Nº 600 - 26 de abril de 2004

El 1 de mayo ingresan oficialmente en la UE diez nuevos miembros


YA SOMOS 25


Este sábado la Unión Europea acomete su quinta ampliación, sin duda la más ambiciosa de su historia. Ocho países de la Europa Central y Oriental y dos islas del Mediterráneo se incorporan a una organización que se confirma así como una potencia de peso mundial. Sin embargo, este proceso, además de cerrar la fractura que se produjo en el continente tras la Segunda Guerra Mundial, va a acelerar el debate sobre unas cuestiones fundamentales para ¡a Unión: ¡a reforma del presupuesto comunitario, el reparto de los fondos entre los países candidatos y los ya miembros, la aparición de una Europa a varias velocidades, y el peso político de una UE caracterizada hasta ahora por su debilidad exterior. Todo ello cuando hay elecciones europeas en poco más de un mes, y en ese período se pretende alcanzar un acuerdo definitivo para la aprobación
de la Constitución Europea.


Por Teresa Larraz

Estonia, Letonia, Lítuania, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Malta y Chipre son nombres que deberían de empezar a sonarnos ya a todos, puesto que desde el 1 de mayo van a ser miembros de pleno derecho de la Unión Europea, y por tanto, socios de España al mismo nivel que Francia, Suecia o Portugal. La U E va a sumar 75 millones de habitantes a sus 380 actuales (ver despiece "La nueva Unión Europea"), con lo que se convertirá en una potencia de primer orden, muy lejos ya de los 290 millones de Estados Unidos o los 144 de Rusia, pero eso sí, aún por detrás de los gigantes asiáticos como China, con sus 1.200 millones, o India con mil.

Ya poco después de la caída del Muro de Berlín en 1989 y el inmediato colapso del sistema soviético que atenazaba a la Europa Central y Orienta¡, los dirigentes de la UE y de sus principales Estados hicieron pública la necesidad de llevar a cabo la reconciliación definitiva de un continente dividido por la fuerza durante medio siglo. Desde que en 1994 Polonia y Hungría hicieron formal su petición de ingreso en el club comunitario (sobrepasados por Chipre y Malta, quienes lo habían solicitado cuatro años antes), las instituciones europeas se pusieron manos a la obra para facilitar un complejo proceso de reconversión política, económica y sol cial. Diez años después, estas mismas instituciones han reconocido los grandes avances" efectuados por estos países, y los "especiales esfuerzos" que han hecho en su complicada adaptación de un sistema comunista a uno de libre mercado.

La reconciliación de más de cuatrocientos millones de europeos es uno de los aspectos más positivos de una operación que también permitirá extender a esos países un sistema caracterizado por la estabilidad política, un amplio catálogo de derechos y libertades y altos niveles de protección social y medioambiental, entre otros factores. Por otra parte, hay que tener muy en cuenta que su situación se asemeja mucho a la que atravesó nuestro país: hace menos de 20 años que España disfrutó de esta misma oportunidad con la que acabó de consolidar su joven proceso democrático tras casi cuatro décadas de dictadura.

Sin embargo, estos elementos no pueden ocultar las dificultades que van a surgir ahora en la Unión, algunas debidas a la ampliación, otras a una coincidencia en el tiempo. Para empezar, la UE se encuentra en un momento de debilidad económica y de indecisión política. La economía de sus tradicionales locomotoras, Francia y Alemania, no levanta cabeza desde hace un par de años, en un clima mundial caracterizado por una incertidumbre que ha terminado desacelerando también el fuerte crecimiento económico de los nuevos socios. En el ámbito político, la crisis de Iraq y el pesimismo que generó la no aprobación del proyecto de Constitución europea, en diciembre del año pasado, generaron fuertes divisiones y polémicas entre los Estados que sólo poco a poco parecen ir reconduciéndose. Como consecuencia de todo ello, en las últimas encuestas a los ciudadanos de la Unión, tanto a los de los actuales miembros como a los de los próximos socios, se aprecia un escepticismo creciente sobre el futuro próximo de la UE y la ampliación.


