la Familia Real granjearse el cariño y la simpatía de los españoles.

Por otra parte, al Príncipe le corresponde darle descendencia a la dinastía de los Borbones. Esta será sin duda la tarea menos complicada y la más gratificante, porque igual que la boda, los hijos reforzarán su imagen ante la opinión pública. Aún es pronto para aventurar previsiones, pero Don Felipe está dispuesto a ponerse a ello cuanto antes. La pasada semana, durante la entrega de la medalla de honor del Ayuntamiento de Madrid al heredero de la Corona, el Príncipe expresó su deseo de "formar pronto una familia". En los corrillos periodísticos ya se vaticina que la buena nueva nos la darán a la vuelta de las vacaciones en el Palacio de Marivent, aunque de momento tan sólo son conjeturas. Lo que no está claro es la partida presupuestaria que el Rey destinará a partir de ahora a la familia de su hijo. Fuentes de Zarzuela recuerdan que la Constitución otorga al monarca la libertad para disponer como desee de los más de 7,5 millones de euros que el Estado ha destinado este año a la Casa Real. Sin embargo, no estaría de más una mayor transparencia informativa, uno de los escasos reproches que se le pueden hacer hoy en día a Don Juan Carlos.

Apoyo logístico. La Casa del Príncipe sigue siendo otro de los asuntos pendientes en Zarzuela. Desde que Don Felipe se fuera a vivir al Pabellón del Príncipe, se abrió un debate sobre la necesidad de crear este nuevo departamento para que asista al heredero de la Corona en su cada vez mayor actividad institucional. Hay quienes consideran que su creación tan sólo respondería a un mero formalismo, ya que la secretaría del Príncipe ejerce esta responsabilidad de facto. Cuando se crea la actual Casa del Rey en noviembre de 1975 no se había nombrado un Príncipe de Asturias y el que después lo sería tan sólo tenía siete años. Sin embargo, con el tiempo fue en aumento su ejercicio real y efectivo de funciones representativas, por lo que en 1996 se crea, para su apoyo y asistencia, la Secretaría del Príncipe, que en estos momentos dirige Jaime Alfonsín. El catedrático de Derecho Constitucional Javier Cremades aborda en La Casa de S.M. el Rey la discusión sobre la conveniencia o posibilidad de que exista una Casa del Príncipe, incluso dentro de la Casa del Rey, que diera a Don Felipe mayor autonomía e independencia de acción. Hay quienes opinan que ha llegado el momento de crear la Casa del Príncipe para proyectar su imagen como heredero de la Corona, sobre todo ahora que va a contraer matrimonio. Sin embargo, el vacío legal relativo a las funciones de Don Felipe también plantea la posibilidad de considerar que la Secretaría, dependiente del secretario general y jefe de la Casa Real en primer y segundo término, viene a dar la suficiente cobertura a sus funciones.

Lo que de momento no va a sufrir alteraciones es la graduación militar del heredero de la Corona, a pesar de las informaciones que a principios de este año aseguraban que el Gobierno de Aznar tenía previsto ascenderle en el escalafón. Poco después de que se anunciara el compromiso matrimonial de Don Felipe y Letizia Ortiz, los diarios ABC y La Razón, además de otros periódicos regionales y digitales, dieron por hecho que el Ejecutivo iba a adoptar esta medida, apelando a la facultad del Consejo de Ministros de ascender al Príncipe "a cualquier empleo superior" teniendo en cuenta "las exigencias que su alta representación demanda", de acuerdo con el Real Decreto aprobado en diciembre de 2000 que regula su carrera militar. Poco después, el diario El Mundo aseguraba que el heredero de la Corona había rechazado la propuesta del Gobierno, que supondría tener en unos meses un ascenso que los propios compañeros de promoción del Heredero tardarían no menos de 20 años en conseguir.

Tanto la Casa Real como el Ministerio de Defensa desmintieron a El Siglo la noticia. Concretamente, desde el departamento dirigido entonces por Federico Trillo dijeron que existe una tradición no escrita según la cual, cuando se va a casar un heredero de la Corona, se le asciende al máximo grado de la carrera militar. Sin embargo, el Gobierno no se había planteado la posibilidad teniendo en cuenta que el deseo del Príncipe es ir al mismo ritmo que su propia promoción.

Lo cierto es que en 2000 Don Felipe ya fue ascendido, tal y como le correspondía, y en la actualidad es comandante del Cuerpo General de las Armas del Ejército de Tierra (Infantería), capitán de Corbeta del Cuerpo General de la Armada y comandante del Cuerpo General del Ejército del Aire. De todos modos, la graduación del heredero de la Corona es honorífica y en ningún caso desplazaría a otros militares del escalafón. Lo mismo ocurrirá cuando su padre abandone el trono. El Rey ostenta el mando Supremo de las Fuerzas Armadas, de modo que cuando Don Felipe asuma la jefatura del Estado, sucederá también al monarca en la jerarquía militar, aunque tampoco en su caso tendrá responsabilidad ejecutiva.

Ahondando en el tema de la sucesión dinástica, si ésta se produjera en un corto plazo de tiempo Don Felipe sería Rey en un momento que, si bien poco tiene que ver con las circunstancias históricas que rodearon la investidura de Don Juan Carlos, sí guarda ciertas similitudes. El monarca, nombrado Príncipe de España en 1969 por Francisco Franco durante la dictadura española, ascendió al trono en 1975, dos días después de la muerte del Caudillo. Don Juan Carlos jugó un papel fundamental a favor del cambio político. Colaboró en la formalización de la transición, apoyó la legalización de partidos de izquierda e intercedió con los nacionalistas, logrando la adhesión de los sectores republicanos a la monarquía parlamentaria. Salvando todas las distancias, un Felipe VI actual podría retomar la función moderadora de su padre para que las reivindicaciones soberanistas de los nacionalistas no acaben escorando el panorama político. Si bien es cierto que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero es más dialogante que el de su antecesor y ya ha manifestado su disposición a apoyar las reformas de los estatutos de autonomía de las comunidades históricas y del Senado, la modificación de la Constitución requiere de un alto grado de consenso y es en este punto donde entraría en juego su función arbitral obligándole a bajar a la arena política. Además, reinar en un país donde una de sus autonomías está gobernada por un partido republicano y donde el poder ejecutivo del Estado está en manos de un partido con la misma sensibilidad política también requiere del talante y la capacidad necesarios para que su papel de Rey, consistente en representar la unidad del Estado y en moderar el funcionamiento regular de las instituciones, no sea puesta en entredicho y con él el de la propia institución monárquica.

Mucho tendrían que cambiar las cosas para que Don Felipe pudiera superar con éxito esta difícil prueba. A día de hoy, el Príncipe de Asturias no ha logrado concentrar el mismo apoyo unánime que su padre. Aunque es el heredero de la Corona, aún está verde en cuestiones de Estado y no tiene ninguna garantía de que todos los partidos del arco parlamentario respaldasen su ascenso al trono. El propio enlace ha servido de termómetro político para medir el grado de adhesión de los republicanos a la Corona. Y el resultado no podía ser más explícito. Los portavoces en el Congreso de ERC, PNV, IU y Grupo Mixto han declinado la invitación a la boda. El más explícito ha sido el de IU, Gaspar Llamazares, que no acudirá "por razones obvias", y el candidato de la formación a las elecciones europeas, Willy Meyer, que en la entrevista publicada esta semana por El Siglo asegura que "en esa boda no pintamos nada". Las ideologías no habían sido hasta ahora un problema para Don Juan Carlos. El que en su día propiciara el entendimiento político entre el comunista Santiago Carrillo y el ministro franquista Manuel Fraga cuenta con el reconocimiento de todas las fuerzas parlamentarias, que así lo han demostrado en numerosas ocasiones acudiendo a los actos convocados por el monarca. Si Felipe VI perdiera ese reconocimiento expreso, la Corona y todo lo que ella representa se vería seriamente perjudicada porque habría perdido su papel integrador del Estado, limitándose a figurar como la monarquía del bipartidismo. Por otra parte y teniendo en cuenta estos precedentes, la reforma constitucional correría el peligro de no contar con un nexo de unión lo suficientemente fuerte como para " acometerse con el mismo espíritu de consenso que permitió alumbrarla", tal y como recordó Don Juan Carlos en la sesión de apertura de la VIII Legislatura.