Diferencias políticas. Hablar de los nuevos socios en general es una afirmación poco correcta. Entre ellos hay una isla de apenas 400.000 habitantes como Malta y un gigante de 38 millones como Polonia; unos con rentas per cápita muy cercanas a los actuales miembros, como Eslovenia o Chipre, y otros que todavía distan mucho, como Letonia y Lituania; paises muy industrializados, como República Checa o Eslovaquia, y otros con mayor dependencia agrícola, como Polonia; vecinos de Rusia y Finlandia en el Báltico o islas mediterráneas. Al igual que ocurre entre los actuales quince integrantes de la UE, sus características son muy diversas, como ya explicó EL SIGLo el año pasado, en un completo repaso de la situación económica y política de cada uno de ellos (ver números 551 y 552, "Los nuevos socios de la UE I y II"). Además, cuatro de ellos, Polonia, Lituania, Letonia y Eslovaquia, están inmersos estas semanas en un proceso de cambio de su cúpula dirigente, lo cual podría complicar su situación política.

Sin embargo, todos -salvo Chipre por su peculiar contexto- consiguieron que durante el año pasado sus ciudadanos aprobasen ingresar en la Unión, que se formalizó el 16 de abril de 2003 con la firma del Tratado de Adhesión. Hace meses que sus representantes participan como observadores en las instituciones comunitarias, asisten a los Consejos de jefes de Estado y de Gobierno, sus ciudadanos votarán junto a nosotros en las elecciones europeas del 13 de junio, y estos días se está examinando a quienes serán sus comisarios en la Comisión Europea.

Por supuesto, también han participado en el proceso de elaboración del proyecto de Constitución europea, en el que Polonia jugó un papel fundamental, junto con el anterior Ejecutivo español. Al igual que España, el Gobierno de Leszek Miller se negó a aprobar un sistema de doble mayoría en el Consejo que dejaba a ambos países con menos poder del que les atribuyó el anterior sistema, establecido en el Tratado de Niza en 2001 y que estará en vigor hasta 2009. Polonia también se oponía al no reconocimiento oficial del papel del cristianismo en el preámbulo de la Constitución, una postura que, afirmaban recientemente, apoyan al menos otros diez países. Diferencias politicas en su partido han llevado a Miller a dimitir, por lo que al igual que con Aznar, ahora se podría facilitar un acuerdo, pero el resto de los nuevos socios también temen que por su pequeño tamaño y escasa población les resulte muy difícil oponerse mediante minorías de bloqueo a aquellas leyes que no les favorezcan. La otra institución comunitaria, la Comisión, dispondrá de 15 miembros más otros quince comisarios sin poder de voto según el proyecto de Constitución, y temen acabar relegados a este segundo colegio.

No son estas diferencias las que les han causado mayores enfrentamientos con los pesos pesados de la Unión, sino su actitud en politica exterior. Los ocho países de Europa Central y Oriental se sienten muy cerca de Estados Unidos, hacia quien muestran su gratitud por el papel desempeñado en la caída del comunismo. Su primer gesto recíproco ha sido claro: todos ellos han entrado en la OTAN antes de ingresar en la UE (salvo las dos islas). En 1999 lo hacían Polonia, Hungría y República Checa, y a primeros de este mismo mes era el turno de las tres repúblicas bálticas, Eslovaquia y Eslovenia, además de los dos países en la lista de espera de la Unión, Bulgaria y Rumania. Es un gesto claramente simbólico, puesto que su capacidad militar es muy reducida, que en realidad supone una demostración del interés estratégico norteamericano en un territorio que le estaba vedado hasta hace poco más de una década, y por otro lado, una re~ compensa al apoyo prestado por la mayoría de ellos a su política en Iraq. Como protagonista secundario queda Rusia, que ha tenido que aceptar que Estados que hasta hace bien poco formaban parte de su órbita queden integrados en una organización dirigida por EE UU que ha utilizado la baza de la lucha contra el terrorismo.

Esta estrecha relación podría reforzarse aún más si finalmente Estados Unidos trasladara a algunos de estos países las bases que pronto podría cerrar en la Europa Occidental. Varios de ellos, como búlgaros, rumanos y polacos, se han mostrado claramente favorables a esta idea. Como también se mostraron favorables desde el principio a las tesis de EE UU en el conflicto de Iraq; un apoyo expresado públicamente en febrero de 2003 con la Carta de los Ocho, en la que participaron Polonia, República Checa y Hungría, y la declaración del Grupo deVilnius (en el que están Lituania, Letonia, Estonia, Eslovaquia, Eslovenia, además de Bulgaria, Rumanía, Croacia, Macedonia y Albania), que afirmaba que existían "pruebas convincentes" sobre el arsenal de armas de destrucción masiva.

De momento, y a pesar de las dificultades que está experimentando EE UU en el país ocupado durante estas últimas semanas, la mayoría de los gobiernos se mantienen fieles a la política estadounidense, y sólo Miller se atrevió a declarar en marzo que en el tema de las armas de destrucción masiva "hemos sido engañados". Polonia, que tiene 2.400 efectivos, dirige una división multinacional en la zona centro-sur del pais, con tropas rumanas, búlgaras, ucranianas y pequeños destacamentos de Hungría, Estonia, Letonia y Eslovaquia, entre otros. La Brigada Plus Ultra, bajo su mando, en la que están los soldados españoles y centroamericanos, se podría descomponer con la próxima retirada de los españoles, hondureños y dominicanos (un total de 2.000 soldados menos), y el lo ha llevado a Miller a reconsiderar la presencia de su país, algo que tendrá que decidir el nuevo primer ministro.

Esta postura es la que motivó que el secretario de Defensa Donald Rumsfeld acuñara los términos de una vieja y una nueva Europa, en la que la primera estaría formada sobre todo por el eje francoalemán. Francia fue la que reaccionó de manera más desairada a la posición de estos países, pero durante estos meses se han querido restañar las heridas y los nuevos socios insisten en proclamar su europeísmo.

Varias velocidades. Sin embargo, estas diferencias políticas, a las que habría que sumar las económicas, pueden contribuir a que la U E se acabe dividiendo en varios grupos que se unan según diferentes intereses, por lo que ya se ha hablado de una Europa a varias velocidades. Ahora ya existe un club, la zona euro, del que se excluyeron voluntariamente Reino Unido, Dinamarca y Suecia, y en el que no ingresarán los nuevo, ocios, muy alejados todavía de poder cumplir los famosos criterios de Maastricht, al menos hasta 2010 -lógicamente necesitan aún un pe riodo de adaptación de sus economías-.

Pero hay otros ámbitos en los que podrían surgir más clubes, por ejemplo la defensa, en la que Alemania y Francia, e incluso Reino Unido, quieren reforzar la debilidad militar europea. Además, los diez países tardarán en disfrutar de la plena movilidad laboral, limitada por el temor a una llegada masiva de sus ciudadanos a los actuales miembros, y en aplicar el convenio de Schengen, que ha eliminado los controles interiores en los Estados miembros (excepto Irlanda y Reino Unido) y establece una cooperación policial más estrecha.

Esta Europa a la carta podría presentar ventajas e inconvenientes, puesto que por un lado permite integrar rápidamente a países diferentes, que se asocien en los asuntos que más les afectan y que se sientan a gusto en una organización común, pero también evita una profundización de los lazos entre los 25 países y supone que la Unión tenga poco de unidad y una escasa fuerza politica.