Los excesos de la boda. Durante los últimos seis meses, la boda del príncipe Felipe y Letizia Ortiz ha sido uno de los temas más comentados en la prensa diaria y las conversaciones de sobremesa. A estas alturas, a nadie se le escapa detalle alguno sobre la vajilla con la que se servirá el almuerzo, el modisto que vestirá a la novia o la 'bronca' de la tarta nupcial. Esta implicación ha propiciado que la ciudadanía se sienta partícipe del acontecimiento, hasta tal punto que parece imbuida por cierto espíritu cortesano y no repara en los excesos derivados de los preparativos del enlace. Porque ni siquiera la boda de la hija de José María Aznar, celebrada en septiembre de 2002 en el Monasterio de El Escorial, generó semejante volumen de gastos y contratiempos. Y eso que en aquel entonces el ahora ex presidente del Gobierno y su familia fueron duramente criticados por haber organizado una celebración equiparable a la de las hijas de Don Juan Carlos y Doña Sofía. "La tercera Infanta", le dijeron a Ana Aznar. Se dio por hecho que sólo la Familia Real podía hacer uso del lujo y la ostentación en las ceremonias nupciales, a pesar de que, en realidad, los antecedentes más inmediatos digan lo contrario. Hasta que se casó en 1906 Alfonso XIII, bisabuelo del príncipe Felipe, con la Princesa Victoria Eugenia de Battenberg, los enlaces de los miembros de la monarquía española no atrajeron la presencia significativa de las casas reales extranjeras. La boda de su abuelo Don Juan con la Princesa María de las Mercedes de Borbón en 1935 se celebró en el exilio romano y tan sólo el diario monárquico 'ABC' se hizo eco del evento. Y el matrimonio de sus padres Don Juan Carlos y Doña Sofía, celebrado en Atenas en 1962, pasó prácticamente desapercibido en la prensa española. Incluso la última boda de un Príncipe de Asturias celebrada en Madrid, la de la Princesa María de las Mercedes con Don Carlos de Borbón en 1901, se celebró en la Real Capilla del Palacio Real y ni hubo festejos públicos ni fiestas de Corte. Bien es cierto que los acontecimientos políticos de finales del siglo XIX y buena parte del XX no eran los más propicios para la monarquía española y que hay que remontarse en el tiempo para encontrar un periodo histórico en el que la Familia Real gozara del mismo prestigio que ahora disfruta. Sin embargo, esa no es suficiente justificación para que a La Zarzuela se le hayan ido de las manos los preparativos del enlace, dándole una apariencia que no se corresponde con el verdadero papel que la monarquía ostenta en nuestro país. Nada más conocerse la noticia del enlace, la ciudad de Madrid tuvo que paralizar sus prioridades para responder a las de la Casa Real y el Ayuntamiento y ahora el Gobierno central crearon comisiones específicas para coordinar los dispositivos previstos para la boda. Eso desde hace más de seis meses y por no hablar de los efectos inmediatos del enlace, como el colapso que sufrirá la capital de España el próximo fin de semana. La Zarzuela ha hecho algún tímido intento para evitar que los excesos empañaran la buena prensa que desde un primer momento tuvo la boda. Sobre todo a raíz de los atentados del 11-M, que sumieron al país en una de las temporadas más tristes y aciagas que se recuerdan. Don Felipe pidió al Consistorio que el presupuesto previsto para celebrar un espectáculo multimedia como regalo de bodas lo destinara a un monumento en memoria de las víctimas y la Casa Real comunicó que la pareja no celebraría despedida de solteros en señal de duelo. Sin embargo, a parte de estos dos detalles, apenas nada ha cambiado en la organización del evento, a pesar de que la ciudad de Madrid sigue abatida por los terribles sucesos del pasado mes de marzo.

Por otra parte, la ceremonia se convertirá en un espectáculo mediático con conexiones a los hogares de medio mundo. El sí quiero del Príncipe y Letizia Ortiz lo van a ver 1.200 millones de espectadores a través de más de 5.600 medios de comunicación. La expectación generada por el matrimonio del Príncipe sólo se explica por la irresistible atracción que los ciudadanos de a pie solemos tener por los cuentos de hadas del siglo XXI, aunque no está claro si el público será capaz de discernir la parcela de fantasía que a éste le corresponde. Sobre todo los espectadores extranjeros residentes en países sin realeza, cuyas referencias monárquicas provienen de los libros de historia sobre tiempos remotos. La magnanimidad de la ceremonia puede confundirles sobre la representatividad de la Corona española, aunque no estaría bien achacarle a nuestra Casa Real toda la culpa. El resto de monarquías europeas siguen el mismo patrón. Lo vimos con el enlace de Carlos de Inglaterra y Lady Diana, al que después siguieron los de Felipe de Bélgica y Matilde d'Udekem, Haakom de Noruega y Mette-Marit Tjessem, Guillermo de Holanda y Máxima Zorreguieta y ahora el de Federico de Dinamarca y Mary Elisabeth Donaldson. Ninguno de ellos ha renunciado a la única posibilidad de rescatar el esplendor que sus respectivas dinastías disfrutaron en otras épocas, y Don Felipe y Letizia Ortiz no iban a ser la excepción.

Balance de un noviazgo

El 22 de mayo, el Príncipe y Letizia ponen fin a seis meses y medio de noviazgo oficial. A lo largo de todo este tiempo, la pareja ha venido ensayando su nueva forma de vida. Él, porque debía empezar a compartir sus tareas con su futura esposa, ella, porque salía del madrileño barrio de Valdebernardo para aprender a ser Princesa. La Casa Real ha aprovechado la ocasión para tratar de relanzar la imagen del Heredero. Los contrayentes del enlace iban a monopolizar la atención de la opinión pública y era el momento de mostrar la cara más amable de Don Felipe para tratar de identificarle a él y no ya tanto a su padre como símbolo de la monarquía. Y aunque en líneas generales han progresado adecuadamente, ciertos acontecimientos han deslucido su estudiada agenda. En ocasiones, ha sido La Zarzuela la que ha errado el tiro; en otras, la pareja ha metido la pata de forma estrepitosa.

Las actividades intelectuales de Don Felipe y su prometida han sido las más celebradas. Acudieron al concierto de Rostropovich y a la Ópera Tosca en el Teatro Real, a la exposición de Edouard Manet en el Museo del Prado, a la Feria Internacional de Arte Contemporáneo ARCO y a la conferencia sobre el "Impacto de la Constitución de 1812 en América". Incluso algunas de sus actividades privadas, como la asistencia al teatro y al cine con amigos, ha tenido muy buena acogida entre la opinión pública, convencida de que Letizia había alejado al Príncipe del círculo de amigos pijos con el que frecuentaba los locales de moda en la noche madrileña.

Tras los atentados del 11-M, su comportamiento también suscitó la aprobación de la ciudadanía. Recorrieron los hospitales donde se atendía a los heridos, el Príncipe acudió con sus hermanas a la multitudinaria manifestación en contra del terrorismo -hasta entonces, ningún miembro de la Familia Real lo había hecho-, consolaron a los familiares de las víctimas en el funeral de La Almudena, cancelaron algunas celebraciones previas al enlace y acudieron a la estación de Atocha al cumplirse dos meses de la masacre para depositar un ramo de flores en memoria de los fallecidos.
Algunos detalles íntimos mostrando la faceta más familiar y entrañable de la pareja también hicieron mella en los corazones de los españoles. Es el caso de las insólitas imágenes del Príncipe de Asturias visitando a los abuelos paternos de su prometida en el pueblo asturiano de Ribadesella o caminando del brazo de la abuela materna para acudir al convite nupcial de la prima Abigail.

Mientras, los dos acontecimientos que más daño han hecho a la imagen pública de la pareja han sido la visita a Jesús de Medinaceli, la devoción más casposa de la España negra, y el viaje a Las Bahamas. La primera tuvo lugar el 5 de marzo, primer viernes de Pascua. Letizia Ortiz protagonizó su primer baño de multitudes en acto marcadamente católico y conservador. La Casa Real escogió un escenario inapropiado para que la futura reina de la España laica se aproxime a los ciudadanos, unos ciudadanos que, por otra parte, pertenecen a un sector muy concreto de la población que no representa a todo el espectro social. La imagen de normalidad y modernidad que La Zarzuela procuraba dar a la pareja y su futura boda no concuerda en absoluto con este acontecimiento, que más bien recuerda a épocas pasadas en las que la monarquía aparecía ligada a la Iglesia más reaccionaria.