Es en la economía donde se teme que surjan más diferencias. Los diez nuevos miembros aportan un 20% de población pero un exiguo 5% de Producto Interior Bruto. Salvo Malta, Chipre, Eslovenia y República Checa, su nivel de desarrollo es todavía bajo, aunque en los últimos nueve años han tenido unas tasas de crecimiento notablemente superiores a las de sus próximos socios. Han sido los países bálticos los que han tenido un mejor resultado en este período -teniendo en cuenta su gran retraso de partida- y curiosamente los países mencionados anteriormente, junto con Polonia, son los que han experimentado una mayor desaceleración desde 2001.

Sus tasas de inflación varian enormemente: en 2003 el IPC subió en Eslovaquia un 8,8%, el 5,7% en Eslovenia y el 4,7% en Hungría. En el otro extremo se encuentran Letonia y República Checa, con una tasa negativa de -1,1% y 0,1%, respectivamente, y un 0,7% de Polonia. Entre 1995 y 2002 el número de personas empleadas en estos países se incrementó apenas en un 0,2%, comparado con el 8,8% de la UE-1 S. La industria es el sector más intensivo en empleo, en tanto que los servicios (salvo los financieros) ocupan a un 21,8% de los trabajadores, nueve puntos menos que la actual media comunitaria. Otra gran disparidad se da en el empleo agrícola, puesto que representa el 17% del empleo, frente a sólo el 4% de la Unión. Esa enorme diferencia es aún mayor en el caso de Polonia, que tiene a más del 25% de sus trabajadores (casi cuatro millones de personas) en este sector, seguida de Lituania y Letonia, entre el 15-17%. La necesidad de reducir un sector tan grande e ineficiente va a ser una de sus tareas más importantes y difíciles, y de manera especial en el caso polaco.

En cuanto al paro, Polonia y Eslovaquia, con tasas cercanas al 20%, son los casos más preocupantes, puesto que además están empeorando en estos años; mientras, Chipre, Hungría y Eslovenia tienen cómodas cifras en torno al 5-6%, menores que la UE-15. La media del déficit público de sus gobiernos en 2003 fue bastante alto, del 5,7% del PIB, pero nuevamente este dato esconde grandes
variaciones entre, por ejemplo, la República Checa, con un enorme 12,9%, o Malta con un 9,7%, y Estonia que es el único Estado de los diez que tiene un superávit del 2,6%, junto con sus dos compañeros bálticos y Eslovenia, también por debajo del límite del 3% que establece la UE. En el otro dato importante de las cuentas públicas, estos países sí que tienen una media mejor que la UE-15: es en la deuda pública como porcentaje del PIB, con un 42,4% frente al 64% comunitario. Los mismos cuatro países de antes vuelven a tener los mejores resultados, y Estonia presenta una cifra impresionante, una deuda pública de únicamente el 5,8% del PIB.

La convergencia real será uno de sus primeros retos para perder el lastre del excesivo peso de la agricultura y mejorar su productividad, inferiores a la mitad de la existente en la UE-15, incrementar el desarrollo de su sector financiero y afrontar las abundantes deficiencias institucionales y de infraestructuras. Con todo, su impulso reformador ha sido muy notable durante los 90, y poseen factores positivos que permiten aventurar progresos futuros: una fuerte penetración de la inversión extranjera, atraída por los bajos salarios y una buena dotación de capital humano. Esto supone que los actuales miembros, España sobre todo, tendrán que mejorar su competitividad, puesto que algunos temen que se produzca una fuga masiva de empresas a estos países.

¿Cuánto costará?
. En principio, el presupuesto que se ha asignado a la ampliación hasta 2006 es de 40.800 millones de euros, menos de la mitad del presupuesto comunitario y que supone para cada ciudadano de los diez nuevos miembros unos magros 120 euros por año. Esta cantidad incluye subvenciones agrícolas y ayudas estructurales, pero Bruselas ha establecido un tope de fondos que podrán asumir por falta de preparación, por lo que los Diez recibirán al final unos 10.300 millones -teniendo en cuenta que encima aportarán 15.500 millones a la caja comunitaria-.