El del viaje en Semana Santa ha sido el episodio más polémico protagonizado por la pareja en estos seis meses y medio de relación pública. Lo que en un principio se interpretó como una descortesía por parte de los agentes de seguridad estadounidenses hacia el heredero de la Corona española -registraron su equipaje y el de Letizia Ortiz porque no avisaron de su presencia en el aeropuerto de Miami con 72 horas de antelación-, en poco tiempo fue tomando un cariz bien distinto. La prensa y los confidenciales digitales publicaron un reguero de noticias sobre su estancia en el Caribe y llegaron a asegurar que se trataba de una despedida de solteros clandestina con invitados de postín y traslado en avión privado. A pesar de los esfuerzos de La Zarzuela por tratar de desmentir las noticias y contrarrestar su efecto, el daño ya estaba hecho. El nombre del heredero de la Corona se vio seriamente dañado por las informaciones sobre su escapada.

Además, este acontecimiento venía a desmentir lo que en un principio muchos dieron por hecho. El ambiente cultural que empezaba a frecuentar el Heredero con su prometida hizo suponer que era ella quien le animaba a explotar su faceta más intelectual, ejerciendo cierta capacidad de influencia sobre Don Felipe para alejarlo de sus viejas costumbres elitistas. Pero ahora parece que su poder de convicción no era tal. Letizia se ha acomodado a las ventajas de compartir su vida con un príncipe cortesano y disfruta con ello.

Por otra parte, hay quien opina que La Zarzuela ha perdido la oportunidad de modernizar la Corona con la llegada de la joven periodista a la Familia Real, mientras otros mantienen que la modernización de la monarquía, arrebatándola su magia, acelera su desaparición. Los del primer bando sostienen que si hubiese permanecido en TVE, animando incluso a Don Felipe a desempeñar algún tipo de trabajo en una de las fundaciones que preside, habría ganado popularidad. De hecho, las Infantas y sus maridos compaginan sus empleos con los actos oficiales que les asigna la Casa Real, y el papel del Príncipe aún no requiere de las competencias que deberá heredar cuando le llegue la hora de suceder al Rey.

El balance final de la operación de imagen que se viene orquestando desde el pasado 1 de noviembre, fecha del anuncio del compromiso matrimonial, es que a la Casa Real aún le quedan muchos detalles por pulir para que los futuros Reyes de España logren despertar el mismo cariño y adhesión que sus predecesores Don Juan Carlos y Doña Sofía. Lo pudieron comprobar la pasada semana en la plaza de toros de Las Ventas. El Príncipe y Letizia acudieron a una corrida de la Feria de San Isidro. En la dinastía de los Borbones existe una larga tradición torera, y aún se recuerda la afición de la infanta Isabel, "La Chata", de la currista María de las Mercedes, madre del Rey, y la del propio Don Juan Carlos o la Infanta Elena. Pero Don Felipe, más parecido en gustos y aficiones a su madre, nunca había acudido a los toros -dice un confidencial digital que tal vez fue animado por Letizia, que en su día tuvo abono-. El estreno taurino de Don Felipe no fue muy glorioso pues le sorprendió la lluvia, una corrida mediocre y el abucheo de una buena parte de la plaza cuando los tres diestros le brindaron su primer toro. No obstante, recibió aplausos de unos pocos que le esperaban a la entrada y a la salida de Las Ventas. Lo que pudiera parecer una mera anécdota viene recordarle a Don Felipe que, en un país sin monárquicos, no las tiene todas consigo. Además, deberá tener en cuenta que el fervor surgido al calor de los preparativos de la boda puede inducir a error y no le conviene bajar la guardia. Sólo cabe esperar que haya aprendido de los errores y logre dar fiel respuesta a los designios del Rey, que desde que se anunciara el compromiso matrimonial de su hijo viene repitiendo aquello de que "el Príncipe de Asturias representa y garantiza la continuidad del compromiso de la Corona al servicio de España". En sus manos queda.