Su pelea vendrá a partir del siguiente período presupuestario, que abarcará de 2007-2013 y para el que los actuales 15 Estados miembros ya han empezado a prepararse. Este va a ser el apartado más complicado del futuro de la UE, puesto que va a afectar a los fondos que recibe cada país, y supondrá la reforma de muchos de ellos. En estos últimos años la UE ha gastado alrededor del 1 % del total del PIB de sus 15 integrantes, por debajo incluso del límite del 1,27% que se habían autoimpuesto. A pesar de ello, en diciembre del año pasado seis de los siete contríbuyentes netos de la Unión, Francia, Alemania, Reino Unido, Holanda, Austria y Suecia (salvo Dinamarca), pidieron que esta cantidad se redujese en el próximo período.

La Comisión Europea no les ha hecho caso, puesto que en la propuesta que elaboró en febrero prácticamente alcanza los 160.000 millones de euros, el 1,24% de la Renta Nacional Bruta europea, aunque asegura que el gasto real se quedaría en el 1,14%. El presidente de la Comisión Europea ha declarado que Io que hemos presentado es el presupuesto minimo. Por debajo sería una institución en declive", al tiempo que el presidente del Parlamento Europeo, Pat Cox, ha afirmado que "una Europa ambiciosa no puede andar c el depósito vacío". Y es que e sulta difícil entender que se pretenda que la UE funcione con 25 Estados con menos dinero del que disponía para 15. Pero los países contribuyentes se quejan del "incremento masivo en el nivel de gasto", como dijo el ministro sueco de Finanzas, o de que por un lado se les exija contención en sus cuentas públicas y por ot o se les pida más dinero para las arcas comunitarias. Cuatro de ellos, Francia, Alemania, Reino Unido y Holanda, registran un déficit público superior al 3% del PIB.

Por ello, la batalla no ha hecho más que empezar, y España será uno de los grandes afectados. La intención es que se llegue a un acuerdo definitivo para el próximo verano, pero sea con el recorte que piden los Seis, sea con la propuesta de la Comisión, las ayudas que recibe España se van a reducir sensiblemente. Los primeros piden que los fondos comunitarios se dediquen principalmente a los diez nuevos socios a partir de 2007; la Comisión prefiere una vía intermedia, repartiendo las ayudas entre ellos y los actuales integrantes, para que no se elimine completamente al apoyo a aquellas regiones que aún sufran retraso en su nivel de desarrollo.

España y los fondos. Las ayudas europeas se dividen principalmente entre los fondos de cohesión y los fondos estructurales. Los primeros se conceden a los países que tienen una renta media por habitante inferior al 90% de la media europea, lo cual se refería a Es paña, Grecia, Portugal e Irlanda. Nuestro país recibía un 60% de los 2.500 millones anuales establecidos en esta partida, pero el ingreso de diez países con una renta nota blemente inferior hará que España pase de tener una renta media comunitaria del 83,9% al 92,2%, y que por tanto pierda esa canti dad. Otro país beneficiado, Irlanda, tendrá que dejar de percibir estas ayudas gracias a su excelente crecimiento durante estos años.

En cuanto a los fondos estructurales (que son la parte del león, unos 26.000 millones de euros anuales) se conceden principal mente a aquellas regiones que no superen el 75% de la renta media comunitaria, co nocidas como objetivo 1, y por tanto ahí hay regiones de casi todos los países. En España
eran once: Andalucía, Extremadura, Galicia, Castilla-La Mancha, Asturias, Murcia, Ceuta y Melilla, Castilla y León, Canarias, Comunidad Valenciana y Cantabria (esta última en período transitorio). Valencia, Castilla y León y Canarias superarán ahora por derecho propio el listón del 75%, mientras que las cuatro primeras seguirán en el club de los pobres y, por tanto, con derecho a seguir recibiendo ayudas, según la propuesta de la Comisión. El problema será, sobre todo, para las restantes, Asturias, Murcia, Ceuta y Melilla, que pasarán el lis tón únicamente por efecto estadistico, debido a la entrada de otros países más pobres. Para ellos la Comisión ha previsto un período transitorio, de modo que entre 2007-2013 recibirían el 75% de las ayudas que les habría correspondido de seguir siendo objetivo 1.