A esto se le llama austeridad

Dice el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, que la celebración va a ser elegante, sobria y... "austera". Pues viendo la que están montando en la capital, imagínense como sería si finalmente se tirara la casa por la ventana, como estaba previsto antes de los tristes sucesos del 11-M. El que la pareja de novios decidiera anular su despedida de solteros y solicitara al Ayuntamiento que su regalo de boda -un espectáculo multimedia- fuera suprimido del programa nupcial, no parece que haya rebajado en mucho el todo espectacular de la celebración.

Dado el despliegue de medios, pronto se ha visto que los 300.000 euros con los que se ha incrementado este año la partida presupuestaria destinada a los gastos de la Casa Real -50 millones de las antiguas pesetas- no es que se hayan quedado cortos, es que no van a dar ni para empezar.
Los cálculos más comunes -no oficiales, por supuesto- estiman en más de 20 millones de euros -traducido en pesetas, 3.500 millones- el coste total de la boda del siglo, sin que parezca que esa cifra haya provocado grandes protestas más allá de las de Izquierda Unida -ninguno de sus miembros irá al enlace- que ha calificado de desorbitado algunas partidas, como la destinada -500.000 vatios al módico precio de 2,2 millones de euros- a iluminación de edificios. Claro que en esa cantidad está incluida desde lo que puede costar el despliegue de medios que ha anunciado TVE que hará, hasta la limpieza y restauración de edificios, la decoración del recorrido -flores, banderitas, etc.-, el alumbrado de las calles -pese a que la boda comienza a las 11 de la mañana-, el banquete, el alojamiento y desplazamiento de los invitados ilustres, el dispositivo de seguridad y un largo etcétera. Gastos que están siendo asumidos por distintas instituciones, desde la Casa Real, el ayuntamiento, la comunidad de Madrid o la Administración Central. Es decir, el Estado o, lo que es lo mismo, todos los contribuyentes, españoles o extranjeros, monárquicos o republicanos.

Los datos son apabullantes. Empezando por un dispositivo de seguridad que ha tenido que ser reforzado como consecuencia de los atentados del 11-M y que afectará no solo a Madrid, sino a todo el país. Ya están bajo estrecha vigilancia puntos estratégicos como centros de comunicaciones, energéticos, embalses y líneas férreas y se ha intensificado el control de viajeros en puertos, aeropuertos y fronteras -de hecho se suspende temporalmente la libre circulación de viajeros-, todo con el objetivo de evitar posibles atentados. Además, el espacio aéreo estará prácticamente blindado bajo la supervisión de aviones de combate del Ejercito del Aire y uno de la OTAN. En cuanto a Madrid, el Ministerio del Interior ha previsto desplazar a la capital a 10.000 efectivos para reforzar la dotación madrileña.

Además, se cerrarán todas las estaciones de metro por las que discurrirá el cortejo nupcial. También habrá importantes cortes de tráfico tanto por seguridad como por el recorrido que harán los novios por las calles más céntricas de la ciudad. Pese a que el ayuntamiento ha pedido "comprensión" a los madrileños, lo cierto es que las molestias se intensifican en el caso de quienes viven en zonas próximas a por donde puede transcurrir el recorrido de los ya casados, ya que se ha comprobado exhaustivamente la identidad de sus inquilinos.

Unos tres millones de euros a cargo del erario público es lo que va a costar sacar lustre a los principales escenarios del enlace -la Almudena, el Palacio Real y la Basílica de Nuestra Señora de Atocha-, según los datos de Patrimonio Nacional. El gasto más elevado -un millón- se lo lleva tapar el agujero que tenía la plaza de la Almudena y levantar una plataforma que lo oculte; 383.135 euros se destinan a dar esplendor a las fachadas exteriores del Palacio Real y otros 360.597 euros para hacer lo mismo con las columnas, ventadas y paredes del patio del Príncipe y su galería, donde serán agasajados los invitados. El resto del dinero irá a parar al embellecimiento de otros pequeños detalles como la limpieza de tapices -Patrimonio ha desempolvado sus mejores piezas- o el arreglo de elementos decorativos.

El cóctel y banquete para los 1.400 invitados, es otra de las partidas más abultadas. Unos dos millones y medio de euros destinados a que no pasen ni hambre ni frío o calor los 1.400 invitados, para lo cual se está instalando una gran carpa que albergue las mesas, y que incluye el alquiler de enseres e infraestructuras -desde piezas de vajilla a retretes móviles-.