España ha estado recibiendo unos 8.500 millones de euros anuales desde 2002, por lo que un recorte en esta cantidad tendría efectos importantes. Si a ello se suma la competencia directa que van a su poner estos países en la inversión extranjera, se deduce que el nuevo gobierno español tendrá que dedicar una atención prioritaria a este asunto y buscar mejoras en la competitividad y en nuevos sectores como las nuevas tecnologías, para reducir el impacto y buscar un crecimiento alternativo.

El tercer grupo de fondos que podría resultar afectado sería el agrícola, y en concreto la Política Agrícola Común (PAC), que se lleva hasta un 40% del presupuesto comunitario. La fuerte presión de este sector, y en concreto en países como Francia o España, ha supuesto que el acuerdo para reformarla al que se llegó en 2002 no adoptase recortes, sino únicamente un límite del 1% a su crecimiento anual y una modificación de las ayudas, para no entrar en colisión con las peticiones de louaíses en vías de de sarrollo, que piden el final de esas subvenciones por dificultar su acceso a los mercados europeos. La influencia de este sector en el principal país que se va a incorporar, Polonia, es muy importante, como se indicó rnás arriba, por lo que los fondos agrícolas serán una cuestión clave.

Esta compleja y larga lucha no puede esconder el enorme trabajo de reconversión realizado por estos diez países, y el largo camino que han recorrido en esta década. Uno de los asuntos más difíciles ha sido la asimilación de la compleja y extensa legislación comunitaria, el denominado acervo, miles de leyes que regulan desde los derechos de propiedad intelectual hasta la regulación de las flotas pesqueras, pasando por la política de inmigración. La Comisión Europea, en su última evaluación, realizada en otoño pasado, reconocía los "especiales esfuerzos" que han realizado, "han alcanzado
un nivel de armonización muy elevado, y en general, merecen reconocimiento por los logros obtenidos".

Sin embargo, también matizaba que "son necesarios aún unos pequeños ajustes", porque hay apartados en los que todavía deben mejorar. Por ejemplo, el medio ambiente, muy perjudicado por décadas de desarrollo industrial sin control, y con algunas centrales nucleares peligrosas; los derechos humanos, que requieren de una mejor protección policial y judicial y tiene algunos puntos negros como el respeto a la minoría gitana o el tráfico de seres humanos, y la corrupción, uno de los asuntos que más preocupan en Bruselas: "Salvo contadas excepciones, persiste la impresión de que el nivel de corrupción ( ... ) es aún elevado, en algunos casos muy elevado, y que puede dañar la confianza en la administración pública y el sistema judiciaV. Toda una llamada de atención que se refuerza con una recomendación. "La lucha contra la corrupción debe seguir formando parte de las prioridades políticas durante los próximos años".

Y otra recomendación curiosa: "Los países en vías de adhesión deben garantizar la traducción del acervo a sus lenguas oficiales" ' No hay que olvidar que la UE-25 se convierte en un gigante polígiota, con nada menos que hasta 20 lenguas oficiales, lo que en realidad acabará favoreciendo probablemente el predominio del inglés.

Las complicaciones no deberían asustar. Hay que resaltar los aspectos positivos de la ampliación, que los habrá, sin duda, puesto que es un reto y una oportunidad para todos. Y como ha dicho el catedrático universitario Gabriel Tortella, "quizá el argumento favorable más importante no sea racional, sino emocional. Europa no podía cerrar la puerta a sus hijos venidos del frío".

La nueva Unión Europea

Datos
UE-15
UE-25
Superficie (miles de km2)
3.234.295
3.972.868
Población (millones)
380,8
454,9
PIB (millardos)
9.168.500
9.612.700
Crecimiento PIB
1,0%
1,1%
Previsión 2003
0,7%
0.7%
Poder de compra per cápita (PPS)
100
91
IPC (2003)
2,0%
2,0%
Empleados
170.373.000
200.462.800
Desempleo
8%
9.0%

¿Quíenes son los siguientes?


Vamos a ser 25, pero no nos quedaremos ahí. La Unión Europea s guirá ampliándose, pero uno de los debates que hay a nivel europeo es precisamente ése, hasta dónde deben llegar las fronteras de la Unión. En principio la ambición primordial sería incluir a todas las democracias del continente, y los siguientes candidatos son Rumanía, Bulgaria y Turquía. Los dos primeros solicitaron su ingreso en 1995, Rumanía en junio y Bulgaria en diciembre, mientras, curiosamente, Turquía se anticipó a todos ellos, incluidos a los diez actuales, e hizo una solicitud formal en abril de 1987.

En 1999 la Comisión recomendaba la apertura de las negociaciones con Bulgaria y Rumania, entre otros países de la zona, pero el mayor estado de retraso de estos dos países llevó a que en 2002 se decidiera que todavía no estaban a punto para incorporarse, y previsiblemente esperarán hasta 2007.

Rumanía es una potencia media, con 22 millones de habitantes y del tamaño de algo menos de la mitad de España, mientras que Bulgariamás pequeño, con siete millones edio millones de habitantes y la mitad de la superficie de sus vecinos. En su último informe, la Comisión declaraba que ambos cumplen ya con los criterios políticos de la adhesión, es decir, un sistema democrático y estable, y señalaba el progreso hecho en consolidar las instituciones que garantizan la democracia, el imperio de la ley, los derechos humanos y el respeto a las minorías. Otros aspectos positivos son la reforma judicial y la lucha contra la corrupción, uno de los problemas más graves, pero menci, l naba algunos asuntos preocupantes: las malas condiciones de las residencias para los más desfavorecidos, el sistema de atención infantil, las condiciones de los detenidos por la policía, y sobre todo, la discriminación de los gitanos.

Él caso de Turquía es el más particular. Es un país musulmán, con 70 millones de habitantes y un desarrollo muy bajo, lo cual son tres factores que preocupan en varios ámbitos por diferentes motivos. Sería el primer Estado mayoritariamente musulmán de la Unión; su población le convertiría en la primera potencia, por delante de Alemania, y su desarrollo económico supone una fuente de dificultades, sobre todo debido al elevado número de agricultores.

Las instituciones europeas han ido dando una de cal y una de árena a un país que está gobernado por un partido Íslamista moderado, que se ha mostrado decidido, al menos de palabra, en llevar a cabo las reformas necesarias para facilitar su ingreso. En Europa ya se han producido airadas reacciones ante esta posibilidad, sobre todo en Francia, mientras Alemania y Reino Unido parecen estar más predispuestos. De momento, Turquía tendrá que esperar a finales de este año, cuando los Estados miembros decidirán si establecen una fecha definitiva para iniciar las negociaciones de entrada en la Unión, basándose en el informe que publicará la Conisión en octubre.

-Después de ellos irá previsiblemente Croacia, que espera ingresar también en 2007, y Bosnia-Herzegovina podría hacerlo antes del final de la década, pero la continuación de esa lista es una incógnita. ¿Podría ser Rusia? Hasta Marruecos ha llegado a mostrar interés por ingresar en un club que se ha convertido en un garante de la paz y el desarrollo social y económico en sus fronteras, y que presume de un modelo exportable, pero para ello,habrá que ver si consí gue funcionar con la expansión actual y dotarse de una Constitución la modernice.

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