También de "contenida" ha calificado la celebración Pascua Ortega, el decorador encargado de embellecer las calles. Para contrarrestar lo que para muchos son excesos, máxime cuando la masacre del 11-M aún está reciente, se ha decidido homenajear a las victimas colocando 192 árboles -uno por cada fallecido- en torno a la glorieta de Atocha, punto por el que con seguridad pasaran los novios. De hecho está previsto que en el "Bosque de los ausentes" -así se denomina- los ya príncipes de Asturias tengan un gesto de recuerdo.

Unas 6.000 colgaduras para balcones, 400 gallardetes y 150.000 plantas de flores -17.000 de ellas ofrecidas por Holanda- conformarán el grueso de la decoración urbana en un intento de emular una primavera que, al cierre de esta edición, no había terminado de llegar. A esto habrá que añadir 180.000 abanicos -para evitar el calor o resguardarse de la lluvia, según toque- para los curiosos, 35.000 metros cuadrados de telas -para tapar edificios en obras o de estética discordante- impresas con retazos de obras de Goya, Velásquez o el contemporáneo Antonio López. Para tenerlo todo listo el 22 de mayo ya están trabajando 1.000 personas, 400 de ellas voluntarios

Además, varias entidades privadas se han ofrecido a decorar, a su cargo, los inmuebles que ocupan, un regalo parecido al ofrecido por Esther Koplowitz, accionista de referencia de FCC, que ha negociado con los sindicatos para que aplacen una semana la huelga de limpieza con la que amenazaba la filial de la constructora titular de la contrata del ayuntamiento.

A los abultados gastos que el ayuntamiento de Madrid ha de soportar, se ha añadido el regalo elegido por el consistorio para agasajar a los novios: la composición "Música para una boda" una pieza que fue presentada el pasado 10 de mayo en un acto que reunió a más de 200 invitados, y que, sin embargo, no sonará el día de la boda.

En cualquier caso, el alcalde no ha querido concretar a cuanto asciende la minuta final ya que, según sus palabras "no hacemos un gasto, hacemos inversión".

Si ya la propia celebración del enlace supone abultados gastos, no son en absoluto nimios los colaterales. Nos referimos a, por ejemplo, las obras de la capital que han sido retrasadas, paralizadas, escondidas o terminadas en falso para que Madrid luzca esplendorosa el 22 de mayo.
La idea de una ciudad sin molestas y feas obras surgió del propio don Juan Carlos. Pocos días después de anunciarse el compromiso, el monarca pidió al alcalde que la capital estuviera "lo mejor posible". Un real deseo que obligó a Alberto Ruiz-Gallardón a aplazar su macro proyecto de construir un intercambiador de transportes en plena Puerta del Sol, lo que suponía -finalmente se llevará a cabo a partir del próximo mes- abrir en canal todo el centro de Madrid, a solo unos cientos de metros de la Catedral de la Almudena y el Palacio Real. El soterramiento de la M-30 -la principal vía de circunvalación de la ciudad- también tendrá que esperar hasta dos días después de la boda.
Seguro que Danny de Vito, el actor americano que espantado por la cantidad de socavones que salpicaban la ciudad le deseó a José Mª Álvarez del Manzano que "encontraran pronto el tesoro", estaría encantado.


Los elegidos serán 1.400

Hasta completar los 1.400 asistentes, la lista de invitados pone de relieve la importancia que se le ha querido dar a este enlace principesco. Don Juan Carlos parece decidido a que esta boda suponga un escaparate de su capacidad de convocatoria, haciendo viajar a Madrid a multitud de miembros de la realeza que, curiosamente, no han recibido de nuestro monarca un trato igual. Nos referimos a la afición del rey de España a escaquearse de las bodas reales, eventos a los que solo asiste si el contrayente es familiar suyo. Normalmente es la reina acompañado por el príncipe o las infantas quien representa a la corona española en los enlaces de herederos europeos.

Esta manía no parece que se le haya tenido en cuenta por los reyes de Bélgica, Suecia o Noruega, o las reinas de Holanda y Dinamarca, puesto que todos estarán puntuales, en muchos casos acompañados por otros familiares, en la catedral de la Almudena el próximo 22 de mayo. Además, al cierre de esta edición estaba prevista la asistencia de los reyes de Marruecos y Jordania, con los que Don Juan Carlos mantiene lazos de amistad. A quien no parece que haya conseguido convencer es a su prima la reina Isabel de Inglaterra. En su lugar, vendrá el Príncipe Carlos y su hijo Guillermo.
A la cuota real hay que añadir otros 20 jefes de Estado de repúblicas europeas y latinoamericanas y numerosos presidentes y ex presidentes de gobierno, aunque algunos tan representativos como el francés Jacques Chirac -enviará a su lugar a su esposa Bernadette-, el argentino Néstor Kirchner, el brasileño Luis Inácio Lula da Silva, el mexicano Vicente Fox, el peruano Alejandro Toledo o el chileno Ricardo Lagos, han comunicado ya que no estarán en Madrid.

Además, están invitados numerosos representantes del Estado, desde todos los miembros del gobierno y sus acompañantes, hasta los presidentes de comunidades autónomas y las figuras más representativas del país, incluidos los agentes sociales, aunque, todo hay que decirlo, al cierre de esta edición Cándido Méndez y José María Fidalgo se arriesgaban a caerse de la lista de invitados ante su reticencia a vestir el preceptivo chaqué. Asimismo se espera la asistencia de numerosos representantes de medios de comunicación. Además de los 4.000 plumillas acreditados para cubrir el evento, la condición de periodista de Letizia, hace prever que los bancos reservados a los amigos de la novia se llenen de ex compañeros de profesión.
Pero si es importante quienes sentarán en los bancos de la Catedral de la Almudena y en las mesas del patio de los Príncipes del Palacio Real, es también muy significativo quienes no formaran parte del espectáculo. Es el caso de los portavoces en el Congreso de ERC, PNV, IU y Grupo Mixto. El más explícito ha sido Gaspar Llamazares que ha declinado la invitación "por razones obvias", en referencia a su ideología republicana.

Otros sectores sociales también comienzan a mostrar su rechazo a la celebración del enlace, aunque de forma más categórica. La pasada semana nacía en Madrid el Movimiento Popular contra la Boda Real, constituido por distintas organizaciones de carácter social y político que preparan actividades para el sábado 22 de mayo en la capital.


Así son los futuros Reyes

Felipe de Borbón y Grecia

Fecha de nacimiento
30 de enero de 1968

Letizia Ortiz Rocasolano

Fecha de nacimiento
15 de septiembre de 1972

Lugar: Madrid Lugar: Oviedo
Estudios: Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid y asignaturas de Económicas. Master en Relaciones Internacionales en la Edmund Walsh School of Foreign Service de la Universidad de Georgetown (Washington D.C.). Además, estudios militares en la Academia General Militar de Zaragoza, en la Escuela Naval Militar de Marín y en la Academia General del Aire de San Javier. Estudios: Licenciada en Ciencias de la Información (rama Periodismo) por la Universidad Complutense de Madrid, Master de Periodismo Audiovisual por el Instituto de Estudios de Periodismo Audiovisual y estudios de doctorado en México.
Experiencia profesional: El 30 de enero de 1986 juró ante las Cortes Generales fidelidad a la Constitución y al Rey, asumiendo la plenitud de su papel institucional como sucesor a la Corona. Desde entonces, preside numerosos actos oficiales en España, participa en los acontecimientos más relevantes de los diferentes sectores y ámbitos de la vida pública española, realiza visitas oficiales a las Comunidades Autónomas con el fin de profundizar en el conocimiento de España, mantiene encuentros y reuniones con los órganos constitucionales y con las principales instituciones del Estado con el objeto de estar al corriente de sus actividades, participa en ejercicios militares de los tres Ejércitos, realiza numerosos viajes oficiales al extranjero y es presidente de Honor de varias asociaciones y fundaciones.

Experiencia profesional: Ha trabajado en el diario asturiano La Nueva España, en el periódico ABC, en la Agencia EFE, en la cadena estadounidense Bloomberg TV, en CNN plus, en TVE y, durante su estancia en México en el periódico Siglo 21.

 

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